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Liliana Suárez lleva 20 años clamando Justicia por su hijo
Madre coraje
Foto: Liliana Suárez frente al mural en memoria de su hijo.
“La falta de un hijo está siempre, en todo momento, y más cuando llegan estas fechas”, asegura Liliana Suárez, la madre de Daniel Hernán García, el hincha argentino asesinado en Uruguay durante la Copa América 1995. La ex presidenta de la ONG Salvemos al Fútbol denuncia los complejos entramados que han logrado mantener impune este crimen a lo largo de 20 años, y dice que no pierde las esperanzas en lograr justicia. “A esta lucha no la voy a abandonar nunca y la voy a continuar hasta mi último aliento”.
Publicada el en Entrevistas

Memoria, verdad y justicia. Liliana Suárez sigue enarbolando esa bandera, a pesar de la indiferencia, de la falta de compromiso, de las complicidades, de la impunidad. Hace 20 años que reclama el esclarecimiento del asesinato de Daniel Hernán García, el segundo de sus tres hijos varones, quien fue apuñalado a la salida del partido que los seleccionados de Argentina y Chile jugaron el 11 de julio de 1995, por la Copa América, en el Estadio Parque Artigas de la ciudad uruguaya de Paysandú.

Liliana trabaja en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y es una de las fundadoras de Familiares de Víctimas de la Violencia en el Fútbol (Favifa). Inclusive un par de años atrás llegó a presidir Salvemos al Fútbol, la ONG que actualmente lidera el ex juez federal Mariano Bergés y que en su sitio web tiene relevadas 307 muertes vinculadas al deporte más popular de los argentinos, entre 1922 y 2015. El caso de Daniel es el número 175 en ese listado nefasto.

“A una mamá que pierde a su hijo, la vida le cambia rotundamente. Nunca nada será igual. Pasan los años y es mentira eso de que el tiempo borra todo. Al contrario, la angustia y el dolor se acrecientan. Es un sentimiento que llevás adentro. La falta del hijo está siempre, en todo momento, y más cuando llegan estas fechas”, asegura la mujer que dice haber descubierto “un mundo totalmente desconocido” en su intento por dilucidar que pasó en el vecino país mientras la mayoría de los argentinos celebraba la goleada 4-0 del equipo de Daniel Passarella ante el combinado trasandino.

La noche más oscura

Daniel Hernán García tenía 19 años y muchos sueños por cumplir. Estaba a punto de completar sus estudios secundarios en el Liceo 11 de Villa Urquiza y, según cuenta su mamá, el gran amor que tenía por los animales lo perfilaba como un futuro veterinario. Había seguido por televisión el debut triunfal de Argentina ante Bolivia (2-1) en el máximo certamen continental y sus amigos del barrio, la mayoría hinchas de Platense, lo tentaron para “cruzar el charco” y presenciar en vivo y en directo la siguiente actuación del seleccionado albiceleste. “Lo tomó como si se tratara de una excursión. Ver jugar a (Gabriel) Batistuta lo apasionaba… Fue en una combi, le costó 50 pesos el viaje y el ingreso, lo recuerdo perfectamente. Todavía tengo la entrada en mi poder… son esas cosas a la que uno se aferra, ¿vio? La verdad es que yo no quería que fuera a la cancha, porque hacía poco tiempo habían matado a dos chicos de River (N. de R.: Walter Vallejos y Ángel Delgado, a la salida de un superclásico, el 30 de abril de 1994) y me parecía peligroso. ‘¡Qué va a pasar, mamá, si es la selección!’, me dijo. Y la verdad es que yo pensé lo mismo. Nunca imaginé que algo malo fuera a suceder, pero lamentablemente el destino nos jugó una mala pasada”, rememora Liliana.            

A la salida del estadio, alrededor de las 23, el grupo que integraba Daniel, que también incluía a parciales del club Defensores de Belgrano, fue atacado por una patota de hinchas identificados como integrantes de las barrabravas de Deportivo Morón y de Tigre. Tres puñaladas terminaron con la vida del joven estudiante, mientras que otras tres personas, identificadas como Martín Vera, Gustavo Fabián González y Sebastián Portilla, sufrieron heridas de diversas consideraciones. Esa misma noche, la Policía detuvo a más de treinta personas, que recuperaron su libertad tras las declaratorias de rigor. La causa comenzó a ser investigada en el Juzgado de Cuarto Turno de Paysandú.

“Fue pésima la organización ese día, en todo sentido. En primer lugar, Daniel nunca podría haber cruzado la frontera sin autorización, porque era menor de edad. Y en la misma combi iban chicos de 14 años, eso quedó totalmente probado. Los gobiernos de Argentina y Uruguay nunca dieron un reporte de egresos e ingresos de personas. La seguridad de nuestro país estuvo exclusivamente abocada a (Carlos) Menem, que era el presidente y había viajado a ver el partido, y se desentendió de todo lo demás. La Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) y la Asociación Uruguaya de Fútbol tampoco se hicieron cargo de nada”, refiere nuestra entrevistada.

Una lucha desigual

“Es muy difícil. Y es tan desigual…”. De ese modo califica Liliana la lucha que inició hace dos décadas y que la llevó a conocer muy de cerca el complejo entramado de vínculos que, en el mundo del fútbol, emparentan a la violencia con el poder. “Los barras no existirían sin un sostén político. Son delincuentes que actúan con total impunidad porque tienen un paraguas que los protege. Yo lo viví en carne propia. Los asesinos de Daniel eran tipos bancados por el entonces intendente de la ciudad de Morón, Juan Carlos Rousselot. Él les puso a sus abogados y pagó miles de dólares para que la causa no se investigue. Mientras tanto, yo no pude tener asesoramiento letrado y tampoco me permitieron ser parte querellante, porque las leyes son diferentes en Uruguay. Para la justicia de ese país, yo era simplemente ‘la madre de la víctima’, nada más”, cuenta.

“Acá hay un combo perfecto de complicidades, que involucra a dirigentes deportivos, políticos y sindicales, a los propios organismos de seguridad y a la misma Justicia, que no hace las cosas como debiera. Casi no hay condenas por casos de violencia en el fútbol, y la mayoría de los hechos ni siquiera se investigan”, añade esta ferviente y desinteresada militante de las causas justas y nobles, que admite haber encontrado fortaleza y consuelo a partir del ejemplo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

“Es una lucha muy desigual”, repite. Y describe con crudeza la falta de acompañamiento de una gran mayoría que es indiferente: “Lamentablemente como familiares de víctimas de violencia en el fútbol tenemos muy poco apoyo. Nos manejamos como podemos, sin subsidios de ningún tipo. Nos vinculamos con familiares de víctimas de distintos delitos, como los de violencia de género o los de la tragedia de Once, porque la impunidad que hay en este momento nos afecta a todos y porque el dolor que sentimos es exactamente el mismo. Nos acompañamos, formamos una gran familia, es la forma de seguir adelante”.

 -¿Qué papel jugaron el fallecido presidente de la AFA Julio Humberto Grondona y la conducción del fútbol argentino?

-Ninguno. No hemos recibido apoyo dirigencial, nunca.  Realizamos manifestaciones en la puerta de la AFA, pedimos que nos atiendan, y una sola vez Grondona nos abrió la puerta de su despacho. Personalmente no le creí nada. Nunca le creí. Se burló de nosotros. Hasta nos pusieron trabas para exhibir banderas que pedían justicia para todos los casos de violencia en el fútbol durante los partidos de la Copa América 2011. Nos exigían miles de cosas, los organismos de seguridad y los clubes nos decían que no podían autorizarnos por ‘cuestiones de organización y de seguridad’, como si hubiese sido peligroso. Y después aparecían en las tribunas ‘trapos’ con los nombres de políticos, como una que decía “Francisco de Narvaez-Mónica López”. La verdad es que nunca terminás de entender esas cosas… Pero en esto se transformó el fútbol. Dejó de ser una pasión de multitudes para convertirse en un negocio de unos pocos malandras.

Causas pendientes

-¿Cuál es el estado actual de la causa por el homicidio de Daniel?

-Supuestamente está prescripta, pero venimos haciendo algunas gestiones al respecto. En Uruguay las leyes son distintas a las que rigen en nuestro país, y varias personas que entienden del tema me dijeron que si los sospechosos están siendo perseguidos por algún otro delito en Argentina, la investigación podría reabrirse o algo así. Ahora estamos atrás de eso. Personalmente pienso que ninguna causa de asesinato debiera prescribir.

-Desde el asesinato de Daniel, la cifra de víctimas fatales por casos de violencia en el fútbol se incrementó de 175 a 304. Eso significa que se produjeron 132 muertes más en apenas dos décadas, lo que surge como un dato elocuente de que la problemática, lejos de estar en camino de solucionarse, cada vez se agrava más.

-Estamos cada vez peor. Sin ir más lejos, recordemos lo que sucedió con Hinchadas Unidas Argentinas, la ‘hinchada oficial’ del Mundial 2010. El propio Grondona recibió a esos personajes en la sede de la AFA, y dejó más que en claro cómo es el tema. Esos tipos viajaron a Sudáfrica en el avión oficial que llevaba a los jugadores, con total impunidad. Hoy los barrabravas están desparramados por todos lados y, quien más o quién menos, todos ellos tiene amigos importantes en la política. Hay gente de mucho poder y dinero detrás de esos mercenarios que lucran con los estacionamientos, el choripán, el merchandising, los viajes o las entradas, y así es muy difícil. Hay demasiados negociados en esta historia.

-¿Hay una real vocación de luchar contra la violencia en el fútbol? No se ha escuchado demasiado de boca de las personas que hoy disputan espacios de poder en la AFA, y tampoco a nivel político.

-Ese tema no está en la agenda de nadie, en realidad. Nosotros pedimos entrevistas con la presidenta y demás, y nunca nos han atendido. No tenemos acompañamiento, estamos solos. Por ahí aparece alguien con cierta pretensión de querer cambiar un poco las cosas, pero son casos aislados. Otros te invitan a distintas actividades pero te das cuenta que lo hacen sólo para aparentar un compromiso que no están en condiciones de sostener o no tiene la voluntad de hacerlo. Muchas veces sentís que te quieren utilizar, te hacen sentir una tonta y preferís no ir más. La verdad es que no hay un compromiso serio. El fútbol es un negocio que mueve muchísimo dinero y que otorga muchísima rentabilidad, y por eso hoy vemos cómo sus  dirigentes se sacan los ojos para llegar a ocupar los espacios de poder. Hablan de grandes campeonatos, con muchos millones de dólares en premios, pero nada dicen sobre qué hacer para que el fútbol vuelva a ser una fiesta y un evento para compartir en familia.

-¿Y qué se puede hacer ante esta realidad?

-Es muy difícil, pero no hay que bajar los brazos. En Morón hay un concejal del massismo que se llama Daniel Laviuzza y que es encubridor de uno de los asesinos de mi hijo; cuando asumió en el Concejo Deliberante yo ingresé al recinto y le grite “¡Jurá por Daniel!”. Otra vez, en un acto político, uno de los que figura en el expediente como implicado en el asesinato, Carlos Alberto Salomón, apareció levantándole la mano a otro de los candidatos, a quien le cuestioné esa cercanía. Yo todavía no tengo justicia, pero cada vez que puedo los escracho. No tenés otra. De todos modos, no pierdo las esperanzas en que, con el paso del tiempo, estos personajes rompan su pacto de silencio y lleguen a hablar. En Morón es vox populi quiénes son los involucrados en el asesinato de Daniel.

El olvido está lleno de memoria

“El último aniversario fue muy emotivo”, sostiene Liliana en referencia a las actividades que formaron parte del recordatorio del vigésimo aniversario de la muerte de Daniel, el 11 de julio pasado, en el barrio porteño de Saavedra: “Cincuenta amigos de él fueron a la inauguración de un mural que ellos mismos le hicieron con la leyenda “Justicia por Daniel”, en la plaza donde se reunían y jugaban a la pelota. Eso me emocionó muchísimo. Y después se hizo una suelta de globos en un espacio público que lleva el nombre de mi hijo, cerca de casa”.

“Pasan los años y lejos de ser olvidado, él está cada vez más presente –agrega sin ocultar su emoción-. Uno siempre hace cosas para recordarlo. Ahora empezamos distintas actividades, incluido un campeonato de fútbol infantil, porque pensamos que el nombre de Daniel Hernán García no puede quedar solamente en un cartel”.

Al hacer un balance de estos 20 años de ausencia, lucha y espera, Liliana sostiene: “El desgaste es muy grande. Los años van pasando y la angustia y el dolor siguen, nos es nada fácil. Y la salud también va pasando factura. Pero a esta lucha no la voy a abandonar nunca y la voy a continuar hasta el último aliento. Seguimos haciendo cosas, es la única manera que tenemos para seguir honrando su memoria. Mis otros dos hijos (Alberto y Gabriel) me tienen, pero Daniel ya no está; a él le robaron la vida cuando recién empezaba a vivir  y es nuestra obligación que siga estando presente”.

Hugo Caric
- Periodista -