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El balcón de Macri
Foto: Baile y canto en el histórico balcón de la Casa Rosada.
La frivolización del escenario que vio a Perón, Evita y Alfonsín en momentos clave de la historia argentina
Publicada el en Crónicas

El balcón es una pieza arquitectónica, pensada como alivio a los espacios cerrados. Como metáfora, expresa la perspectiva del horizonte ampliado para proyectos de diversa índole. Derivado al lunfardo,  balconear significa observar algo a la distancia, sin participar directamente. En lo institucional, un sector de los balcones de la Casa Rosada es testigo de acontecimientos singulares vividos en el país, gratos e ingratos. Usado como mirador de sucesos, dio pie a la valoración de que merecía la pena alquilar balcones.

La Avenida de Mayo nace en la plaza del mismo nombre y corre de este a oeste. Su extensión es de unas 10 cuadras, que Mauricio Macri anduvo de ida y vuelta el 10 de diciembre de 2015. Para llegar al Congreso de la Nación e ingresar a la sede del Poder Ejecutivo, respectivamente. En el trayecto, vecinos y oficinistas en los balcones de edificios antiguos y modernos, con banderas y sin banderas. Con agrado, sin agrado o con neutralidad, que no sofoca la curiosidad.

Seguí las secuencias del acontecimiento, en las imágenes que brindaba la tele, con destellos de nostalgia por el conocimiento de ese tramo de la geografía urbana. Allí está el café Tortoni, la esquina de lo que era Casa Muñoz (donde un peso vale dos y compré mi primer traje de pantalón largo), el teatro Avenida, los 36 Billares y la confitería London, por ejemplo. Cruzando la Avenida 9 de Julio, habitaba la familia de mi tía María de las Mercedes Sierra, hermana de mamá y casada con Miguel Rocco, simpático sastre italiano.

El departamento, en planta alta, era vivienda y taller de corte y confección, con balcones a la Avenida de Mayo, que empleábamos para juegos y operaban como palcos preferenciales en el callejero escenario del corso, con desfile de carrozas y comparsas brillantes. Que yo sepa, mis tíos no alquilaban su inmejorable atalaya, pero el circunstancial negocio inmobiliario ya estaba en práctica.

Dicen que la locación de balcones se inauguró en el país con motivo de asumir Hipólito Yrigoyen la presidencia, con mandato del voto universal, secreto y obligatorio, el 12 de octubre de 1916, cubriendo el mismo camino que Mauricio Macri, del Parlamento a la Casa Rosada. Sin embargo, supongo que en la celebración del centenario de la Revolución de Mayo (1810-1910), los balcones tuvieron demanda comercial para apreciar a notables invitados, miembros de la nobleza europea.

Lo que conviene advertir es que, en todo caso, el alquiler de balcones no es un invento argentino. Víctor Hugo murió en 1885. El cortejo fue multitudinario, de tonalidad multiclasista. En París se encontraba Aurelia Vélez, la hija de Dalmacio Vélez Sarsfield y persistente amante de Domingo Faustino Sarmiento, que dirigía el periódico El Nacional. El 2 de julio, en esa hoja se editó la columna titulada “Honores Fúnebres a Víctor Hugo”, firmada por Aurelia V. Sarsfield. Un párrafo de la estupenda crónica revela: (…) Tuvo lugar el entierro de Víctor Hugo. No quedó nada desocupado, ni siquiera los techos de las casas que semejan despeñaderos. Quinientos a mil francos era el precio corriente de las ventanas o balcones para tres personas (…)

Para balcón famoso, el de la Casa Rosada, sin precisar a cuál de ellos corresponde la referencia puntual. En un trabajo práctico, basado en resignificación de imágenes, un estudiante apeló a la creativa idea de dotar de sentimientos y de voz al inánime mirador. Con ese recurso nos mostró páginas de la historia, relatadas con estilo de viejo criollo: Juan Domingo Perón en la jornada del 17 de octubre de 1945, el último discurso de María Duarte en 1952, lo militares que protagonizaron el golpe de 1955.

Impresionaba el balcón blindado para proteger a Perón el 1 de mayo de 1974, cuando echó de la Plaza de Mayo a los que denominó imberbes provocadores; los campeones mundiales de fútbol rodeados de uniformados en 1978; el general Galtieri anunciando la guerra de Malvinas en 1982; aquellas Pascuas de 1987, con Raúl Alfonsín presidente y los carapintadas sublevados.

El balcón de la Casa Rosada, lugar para las carátulas de la historia argentina. Ahora con 32 años de continuidad democrática, no exentos de crisis y desencuentros, de logros y frustraciones, de alegrías y de broncas. En la frecuencia, la alternancia personificada en Mauricio Macri. Y el ecléctico balcón prestándose para el baile cumbiero, sin que Dios y la Patria se lo demanden.

Al menos por esta vez. 

Guillermo Alfieri
- Periodista -