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Mustang, de Deniz Gamze Erguven
Quebrar la tradición
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Una historia de cinco hermanas huérfanas, situada en el corazón de Turquía, plantea la problemática de la mujer en sociedades patriarcales.
Publicada el en Cine

“Leí en alguna parte que en la vida no es tan importante ser fuerte como sentirse fuerte. Medir  tu capacidad”.

Christopher Mccandless (personaje principal del film Hacia rutas salvajes)

 

Mustang es la opera prima de la turco-francesa Deniz Gamze Ergüven. La historia se sitúa en verano, en un pequeño pueblo del norte de Turquía. Es el último día de clases y Sonay, Selma, Ece, Nur y Lale (cinco hermanas adolescentes huérfanas) deciden ir a celebrarlo al mar, junto a unos compañeros. Este hecho marca un antes y después en la vida de las chicas. Los vecinos le cuentan a la abuela de las muchachas (quien está a su cargo) que las mujercitas, según su óptica, tuvieron comportamientos indebidos. A partir de este momento, y después de ser castigadas físicamente, comienzan el aislamiento (rejas, cerrojos por doquier) y las prohibiciones (no más teléfono, ni ropa común, ni salidas, ni colegio, nada de fotos ni revistas).

La guardiana y el tío de las jóvenes se apresurarán en concertar sus matrimonios. Esta decisión (que conllevaba la anulación de la elección del propio destino) no será aceptada por todas las hermanas, algunas de ellas se rebelarán con éxito, otras no.  Todo esto aunque pueda parecer de otra época, no lo es.

La película está narrada con la voz en off de la menor de las hermanas: Lale, la más perspicaz, decidida y atrevida de las cinco.

La cinta puede verse como una denuncia contra el patriarcado y el arcaísmo cultural de Turquía. Este acierto no le quita algunas cuestiones para reprochar: la unión entre las hermanas es quizás un poco endeble y la mirada de la realizadora en algunos momentos es demasiado occidental.

Las muchachas en su sofocamiento atraviesan humillaciones como tener que demostrar que su virginidad se conserva intacta, sentirse cosificadas, encontrarse obligadas a aprender cuestiones de cocina y de la casa. Esto no invalida al film para adscribirlo en el género de películas sobre la adolescencia feminista con amplio lugar a las transgresiones como Foxfire (2012) de Laurent Cantet o Bande de filles (2014) de Céline Sciamma. Por otro lado, no es difícil hacer algunos paralelismos con Las vírgenes suicidas (1999) de Sofía Coppola. La sobreprotección se repite pero aquí hay un alegato a favor de la vida, no de su contrario.

Mustang llega a la Argentina justo en el momento del boom de las novelas turcas y sintoniza además plenamente con la temática de éstas.

Hay muchos elementos que condimentan la cinta y la sacan del mero panfletismo. La utilización de pequeñas dosis de humor en los momentos justos, la inventiva de las chicas para combatir el aburrimiento y el encierro, el tratamiento del florecimiento sexual, evitar los golpes bajos, la existencia de un hombre ajeno al machismo. Del mismo modo, hay detalles dignos de no perder de vista, como la idealización de Estambul como lugar de salvación, el paseo de las adolescentes por una plantación de manzanas y los zapatos de Lale.

Las intérpretes del film (excepto Elit Iscan, que personifica a Ece) no son profesionales.

El nombre de la película hace referencia a los mustangos, caballos salvajes de América del Norte. Y ese espíritu indomable es el que quiere rescatar y potenciar la directora, que dijo acerca de su obra: “Deseaba expresar con carácter de urgencia qué es ser mujer, lo que es aún más agudo y urgente en el caso de Turquía”. Y dejó en claro qué quería transmitir con ella: “Aspirar a la libertad es el tema de la película”. Dos afirmaciones con las que es imposible no estar de acuerdo. 

Mustang estuvo nominada como mejor película extranjera en los Golden Globe y en los Oscar.

Analía Casero
- Historiadora -