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Sobre dilemas periodísticos y consecuencias políticas
Los límites de la prensa offshore
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Además de la corrupción político-económica global, el escándalo Panamá Papers pone al descubierto las desigualdades en el acceso a la información en el mundo capitalista y la parcialidad en el tratamiento informativo de los grandes medios de comunicación en la Argentina.
Publicada el en Reflexiones

En su blog valijeros.blogspot.com.ar, Hugo Alconada Mon, periodista del diario La Nación, que con Canal 13 (Grupo Clarín) son los dos medios de comunicación argentinos (?) que integran el selecto club de empresas periodísticas privilegiadas por la “fuente anónima” de los Panamá Papers, explica que la información sobre la creación de empresas en paraísos fiscales –entre ellas, por lo menos una dirigida por un tal Mauricio Macri, su papá y su hermano– no se publicó antes de las elecciones presidenciales en virtud de “un acuerdo por el cual se determina que ICIJ (sigla en inglés del Consorcio Internacional de Periodistas contra la Corrupción) fija la fecha de publicación mundial”.

“Primero iba a ser el 15 de noviembre pasado (fecha por la que bregamos los argentinos dada la campaña electoral), pero la cantidad de material forzó la postergación a febrero, luego a marzo y, por último, a hoy (por anteayer), 3 de abril”, añade Alconada Mon y plantea: “¿Podíamos publicar algo antes? Sí y no. Como poder, podíamos. Pero hubiera significado violar un acuerdo de confidencialidad, romper la palabra acordada y convertirnos en parias del periodismo global. Al principio hubiéramos gozado de los frutos de corto plazo. Pero a la larga hubiéramos sufrido las consecuencias. (…) ¿Queríamos publicar antes? Sí. ¿Podíamos? No. ¿Habríamos publicado antes si en vez de una sociedad offshore vinculada a Macri hubiera aparecido una cuenta secreta de los Kirchner o de Daniel Scioli en plena campaña electoral? La respuesta es la misma: no”.

Tal vez la aclaración tendría mayor fundamento y credibilidad si a la ICIJ la integrasen además otros medios de comunicación, con un poco menos de interés común con el poder económico, donde están justamente los actores principales de la fundación de firmas offshore como recurso evasor. Con un poco menos de sintonía ideológica con el gobierno macrista, directamente afectado por esta tardía denuncia. Por ejemplo, el diario Página 12. Digo, como para diversificar y equilibrar un poco.

En la edición de aquel 15 de noviembre, el columnista estrella de La Nación, Joaquín Morales Solá, arengaba: “Si Scioli es kirchnerista y no expresa ningún cambio, ¿para qué votarlo a él? La campaña de Scioli es otra equivocación. Casi no habla de él y de lo que haría si llegara a la presidencia. Habla de Macri. Macri habla de Macri. Los dirigentes de Macri hablan de Macri. El gobierno y Cristina hablan de Macri. Y Scioli habla de Macri. Todos ayudan a Macri. Macri tendrá una deuda de gratitud con más opositores que leales si fuera el próximo presidente de la Argentina”.

Pero algunos no hablaban de Macri por esos días. Con ellos, el actual Presidente tiene una “deuda de gratitud” mayor. ¿Quién “sufrirá las consecuencias” que el diario La Nación y el Canal 13 decidieron no afrontar?

Es llamativo el respeto a ese pacto por parte del mismo diario que –con un criterio razonable que no le deparó ningún costo– quebró en agosto de 2000 el off the record del senador nacional peronista Marcelo Cantarero, para denunciar las coimas en la votación de la ley de flexibilización laboral impulsada por la Alianza UCR-Frepaso, lo que derivó en la renuncia del vicepresidente Carlos “Chacho” Álvarez y el primer episodio crítico de la gobernabilidad pos-menemista.

Y más llamativo resulta que entonces fuera el mismo Morales Solá el encargado de revelar: “Habrían existido favores personales de envergadura a los senadores peronistas –para sorpresa de algunos–, después de que estos aprobaran la reforma laboral; esas concesiones fueron conversadas y entregadas por dos hombres prominentes del gobierno nacional”.

Esta vez, diez días después de la fecha en que la publicación no pudo ser –acaso por los atentados yihadistas en París–, ya con el resultado electoral consumado en la Argentina, un editorial de La Nación titulado Investigar y condenar la corrupción, expresaba: “El uso de lo público en beneficio privado ha sido en la era kirchnerista una suerte de programa de gobierno, que se extendió hasta algunas de las áreas sensibles para la sociedad, como el PAMI y los planes de vivienda. Cabe esperar que en los tiempos por venir la Justicia pueda actuar con la necesaria independencia para investigar y condenar a los responsables y que ningún acuerdo de gobernabilidad futuro pueda estar teñido por concesiones tendientes a blindar de impunidad a quienes el 10 de diciembre dejarán el gobierno”.

A esa altura, el blindaje mediático al macrismo había incluido el embargo de una información incómoda para los nuevos abanderados de la transparencia. Eso sí, en aras del respeto a los códigos del “consorcio” periodístico transnacional. (A propósito, ¿quién decide en el consorcio? ¿La asamblea de trabajadores de prensa o la asamblea de accionistas?). Mientras tanto, en ambos medios enterados los títulos contra la “corrupción K” y los elogios al macrismo se sucedían sin rienda ni bozal.

En uno de sus editoriales de hoy, titulado Los jóvenes y el alcohol, el diario La Nación exhorta: “Alentar el consumo responsable es un imperativo, y en ello deben trabajar en forma mancomunada la familia, la escuela, el Estado y las empresas que producen bebidas alcohólicas”.

Tal vez los jóvenes y los no tanto y los adultos mayores debamos plantearnos un consumo responsable de otra clase de productos, que suelen producir en la conciencia un daño más profundo que el alcohol.

Alexis Oliva
- Periodista -