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Entrevista a Leonardo Boff, teólogo de la Liberación
"Brasil está en manos de los plutócratas"
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Leonardo Boff, el reconocido teólogo, filósofo y ecologista brasileño, cuestiona la realización de los JJ.OO. de Río de Janeiro en un contexto político, económico y social de “gran conflictividad” que vive su país, al que hoy describe como alineado a “la dictadura del capitalismo”. El ex sacerdote también denuncia la insensibilidad de la máxima autoridad del Comité Olímpico Internacional, el alemán Thomas Bach: “No tiene corazón, ve todo como un negocio y actúa como dueño”.
Publicada el en Entrevistas

Acaba de firmar casi un centenar de libros, en un ritual que cumplió sin mezquinar palabras ni sonrisas para las fotos. Acumula varias horas en el Auditorio de Radio Nacional Córdoba, donde disertó a sala llena sobre ecología y política, en el inicio de un periplo que también lo llevará por La Rioja, Buenos Aires y La Plata, cuya universidad le hará entrega de un Doctorado Honoris Causa.

Desoyendo los consejos de su esposa Marcia, quien trata de disuadir al puñado de periodistas enunciando algunos de los “achaques” físicos que él padece, Leonardo Boff también se toma su tiempo para hablar de otras cuestiones. En este caso, del deporte. Aunque su mirada aguda siempre traspase y trascienda el mero enunciado de cualquier temática a abordar. El disparador de la charla es la disputa de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, competencia que reúne a 11 mil atletas de 207 países, y que completa una saga de megaeventos deportivos –Copa Confederaciones 2013 y Mundial 2014- que en los últimos años pusieron a Brasil en el centro de la escena internacional.  

“No fue una decisión realista hacer los Juegos en Brasil. Nosotros estábamos muy bien en otro momento, pero últimamente todo ha sido un desastre. Creo que se han dado pasos muy grandes en un contexto difícil, y eso lógicamente tendrá sus consecuencias”, asegura el otrora cura franciscano y referente de la Teología de la Liberación (corriente que pregona la opción preferencial por los pobres), quien abandonó los hábitos en 1992, luego de ser perseguido y silenciado por el Papa Benedicto XVI.

“Los Juegos Olímpicos hoy son una gran vergüenza para el gobierno de Brasil, porque las dos personas que han propiciado que vinieran al país, que fueron “Lula” (el ex presidente Luiz Inácio Da Silva) y Dilma (Rousseff, la mandataria suspendida que afronta un juicio de destitución) ni siquiera han tenido participación. Mientras tanto, el presidente que es vicepresidente (Michel Temer), que usurpó la presidencia, estaba ahí presente en la ceremonia inaugural, pero pidió que ni siquiera citaran su nombre porque iba a recibir el rechazo total de la población, y de hecho ocurrió eso. Entonces resulta complicado hacer los Juegos, que significan fraternidad, cooperación, humanidad humanizada, dentro de una filtración de gran conflictividad”, destaca Boff.

Sobre el particular contexto político, económico y social en el que se lleva a cabo la 31º edición de la competencia organizada y fiscalizada por el Comité Olímpico Internacional (COI), Boff precisa: “Hoy los brasileños estamos en un vuelo ciego, no tenemos certeza sobre hacia dónde vamos a ir. Lo que sí sabemos es que estamos en presencia de una rearticulación de los grupos más concentrados y más excluyentes de la sociedad, que son los plutócratas y los grandes ricos de la nación”. “También sabemos que esto está en sintonía con una tendencia mundial, de gobiernos más autoritarios, de ajustes económicos muy duros, que en esencia representan una dictadura del capital, que es mucho más rígida que cualquier otra dictadura, ya que crea víctimas y destruye lazos de fraternidad mínimos, desmontando la salud, la educación, la integración. A esto hay que combatirlo, criticarlo, no aceptarlo. Son otros tiempos y ellos deben aprender la lección de la historia, que demuestra que ese nunca fue el camino para la felicidad, la democracia y la humanidad de los pueblos”, añade.   

A la hora de profundizar el análisis y de formular un punto de vista sobre la realidad política internacional, Boff señala: “Estamos verificando a nivel mundial, y puntualmente en América Latina, empezando por Guatemala, siguiendo por Argentina y ahora en Brasil, un ascenso demasiado fuerte de la derecha. Del pensamiento conservador y neoliberal que idea una sociedad para pocos y que deja a muchos ciudadanos sin asistencia, desmontando políticas sociales que los sacaron de la miseria y de la ignorancia. Eso es grave, porque significa un retroceso de 30 ó 40 años de lucha por una democracia más social, más participativa”.

¿Qué hacer ante semejante diagnóstico? Esta es la respuesta que sugiere el pensador brasileño para el cuestionamiento de rigor: “Tenemos que resistir y mostrar la inequidad de representa el hecho de que resucite ese viejo capitalismo individualista, concentrado y carente de todo sentido de justicia social y de respeto. Yo creo que el pueblo siempre resiste. Los gobiernos pasan y el pueblo sigue ahí. Estoy seguro de que va a llegar el día en que los pueblos van a poder elegir a sus propios representantes y que alguna vez habrá proyectos de integración para que la política sea cada vez más de iguales, para que participen todos, y para que finalmente la sociedad no sea tan malvada como viene siendo hasta hoy”.

Mundo finito y capitalismo terrorista

“Mejor me paro adelante del escritorio, porque eso parece un púlpito de iglesia”, comenta Boff mientras señala con su mano derecha el atrio que está ubicado a un costado del escenario. La ironía es celebrada con aplausos por las más de 400 personas que desde temprano hicieron fila para asegurarse un lugar en el remozado “Centro Cultural Néstor Carlos Kirchner”, ubicado en la tradicional esquina cordobesa de Deán Fúnes y General Paz. De inmediato, las risas se disparan con las primeras y sentidas palabras del pensador nacido hace 77 años en Santa Catarina: “Estoy impactado, feliz, por esta recepción. ¡Pensar que en Brasil me dicen comunista, naturista… y aquí me reciben tan bien!”.    

Ya metido de lleno en su exposición pública, la conferencia titulada “La necesidad de educar para cuidar”, Boff impacta con un discurso tan sencillo como convincente: “Nosotros necesitamos a la Tierra; la Tierra no necesita de nosotros. Si no advertimos eso, corremos serio riesgo de desaparecer. El planeta nos está demandando una radical conversión ecológica. Debemos tratar de que aflore una nueva cultura, una nueva sensibilidad, una nueva forma de relación entre el hombre y la naturaleza”.

“Hay que generar una conciencia planetaria y trabajar a partir de un nuevo paradigma: cuidar el planeta, no dominarlo. Para ello, el primer presupuesto es entender a la Tierra como un ser vivo y complejo. Hay que terminar con esa idea de que debemos torturar a la Tierra hasta que nos dé todo lo que tiene”, sostiene Boff. “La idea del planeta infinito es una ilusión, y la filosofía que subyace detrás del proyecto de modernidad de la sociedad científico-tecnológica es absolutamente falsa. La Tierra es un planeta pequeño y viejo, con bienes y servicios limitados y muchos de ellos no renovables. Por eso hay que cambiar la cultura del despilfarro y de la falta de respeto hacia la naturaleza. La Tierra es nuestra madre, la Pachamama, y, como tal, hay que amarla, cuidarla, tratarla bien. No somos dueños de ella, somos sus huéspedes”, añade.

Tratándose de uno de los pensadores más lúcidos de América Latina, está claro que, en el caso de Boff, la ecología o cualquier otro tema que se aborde, obran simplemente como disparador para exponer una concepción del mundo más amplia y profunda: “La voracidad de la producción que existe en estos tiempos, la más escandalosa de toda la historia de la convivencia, no respeta límites. El proyecto de modernidad busca dominar a los pueblos y a la naturaleza y manipularlos. No en función de la vida, sino de la acumulación. En la actualidad son 787 personas las que controlan el 80 por ciento del flujo de dinero global, manipulando a los gobiernos desde atrás con inversiones y decidiendo cuál país será asaltado y en qué momento, jugando con la economía mundial mientras hay millones de hambrientos por todos los continentes”. Y tal como sucederá en varios tramos de su exposición, cita al actual líder de la Iglesia Católica: “El Papa Francisco ya dijo en varias ocasiones que el mundo vive en guerra y que no se trata de una guerra de religiones. En ese sentido, mi idea es que el gran terrorismo que hoy afecta a toda la humanidad es el capitalismo, que produce hambre, violencia y dominación”.

 “El hombre, de ángel bueno, se ha hecho el Satán de la Tierra. Y se considera más que ella, lo que no debería hacer jamás. El calentamiento, la falta de agua, la erosión de los suelos, la fabricación de armas: son evidencias de que la razón se ha hecho irracional y también síntomas de que el planeta está enfermo y de que es necesario cambiar ese sistema. Cuando el Papa Francisco escribió su encíclica sobre medio ambiente (‘Laudato Sí’) hablando del cuidado de la ‘casa común’, no lo hizo para la Iglesia, sino para toda la humanidad. Y en este tema, lo peor que puede suceder es que todos nos quedemos de brazos cruzados, porque ese es un camino sin regreso en dirección al abismo”, puntualiza sobre la temática que le sirve como punto de partida.

Monsanto, Macri y el COI

“Yo siento un impulso casi religioso de hablar de estas cosas –se justifica-, de las que el sistema no quiere hablar. Porque, por citar sólo un caso, veo que son muy pocas las voces que se levantan para denunciar que existen dos empresas multinacionales, Monsanto y Syngenta, que dominan el mercado haciendo estériles todas las semillas naturales para obligar a que los campesinos compren las suyas, que son transgénicas, no renovables. Tampoco escucho demasiado sobre las 800 bases militares que Estados Unidos tiene en todo el mundo. Y sin ir más lejos, (Mauricio) Macri permitió la creación de dos bases militares en Argentina, una muy cerca de la frontera con Brasil. Está comprobado que hay ojivas nucleares en todos esos lugares, donde nunca la seguridad es total como para evitar un desastre. Y la gran decepción que siento es que todo lo que estamos diciendo aquí no aparece en los grandes medios de la prensa mundial”.

Con algunos otros toques de humor –“la CIA está en todos lados”, comentó luego de un breve corte en el sonido del micrófono- y un toque de espiritualidad, Boff intenta bajarle los decibeles a una problemática compleja y preocupante que tan bien describe y analiza: “Yo no vine a producir angustia. En todo caso, la angustia pertenece a la esencia de lo que percibimos como destino, como camino, como tendencia de una realidad, que puede ser trágica o buena. Hay millones de personas que sufren en el planeta. Junto con el cuidado hay que rescatar la razón cordial, la sensibilidad. Atahualpa Yupanqui decía ‘el hombre es tierra que anda’, y yo le agrego ‘que siente, que ama’... Yo pienso que hay que reinventar al ser humano y ponerlo a la altura del problema. El gran objetivo debe ser convertirnos en una civilización donde la vida sea cuidada y amada, desde lo más bajo. Y donde se valore el capital espiritual, que es infinito; y se entienda que la felicidad está en el corazón, no en la acumulación material. Pero no basta con conocer la realidad, hay que sentirla. Si no sentimos, no vamos a cambiar”.

Durante el desarrollo de su exposición ambientalista, el también escritor brasileño –autor de numerosas obras que fueron editadas en diversos idiomas- también hizo alusión a los Juegos de Río de Janeiro y cuestionó con dureza a la máxima autoridad del COI, el ex esgrimista alemán Thomas Bach: “En el mismo momento en que se estaba iniciando la ceremonia inaugural, pero 71 años atrás, se lanzó la primera bomba atómica en Hiroshima, donde murieron 247 mil personas. Lo hablamos a este Thomas: le pedimos que se hiciera un minuto de silencio, ya que eran la misma fecha y la misma hora, pero no aceptó. Después le propusimos hacer un gran banner con  imágenes de palomas, para celebrar la paz en el mundo; y tampoco quiso. Estas iniciativas tenían el apoyo del alcalde de Hiroshima (Kazumi Matsui) y de Ban Ki-moon, el secretario general de la ONU, pero lamentablemente no se pudieron llevar a cabo. Está claro que este dirigente (Bach) no tiene sentimientos, no tiene corazón. Ve todo como negocio, ni como juego ni como deporte; y actúa como dueño”.

Finalmente, Boff deja un pensamiento y un par de consejos prácticos: “Hay que inventar una nueva cultura en relación con el planeta, y para ello es necesario reducir, rehusar, reciclar… Y agrego otras ‘erres’ más: reforestar, rechazar la propaganda engañosa, respetar a todos los seres… Esas tienen que ser las bases del cambio. Hay que hacer todas las acciones que sean necesarias, por más sencillas que puedan parecer, para lograrlo”.

Una ovación y más aplausos acompañan su última reflexión: “No queremos medio ambiente, queremos ambiente entero”.

Hugo Caric
- Periodista -