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La historia del espionaje militar en las organizaciones guerrilleras de los ´70
Durmiendo con el enemigo
Por | Fotografía: Gentileza cosecharoja.org
Foto: Ricardo Ragendorfer bucea en el sórdido mundo de los servicios de inteligencia en los agitados años 70.
Una rigurosa investigación periodística de Ricardo Ragendorfer devela la actuación de los espías infiltrados por el Batallón 601 de Inteligencia en la guerrilla argentina durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Una historia sórdida que echa luz sobre la inquietante existencia de los “doblados”, aquellos militantes que para salvar el pellejo propio se reconvirtieron en soplones de sus victimarios y enviaron a la muerte a sus propios compañeros.
Publicada el en Libros

La arquitectura del terrorismo de Estado ha sido descripta por numerosos autores, desde los pioneros Eduardo Luis Duhalde, Gustavo Roca, Alipio Pauletti, Horacio Verbitsky y Miguel Bonasso hasta los trabajos más recientes de Ana Mariani, Alejo Gómez Jacobo, María Seoane y Vicente Muleiro, entre muchos otros. Periodistas, escritores y académicos se han ocupado también de recrear el contexto histórico de los años 60 y 70 y de explicar la irrupción de la lucha armada en el contexto de la guerra fría, el mayo francés, la guerra de Vietnam y el triunfo de la revolución cubana. En “Los doblados”, su último libro, Ricardo Ragendorfer aborda uno de los aspectos menos conocidos de aquéllos años: el sórdido submundo de los espías. Y devela, en una investigación periodística de notable factura, el complejo engranaje del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, ariete fundamental del esquema represivo de la última dictadura cívico militar en el país.

“Esta, señores, es una guerra de inteligencia, y su clave es la información”, sentencia el todopoderoso jefe del Batallón 601, coronel Alberto Alfredo Valín, en la cita textual que abre el libro. La frase, pronunciada el 20 de octubre de 1975, indica que el diseño del Estado terrorista había comenzado al menos cinco meses antes de que se concretara el golpe militar más cruento del Siglo XX.  Para recrear esa reunión, punto de inflexión del Batallón 601 en el plan de exterminio nacional e internacional de la guerrilla coordinado por el Plan Cóndor, Ragendorfer se entrevistó varias veces con el represor Carlos Españadero, pieza clave del esquema de inteligencia, que a la postre sería condenado por delitos de lesa humanidad.

La primera charla entre el periodista y el represor no fue sencilla. Había desconfianza mutua y un natural recelo ante la grieta que separaba la historia de ambos. Pero Ragendorfer intuía que ese ser despreciable era la única llave que le permitiría conocer los detalles de una historia increíble. “Era como la frase de Walsh, pero al revés: Hay un fusilador que vive”, pensó. Y al igual que Walsh, se obsesionó con ese relato macabro, que siguió obsesivamente hasta corroborar cada detalle.

Pronto descubrió que Españadero –que se hacía llamar “Peirano”- era “un especie de estratega en las sombras del máximo organismo represivo del Ejército”. Y que su apariencia inofensiva ocultaba al creador de “una pequeña pero auspiciosa red de agentes que él mismo había elegido y entrenado para infiltrar en las principales organizaciones revolucionarias”.

Diez años después, como resultado de esa búsqueda afanosa, nació “Los doblados”, el estremecedor relato que Editorial Sudamericana acaba de lanzar al mercado y que recrea, pieza por pieza, el tenebroso rompecabezas de la inteligencia militar que infiltró a sus espías en Montoneros y el Ejército Guerrillero del Pueblo (ERP).

Clima de época

El libro de Ragendorfer se lee como una apasionante novela policial, un thriller electrizante que obliga a contener la respiración. Pero detrás de esa trama atrapante, como telón de fondo, se recrea el clima de época de aquéllos años agitados. El autor, a través de una minuciosa reconstrucción histórica, da cuenta de la secuencia política que transita el país desde la muerte de Perón hasta el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Y en ese recorrido abarca en su relato las miserias del poder, la capitulación de Ítalo Luder, la tozudez de Isabelita  y las intrigas palaciegas del Edificio Libertador y la Casa Rosada.

La primera historia de espías se vincula al ataque de Montoneros al Regimiento 29 de Infantería de Monte de Formosa. Contrariando a periodistas del establishment militar como Ceferino Reato, Ragendorfer plantea que las Fuerzas Armadas sabían que se preparaba una acción guerrillera importante y no hicieron nada para impedirla. Al contrario, especularon con que su impacto en la opinión pública les facilitaría llevar adelante “la maniobra cívico-militar que posibilitó, cinco meses antes del golpe, el traspaso real del poder desde la Casa Rosada al Edificio Libertador, junto con la primera oleada de la represión militar y el inicio en Argentina del Plan Cóndor”.

“Los militares, pese a ignorar el lugar y la fecha de la acción montonera, sabían desde mediados de septiembre (…) que había algo muy grande en  marcha. Pero no impidieron el plan. ¿Acaso tenían un interés especial en que ese “algo” se produjera?”, se pregunta el autor. Las respuestas se van develando en los sucesivos capítulos del libro, que describen con precisión quirúrgica el modus operandi de los espías reclutados por el Batallón 601 y su incidencia en las derrotas más emblemáticas de la guerrilla.

Ragendorfer cuenta que la camarilla militar que lideraba Jorge Rafael Videla tenía listo su plan de exterminio y solo esperaba el mejor momento para ponerlo en práctica. El ataque Montonero al cuartel de Formosa fue la excusa perfecta que dejó sin margen de maniobra al debilitado gobierno interino de Ítalo Luder, que estampó su firma –junto a la de sus ministros- en el tristemente célebre Decreto Nº 2771, que autorizó a las Fuerzas Armadas a “aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país”. La orden del PEN sería tomada al pie de la letra por los uniformados, que extendieron el “Operativo Independencia” de Tucumán a toda la geografía nacional, convirtiendo al país en un inabordable campo de concentración.

La descomposición política del régimen de la viuda de Perón,  la inminencia del golpe militar y el creciente aislamiento de la guerrilla por su pase a la clandestinidad y su tendencia a la militarización dan el marco a historias personales que reflejan dramáticamente la fragilidad de la condición humana en situaciones límite. Así aparecen los “doblados”, militantes políticos que para sobrevivir se reconvierten en espías de los represores y delatan a sus compañeros, condenándolos con su delación al confinamiento, la tortura y la muerte.

Los más doblados

Ragendorfer menciona varios casos de “topos” o “filtros” del Batallón 601 que perforaron las medidas de seguridad de la guerrilla, pero centra su investigación en dos historias conmovedoras: la de una mujer que traiciona a su amante y la de un hombre que, para salvarse, entrega a decenas de compañeros de militancia a las fauces del terrorismo de Estado. Condenados a un doble rol que por momentos roza la esquizofrenia, los “filtros” conviven con los guerrilleros al solo efecto de brindar información a los militares. Al final, sabrán que ellos mismos no eran más que piezas de recambio de un plan de exterminio cuya dimensión arrasaría con cualquier vestigio de humanidad. Y del que ninguno -ni los militares, ni los guerrilleros, ni siquiera ellos- saldrá indemne.

Con ritmo frenético la acción transcurre entre ratoneras, emboscadas, seguimientos, “embutes”, ejecuciones, secuestros, torturas y “tabicamientos” mientras el país parece encaminarse inexorablemente hacia la tragedia. La invisible omnipresencia de los “doblados” desvela a los líderes guerrilleros, que empiezan a mirarse entre ellos con desconfianza, alterando la cotidianeidad y hasta postergando los planes de los jóvenes revolucionarios, cuyo promedio de edad no deja de sorprender al lector contemporáneo.  

La historia secreta de la entrega del activista chileno Jean Claudet Fernández –que oficiaba de enlace entre el MIR y el ERP- al Ejército argentino es reconstruida por Ragendorfer con la inigualable pericia de un escritor de policiales: a través del testimonio de los protagonistas, los caprichos del destino y la lectura de expedientes judiciales, el autor reconstruye la secuencia del secuestro y devela, muchos años después, los motivos de la inexplicable delación. El epílogo de esa historia es -parafraseando a Roberto Arlt- un cross a la mandíbula del lector.  

La azarosa vida del “Oso” Rafael de Jesús Ranier atraviesa transversalmente el relato, ilustrando el daño operativo y  humano que cada una de sus decenas de delaciones ocasionará en la guerrilla del ERP y cómo el cerco se va cerrando sobre el propio “filtro”, cuya vida ha dejado hace rato de tener un sentido y ha quedado en manos de personajes oscuros que no moverán un dedo para auxiliarlo cuando sus “compañeros” empiecen a sospechar de él. La historia del “Oso”, en definitiva, le permite a Ragendorfer redimensionar la incidencia real que tuvo en la derrota de la guerrilla la infiltración militar en sus filas. “La estructura comandada por el coronel Valín –cuenta Ragendorfer al referirse al Batallón 601- tendría bajo su control a otros servicios de espionaje, convirtiéndose así en el receptáculo de todo lo que pasara en el país. Y funcionaría como correa de transmisión entre los grupos de tareas, los centros de tortura y las más altas autoridades militares”. Era, en definitiva, el corazón mismo del infierno, el cerebro que impartía las órdenes más atroces para alimentar la maquinaria clandestina de aniquilamiento de la dictadura cívico militar.

En esos socavones del infierno se metió sin pedir permiso el “Patán” Ragendorfer, inveterado y audaz “cronista de criminales” que, emulando a Walsh, hizo de tripas corazón para seguir con paciencia de orfebre cada una de las pistas mencionadas por el “fusilador que  habla” en su primera cita a ciegas. Por persistencia, audacia, capacidad y talento, logró después de diez años hincarle el diente a la médula misma del Estado terrorista argentino.

El resultado es “Los doblados”, una obra periodística decididamente consagratoria.

Hernán Vaca Narvaja
- Director -