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Quinta Marcha de la Diversidad
Puntillas de auroras tristes
Foto: La cantante riocuartense Mia Salas ya tiene dos discos editados.
Desde la infinita soledad de su departamento, tan lleno de música como de necesidades, la voz de Mía Salas hace eco en una lucha que es de todos: la de una sociedad más igualitaria, más diversa y más humana. El próximo sábado, como todos los años, marchará por las calles de Río Cuarto para exigir que se respete la diversidad sexual y se ponga fin a la discriminación
Publicada el en Crónicas

Jueves 20 de octubre, que bien podría ser cualquier otro día de la semana, del mes o del año. Cuatro cuadras de agua y barro separan la Avenida Dr. Francisco Muñiz de la esquina en que fue acordada la cita. La llovizna que no cesa tiñe de un pálido gris la siesta de este barrio del norte riocuartense. Luego, el portón de rejas, el descampado del frente y un pasillo largo al que dan una decena de puertas. Una de ellas se abre, y permite el ingreso a ese mundo de siete metros por cuatro, en el que cabe una vida, o tantas de ellas.

Mía Thalía Salas nació en un cuerpo de varón. Llegó a la vida en el seno de una familia de trabajadores y ya en los primeros años de su niñez  prefirió jugar a las muñecas a correr detrás de una pelota. Más de veinte y pico de años la separan hoy de aquella infancia a la que recuerda con cariño.

Mía está allí, detrás de esa puerta que separa al mundo de su pequeño monoambiente alquilado. Dos bancos y una mesita cuadrada, el ropero, y un televisor desde el que escapa una voz que sepulta el silencio. Las paredes color tiempo contrastan con el acolchado rosa, que cubre a un mudo colchón sobre una cama de hierro. Allí está sentada, mirando lejos, vistiéndose de fuerzas, porque en su relato desnuda su alma.

- Yo arrancaba a cantar y no me animaba a ser Mía Salas en un Escenario. Me daban trabajo y espacios siendo como era antes,  pero cuando yo quise empezar a cantar como Mía Salas me cerraron las puertas. Entonces no me quedó otra que ir a Derechos Humanos, en donde conocí a Eliana Alcaraz. Le conté mi situación y ella me sacó la ficha: “pero vos no sos aquello - me decía-,  vos sos esto”. Ella me presentó así en la primera marcha, allí canté por primera vez como Mía, y desde ese día fui Mía Salas en Río Cuarto.

Cuelgan de la pared cinco discos de vinilo que se alternan con cinco retratos. Desde el infinito silencio visual, cada uno de ellos narra una historia, interpela al que mira, tal como lo hacen los dos materiales discográficos que tiene grabados.

- Cada uno tiene su historia, los dos por supuesto hechos a pulmón. El primero, “Sentidos”, que fue con mi anterior identidad – Juan Manuel Salas –, tenía canciones que me identificaban muchísimo, como el tema que me marcó: “A quién le importa”, o “El amor desolado” con el que gané el Solo Canto en el año 2006. El segundo material, ya con mi identidad, se tituló “Mía Salas, Mi Reflejo”. Fue más completo, logró una mayor comunicación con el público. Fue un éxito, dos funciones en el Teatrino de la Trapalanda y que quedara gente afuera porque no había tiempo para una tercera función, jamás lo hubiera imaginado.

Uno de los cuadros muestra a Mía en los estudios de Canal 13, y un certificado reconoce su paso por Soñando por Cantar, conducido por Mariano Iúdica.

- Fue un sueño. Para mí fue llegar. Yo estaba ahí, con las manos arriba, no me importaba nada. La experiencia que viví esos dos años que estuve ahí fue impresionante. La gente que conocí, las amistades que hasta el día de hoy nos seguimos escribiendo, nos encontramos y compartimos escenarios.

Mía voltea hacia la pequeña mesa de luz que está junto a su cama. Hay un portarretrato en la que aparece en brazos de su abuela, un puñado de pinturas de uñas y lápices labiales, y el teléfono. Pero su mirada busca otra cosa: hay allí una estampita de Santa Cecilia, la virgen de la música.  

- Yo siento que en mi casa no hubo mucha comunicación, y yo intentaba comunicarme de esa forma, cantando, bailando, expresándome con la parte artística. Y desde hace un tiempo, empecé a militar con el canto, al no tener la palabra, me expreso cantando.

Cada rincón de su departamento sigue disparando historias, ahora Mía se sumerge al mundo de sus primeros años.

- Mi infancia fue hermosa, a mí me encantó. El jugar normal, tranquila, sin sufrir. En la primaria, por supuesto, hubo problemas de discriminación, burlas de chicos. Me excluían, el grupo de varones. Obvio, yo chocha, no quería compartir con ellos. Por ahí me excluía yo sola, pero porque me sentía más cómoda así. Las maestras hablaban con mi mamá, que me veían solitaria, pero en ese momento yo me sentía bien así. Desde chiquita yo me sentí así, yo era Mía, pero por ahí pensaba en cómo lo veían los de afuera. Hasta que llegué al secundario, en quinto año, ya eso no me importó. Yo soy así, el que me quiera va a seguir estando a mi lado, y el que no… Y me cerraron la boca, porque ninguno de mis compañeros se alejó. La aceptación por parte de mi familia costó un poco más. La semana pasada hizo justamente un año, que fue cuando estuve en el programa. A mi mamá le cuesta todavía un poquito ahora. Pero antes ni siquiera se tocaba el tema, hubo momentos en el que pasé cosas horribles, escuchar cosas que me dolían muchísimo, oír que no era más su hijo, tirarme la ropa. Hoy ya lo aceptó.

Su voz se torna más pálida, hay en ella un dejo de tristeza.

Socialmente pasa lo mismo. Ahora está algo más liviana la situación. Antes llegabas al centro y te detenían, ¡y las cosas que te hacían en la comisaría!. Ahora eso no pasa, o pasa menos. Tuvimos que hacer muchas cosas para lograr eso. Pero sí pasan otras cosas, no te dan un trabajo, en los centros de salud los médicos no saben cómo tratarte, vas por la calle y te asaltan con sus miradas, la discriminación se vive y se siente todo el tiempo. La gente por ahí habla, se ríe o se burla sin saber, sin entender. La sociedad por ahí no entiende que en la actualidad somos más diversos.

***

 

“Puntillas de auroras tristes, percal de espuma en el aire.

Dolor de saber que existo cuando termina la tarde.

Tristeza de ser apenas una penumbra que arde,

y en la noche más caliente: helarme, tan solo, helarme”.

(Fragmento del poema “Puntillas de auroras tristes”, de José Larralde)

Más del 80 por ciento de las personas trans en Río Cuarto tiene como única fuente de ingreso la prostitución. Así lo indica la “1º Encuesta sobre Población Trans Río Cuarto 2016: travestis, transexuales, transgéneros y hombres trans”, realizada por la Mesa de la Diversidad que, al desnudar esta realidad, busca servir de sólido apoyo a los Proyectos de Ordenanza Municipal presentados al Concejo Deliberante, tales como el Proyecto  de Prevención y Sanción de Actos Discriminatorios, el de Salud Integral Trans y el de Inclusión Laboral de Personas Trans.

El relevamiento pone de manifiesto aspectos duros de una realidad por la que desde hace años vienen trabajando desde la Mesa de la Diversidad en conjunto con la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT).

El cien por ciento de las personas trans tienen dificultades para acceder a un puesto laboral por su condición sexual. Solo el 17 por ciento logra obtener un ingreso sin tener que prostituirse, y el 93 por ciento no cuenta con obra social.

El 87 por ciento sufrió discriminación en la vía pública, desde insultos, burlas, humillaciones hasta violencia física en algunos casos. Esta discriminación es transversal y se da en todos los ámbitos. El 32 por ciento denuncia discriminación por parte de su familia, el 36 de sus vecinos, el 21 de sus amigos y el 11 de sus parejas o ex parejas. El 80 por ciento se siente discriminado por la Policía.

En cuanto a educación solo el 17 por ciento tiene sus estudios secundarios completos y un porcentaje similar terminó el primario. También los encuestados denuncian discriminación en el ámbito escolar con un 52 por ciento por parte de sus compañeros, 21 por parte de maestros o profesores, 16 de directivos y 14 de no docentes.

El 93 por ciento de las personas trans viven en una casa que no es propia, sino familiar, prestada o alquilada.

En materia de salud aparece el dato más alarmante: la esperanza de vida de una persona trans está entre los 35 y 40 años, mientras que en el resto de la sociedad ronda entre  los 75 y 80 años. Las causas de esto son los tratamientos incorrectos que se ven obligados a realizar por no contar con la atención pertinente en la ciudad. Un 47 por ciento de las personas consultadas admitió haber realizado un tratamiento hormonal sin prescripción médica y un 73 reconoció haberse inyectado silicona líquida en alguna parte de su cuerpo.

Walter Torres, presidente de la Mesa de la Diversidad en Río Cuarto, es contundente en la interpretación de estos datos: “Es necesaria la urgente implementación de políticas públicas para superar años de exclusión, marginación y discriminación, garantizando acceso a la salud, la educación, la capacitación, y la apertura en los ámbitos laborales, entre otros derechos, que son nada más ni nada menos los derechos básicos e inherentes de los que cada ser humano debe gozar”.

 “Estamos esperando reunirnos con el actual Intendente que se comprometió a recibirnos. Recién empieza su mandato asique tiene cuatro años por delante para mejorar esta realidad y generar esas políticas públicas que creemos fundamentales”, señala Torres. Y agrega: “Creemos que cuando uno le pide a la sociedad hacer un cambio, el primero que debe dar el ejemplo es aquel que ha generado la situación de exclusión, que es el Estado”.

“Cada uno desde su lugar, debemos generar las acciones necesarias para pasar de la Igualdad Jurídica a la Igualdad Real, para revertir las situaciones de exclusión y vulnerabilidad de derechos que atraviesan al colectivo LGBT”, enfatiza el presidente de la organización social.

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Franjas horizontales. Rojo, naranja, amarillo, verde, celeste y violeta. La bandera de la diversidad contiene en sí misma la esencia del mensaje: “Todos somos diferentes”. Desde hace cinco años, los cánticos,  el resonar de bombos y trompetas, las lecturas alusivas y las expresiones artísticas de toda índole, llenan de color el espectro festivo de cada Marcha de la Diversidad.

Este año no será la excepción. La Quinta Marcha de la Diversidad, a realizarse el próximo sábado 29, elevará un año más su grito multicolor de esperanza, grito en pos de promover la igualdad de derechos y oportunidades, concientizar sobre el respeto a las diferencias y luchar contra todo tipo de discriminación, reducir el estigma social y posicionar una agenda política.

“La marcha sí es una marcha por la diversidad, por supuesto que tiene mucho color, mucha fiesta, mucha alegría, pero es una marcha política que tiene ejes concretos, como por ejemplo la lucha contra la discriminación y la exigencia de inclusión laboral y una salud integral, entre otros tantos aspectos” señala el presidente de la Mesa de la Diversidad.

 “Tenemos muchas razones para celebrar, han sido muy importantes los avances que hemos conseguido en busca de Igualdad de Derechos y Oportunidades, - expresa la página del evento creada en Facebook - pero también muchos motivos para seguir luchando: Ley de prevención y Sanción de Actos Discriminatorios YA, Basta de Violencia Institucional, Basta de Femicidios, Basta de Violencia de Género, Inclusión socio-educativa, laboral, salud para todos, Ordenanza Cupo Laboral Trans y Salud Integral Trans, Aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral, Estado Laico”.

La concentración será el sábado 29 a las 17 en el Centro Cultural del Andino, y desde ahí se marchará a las 18,30 hacia la Plaza Roca, donde se desarrollará el VI Festival Cultural por la Igualdad y la No Discriminación “Susana Dillon”.

 

 

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La Marcha de la Diversidad alzará por quinta vez en la ciudad las banderas de la lucha por una sociedad más igualitaria, más digna, con oportunidades para todos. En esas banderas de franjas multicolores flameará también el nombre de Eliana Alcaraz, su nombre y su vida, su entrega por una sociedad más humana. Trabajadora incansable por los que menos oportunidades tienen, fue una militante social que entregó su vida por las necesidades de su barrio.

Eliana fue protagonista del primer caso de unión civil de una pareja del mismo sexo en Río Cuarto, y emprendió un largo camino de lucha por las minorías sexuales de la ciudad y el país.

La pelea diaria, sin esperar nada a cambio, la fue convirtiendo en referente de las luchas por las Leyes de Matrimonio Igualitario en el año 2010 y de Identidad de Género en el 2012.  Como coordinadora de la hoy disuelta Oficina de Diversidad Sexual e Identidad de Género de la Municipalidad de Río Cuarto, se convirtió en la primera funcionaria trans de la provincia y una de las primeras del país.

“Orgullosa pudo mostrarle al mundo que su DNI reflejaba por fin su verdadera identidad de género, o como ella decía: expresar lo que nuestros cuerpos desean” escribió el periodista Sergio Villone en su blog el 10 de febrero de 2014, un día después de la muerte de Eliana. En el mismo post, titulado “#Chau Eliana Alcaraz: Pobre, negra y travesti”, Villone transcribió algunos fragmentos de entrevistas radiales que le realizó a Eliana: “Falta mucho para la igualdad. Nuestras compañeras se siguen muriendo en quirófanos clandestinos, no tienen vivienda propia, se tienen que prostituir para sobrevivir. Las personas que nos agreden lo hacen para satisfacer su machismo, no solo contra nuestro colectivo sino en general. Hay que trabajar en la violencia de género, que se está acrecentando. Aunque también está la violencia de los ojos, porque te agreden con la mirada”, le supo decir Eliana Alcaraz a Villone en su programa radial.

Villone concluía aquel post con una reflexión de Eliana sobre la enfermedad con la que lidiaba a codazos y que finalmente le arrebató la vida: “Sufro de cáncer en la sangre y por lo tanto tengo que estar bien porque me estoy muriendo. Y voy a hacer cosas hasta que me vaya”.

“Fue un privilegio conocerte. Será una obligación llenar el espacio que nos pasás”, concluía Villone su emotiva evocación.

A dos años y ocho meses de la muerte de Eliana Alcaraz, aquella pionera de un camino a seguir, la Quinta  Marcha de la Diversidad se propone enarbolar un año más su bandera multicolor de entrega, igualdad y vida.

 

 

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“¿A quién le importa lo que yo haga?

¿A quién le importa lo que yo diga?

Yo soy así, así seguiré, nunca cambiaré”

(“A quién le importa”, de Thalía)

La siesta riocuartense tiene un nudo en la garganta. La llovizna de este jueves continúa. Mía Salas ceba un mate que, como cada cosa que hay en su pequeño departamento alquilado, no deja de narrar historias. 

- “A quién le importa” es la canción que más te gusta y te identifica, tu público te la pide siempre. ¿Qué es lo más lindo que te brinda esa gente?

- Su cariño. La gente me dice tantas cosas lindas. Por ahí pienso si no exageran. Y después, cuando estoy sola acá, me doy cuenta que no, que es verdad. Que tengo que darle para adelante, tengo que seguir, no tengo que bajar los brazos. El apoyo está siempre, y eso es lo que más fuerte me hace. Me hace seguir por más, no estancarme, saber que puedo. Yo puedo.

- ¿Que le hace falta al mundo?

- Uy, Dios mío, qué difícil. ¿Quién soy yo para decir que le hace falta al mundo? – reflexiona -. Creo que abrirnos un poco más, actualizarnos, entendernos, leer. Actualizarnos, eso sí, no solamente en cuanto a la gente trans u homosexual, sino en todo lo que surge, en todas las cosas que están pasando. Y preguntarnos siempre el “porqué”. ¿Por qué están pasando estas cosas? ¿Por qué sucede lo que sucede? Y comunicarnos más, comunicarnos adecuadamente, moderadamente, sin tanta violencia.

- ¿Qué mensaje te gustaría darles a las chicas que viven la misma situación que vos?

- Que sientan que se puede. Todas debemos tener una meta. Que se pongan una meta, es decir, me gusta cocinar, me gusta peluquería, me gusta lo que sea, que no se queden con el “me gusta”, que se aboquen a eso, que vayan derecho a eso. A mí me pasó, yo me aboqué a lo que quería, a lo que me gustaba y le dí a eso, y le dije no a las cosas malas que se me presentaban. Se me presentaron miles de cosas malas, y no las acepté, no por el “qué dirán” ni nada de eso, sino porque iban en contra de lo que yo quería.

- ¿Cómo te definirías en una sola palabra?

- ¿En una sola palabra? (Silencio) ¡Qué difícil!, ¿Una sola?... Valiente… soñadora. No hay dos sin tres. –se ríe –; luchadora. Poné la que vos quieras.

Amir Coleff
- Estudiante de Comunicación Social. -