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El "flaco" Spinetta y el deporte
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Por | Fotografía: Gentileza Metro951.com
Foto: Spinetta y el deporte, una relación vinculada por el arte y el fair play.
Amante del fútbol bien jugado y de los deportes en general, Luis Alberto Spinetta se acercó a sus dos pasiones, la música y River Plate, por una relación de vecindad que mantenía con un ex arquero del club “millonario”. Genio y figura del rock nacional, “el Flaco” fantaseó en su niñez con la figura del boxeador Floyd Patterson y con los relatos de Fioravanti, y de grande fue confeso admirador del “Beto” Alonso, íntimo amigo del ex tenista Guillermo Vilas y un acérrimo defensor del Fair Play. Un repaso por “el lado D” de la figura que inspiró “el Día del Músico Argentino”.
Publicada el en Crónicas

Luis Alberto Spinetta fue y será siempre un ícono de la poesía y del rock nacional. Desde hace tres años, cuando la Cámara de Senadores de la Nación promulgó la ley Nº 27.104, el Día del Músico Argentino rememora la fecha de nacimiento de “El Flaco”, que llegó a este mundo el 23 de enero de 1950, en el barrio porteño de Belgrano.

Por legado paterno, Luis Alberto pudo haber sido hincha del Club Atlético Platense, igual que “el Polaco” Roberto Goyeneche. De hecho, sus primeras incursiones a una cancha de fútbol fueron para presenciar algún partido del equipo “calamar”. Pero un hecho anecdótico, casi fortuito, terminaría marcando para siempre su vida, encaminándola hacia las que serían sus dos grandes pasiones: la música y River Plate.

Por entonces, “el Flaco” tenía como vecino a Aureliano José Gonnezza, un ex jugador del club “millonario” del que nunca olvidaría ni su bonhomía ni su prominente nariz. A Gonnezza algunos lo llamaban irónicamente “el Ñato”, pero el apodo que lo identificaría para siempre en el mundo de la pelota sería otro: “Machín”. “Machín” Gonnezza era un flaco alto que había llegado a River Plate en la década del ’20, con ínfulas de arquero. Llegó a jugar hasta la reserva pero el salto a la fama lo daría como masajista de “la Máquina”, la célebre formación de fines de los ’50, varias décadas después de haber caído en la cuenta de que sus dotes de atajador no serían suficientes para alcanzar una primera división. También fue encargado de la pensión, ayudante de campo, consejero y hasta un segundo padre para muchos que llegaban a la entidad de Núñez para cumplir el sueño del pibe. De él es la autoría de la famosa frase “la verdad está en el verde césped”, que todavía hoy se le atribuye a Ángel Amadeo Labruna, uno de los máximos ídolos riverplatenses como goleador y como DT.

“Todo aquel mundo que me presentaba ‘Machín’, llevándome a las concentraciones, haciéndome entrar a la cancha, presentándome a jugadores como Labruna, Loustau, Federico Vairo o ‘Pipo’ Rossi, me fascinó”, contó Spinetta en una extensa entrevista que el semanario deportivo “El Gráfico” le realizó a fines de los ’80 y que es el archivo más completo que existe sobre “el Flaco” y su vínculo con el deporte.

La influencia de “Machín” enseguida traspasaría las fronteras de las simpatías futboleras en la vida de Luis Alberto, ya que fue el ilustre vecino quien le prestó la que sería su primera guitarra, aquella con la que haría sus primeras armas como compositor y les daría vida a algunos de los temas que aparecieron grabados en los primeros discos de “Almendra”.

A pesar de ser un reconocido hincha del “Millonario”, el propio Spinetta se encargaba de posicionarse ante el fútbol más como un fan que como un fanático. “No me considero el prototipo del hincha de River. Es demasiado cómodo. Si gana, está todo bien, en cambio si pierde todo es una porquería. Me van a matar, pero me parece mejor hinchada la de Boca. Pierdan o ganen, están siempre alentando al equipo. River representa otro estilo, más refinado, pero eso es por tradición, porque le queda el mote de Millonario, porque tiene grandes planteles, un gran estadio… pero el alma y el pulmón son necesarios para definir un torneo. Con mentalidad exquisita no alcanza”, decía “el Flaco” en aquella nota de “El Gráfico”. Y enseguida trasladaba ese pensamiento al ámbito de la música: “La proporción debe ser 70% de esfuerzo y 30% de talento. La música es una forma de vivir y necesita de una entrega total para que el talento esté al servicio de un éxito”. De Boca también destacaba la figura del arquero Hugo Orlando Gatti, “el Loco”, a quien no dudaba de poner a la misma altura que a Amadeo Carrizo, uno de los ídolos de su infancia. Y cuando le preguntaban sobre sus sentimientos por el conjunto xeneize, decía: “Yo no odio a Boca. No, en absoluto. Mi mamá era de Boca… ¡y uno a la vieja le banca cualquier cosa!”.   

Todas las hojas son del viento

“Me volvía loco la voz de Fioravanti, algo realmente maravilloso, pero la verdad es que cuando era chico no entendía mucho el juego. Creía que todos los equipos jugaban a la vez en una misma cancha… Pavadas de pibe, qué sé yo”, solía rememorar Spinetta sobre sus primeros y radiales vínculos con el fútbol. “Cuando crecí, mi gran ídolo fue Norberto Alonso. Grandioso ‘el Beto’, uno de los mejores ‘10’ que pisó el mundo. Con Pelé y Maradona ahí…”, agregaba “el Flaco”. Y aunque muchas veces se vincula aquella devoción por Alonso con uno de sus temas emblemáticos, “El anillo del Capitán Beto”, que incluye una mención al club de sus amores, él mismo se encargó de aclarar que “eso fue un mito que ayudó a crear (el locutor) Juan Alberto Badía”, pero que para nada lo incomodaba “porque el Beto se merece eso y mucho más. Se merece una sinfonía”. 

Más allá de su identificación con River Plate, podría decirse que Spinetta fue un amante del fútbol bien jugado, lo que comúnmente, y a veces hasta con cierto tono de descalificación, se denomina “un lírico”.  “El fútbol tiene música. Es un arte mayor. El buen fútbol, el fútbol bien jugado, es un regocijo y representa una manera de expresarse, la armonía del cuerpo, la manera de encarar el espacio. El murmullo del público, la cancha, la gente, la pelota, los jugadores, todo eso solamente es superado para mí por un escenario”, destacaba “el Flaco”, quien no dudaba en poner a jugadores identificados con otras camisetas, como Babington, Houseman y Bochini, en su “equipo ideal”, y destacaba al seleccionado que ganó el Mundial de México ’86 como “lo mejor de lo mejor que vi adentro de una cancha”.

Del otro campeonato del mundo que ganó Argentina, el que organizó en 1978, Spinetta recordaba una anécdota que lo pinta de cuerpo entero: “Un espectador que estaba a mi lado lo insultaba a Luque, y el pobre Luque estaba ahí, matándose con un hermano muerto, con el brazo fisurado y la nariz rota. Sentí una indignación que me dieron ganas de llorar, una indignación en el fondo de mi ser. Esas cosas son las que no quiero. Nos faltan años de educación. Este es un juego que debería dar tan sólo satisfacción y sin embargo hay gente que va a la cancha a perder la vida o tener problemas”.

Tiempo después, Spinetta incluiría en su álbum “Tester de violencia” el tema “La bengala perdida”, inspirado en uno de los episodios más emblemáticos de violencia en las canchas argentinas de los últimos tiempos: la muerte de un hincha de Racing Club, Roberto Basile, el 3 de agosto de 1983 en la Bombonera.

“El Flaco” también coincidiría con Luque y otros dos campeones del mundo del ’78, René Houseman y Ricardo Julio Villa, el 29 de junio de 2008 en el estadio Monumental. Aquella tarde, “el Flaco” le puso el broche con sus canciones a “La otra final/El partido de la vida”, el evento con el que el organismos de Derechos Humanos, con el apoyo de funcionarios nacionales, conmemoraron los 30 años de la realización de aquella Copa del Mundo de la Fifa en plena dictadura militar.

Asilo en tu corazón

“Hoy Spinetta cumpliría 67 años. Todo River te va a recordar por siempre, Flaco”, publicó esta semana en sus redes sociales el club de la banda roja, acompañando el texto con una foto del músico tocando durante un recital y luciendo una camiseta del equipo de sus amores. Pero como no sólo de fútbol vive el hombre, y el propio Spinetta dejó “constancia en actas” de su simpatía por “los deportes, en general”, hay que mencionar otros nombres y episodios destacados en la biografía de “el Flaco”, más allá de una pelota de cuero. “¿Sabés quién decía que yo era cuando pibe? Floyd Patterson, nunca lo había visto, pero escuchaba su nombre y me daba una gran fantasía. Era campeón mundial pesado por entonces. Pero el boxeo es demasiado violento para mí. Aunque (Carlos) Monzón me pareció un genio total y (Nicolino) Locche un artista que me daba vuelta la cabeza”, contaba el autor de “Muchacha (Ojos de papel)”.

Años más tarde, ya consagrado como una figura de la música nacional e internacional, serían los courts, y no los cuadriláteros, donde Spinetta empezaría a forjar dos de las grandes amistades de su vida. Una de ellas con Guillermo Vilas, quien es padrino de Dante, su hijo mayor. “Al tenis lo ignoré hasta que conocí a Guillermo, pero en ese momento me enamoré de ese deporte”, contaba sobre Vilas. “El Flaco” solía definir al marplatense como “el Lennon del tenis”, y así lo justificaba: “Revolucionó el deporte y no sólo en Argentina. En el mundo también creo conmoción”. Y cuando Vilas decidió darse el capricho de incursionar en el mundo de la música, Spinetta no le sacó el hombro y lo ayudó con varias letras y algunos acordes. Y también con algunas consideraciones públicas respecto a su nuevo talento: “Creo que Guillermo es un poeta con buen anhelo, de entrega espontánea. Lo más importante de su poesía es la valentía para expresarse”.

Durante uno de sus viajes a Nueva York, en la década del ’70, Spinetta conoció a otro tenista argentino, Modesto “Tito” Vázquez, hincha de River como él y como Vilas, de quien fue contemporáneo y con quien llegó a compartir un partido oficial de dobles vestido con la camiseta de la institución de Núñez. En el mundo de la raqueta, Vázquez no alcanzó la notoriedad ni la trascendencia del zurdo de la vincha, aunque años más tarde sería dos veces capitán del equipo argentino de Copa Davis. La amistad entre ambos, en cambio, no tuvo límites ni contratiempos. Al “Flaco” Spinetta, “Tito” Vázquez le produjo su primer disco en estudio (“Madre en años luz”, 1984) y le compuso una canción (“2 de enero”, que está incluido en el álbum “Spinetta y los socios del desierto”, de 1997). También le escribió la poesía que se transcribe a continuación, a modo de despedida, el 8 de febrero de 2012.

“El Flaco”

Canta/ Pájaro eléctrico canta / Llegas en la sombra de tu espera / Enciende el cielo tu efímera presencia / Obra magnética de luz / Eterno espejo / Dónde el alma crece / Habla con los ojos del allá / Gato negro, piedra blanca / Simple luz /

Canta / Pájaro eléctrico canta / Tu presencia invadirá el espacio / Inusitada libertad / Loco diamante / Así como palabras sueltas / La verdadera obra es etérea / El tiempo de mañana es hoy / Tu piel azul presencia /

Canta / Pájaro eléctrico canta / El artista es un canal / Un rayo misterioso transparente / El llanto es del color del agua / Tus manos la sustancia de tu fuego / Tu alma la poesía de los mares / La nada la deriva de los vientos / Tu sonrisa permanece ante la duda / El eterno sin fin de los silencios /

Canta / Pájaro eléctrico canta / No me dejes solo.

Hugo Caric
- Periodista -