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Novela consagratoria de Marcelo Figueras
Ese hombre
Foto: Rodolfo Walsh, protagonista de la última novela de Marcelo Figueras.
El autor de “El muchacho peronista” reconstruye con precisión quirúrgica la investigación que hizo Rodolfo Walsh para escribir Operación Masacre, el libro que fundó el género de no ficción en Argentina. Una novela atrapante de principio a fin.
Publicada el en Libros

Erre, el personaje de la última novela de Marcelo Figueras, es Rodolfo. Y Rodolfo es Walsh. En un relato cautivante, el autor de “Kamchatka” y “El muchacho peronista” reconstruye paso a paso la investigación que dio origen al texto más emblemático de la literatura argentina del Siglo XX: Operación Masacre, la crónica de los fusilamientos cometidos con total impunidad en un basural de José León Suárez durante la fallida sublevación del general Juan José Valle en junio de 1956.

Con una cuidada edición que muestra en su tapa rojinegra la boca de un revólver recién disparado, en explícito homenaje al género policial, El negro corazón del crimen es la novela que le estaba faltando a la narrativa argentina: un policial inspirado la crónica consagratoria de aquel joven escritor de policiales que hizo tambalear las vetustas estructuras del periodismo tradicional para anticiparse casi una década al fenómeno del non fiction norteamericano de Capote, Mailer , Wolfe y demás celebridades.

El Rodolfo Walsh recreado por Figueras es un hombre querible y creíble. Lejos de la sacralización, Erre es un modesto empleado de la Editorial Hachette sin mayores pretensiones (económicas), pero atento al primer guiño del destino para dar el batacazo. Guiño que llegará, es sabido, con la noticia casual sobre “el fusilado que vive”. Convencido de que ha encontrado la noticia imposible, la del hombre que mordió al perro, se lanza sin redes a contar la historia imposible con la invaluable ayuda de Enriqueta Muñiz, la joven culta y agraciada que Figueras rescata –en un acto de justicia- del olvido al que la parecía condenarla la escueta dedicatoria del propio Walsh.

Aunque para el lector de Walsh la historia de los fusilamientos es conocida, el relato de Figueras atrapa de principio a fin. El hombre puede inventar, es probable –al fin y al cabo es un novelista-, pero no improvisa: ha estudiado el caso, reconstruido escenarios y recabado testimonios. Hay mucho más que una aguda relectura de Operación Masacre: se cuenta su génesis, su gestación y  el parto. Y entonces el libro se convierte en una pieza clave para armar el rompecabezas y recrear la hazaña periodística que cambió la vida de Walsh y revolucionó el periodismo de investigación.

Diálogos cortos, descripciones rigurosas, una escritura prístina y a la vez punzante, deudora de la mejor tradición del policial norteamericano, sumerge al lector en una trama de misterio y acechanzas donde los personajes –especialmente Erre y Muñiz- desnudan sus contradicciones a medida que se adentran en la increíble historia de los fusilados vivientes.  Tienen miedo, dudan. Walsh no es un superhéroe, ni siquiera un periodista sagaz, es apenas un aspirante a periodista con ambiciones. Muñiz es tímida y sumamente temerosa, se debate entre la desobediencia a su padre conservador y la clandestinidad forzada de su relación con Walsh. Ambos deberán abandonar las suaves y tranquilas estaciones de la editorial para vivir clandestinos en una casa prestada en el Tigre.

El fascinante recorrido narrativo de Figueras nace en Operación Masacre: el Club de Ajedrez de La Plata, la casa familiar de Walsh y Elina Tejerina -donde convivían con sus dos hijas-; los tiros, el terror, la refriega. El grito desgarrador del conscripto que pide a los hijos de puta –del bando que sean- que no lo dejen solo. Las manchas de sangre impregnadas en paredes y veredas.  La sorprendente aparición del “fusilado que vive”. La de los otros fusilados, que también viven. Los familiares de las demás víctimas. Casandra. El universo literario de Operación Masacre es revivido por Figueras a través de los ojos de Walsh y Muñiz.

Pero además del back stage de Operación Masacre, Figueras narra el cambio interior de Walsh (de Erre); su transformación de aquél periodista gorila capaz de escribir una elegía al aviador Estivariz –derribado por las fuerzas leales a Perón- al escritor clandestino capaz de desafiar el poder del jefe de la Bonaerense Desiderio Fernández Suárez (“Desi”); del joven talentoso que pretendía ganar el Pulitzer y publicar en los “diarios serios” al periodista perseguido que espera agazapado en un bar a que salgan los primeros ejemplares de un periódico marginal que publicará su denuncia.

La profunda e irreversible transformación de Walsh es casi irracional, forzada por las circunstancias, su tozudez irlandesa y su humanismo. Los tiempos de la historia lo van llevando y un impulso extraño, inexplicable, lo hace segur hasta el final. Aunque en el camino queden su familia y hasta la propia Enriqueta. Algo en Erre ha cambiado para siempre; ya no podrá dejar de ser Rodolfo Walsh.

Amenazas, fusilados, allanamientos, torturas, presiones políticas. Todo fluye con el vértigo que atrapa al narrador a medida que busca en Operación Masacre su fuente de inspiración: su génesis, la primera publicación en Propósitos, la saga de denuncias en Revolución Nacional, el folletín y el libro en Mayoría. Figueras descifra, nada menos, cómo se construyó un clásico. Y hasta rescata la controversia en torno al olvidado capítulo 23 de la edición original -“impostado, lleno de adjetivos”, admitirá Verbitsky- que Walsh supo incluir a modo de invocación sarmientina de la barbarie.

No podía faltar en una obra sobre Walsh un obligado epílogo. Que es, también, un salto en el tiempo: Erre ya es un escritor consagrado y Argentina vive una nueva dictadura militar. Walsh vuelve a confrontar con el Estado y casi veinte años después, se reencuentra con Muñiz. Pero sus caminos se bifurcan y, otra vez, Walsh evita seguir sus consejos. La despedida de Walsh de su última compañera –Lilia Ferreyra- cierra una parábola perfecta: la del escritor que quiso ser periodista, la del periodista que quiso ser militante, la del militante que se despidió con su célebre Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar.

En la línea de David Viñas y Elsa Drukaroff, Figueras rescata la figura consagrada de Rodolfo Walsh del ámbito académico y militante para sumergirlo en las turbulentas aguas de la literatura. Y lo hace con oficio de novelista y olfato de periodista, mixturando ficción y realidad hasta borrar casi por completo las tenues marcas fronterizas. Como hacía Walsh.

Ficha técnica:

El negro corazón del crimen, de Marcelo Figueras.

Alfaguara, Buenos Aires, 2017. 414 páginas.

Hernán Vaca Narvaja
- Director -