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El país amarillo
Claves para entender el “cambio”
Foto: Cambiemos supo imponer su mensaje esperanzador en un ecosistema comunicacional altamente favorable.
El ecosistema comunicacional dominante es más proclive a seleccionar y difundir los mismos temas como principales. La recurrencia a personajes relacionados con hechos de corrupción evidencia las prioridades temáticas de los medios.
Publicada el en Reflexiones

Ganó Cambiemos. Se hacen eco todos los canales de televisión, los  medios digitales, las radios, los diarios. El ecosistema comunicacional completo no deja de replicar la información política más importante del día 22 de octubre. El candidato a senador por la provincia de Buenos Aires, Esteban  Bullrich, ministro de Educación del país, se impuso a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner por el 41.35% al 37.27%.

Una réplica comunicacional global que pone el foco en que esa elección particular define el contexto general de la votación en el país. Es que los argentinos estamos acostumbrados a recibir la consigna de que lo que ocurre en la provincia de Buenos Aires es la “madre de todas contiendas”. Es el lugar donde se fortalece o debilita un gobierno según sean los resultados obtenidos.

Por eso la importancia de lo que ocurra en ese territorio. Sin embargo, no hay que olvidar que el espacio político liderado por Mauricio Macri ganó en varias provincias argentinas. Es más, logra arrebatarle al peronismo provincias importantes como Córdoba, donde el ex árbitro de Futbol Héctor Baldassi le gana al aparato tradicional del justicialismo.

¿Cómo entender, entonces, estos cambios en el electorado argentino? ¿Qué papel cumple el ecosistema comunicacional en este escenario?

Arriesgo una conclusión provisoria. El espacio político de Cambiemos gana porque pudo construir y consolidar desde el inicio de su gobierno un “relato” basado en las ideas de transparencia, diálogo, anticorrupción, el trabajo, como la cultura que debe retomarse para salir de la crisis económica.

Ese “relato” requiere de algunos factores que sean posibles percibirse rápidamente:

a.- que existe un peligro de vuelta al pasado: Cristina Fernández encarnaría ese riesgo tanto por sus propuestas como por su posición política frente a sus adversarios.

b.- un sistema tecno-comunicacional hegemónico que difunda por las diversas plataformas que ese es el rumbo correcto, si se aspira a que el país salga del atraso económico, político pero también institucional.

c.- que los modos y estilos son también importantes para ese cambio. El uso de un tipo de lenguaje alejado de las confrontaciones: toda crisis se soluciona a través de la búsqueda del consenso mediante un permanente diálogo, reduciendo las tensiones, propias de toda sociedad, a meros caprichos de sectores “intolerantes”.

d.- nuevos planteos sobre las “representaciones” de la vida en democracia. El esfuerzo del “ahora” es la puerta para profundizar en un sistema económico que atraerá inversiones lo suficientemente importantes para modificar el actual estado de situación.  Es empezar a disfrutar de los “brotes verdes” de la economía.

Tendencias

Sobre esa base, encontrar pistas que den claves acerca de lo que ocurrió el domingo 22 de octubre implica reconocer al menos tres tendencias fundamentales venidas desde las esferas del poder:

a.- una tendencia a generar discursos desideologizados, que los aleja definitivamente de posturas que ven en el pasado una reivindicación imprescindible para recrear una utopía de un mundo diferente. Hoy ese mundo es el “mundo posible”, el mundo que solo se puede lograr con una plena inserción en el proceso globalizador, que no es otra cosa que el mundo basado en las reglas del mercado.

b.- una apelación permanente a la “posverdad”. Concepto que define modos de construir discursos basados en que lo importante son las reacciones  emocionales por parte de los electores. La verdad queda subsumida a que lo trascendental no es conocer lo que ocurre, sino lo que siento en el momento de informarme.

 c.-una estrategia discursiva tendiente a “sustanciar” la vida social fuera de todo conflicto. El uso permanente de cualidades y emociones dan marco a esa visión. La recurrencia a sustantivos universales que apelan a la sensibilización de los seres humanos: la esperanza, el amor…

Ese es el contexto en el que la puesta comunicacional del espacio político de Cambiemos encuentra en los principales medios de comunicación un socio que le de difusión y logre amplificar masivamente sus posiciones. Obviamente no están solos. Una arquitectura implícita presentada con la vara de la objetividad la recubre con datos. Las empresas encuestadoras pululan por los medios con datos que han dejado mucho que desear acerca de la confiablidad y objetividad de sus resultados. Cada vez más son puestas bajo la lupa de si efectivamente son independientes o solo forman parte de una puesta en escena que tienden a mostrar resultados favorecedores al poder.

Hay que agregar que esa acción social no se lleva a cabo en el aire, ni solos. El soporte son los medios y, los acompañantes, algunos de los profesionales que por directrices de las empresas comunicacionales o por posturas cercanas o compartidas fomentan ciertas visiones mediante posiciones, encuadres y lenguajes específicos.  

Burbuja informativa

La consecuencia directa de ese accionar es la creación de una “cámara de eco” (Calvo, 2015) por la cual los contenidos difundidos construyen una “burbuja informativa” que delimita las posibilidades de una pluralidad de puntos de vista, condición necesaria para que los electores puedan seleccionar y optar entre un repertorio amplio. La reducción provocada por esa cámara de eco apunta a que solo unos contenidos y unos puntos de vista específicos den cuenta de lo que ocurre en la sociedad: un proceso de hegemonización de los puntos de vista.

Así, readaptando lo dicho por la intelectual alemana N. Neumann (1985), se crea una esfera de “consonancia temática”. El ecosistema comunicacional dominante es más proclive a seleccionar y difundir los mismos temas como principales (tómese a Santiago Maldonado como caso de esa consonancia), aun cuando haya diferencias de estilo pero no de posiciones profundas. La recurrencia, por ejemplo, a ciertos personajes relacionados con los hechos de corrupción, reprochables desde todo punto de vista, evidencia las prioridades temáticas de los medios, obviando u ocultando interesadamente temas y problemas que afectan directamente la  vida cotidiana de miles de personas, como es el proceso inflacionario que corroe las posibilidades de consumo.

En las redes

A este escenario, que engloba a los medios de comunicación tradicionales hay que añadir una disputa dada en las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram) donde actores individuales, solitarios, conjuntamente con grupos organizados construyen discursos muchas veces meramente opositores entre ellos.

Los famosos Trolls (cuentas o perfiles falsos) vienen a cumplir ese rol. Dar a conocer acciones positivas para uno y otro bando pero también ponen el acento en la “negatividad” de los contendientes, lo que elimina la posibilidad de un espacio político virtual capaz de ser caja de resonancia de los debates racionales.

Aquí, insisto, uno y otro espacio (macrismo vs. el resto) son parte de una disputa política y comunicacional, donde nadie se escucha, solo se habla, apartándose de la premisa de las redes: el diálogo entre los participantes. Sin embargo, es un territorio donde las posturas de los medios de comunicación son puestas en dudas a partir de intereses contrapuestos que disputan públicamente la legitimidad de los discursos y de las acciones. Claro que es una disputa desigual, de recursos económicos y humanos, aún así es un lugar de enfrentamiento de posiciones.

Finalmente, el recorrido comunicacional descripto tiende a crear las condiciones de consolidación, legitimación y visibilidad por el cual las posturas del poder actual, en sus diferentes variantes, encuentran un “paragua comunicacional” que los cobija pero también que les crea un ámbito refractario a expresiones y movilizaciones adversas.

Cambiemos ganó. Son las reglas del sistema democrático. La alternancia solo deviene de los momentos de elección donde los ciudadanos se constituyen en soberano. Pero ese no es el problema, no debería serlo bajo ningún pretexto. Lo que está en disputa, como siempre lo estuvo, es el poder, como capacidad de orientar los destinos de la sociedad (económico, financiero, social, u otro); la comunicación social legitimada, mediante la cual se proyecta una manera particular de acceso a los recursos informacionales que definen los puntos de vistas y los marcos seleccionados para contar la realidad; y la conformación y consolidación de una específica subjetividad social. Que no es otra cosa que decir cómo nos representamos la realidad que nos cuentan.

Hoy esta tríada favorece al actual gobierno, que acompañada por el ecosistema comunicacional solidifica posiciones muy cercanas a las suyas. Obviamente que los ciudadanos pueden “cambiar”, depende de cómo se actúe socialmente. Pero ese es otro reto que lleva su tiempo y sus análisis.

Ramón Monteiro
- Doctor en Ciencias de la Comunicación -