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A 42 años del golpe cívico militar
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Foto: Tito Paoletti con el Obispo Angelelli en la redacción del diario El Independiente.
La causa por el desplazamiento de Alipio Tito Paoletti del diario El Independiente aún no ha sido resuelta por la Justicia Federal de La Rioja. Quienes hoy se presentan como víctimas del terrorismo de Estado fueron en realidad cómplices de los victimarios.
Publicada el en Reflexiones

Un nuevo aniversario reactiva la memoria de la verdad, para reconstruir episodios del odio represivo, instalado en el país hace 42 años. El largo tiempo transcurrido agudiza la exigencia de que el recuerdo se concrete como una tarea de envergadura ética, dedicada a personas maduras y a miembros de nuevas generaciones, repartidos en curiosos y apáticos, acerca de la información histórica. Si hay olvido, indiferencia y resignación, cabe la remembranza, con el fin de promover a la interlocución disponible, con los otros que no son complacientes con la injusticia.

Ubico el foco de atención en La Rioja, provincia periférica del noroeste, integrada en el tercer cuerpo de Ejército, comandado por el general Luciano Benjamín Menéndez, patético terrorista de Estado, recientemente muerto, sin pena ni gloria. Fue un duro competidor para ocupar un sitio en el podio de los dictadores, cosechó 13 condenas a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad: crímenes, desapariciones, detenidos ilegales, exilios obligados, cesantías, construcción de la representación del enemigo para expandir el miedo y fomentar la delación. Torturar y humillar. Censurar e invadir medios de comunicación.

En cada una de las unidades de la región a su cargo, Menéndez contó con partícipes necesarios del plan siniestro. Miembros de fuerzas de seguridad y civiles convencidos y oportunistas. El presente registra la acción judicial, a consecuencia del anhelo de vulnerar la vigencia de la impunidad, de larga e irritante permanencia. En La Rioja hubo sentencias contra Menéndez y varios de sus secuaces. Uniformados, con chapa de juez, sotana de capellán y casaca de médico. El por entonces teniente César Milani está procesado y preso por un prontuario que se agravó en Tucumán, por complicidad en la desaparición del soldado conscripto Alberto Ledo.

Sin desautorizar lo realizado, hay respetables opiniones que sostienen que la asignación de responsabilidades es incompleta al no involucrar a otros notorios colaboracionistas, con y sin traje distintivo a la vista, de la tiranía que mutiló ilusiones, desplazó a la utopía, desplomó el futuro e instaló el éxito del miserable oportunismo.

Por cierto, en democracia, los estropicios dictatoriales tuvieron reparaciones. Los políticos y gremialistas recuperaron posiciones. Los detenidos fueron indemnizados y los despedidos repuestos en sus respectivos trabajos. Empresarios recibieron resarcimiento por daños y perjuicios padecidos. Sin embargo, la realidad no debe ser disimulada. La estrategia represiva en La Rioja se planteó objetivos, ahora naturalizados. Con la violencia criminal, el 4 de agosto de 1976 mataron al obispo Enrique Ángel Angelelli, dispersaron a las bases de la Diócesis y convirtieron en tierra yerma los postulados de la pastoral profética, que tanto preocupó al poder feudal.

En consonancia, los proyectos progresistas se empujaron hacia el archivo de las esperanzas colectivas. Como una señal de la victoria, la dictadura mantuvo siete años preso a Pedro Negucho Pérez, presidente de la cooperativa campesina (Codetral), que aspiró a explotar un latifundio improductivo, en el pueblo de Aminga. Lo liberaron recién en junio de 1984. Cuentan que Negucho Pérez se refugió en el mutismo. En 1996, soltó una frase: “nuestro ejemplo era Angelelli… Ahora la gente tiene mucho miedo, mi cana les dio miedo y costará mucho que vuelvan a animarse (…)”.

El diario

El diario El Independiente de La Rioja fue ocupado por efectivos del Ejército, el 23 de marzo de 1976, cerca de las campanadas de la medianoche. Ediciones vigiladas, periodistas capturados. Persecución al director y factor principal de la creación de la cooperativa de trabajo, con 71 socios que producían el popular matutino. Alipio Tito Paoletti partió al exilio en junio de 1977. Regresó cuando Raúl Alfonsín ya había sido elegido futuro presidente de la Nación, el 30 de octubre de 1983. La dictadura estaba en retirada pero daba manotazos postreros, para marcar presencia.

En la ciudad de Buenos Aires, el 21 de junio de 1983 el juez José Nicasio Dibur ordenó allanar las dependencias del diario La Voz, por una causa relacionada con la denuncia formulada por la junta militar, sobre un “rebrote subversivo en el país”. No parece ser casualidad que dos días después (el 23 de junio de 1983), el consejo de administración de la cooperativa editora de El Independiente excluyera de su seno a Paoletti y a otros ocho compañeros, en base a renuncias forzadas y falsificadas, fechadas en mayo de 1976. La maniobra cívico-militar, confirmó el informe redactado por los servicios de inteligencia: “(…) la única salida viable para terminar con el accionar negativo de El Independiente es su disolución definitiva”.

De “abandono de trabajo” fueron acusados Paoletti y los demás expulsados, reprimidos por la banda comandada por Luciano Benjamín Menéndez. Los beneficiarios del delito procuraron distorsionar la historia de lo sucedido. Se reconocen en el papel de víctimas y ocultan su decisivo papel de victimarios. La expectativa es que en la justicia federal de La Rioja progrese la investigación del infame despojo, como delito de lesa humanidad, que no prescribe.

Para fortalecer la memoria de la verdad, en materia de farsantes, recurro a un cuento de Daniel Moyano, escrito en 1989. Se titula Metamorfosis y lo dedicó a Franz Kafka. Moyano invierte lo imaginado por el autor checo. Es un insecto el que se convirtió en ser con apariencia humana, sumergido en el tiempo, sin temor ni esperanza, considerando que acaso todo fuese un sueño y, en consecuencia, en cualquier momento podría despertarse otra vez insecto.

Guillermo Alfieri
- Periodista -