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Ediciones en papel
Las islas en la posguerra
Viaje al corazón de Malvinas
Por | Fotografía: Gentileza Argentear.com
Foto: En un libro preciso y conmovedor, Mario Silva Arriola desnuda las mentiras de la historiografía británica.
A través de un relato vívido y atrapante, con un amplio conocimiento de su historia, Mario Silva Arriola traspasa “la cortina del kelp” para mostrar la actualidad de las islas Malvinas, la idiosincrasia de su gente y la brutal campaña de desinformación orquestada por Inglaterra.
Publicada el en Libros

Hace algunos años, cuando investigaba la vida y obra de Jorge Ricardo Masetti, su hija Graciela me facilitó un documento que resultó fundamental para reconstruir la etapa de su instrucción militar en la marina argentina. Era una carta enviada por un ex compañero de la colimba que retrataba en forma minuciosa las peripecias compartidas durante la extensa travesía que realizaron en el buque escuela Pueyrredón, que los llevó a recorrer buena parte de Europa y África cuando transcurría el primer gobierno de Perón. La carta le fue enviada a Graciela al poco tiempo de la reedición de “Los que luchan y los que lloran. El Fidel Castro que yo vi”, la brillante crónica de guerra del fundador de Prensa Latina, la primera agencia de noticias contra hegemónica del continente.

Por expreso pedido de Graciela –que respondía a su vez a una exigencia del autor de la misiva-, debí mantener su nombre en el anonimato. Pero hace algunas semanas, a raíz de la salida de mi libro “Masetti, el periodista de la revolución” (Sudamericana, 2017), finalmente se develó el misterio: el autor de la puntillosa crónica de aquél viaje se llama Mario Silva Arriola. Abogado vinculado a la defensa de los derechos humanos, poeta –faja nacional de la SADE y premio del Fondo Nacional de las Artes- y cronista por convicción, se puso en contacto conmigo a través del propietario del increíble museo del Che Guevara de Caballito, Eladio Toto González Toto, quien a su vez tuvo la gentileza de enviarme el libro “Malvinas 2014. Crónica de un viaje tras la cortina de kelp”, de Ediciones Margus.

El libro de Silva Arriola es una intensa y vívida crónica de un viaje realizado a las islas Malvinas junto a su compañera en el verano de 2014, hace poco más de cuatro años. Ingresaron al archipiélago como turistas españoles –Mario se radicó en ese país tras lograr huir milagrosamente del Estado terrorista argentino- y recorrieron la inhóspita geografía isleña, charlaron con sus habitantes y visitaron sus negocios, alojamientos, iglesias, estancias, colegios, museos y librerías. Con la prístina prosa del atento cronista de viajes –exenta de adjetivos y valoraciones arbitrarias-, el autor logra trasladar a sus lectores a la cotidianeidad de la colonia británica que le fuera arrebatada a la Argentina en el siglo XVII.

El relato de Silva Arriola derrumba mitos y desnuda los burdos mecanismos de engaño del discurso imperial. Empezando por los mismísimos kelpers, gentilicio inspirado en la palabra kelp, que denomina el tipo de alga que rodea las islas. “En un principio –apunta el autor-, kelper sonaba con un cierto matiz peyorativo y se aplicaba a los primeros colonos provenientes de tierras del viejo imperio, cuando aún eran considerados ciudadanos de segunda clase y ni siquiera eso, ya que no ostentaban la ciudadanía británica hasta mucho después de 1982”. Será la guerra de Malvinas de 1982 –y más específicamente la posguerra- la que llevará a la potencia imperial a reconocer por fin a sus lejanos colonos como ciudadanos británicos y enviar una impresionante dotación militar a la base construida en una de las islas. Hoy habitan las Malvinas cerca de dos mil quinientas almas, de las que una franca minoría son kelpers y el resto inmigrantes de países latinoamericanos, mayoritariamente chilenos y peruanos. Esta pequeña población de residentes permanentes es custodiada por un ejército de  más de dos mil soldados británicos.

La cortina del kelp –que Arriola se propone al menos rasgar con su publicación- consiste en una “multitud de limitaciones impuestas expresa o tácitamente –provocando la autocensura por temor-, sumada a la supresión de huellas e hitos históricos que podrían ser perjudiciales –por contradecirla- a una inventada historia oficial británica, de cuya continua y machacona difusión se ocupan las autoridades coloniales, bailando al son de la música que toca la metrópoli”. La manipulación de la historia –reflejada en manuales, libros y periódicos, pero también en las explicaciones de los guías turísticos y en la prohibición de la música y literatura argentinas-desconoce hechos probados como la gobernación de Luis Vernet y la abnegada misión pastoral del padre Mario Luis Migone.

La policía, las calles, la construcción, los bares, y todo aquello que hace a la desapacible vida en las islas son descriptos con tal precisión por Silva Arriola que uno siente por momentos que está compartiendo el viaje con él y es capaz de emocionarse ante la desoladora visión de las cruces blancas que indican el último reposo de los soldados argentinos caídos en la guerra, o indignarse ante la permanente evocación de los héroes ingleses que dejaron su vida por defender “la libertad” de los isleños.

Viento, lluvia, sol, frío, desolación, ríos de piedra, el balido de las ovejas, el ronroneo del mar y el graznido de las aves conforman un paisaje que, no por inhóspito, termina embrujando a sus visitantes: “Pese a todo –escribe Silva Arriola-, y poco a poco, nos sentimos capturados por el paisaje, la aves que nos seguían con curiosidad y sin temor alguno, el cielo que cuando se despojaba de las nubes era de un azul celeste puro y brillante, el aire impregnado de mar que comenzábamos a ver a ambos lados del camino, el alternante frío-calor que nos subía a la cara, la playa que, como una visión, se distendía al pie de la barranca en forma de arcos de arenas amarillas, protegida del viento y recibiendo al océano roto en la espuma de las olas”.

En su afanosa búsqueda de indicios para explicar la actualidad de las islas, Silva Arriola encuentra, entre la pléyade de libros bélicos que ilustran las bondades del ejército imperial –y de paso justifican la presencia de su imponente base militar en las islas-, un curioso volumen que recopila textos de poetas argentinos.  Falklands War Poetry. Poets from Britain, Argentina and the Falklands (“Poesía de la guerra de Malvinas. Poetas de Gran Bretaña, Argentina y las Malvinas”), editada por Saxon Books en 2012, manipula la historia de las islas a piacere en su introducción. Y, créase o no, abre con una frase del inefable periodista argentino Jorge Lanata: “Malvinas no es parte de Argentina, es parte de nuestra imaginación” (sic).

Silva Arriola, Mario: Malvinas 2014.

Crónica de un viaje tras la cortina del kelp.

Ediciones Margus, Buenos Aires, 2014.

Hernán Vaca Narvaja
- Director -