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Balance de dos años de gestión
El mejor alumno
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Se cumple la mitad del mandato del intendente Juan Manuel Llamosas en Río Cuarto. El “más radical de los peronistas” se ha movido entre la pesada herencia, el apoyo de la Provincia y el desastre nacional, sin alterar la estructura más conservadora de la ciudad.
Publicada el en Reflexiones

Juan Manuel Llamosas cumple en estos días  la primera mitad de su mandato como intendente municipal de la Ciudad de la Concepción del Río Cuarto. Ha gozado durante este tiempo de no menos de tres escenarios adecuados para mantener buena parte del caudal de votos con el cual llegó al poder. 

En primer lugar, es heredero del peor mandato municipal de la historia democrática riocuartense. A nadie escapa que el segundo gobierno de Juan Jure implicó una monumental estafa para todos los habitantes de esta ciudad.

Se podrán discutir los motivos: lo concreto es que el ex jefe comunal alcanzó su reelección apoyado en una promesa electoral que no supo, no quiso o no pudo cumplir (la construcción de 2000 viviendas en cuatro años). Ese compromiso de campaña se transformó en un desaguisado que destruyó las arcas municipales, impidió la ejecución de obras y servicios públicos esenciales (en particular, los que involucraron a la red vial urbana) y trazó un manto de sospecha fundamentada sobre la honorabilidad de funcionarios y empresarios involucrados en la obra. 

Al finalizar su mandato, Jure ni siquiera había podido entregar el 10% de las casas prometidas (sólo alcanzó a entregar las llaves de unas 160) y la ciudad en su conjunto bromeaba (y bramaba) por el estado de sus calles.

En segundo factor favorable para la gestión de Llamosas es el apoyo explícito que le brinda la Provincia. Es cierto que algunas imposiciones de Juan Schiaretti parecen ser el abrazo del oso. Pero lo concreto es que la obra que la ciudad requería con mayor urgencia (la planta depuradora de residuos cloacales) está en marcha gracias a un crédito que tomó la Provincia y que otra obra que perdurará en Río Cuarto (el puente entre las avenidas España y Marcelo T. de Alvear) también comienza a dibujar su contorno en el horizonte.

Paradojalmente, el tercer escenario que beneficia la imagen pública del actual responsable del Palacio de Mójica ha sido el gobierno de Mauricio Macri. Si “el mejor equipo económico de los últimos 50 años” no hubiera ocupado el Ejecutivo nacional, las problemáticas municipales hubieran ocupado un espacio de tiempo mayor en la preocupación de los habitantes de la ciudad. En cambio, desde su asunción, Llamosas supo que los desaciertos del gobierno nacional (considerados actos valiosos por buena parte del poder real del “Imperio”) iban a transformarse en un buen escudo detrás del cual refugiarse mientras intentaba aprender a manejar una estructura municipal mucho más compleja de lo que parece a simple vista.

En otras palabras, Llamosas fue durante estos dos años casi un personaje de reparto en la consideración pública, más allá de su reconocido hiperactivismo (que contrasta notoriamente con el ausentismo crónico de Jure en buena parte de las actividades oficiales de su segundo mandato).

El “cambio” propuesto por el contrabandista que llegó a presidente y su alianza con su ex empleado, hoy gobernador de Córdoba, acapararon la mayor parte del debate político en una ciudad que miró casi con desdén cómo el nuevo gobierno local  intentaba esmerarse en arreglar las calles céntricas y buscaba alternativas (con la ventaja de una ordenanza que le otorgó un virtual cheque en blanco) para que las calles de tierra no se asociaran con las dificultades que el Raid Dakar ofrece a sus participantes.

Modelo calcado

Pero dejemos de lado por un momento lo que piensa “la gente”, ese supuesto ente indivisible al cual apelan los encuestadores y los periodistas de opinión ligera cuando pretenden fundamentar sus propias posturas. 

La segunda perspectiva bajo la cual debemos analizar una gestión tiene que ver con nuestros propios valores. Es decir, nuestra valoración debe partir de una escala propia que determine, aunque más no sea de manera relativa, lo que políticamente entendemos debe ser una conducción municipal peronista (concibiendo al peronismo como la expresión social movimientista que continúa enarbolando las tres banderas históricas que le dieron origen y sustento). 

Si no tuviéramos al menos esa intuición propia de lo que  “debería ser”  una gestión municipal caeríamos en la  simpleza de guiarnos por el “se dice de…”. Dos ex intendentes y al menos un ex concejal han transitado este camino en los últimos días.

Es cierto que ese modelo que necesitamos para observar la gestión de los otros puede estar aún en veremos. No obstante, cada uno de nosotros cuenta con principios sólidos que devienen de la experiencia personal, del conocimiento de otras experiencias y, en especial, de la formación ideológica y de sector social que nos contiene.  

Asumiendo que la objetividad no sólo no es posible sino que ni siquiera se puede señalar en este caso como meritoria,  nuestro modelo en ciernes tiene en claro que no hay muchos elementos que nos permitan evaluar como positivo el estado de situación con el que se encontró Llamosas al llegar al edificio del Pasaje de la Concepción. La administración, frente a cada fracaso, se limitó a derivar culpas en las jurisdicciones nacional y provincial. No por nada, el ex intendente hoy forma parte del gobierno más hipócrita, antipopular,  caradura e inepto  de los últimos 35 años.

Aun así, tras dos años de gobierno, el actual jefe comunal no ha logrado diferenciarse  con nitidez (si es que lo intentó) en la esencia del modelo  de ciudad que plantearon los últimos tres gobiernos radicales.

Por empezar,  fracasó rotundamente en el intento de poner en funcionamiento otra lógica relacional con las empresas que prestan servicios públicos en el ámbito municipal.  En algunos casos, el gobierno dilapidó confianza pública al anunciar cambios que -al parecer- desconocía que no se podían concretar en la práctica.

El mejor ejemplo es COTRECO. Se anunció la partida de la empresa, la llegada de un novedoso sistema de contratación, se pensó en abrir el juego a otras firmas, se intentó estatizar aunque más no sea una parte del servicio que presta la empresa, se invitó a la ciudadanía a hacer llegar propuestas,……  más el resultado fue que todo sigue igual, aunque más caro y legitimado ahora también por los que antes cuestionaban el convenio con la firma.

Llamosas convocó a un abogado administrativista que duró tres días en el cargo (más allá de que nominalmente haya llegado a casi un año ejerciendo la función): bastaron tres gritos y una advertencia del SURBAC  para dejar en claro que no alcanza con copiar y pegar  proyectos de otras ciudades para contar en la ciudad con un sistema de recolección de residuos eficaz y, fundamentalmente, no tan oneroso. 

Tampoco es excusable la relación que el gobierno municipal actual mantiene con la SAT.  En realidad, salvo que se denunciare el convenio firmado por el gobierno anterior, Llamosas está atado de pies y manos frente a la sociedad anónima que conduce desde hace un lustro el principal inversor del Club Juventud Unida. El Ejecutivo actual debió saber (y reconocer públicamente) que cada vez que se ve obligado a proponer un aumento del boleto urbano, uno o varios de sus concejales deban someterse al escarnio público de un papelón histórico porque así lo condiciona, palabras más, palabras menos, la Caja de Pandora que le dejó Jure. 

Tampoco ha sido feliz la resolución de los conflictos planteados con el ya mencionado “Plan de 2000 viviendas”. El gobierno actual ha tenido la habilidad de ir cumpliendo con las entregas pautadas por la anterior administración, aunque cada casa ha terminado costando mucho más de lo que se pensaba invertir en ella, la empresa adjudicataria jamás cumplió con el compromiso de ser, además, la agente financiera de la obra, y el municipio nunca acompañó la querella que su propio secretario de Obras y Servicios Públicos presentó ante la justicia (cuando era Tribuno de Cuentas) por el manifiesto incumplimiento de IVECOR  de todos los compromisos asumidos por contrato.  En otras palabras, al menos en este punto resulta insoslayable presuponer que algún tipo de acuerdo debió existir con la anterior gestión como para que nadie de la actual se interesara por el destino de unos diez millones de pesos (a valores de 2014) que se pagaron entonces sin la debida contraprestación.

Fuera de este ámbito, hay otras decisiones que terminaron siendo insostenibles, al menos para quienes pensamos otro modelo de sociedad local. Citemos, como ejemplo, endeudarse en dólares, dividir una vez más a los organismos de derechos humanos, crear una “fuerza de seguridad” municipal con empleados mal pagos y virtualmente en negro, continuar con la política de autogenerarse “buenas noticias” a través del pago de fortunas a los medios (política que ya venía del pasado y que se amplió hacia algunas radios y algunos semanarios “propios” en los últimos tiempos), mirar para otro lado cuando la política de “seguridad” de la Provincia avanza sobre los más desposeídos, palos y balas de goma mediante, y someterse a la voluntad de ciertas fundaciones que diseñan proyectos de ciudad a medida del capital especulativo

Hubo, en medio de todo esto, algunos puntos positivos: quizás el más importante es que el intendente volvió a ser un vecino al que se lo puede ver en la calle, más que en la cancha de Urú Curé (aunque el propio Llamosas haya sido también un habitué del club de rugby, al menos hasta que se percató de que sus dirigentes tenían la mala costumbre de disfrutar gratis del agua de todos los riocuartenses).

También el perfeccionamiento del presupuesto participativo de Alberto Cantero cuenta entre los ingredientes políticos positivos de la actual gestión.  La apertura de un dispensario las 24 horas -medida muy criticada por el ex secretario de Salud , ex precandidato a intendente por la UCR y actual presidente de la claudicante agrupación política, Gabriel Abrile-  debe figurar en el haber: fue una promesa de campaña de Miguel Minardi, que Llamosas retomó y puso en práctica. Ya llegará el momento de evaluar si los resultados obtenidos han sido los esperados.

La gestión en Promoción Social fue una copia de la que venía desarrollando el radicalismo devenido en PRO. Aunque el origen social y la militancia de los funcionarios actuales dista mucho de los sectores marginales, han ido -con algún que otro escándalo mediático entre medio- consolidando un esquema asistencialista similar al que dejó Jure.

Quizás la gestión que presenta mejores resultados -al menos, en relación a lo que de su titular se  esperaba- sea la de Martín Herrera en Deportes. Supo armar un equipo que pudo mejorar considerablemente todos los espacios deportivos municipales y tener un interesante protagonismo en la vida social de la ciudad. Además, encontró formas participativas para apoyar a quienes se destacan en el deporte amateur.

En ese contexto, fue un error de aprendiz el que cometió el propio Herrera al comparar su gestión con la anterior. El Momo  Amaya  nunca fue un hombre de confianza para Jure. Por ende, los recursos que llegaban a FUNDEMUR y a la Subsecretaría eran más que escasos. Todavía el exfuncionario debe estar esperando que arribe, por ejemplo, la plata del fondo para el incentivo al deporte local que su amigo Claudio Miranda dispuso crear cuando era presidente del Concejo Deliberante.

Perspectivas

Llamosas no prometió ninguna obra rimbombante durante su campaña. Es más, siempre se autotituló  “el más radical de los peronistas” para usufructuar las debilidades de un gobierno que se caía solo. Su mesurada propuesta en cada  debate, los acuerdos alcanzados con al menos otro de los candidatos, y el apoyo del ex gobernador José Manuel De la Sota fueron elementos más que suficientes que asegurarse la victoria. Contó, además, con terceras fuerzas ultradivididas que terminaron potenciando la figura del oenegenista Pablo Carrizo, un personaje nuevo en la consideración pública general, aunque con un largo recorrido por diferentes espacios sociales y  políticos de la ciudad

Esa extraña habilidad de no prometer nada le permitió a Llamosas no tener compromisos públicos que atender. No obstante,  si  ha sufrido alguna erosión  (aunque la encuestadora que hace “estudios a medida” intente demostrar lo contrario) ha sido por la extraña habilidad que tiene de pegarse cada tanto un tiro en el pie.

Algunos dirán que no podemos evaluar la gestión de Llamosas en función de algunos hechos aislados de corrupción que han aparecido. Sí podemos analizar cómo ha sido la respuesta frente a esos hechos controversiales, en los que se vieron involucrados  funcionarios de su entorno. Y allí la columna del debe se incrementa de manera considerable.

Llamosas anunció en su primer discurso como jefe comunal que no iba a despedir a ningún empleado municipal. Un mes después prescindía de 200. Algunos fueron notificados por funcionarios políticos de la tercera y cuarta línea del ultrallamosismo, incluso flamantes contratados, lo que incrementó el malestar. Tras semanas de escándalo público, la salida fue poco elegante pero efectiva: pactar con el secretario general del gremio convocar -un año después- a concursos para efectivizar a unos 50 trabajadores.  La decisión llegó tarde, cuando ya el costo político era demasiado alto.

Luego vinieron las promesas sobre el futuro del sistema de recolección de residuos urbanos (ya vimos como terminaron), el cambio de emplazamiento de los carnavales (aún no justificado, salvo que se considere una explicación válida que “el peronismo organizó siempre los corsos más cerca de los barrios”), el episodio Simón y últimamente el escándalo de los cheques truchos de EDECOM.

En todos los casos, aunque en especial en estos dos últimos, el Ejecutivo municipal se movió de manera titubeante, como un boxeador que acaba de recibir un golpe de knockout. Tardó una eternidad en conseguir la renuncia de Simón y fue incapaz de circunscribir a los principales protagonistas (la autora confesa del hecho y su presunto mandante) el tema de los cheques. Puede que, en ambos casos, haya logrado salvar la cabeza de quienes eran corresponsables (políticos, al menos) de lo sucedido, pero lo hizo a un costo que hoy se traduce en desconfianza pública y no poca indignación interna: salvo el entorno más íntimo del jefe comunal, nadie está a salvo de la guadaña mortal si queda en medio  de una disputa como las vividas.

Oposición a medida

Está claro que mientras el lord mayor de la ciudad no altere significativamente el proyecto radical, sustentado en el desarrollo inmobiliario a partir de los intereses del “mercado” y la guía espiritual de dos o tres fundaciones que asumen como si les perteneciera el diseño del futuro  territorial, el bloque de Cambiemos seguirá ensayando cuestionamientos puntuales a tal o cual funcionario pero nunca al proyecto en general. El latiguillo que suele utilizar (“Llamosas no ha definido el modelo de ciudad que quiere”) oculta una verdad a gritos: la principal oposición política local siente que ninguno de sus intereses concretos se ha visto afectado por el cambio de signo político del Ejecutivo municipal.

Por eso el propio Juan Jure terminó elogiando a su sucesor: a fin de cuentas, Llamosas no habla (como Mau y Cía) de “la pesada herencia” recibida, aunque tenga fundamentos para hacerlo.  

“Respeto” toma de la ética los conceptos básicos para un elogiable comportamiento público, pero al prescindir de la política como arte de disputa  del poder real, suele asumir comportamientos más propios de una ONG que de un espacio partidario.  Eso no significa que no pueda terciar en 2020 en la disputa por la intendencia. Lo que queda claro es que todavía nadie sabe para qué lo haría. ¿Es la propuesta de la Izquierda de Frente” la que se expresa allí? ¿Qué pasaría con los votantes de la agrupación si el radicalismo encontrase -hoy, tarea imposible, pero faltan dos años- un candidato respetable y respetado que pueda disputar la intendencia?  ¿Hay posibilidades de que la agrupación avance en alianzas que permitan una tercera alternativa al bipartidismo local?

En ese contexto, lo que está faltando en el escenario municipal es una propuesta basada en otros principios, que sea capaz de articular al peronismo que no se identifica con los “dadores voluntarios de gobernabilidad” de UpC, a los radicales que aún reivindican al alfonsinismo y a los mejores sectores del progresismo vernáculo. 

Está claro que esa tercera fuerza que electoralmente parece tener un piso y un techo del 10/15% de los votos, necesita bastante más que candidatos sin proyecto político, sólo testimoniales, o pensados para restarle votos a alguna de las fuerzas principales. Pero tanto los comicios locales como los provinciales y nacionales demuestran que su posibilidad de crecimiento está latente.

Es cierto que se esperan movimientos nacionales y provinciales que tengan su correlato en lo local. Habría que desconfiar de la efectividad de ellos. En todo caso, esas nuevas articulaciones podrían servir para ganar una elección en esos niveles, pero no para la ciudad que elegirá al sucesor de Llamosas no menos de seis meses después de los comicios de las jurisdicciones más importantes.

Si se sigue por el camino de la dulce espera, haciendo oscuros negocios personales en nombre de “los K” o del “progresismo”  y se reniega del compromiso de fortalecer una opción propia en el territorio, esta tercera alternativa seguirá viendo el partido desde la tribuna alta, lejos de poder intervenir en él.

Y la opción política que indistintamente representan hoy para los riocuartenses el “más radical de los peronistas”, por un lado,  y el radicalismo-PRO, por el otro, seguirá gobernando en nombre de las actuales y futuras “fundaciones para un futuro mejor”, por los siglos de los siglos. Amén. 

Osvaldo Da Costa
- Ex concejal de la ciudad de Río Cuarto -