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El corazón sobre sus ruinas, de Juan Cruz Taborda Varela
La reforma que fue revolución
Por | Fotografía: Gentileza revista Matices
Foto: Juan Cruz Taborda Varela traza una magnífica crónica de los sucesos de la reforma universitaria de 1918.
Apasionante y oportuna crónica sobre los sucesos que derivaron en la Reforma Universitaria de 1918
Publicada el en Libros

A escasos dos años de haber publicado su notable opera prima, una biografía de Gustavo Roca (La ley de la revolución, Recovecos, 2016), el periodista Juan Cruz Taborda Varela vuelve a la palestra adentrándose en las profundidades de la Córdoba subterránea, en un libro tan intenso como oportuno: El corazón sobre sus ruinas, la apasionante crónica de los sucesos que derivaron en la más célebre que conocida Reforma Universitaria de 1918, que por estos días cumple su primer siglo de vida.

En una cuidada edición ilustrada por el talentoso Juan Delfini, El corazón sobre sus ruinas repasa los acontecimientos de hace cien años en forma cronológica, desde julio de 1917 hasta diciembre de 1918. La rigurosa cronología de los hechos comienza con el surgimiento de la Universidad Popular, fundada por Arturo Orgaz, y el cierre del internado para residentes en el Hospital de Clínicas. En el primer caso, el autor interpreta que aquella iniciativa prefiguró las primeras políticas de extensión universitaria. Políticas que –vale aclararlo- surgieron del compromiso político y la sensibilidad social de los egresados de aquella Casa de Altos Estudios y no de la propia institución; en el segundo caso, la decisión arbitraria de las autoridades universitarias atentó contra los estudiantes más humildes, que vieron peligrar la continuidad de su residencia médica ante la imposibilidad de pernoctar en el hospital donde debían desarrollar sus prácticas.

Ambas decisiones, temprano germen de la Reforma, pintan el conservadurismo elitista que dominaba la conducción universitaria y fueron la chispa que terminó encendiendo la hoguera de una rebelión que, hasta la publicación de este libro, los historiadores intentaron encorsetar dentro de las sacrosantas aulas de la Universidad mediterránea. Pero la rebelión será reforma y, en la documentada interpretación del autor, también revolución. Porque la presencia de profesores y estudiantes en los barrios de la ciudad sorprendió primero a los vecinos, que pronto adhirieron al postulado reformista de esos jóvenes idealistas que les iban a enseñar a cambio de nada; y porque las decisiones arbitrarias de la camarilla gobernante desataron la primera huelga universitaria en la ciudad de las campanas. Entonces las posiciones se radicalizaron: mientras la Corda Frates, esa oscura logia sin estatutos que gobernaba en las sombras, se apoltronó en las rígidas butacas del rectorado, los estudiantes redoblaron sus exigencias y cuestionaron al sistema universitario, pero también a la clase dirigente que gobernaba Córdoba. Por arcaica, insensata y elitista.

El Manifiesto Liminar de la Reforma, inspirado en la inigualable pluma del gran Deodoro Roca, planteaba la revuelta cordobesa como un faro que proyectaría su luz a toda América. La consigna no era otra que luchar contra el conservadurismo secular enquistado en las aulas y en la sociedad toda. Y como toda revolución, justificaba la violencia. Porque todo parto es doloroso. “La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta –aseveraba el texto de la Federación Universitaria de Córdoba-, porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y porque era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contra-revolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y –lo que es peor aún-el lugar donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así el reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil”.

Las familias más conspicuas de la Córdoba medieval, clerical y ultramontana se habían apoderado de la Universidad. Pero también del resto de las instituciones. Reinaban en camarilla, a sus anchas, rodeados de amigos, obsecuentes y familiares. En el país gobernaba Hipólito Yrigoyen, pero Córdoba seguía bajo el influjo de la Corda Frates, una especie de logia no tan secreta donde la identidad de clase y el afán de poder aglutinaba a los elegidos. En almuerzos semanales decidían designaciones, medidas económicas, fallos judiciales y resoluciones administrativas. “El gobierno, los medios, la iglesia y la justicia almuerzan en la misma mesa”, admitía un sagaz periodista en estricto off the record al enviado de un diario capitalino, según cuenta Taborda Varela.

El autor sigue el hilo de la disputa ideológica, cultural y generacional que motivó la Reforma del 18 a través de un detallado seguimiento de la cobertura y posicionamiento editorial de los dos diarios que por entonces dominaban el horizonte informativo cordobés: Los Principios, vocero de la Iglesia, y La Voz del Interior, por entonces propiedad de la familia Remonda, progresista, laico y decidido impulsor de la reforma universitaria. El compromiso de uno y otro medio de prensa con su causa, su intervención directa en los acontecimientos, su interpelación permanente a la ciudadanía y la apertura de sus páginas a los enfervorizados debates de aquellos días agitados contrastan con la monocromía informativa de estos tiempos.

No deja de sorprender, a cien años vista, la vigencia de ciertos apellidos de alcurnia fuertemente vinculados a la contrarreforma y el conservadurismo: Nores, Bas, Martínez, Argañaraz, Cafferata y un largo etcétera, que el autor desmenuza con precisión quirúrgica a lo largo de su vertiginosa crónica. Del otro lado, apellidos ligados al progreso, lejos del incienso paralizante de la Iglesia: el propio Roca –Deodoro, no Julio Argentino-, Barros, Taborda, Garzón Maceda.

A medida que la crónica traza los grandes lineamientos del conflicto universitario, se divisa claramente la dialéctica de las dos Córdobas enfrentadas desde siempre: la conservadora, clerical y reaccionaria y la idealista, combativa y revolucionaria. Y se vislumbra cómo la Reforma del 18 preanunciaba, en la promisoria comunión entre obreros y estudiantes, los gloriosos días del Cordobazo, que trasmutaron a La Docta en el centro de operaciones logísticas de la primera guerrilla guevarista, la resistencia a la dictadura y vanguardia de los sueños libertarios. Como anhelaban los reformistas del 18.

Con su magnífica crónica sobre la Reforma del 18, Juan Cruz Taborda Varela nos traslada en el tiempo a una gesta épica, pero despojada del bronce y la hipocresía de la historiografía oficial: los hechos que narra, acaecidos hace un siglo, cobran así sorprendente actualidad.

Juan Cruz Taborda Varela: El corazón sobre sus ruinas.

Crónica de una reforma que fue revolución.

Ilustrado por Juan Delfini.

Ediciones Recovecos, Córdoba, 2018. 286 páginas.

Hernán Vaca Narvaja
- Director -