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Inviernos
Foto: Lo único que redujo el gobierno de Cambiemos fue el salario de los argentinos.
Desde que asumió el gobierno de Cambiemos, la pelea del salario contra la inflación pierde por goleada.
Publicada el en Reflexiones

Los inviernos, el de Alsogaray y el meteorológico, tardan en irse. El aire helado obliga a apurar el paso en la calle, sin saludos vecinales de protocolo. Directo a la fiambrería. Dentro del local, más frío. De puro reflejo saco número, pero no hay nadie. Es día veinticinco de un mes de treinta y uno, la soga aprieta. Pero uno no termina de convencerse y acude a la voz del otro, que por ahí te explica otra cosa, que en realidad la crisis no es para tanto.

-¿Y cómo va la cosa? – pregunto.

-Es sábado y mirá lo que es – enarca las cejas el empleado mientras toma el jamón cocido, que uno se ocupó de bajar un poco la marca pero sigue pareciendo jamón.

-Hay tipos que antes compraban Bocatti y hoy se llevan paleta sandwichera. – me confirma.

-¿En serio? – pregunto como un último reflejo para seguir negándome a aceptar la realidad, que tal vez no sea para tanto.

-Y acá somos uno menos. – me suelta mientras corta el queso cremoso con los ojos brillosos.

En el interín, entra otro cliente y un empleado se acerca a atenderlo presuroso. Que no se le ocurriera irse, en esa carrera perdida de salarios contra inflación.

-¿Vendés papitas por gramos? – pregunta el recién llegado.

El empleado le ofrece una bolsita transparente de papas, chiquita que no sé cuánto habrá pesado. Lo que cada vez pesa menos es el peso, el valor de una moneda que ya no alcanza ni a contener los animalitos impresos en los billetes.

Luego de la ilusión de la convertibilidad de los 90 y todas sus contraindicaciones nefastas, se reanudó el partido entre salarios e inflación. La inflación atada al valor del dólar y la especulación de los comerciantes y dueños de las cadenas de valor. El salario, defendido por los sindicatos en las paritarias. Un equilibrio atado con alfileres hasta el 2015. El partido de fútbol de salarios contra inflación siempre terminaba bastante parejo, a veces ganando uno, otras veces el otro. O se definía por penales. Había casi un acuerdo tácito de mentir en el Indec para no ajustar las deudas con el CER, autorizando paritarias por encima de las cifras oficiales. Era un equilibrio inestable pero sin ganadores y perdedores claros. Un empate, victoria pírrica o derrota por poco.

Ahora, desde el 2015 cambiamos de director técnico. La goleada de la inflación sobre los salarios no tiene parangón. De un virtual empate, en general los salarios perderían este año 35 a 20, en principio. Ni soñamos con llegar al suplementario, al alargue. Queremos que se corte el partido, el mes, todo. Mientras hablamos de los cuadernos y otros fuegos de artificio, el partido real nos muestra a los laburantes perdiendo por goleada.  Y el invierno que se extiende con su frialdad característica. El invierno meteorológico. Y el de Alsogaray. El de Alsogaray.

Sebastián Giménez
- Escritor -