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Norman Briski
"A Shakespeare nunca le cerraron el teatro, a mí sí"
Por | Fotografía: Adrián Camerano.
Foto: Norman Briski con Carlos Aznares, durante la presentación de su libro en Carlos Paz.
El actor y dramaturgo pasó por Córdoba para presentar “Mi política vida”, su último libro. En este reportaje con El Sur habló de la actualidad, el teatro, su trato con el Che y su entusiasmo por ser papá –y de gemelas- a los 77 años
Publicada el en Entrevistas

El actor y dramaturgo pasó por Córdoba para presentar “Mi política vida”, su último libro. En este reportaje con El Sur habló de la actualidad, el teatro, su trato con el Che y su entusiasmo por ser papá –y de gemelas- a los 77 años.

Una concurrida tertulia en la Coopi de Carlos Paz fue el marco de su última visita a Córdoba, la provincia que lo vio crecer y donde conoció al Che. El actor y director tiene 77 años, pero irradia una energía y un entusiasmo que no tienen muchos de 20 o 30. Quizás sea determinante en ello su compañera, la joven actriz Eliana Wassermann, que sigue la entrevista a un metro y no se pierde palabra del dramaturgo nacido en Santa Fe, debutante en Córdoba, exiliado en México y Estados Unidos, ciudadano del mundo.

“Ahí están las gemelas” dice, y señala al cronista la panza de la joven que se acomoda subrepticiamente y orejea el reportaje desde un sillón mullido de un hotel carlospacense, de los tantos que pueblan la villa. De ser padre a los 77, de la potencialidad del teatro y de su retorno a un lugar libertario. De todo eso trata este diálogo con el actor de “La Fiaca”: Norman Briski.

- ¿Cómo surge “Mi política vida”, el libro que viene a presentar?

- Surge porque mi historia artística es bastante conocida, y ahora me doy cuenta de que tengo muchos aspectos, muchas individuaciones. Uno es mi vinculación con la política, pensar el país, lo social. Y voy a decir una novedad: con el tiempo, la política no me da respuesta a mí, a mis inquietudes o lo que podría llamarse mi sensibilidad, porque la política siempre parece que estuviera ligada a una idea de lo posible, de la negociación, del negocio. Entonces yo ya estoy grandecito y estoy tratando de eliminar la palabra política de mi lenguaje, porque desde lo fundacional, lo que alguien llama la ciencia política -que hasta ahora no le he visto ningún atisbo de ciencia (ríe)- sería así: la ciencia debe pensar en las mayorías, y la política no da la impresión de que es eso. Y en lo fundacional, decía, que para mí sería Maquiavelo, el fundador de lo que se va constituyendo como Estado y la posibilidad de que ese Estado arbitre intereses de naciones y de corporaciones, como un árbitro omnipotente, el dios terrestre; el otro nos visita poco, y el Papa va acumulando poder sin que nadie lo elija. Pero el poder político toma el cariz de una clase determinada, que se dedica a un juego que yo considero perverso, porque siento que cada día más se aleja de las mayorías, o las toma de una manera paternalista o maternalista.

- Esta eliminación de la palabra política, ¿significa un retorno a cierto lugar libertario?

- Ni dudar. Sos entendido.

-No mucho. Digo, vuelve ahí después de tanto camino recorrido…

- Si, después de tanto camino, como a Sartre, como a muchos. Es “Che, dejémonos de joder con ´acá lo que podemos hacer es tal cosa y tal otra´ y empezar a negociar con la bandera roja del proletariado”, y del otro lado tenés 44 banderas distintas, cuando si hay una idea de igualdad, socialista en términos de que las cosas son de quien las trabaja, es mucho más simple. Yo ya estoy alejado de esos juegos perversos y que me disculpen los que se ofenden. Tampoco necesito sus disculpas.

- Se dice siempre que es normal ser socialista a los 20 y que con el tiempo uno se vuelve más conservador. Usted sería una excepción a esa regla, ¿lo piensa así?

- Mi coherencia yo no la veo, que la vean los otros. Yo no me dedico a ser coherente, yo me dedico a hacer lo que me gusta, decir lo que pienso y tener muchísimas dudas de si lo que pienso está bien o me estoy equivocando. ¿Cómo no voy a tener dudas, si es tan difícil saber lo que uno tiene que hacer? Ahora, a los que no tienen dudas, ¡les tengo un miedo! Les tengo un miedo muy serio. Lo único que hay que garantizarse es pasión para poder creer que las cosas se pueden cambiar, entonces lo difícil no se vuelve tan difícil, porque uno está apasionado.

- Entonces, ¿por qué este libro ahora?

- El libro es en este contexto, y creemos con Carlos (por Aznarez, su partenaire) que todos me conocen por la cosa de la TV…

- Pero la política está muy ligada a su figura, en todos estos años…

- Me parece que vos sí, pero hay mayorías que no, es como pensar que todos tienen computadoras, que todos tienen celulares… no. Hay muchísimos jóvenes que desconocen otras maneras de actuar la realidad, y nos pareció que era bueno ver la visión de un tipo que ha hecho 70 películas, 70 obras de teatro, que tiene un teatro, o que tiene gemelos.

- ¿Ya nacieron?

- Están ahí enfrente.

La chica que sigue la entrevista de cerca, a metro y medio, se ríe. “De chusma”, dice.

- Los felicito. Otra pregunta: ¿Lo “fosilizan” al ubicarlo siempre con relación a los ´70?

- Si vos te preocupás de lo que te construyen quién sos, sonaste. Hay varias calificaciones, si queremos entretenernos con la parte chismosa, que ahora está muy de moda… El Loco Briski, por ejemplo.

- Quizás tenga que ver con que usted viene jodiendo hace rato, ¿o no?

- (Ríe) Jodiendo pareciera hinchando las bolas…

- Me refiero a que ha sido la mosca en la sopa en distintos momentos…

- Nunca me puse en la cabeza ser la mosca en la sopa, todo lo contrario, me parece ´che, vamos a hablar de esto´. Por ejemplo, la versión de Ricardo III que estamos haciendo es una versión libertaria, así me acerco a un Ricardo más real que el que distorsionó nuestro amigo William, vaya a saber por qué razones. A Shakespeare nunca le cerraron el teatro, a mí sí.

- ¿Qué le pasa con esta cuestión de ser noticia por situaciones muy íntimas, muy privadas?

- Estoy sorprendido por el respeto que me tienen, me conocen y saben que yo no estoy haciendo negocio con la farandulización, yo no voy a ninguno de esos programas, no contesto por teléfono, nada.

- A lo largo de la carrera los medios lo han tratado bien, ¿no?

 - Yo sé lo que son los medios. Tratar bien o no, no es una cuestión, la cuestión es cómo me pueden usar o no, los medios están para eso, para hacer negocio un objeto y cuánto pueden vender conmigo determinados avisos que van a pasar antes o después de que aparezca.

- ¿Qué recuerdos le trae Córdoba, donde debutó teatralmente?

- Muchísimos, pero me hago un poco el sonso, porque todo lo que veo, yo pasé unas cuantas veces. Tenía una Puma, once años manejé moto acá. El Che también andaba en moto y yo lo conocí en la esquina del Monserrat, nos reuníamos ahí los que teníamos moto y él venía, año ´54, ´55. Parábamos en esa esquina, yo no sabía que era el Che

- Bueno, de hecho no lo era…

- No sé si no lo era, yo me acuerdo de él que si vos le pedías la moto él te la daba. Viste que la moto no se presta…

- Claro, la moto y la novia, no

- Él no tenía tema con prestar, de eso me acuerdo y nos sorprendía a todos, ya era singular. Incluso organizamos ir a Mendoza juntos en moto, lo esperé no sé cuánto tiempo en el arco de Córdoba y él no llegó y dije ´meee voooy´ (imita la tonada cordobesa) y nunca supe de él. Es la última vez que lo ví (risas). Después estuve en Cuba varias veces, y él ya había pasado con su arremetida única, singular, increíble.

- ¿Qué le genera el escenario político actual?

- Lo que está pasando son las dos caras de la misma moneda y nosotros somos el canto, esa cosita finita que anda entre las dos caras; nunca cae de canto la moneda. El asunto hoy son puras internas, de intereses ligados a este sector o a otro sector, es nada más cómo sigue este negocio de un capitalismo con cara nacional y nada más que cara: el 75% de un auto no es argentino. Una idea nacional o popular o un populismo para mí de patas cortas y que ha reparado al capitalismo. Ahora estamos en quién hace el capitalismo más competitivo, inversión extranjera, liquidez propia, prestada… toda esa interna de la dependencia.

- Igual siempre hay brechas, fisuras…

- Eso es bueno, siempre puede suceder, las discontinuidades no son previsibles, eso no se tiene que esperar, hay que seguir, pensando que uno tiene muy buenas razones para seguir creyendo que la igualdad, la libertad, la solidaridad, el socialismo, son maneras que podrían llegar a nuestro país.

- ¿Le preocupa lo ambiental?

- Si, por las consecuencias más claras del consumo. La señora presidenta empieza a las ocho de la mañana a decir ´consuman, consuman´, y no se da cuenta de que es el veneno y la muerte más clara, que no solamente se hace a nuestros trabajadores sino al planeta.

- Se argumenta que a menos consumo, menos fuentes de trabajo…

- Bueno, pero si la fuente de trabajo es un genocidio, prefiero trabajar de otra cosa. Lo que pasa es que la tierra dura no se destruye así nomás, entonces toma confianza de cuánto podemos seguir deteriorándola y en eso el capitalismo es especialista. Yo voy al famoso paraíso de Brasil y ya no se puede tomar el agua y fuimos a una playa y era el congreso de soretes de un hotel de no sé cuántos pisos.

- Es un problema cultural, además

- Es interesante que ya haya lugares que se están avivando, y que son justamente los inventores de esto. En la Costa Este de Estados Unidos hay lugares donde no hay televisión y no se utilizan celulares, y mi compañera, a más o menos 30 centímetros de las gemelas, ahora mismo irradia ondas del celular. Pero ella es como la tierra, aguantadora.

- Lo tildan de loco. En este contexto que narra, ¿es posible no ser neurótico, por lo menos?

- No, es imposible. Neurótico en el mejor de los casos, esquizoide sería algo más acertado. El teatro tiene una condición de poder expresarlo; por eso mi amor a una profesión que con su capacidad poética puede hablar de una persona que trabaja en el banco Boston y está en una agrupación de izquierda pensando en ir al barrio a entender qué está pasando con su propia gente.-

- Alguna vez le escuché decir que la vida de quien tiene conciencia es muy desgraciada…

- La conciencia, si la tenés, bueno… pero no hace el cambio, como se ha creído. Con-ciencia. Con ciencia no hacés el cambio. ¿Con qué lo haces? Con la pasión, con ganas.

- Y organización

- Y las ganas te van a llevar a la organización, porque también, cuando te metés antes en la organización que con las ganas, le tenés ganas a la organización, cuando sos un miembro. ¿Me explico?   

- La última: ¿a qué ha renunciado?

- Atrevidamente he renunciado a varias maneras que me ven a mí: soy judío o no soy judío, soy peronista o no soy peronista. Frente a eso digo no, no soy judío porque con el tema palestino, ¿cómo se puede ser judío? Tampoco soy peronista, porque me parece que este proyecto reformista que se vuelve a reiterar, que no modifica y que arregla al capitalismo, lo repara, es mucho para mí, a mi edad. Este progresismo no lleva a ningún otro lado que a la politiquería.

Adrián Camerano
- Periodista -