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La pelea por el Sillón de la AFA
Las otras presidenciales
Foto: Tinelli picó en punta para quedarse con la herencia de \"Don Julio\" en la AFA.
¿Se confirmará aquello de “todo pasa”? ¿Le dirán “chau, chau, chau” al grondonismo? Los entretelones de la lucha por el poder en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y un apasionante y necesario repaso de quiénes fueron los dueños de la pelota a lo largo de 122 años de historia.
Publicada el en Crónicas

¿Tinellismo o grondonismo? Al menos por el momento, esa parece ser la cuestión. Una calculada embestida mediática, fogoneada sin disimulos ni inocencia desde distintos ámbitos de efectiva y/o pretendida influencia, habilitó días atrás al animador televisivo Marcelo Tinelli para rendir la materia final e intentar graduarse con honores en la carrera de dirigente deportivo que inició un par de años atrás, cuando dejó de jugar al mecenas y fue ungido vicepresidente 1º de San Lorenzo de Almagro.

El examen pasó para marzo, por obra y gracia del llamado “Pacto de Viamonte”, acuerdo entre gallos y mediatarde que logró aplacar los ánimos en la convulsionada Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y, de paso, evitó una situación que se perfilaba incómoda: la superposición de las elecciones presidenciales con la disputa por el otro sillón más preciado del país, el que durante más de tres décadas ocupó Julio Humberto Grondona, en esa especie de “papado sin sotana” que se extendió entre 1979 y 2014.

Pero no sólo Tinelli baila por el sueño de ser el dueño de la pelota. Del otro lado del mostrador, los representantes de la Vieja Guardia se mueven al ritmo que pueden, sabedores de que la cintura ya no les responde demasiado. Y también de que cada vez son más bajos los puntajes que les otorgan quienes deben evaluar sus performances. La cabeza visible de este grupo es Luis Segura, histórico directivo de Argentinos Juniors que se formó a la par del ex suboficial del ejército Próspero Cónsoli a fines de la década del ‘70, en tiempos en que el genocida Guillermo Suárez Mason era no sólo el jefe del Primer Cuerpo de Ejército, sino también el hombre fuerte del club del barrio porteño de La Paternal. En su frondoso legajo deportivo, Segura acumula denuncias por malversación de fondos en su propio club, un par de intimidaciones a periodistas y también sospechas en el marco de la investigación por la reventa de entradas en el Mundial de Brasil 2014. “Es un inepto que, de un día para el otro, se quedó con el sillón de Grondona”, lo definió días atrás Abraham Rufail, el vicepresidente 1º de Belgrano de Córdoba, durante una entrevista que le concedió a Radio Continental.

Otra alternativa que barajan los nostálgicos del “todo pasa” es José Luis Meiszner, actual secretario de la Confederación Sudamericana de Fútbol, cuyo anillo –al igual que el que ostentaba Grondona también es un obsequio de Noray Nakis, histórico dirigente del Deportivo Armenio y actual vicepresidente de Independiente de Avellaneda; alcahuete de la primera hora y joyero de confianza del grondonismo- ostenta la frase que podría representar como ninguna la idea del continuismo: “algo queda”.

Tampoco se descarta que, de acá a marzo de 2016, aparezca algún tercero en discordia. Porque si bien hay una gran mayoría que pregona la necesidad de un cambio, también es cierto que la amenaza de un nuevo personalismo se cierne en torno a la indisimulada ambición de Tinelli, que por estos lares ya logró el respaldo expreso de la dirigencia de Talleres y del siempre acomodaticio titular de la Liga Cordobesa, Emeterio Farías.

En tal sentido, el aplazamiento de los comicios podría darle aire al gobierno nacional en procura de impulsar a un candidato “propio” (suena con insistencia el nombre de Víctor Blanco, el presidente de Racing Club), haciendo valer los 1.742 millones de pesos anuales que aporta el programa “Fútbol para Todos”, y que representan nada menos que el 75 por ciento del ingreso genuino de los clubes del fútbol argentino.

El sindicalista Hugo Moyano, actual mandamás de Independiente de Avellaneda y también beneficiado por la derogación de la cláusula de antigüedad que hasta la semana pasada bloqueaba la candidatura de Tinelli, es otro de los que podrían entrar en carrera, aunque su aspiración pareciera estar fuertemente ligada al destino que las urnas le deparen al macrismo a nivel nacional. El camionero espera agazapado, mientras su yerno, el “capo” de Barracas Central Claudio “Chiqui” Tapia, le oficia de vocero desde una de las más inexplicables vicepresidencias que ha repartido la casa del fútbol en sus tiempos de “normal” funcionamiento interno.

Quien parece haber declinado su candidatura es Armando Pérez, máxima autoridad de Belgrano y única voz crítica luego de los contubernios que concluyeron en esa calma aparente que se respira en la casona de Viamonte 1.366 y que patearon la pelota hacia adelante en lo que se refiere a la sucesión. “Me parece que lo de Tinelli ya está cocinado. Pareciera que esto que pasó en AFA es más de lo mismo. Escondemos todo y aparece alguien que pareciera que nos va a salvar”, manifestó el empresario de los cosméticos y ex dueño de Radio Del Plata, quien años atrás le supo hacer al conductor de “Show Match” la “gauchada” de insertar al Pirata en la Liga Nacional de Voleibol para completar la grilla de participantes que precisaba ese emprendimiento deportivo-comercial. 

De todo, como en botica

El variopinto abanico de pretendientes al sillón de “Don Julio” no deja de sorprender a propios y extraños. ¿Los proyectos? De eso no se habla. Afuera de la cancha, lo único importante también pareciera ser el resultado. Por el momento, la mayoría calla. Y Tinelli otorga una contradicción más: mientras exige auditar los números de la entidad que regentea al fútbol, el último balance de San Lorenzo arroja un pasivo de 158 millones de pesos.

La AFA ha sido desde siempre un codiciado espacio de poder, y como tal su vida y obra no ha estado ajena a los vaivenes del país a lo largo de 122 años de existencia, en los que -con distintas denominaciones, organizaciones y estatutos- registra 64 mandatos y 51 presidencias.

Más allá de que aún cuesta despegarlo de la figura de Grondona, el fútbol argentino ya está transitando el “después” y tuvo un amplio “antes” a la gestión del camaleónico ferretero de Sarandí. La historia comenzó en 1893 y a la luz de muchos hechos cuesta creer que al puntapié inicial lo haya dado un pedagogo: el inmigrante escocés Alejandro Watson Hutton, quien fue contratado para dirigir un colegio (Saint Andrew's Scots) y terminó dándole forma a su propia propuesta educativa (Buenos Aires English High School), al Alumni de los hermanos Brown (el mítico equipo multicampeón de principios del Siglo 20) y a la Argentine Association Football League, el germen del balompié organizado en nuestro país.

A Watson Hutton, considerado “el padre del fútbol argentino”, le sucedieron otros tres presidentes británicos: Alfred Boyd, Charles Wibberley (dueño de minas de carbón en Inglaterra y de campos de algodón en Argentina) y Francis Chevallier Boutell, cuya referencia más importante en los archivos es su pertenencia a la Logia de Antiguos, Libres y Aceptados Masones ingleses. El primer mandatario de nacionalidad argentina asumió recién en 1906 y fue un Martínez de Hoz, Florencio, por entonces presidente de la Sociedad Sportiva Argentina y años más tarde intendente de Mar del Plata por el Partido Conservador. Lo sucedió en el cargo Emilio Hansen, quien había sido Ministro de Hacienda durante el gobierno de Carlos Pellegrini y más tarde sería nombrado director del Banco Provincia de Buenos Aires.

Entre aquel masón venido de Inglaterra y algún “brujo” oriundo de estas pampas (en 1973 la AFA pasó a dominios del Ministerio de Bienestar Social y el tristemente célebre José López Rega era quien ponía y sacaba autoridades a pedido, gusto y placer), la lista de “popes” del fútbol es interminable y su repaso remite a extranjeros, compatriotas, conservadores, radicales, peronistas, militares, interventores del color que se busque, sindicalistas, “parientes políticos”, abogados, médicos y hasta un sospechoso de asesinato. También a un periodista, lo cual en cierto modo le quita “originalidad” al hombre que, micrófono en mano y rodeado de una tan fiel como decadente troupe de festejadores, todas las noches fogonea sus aspiraciones desde el “otro lado” del televisor.

Fue Natalio Botana, fundador y director del Diario “Crítica”, el primer y hasta ahora único hombre de los medios en manejar al fútbol argentino. Lo hizo entre febrero y agosto de 1926, atendiendo al pedido de un grupo de amigos y con un propósito excluyente: unir la Asociación Argentina de Football que él presidía con la disidente Asociación Amateur de Football que conducía el abogado Adrián Béccar Varela, cuyos escritos solían ser requeridos por algún diario de la época. “No debe esperar el football argentino otra cosa más importante de mi gestión. No tengo antecedentes en el deporte, y en eso les doy la razón a los clubes que no quisieron votar mi nombre. Yo no soy más que una voluntad fuerte y decidida puesta al servicio de la fusión”, se sinceró Botana, uruguayo de nacimiento, en su discurso de asunción.

En el mismo lodo, todos manoseados

Con la satisfacción del deber cumplido, Botana volvió a las redacciones y le dejó su lugar a Aldo Cantoni, fundador del Partido Socialista Internacionalista y ex presidente de Huracán de Parque Patricios, quien llamativamente llegaría a hacer “doblete” en el sillón presidencial de la AFA, a pesar de un pasado reciente que lo señalaba, junto a su hermano Federico, como  instigador del asesinato de un gobernador sanjuanino de principios de la década del ‘20, el irigoyenista Amable Jones.

Otro caso curioso se registró entre 1934 y 1936, período en el que el fútbol argentino fue manejado sucesivamente por tres médicos: Tiburcio Padilla, Ernesto Malbec (un reconocido cirujano plástico que había ejercido en simultáneo como presidente de Racing Club e interventor de Atlanta) y Ángel Molinari, hombre vinculado a River Plate. El mencionado Padilla llegó a ser ministro de Asistencia Social y Salud Pública en las presidencias de Arturo Frondizi y José María Guido, y la historia refleja que no fue precisamente lo que se dice un visionario: en su última gestión intervino el Hospital Malbrán de la Ciudad de Buenos Aires y dejó cesante al jefe de la división Biología Molecular de esa institución, César Milstein, quien años más tarde -ya radicado en Estados Unidos- recibiría el Premio Nobel de Medicina.   

Concluida la trilogía de los médicos, en 1937, arrancó la saga de los “parientes políticos” con la designación del yerno del Presidente de la Nación Agustín Pedro Justo, Eduardo Sánchez Terrero, quien motorizó los préstamos que permitieron la construcción de dos estadios emblemáticos del fútbol argentino, la Bombonera y el Monumental, y por ello ostentó la doble condición de socio honorario de Boca Juniors y de River Plate. En el inicio de los ‘40 comandó la AFA Ramón Castillo, hijo del entonces mandatario nacional Ramón Antonio Castillo; y dos décadas más tarde, el vicepresidente del radical Arturo Illia, Carlos Perette, puso a su hermano Francisco en el cargo más expectante del deporte más popular del país.

En esta historia tampoco faltaron los “amigos con derechos”. Durante el primer gobierno del Partido Justicialista, por caso, se fueron pasando la pelota el General de Brigada Eduardo Ávalos, uno de los llamados ‘cuatro coroneles’ de Perón; Oscar Nicolini, un recomendado por la madre de Evita; Cayetano Giardullo, hombre de confianza del gobernador bonaerense Domingo Mercante; y Cecilio Conditti, secretario general de la CGT y posteriormente a cargo del Ministerio de Trabajo. Con la llegada de la llamada Revolución Libertadora, en 1955, la máxima investidura de la AFA quedó en manos de un interventor civil, Arturo Bullrich, socio del aristocrático Jockey Club, miembro activo de la Sociedad de Criadores Shorthorn e influyente operador de la Bolsa de Valores de Buenos Aires.

Y hablando de interventores… Un caso emblemático se produjo en 1969, año en el que desfilaron por el principal despacho afista nada menos que cuatro hombres diferentes puestos por la dictadura de Juan Carlos Onganía: Armando Ramos Ruiz (experto en temas energéticos), los abogados Aldo Porri y Oscar Ferrari, y Juan Oneto Gaona, un ex titular de la Unión Industrial Argentina que, consultado sobre los proyectos que la AFA manejaba para los representativos nacionales, llegó a decir que “la única intención es que ni melenudos ni patilludos integren la selección”.

En un fútbol que siempre se movió al compás de una realidad tan cambiante, la gestión de Julio Humberto Grondona resultó la otra cara de la moneda. Nunca antes un mandato se había extendido tanto –el antecedente inmediato eran los nueve años de Raúl Colombo, ex diputado por la UCR en el gobierno de Arturo Frondizi, entre 1957 y 1965- y mucho menos había sobrevivido a los vaivenes políticos del país. La era Grondona atravesó con muy pocos sobresaltos las dictaduras de Videla, Viola, Lacoste, Galtieri, Saint-Jean  y Bignone, y las presidencias de Alfonsín, Menem, De la Rúa, Puerta, Rodríguez Saá, Camaño, Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández. “Don Julio” llegó al trono como sucesor de Alfredo Cantilo, un abogado ajeno al fútbol pero cercano a Carlos Lacoste, el marino que manejó con mano dura y uñas largas todo lo concerniente al Mundial ’78 y que tres años más tarde –antes de ser becado por la Fifa con una vicepresidencia- llegaría a gobernar el país por un breve lapso de 11 días. Fue el propio Lacoste quien, poniendo su arma sobre un escritorio, consumó el último Golpe de Estado al fútbol argentino, exigiendo a la cúpula dirigencial el inmediato desalojo de la sede afista y la renuncia de puño y letra de David Bracutto, el médico de la Unión Obrera Metalúrgica que había llegado a la primera magistratura futbolera de la mano del influyente sindicalista Lorenzo Miguel y que en ese momento estaba en el Hotel Crillón de la capital cordobesa, a donde había llegado para inspeccionar el estadio del barrio Chateau Carreras y otras obras que se llevaban a cabo en el marco de la organización de la XI Copa del Mundo de la Fifa. Por aquellos tiempos, Segura se esmeraba en hacer buenas migas con los poderosos de turno, mientras Tinelli grababa notas para “La Oral Deportiva”, la tira de Radio Rivadavia que conducía el relator José María Muñoz, uno de los más fervientes propaladores mediáticos de la ideología del “Proceso” y de algunas de las frases más tristemente célebres de nuestra historia, como esa que, dándole forma a un perverso juego de palabras, rezaba aquello de “Los argentinos somos derechos y humanos”.

Hugo Caric
- Periodista -