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Crónicas del claroscuro
Diez años sin Eladia Blázquez
Foto: Eladia Blázquez en sus años mozos.
Se cumple una década de la desaparición física de la mujer que nos invitó a "honrar la vida"
Publicada el en Música

La señora Eladia Blázquez nos hizo más de un favor. Permitió que utilizáramos, sin condiciones, el título de “Honrar la Vida” para el programa que emitimos por radio y televisión. Aceptó la invitación de presentarse en el Teatro 3 de Febrero, de Paraná, sin cachet fijo. Mantuvo una charla abierta, sin costo de entrada, en La Hendija. Compartió un asado doméstico, en el que escuchó la música y las reflexiones de Walter Heinze, Miguel Zurdo Martínez y Jorge Mockert, en larga sobremesa.

Me asomo al lugar de la casa en que se realizó el encuentro y le doy la razón a Ricardo Ostuni, ex miembro de la Academia del Lunfardo, que ante la muerte de Eladia Blázquez, el 31 de agosto de 2005, propuso para el epitafio, citarla con un verso de Miel: ¡Qué ausencia cruel, de pan y de miel cuando te fuiste!

Eladia Blázquez nació el 24 de febrero de 1931, en Avellaneda, en el sur del conurbano bonaerense. Un afinado piano de juguete, con ocho notas, le permitió avisarle a la mamá andaluza y al papá castellano de su vocación musical, a los cuatro años de edad. Cursaba la escuela primaria cuando debutó, con repertorio español, en famosos tablados como el de El Tronio y Goyescas, en la ciudad de Buenos Aires.

Con precocidad compuso boleros, interpretados por voces como la de Daniel Riolobos. En seguida incursionó en el folclore argentino. Con ritmo del Litoral hizo “Río, Río” y con el cuyano armó la cueca “Ya me voy, ya me estoy yendo”, popularizada por el grupo que dirigió el Chango Farías Gómez.

Su primer tango es de 1960. “Sueño de Barrilete”. Fue grabado en 1968 por Miguel Saravia y después por Claudio Bergé, Roberto Rufino, Rubén Juárez, Susana Rinaldi y la propia Eladia Blázquez. Cátulo Castillo le dio la bienvenida al universo tanguero: “Eladia Blázquez empieza a pronunciarse en este gran murmullo ciudadano, como una revelada manera de cantarle las cuarenta a la poética porteña”.

Cuando estuvo en Paraná, un asistente a la reunión de La Hendija, le preguntó si sus composiciones se basaban en vivencias personales. Eladia Blázquez respondió: “¡No! Eso sería un martirologio”. Con conocimiento de causa, comentó que en sus creaciones  exponía su punto de vista ético y estético, que reflejaba un modo de ser y de pensar, con un estilo que pretende trasmitir sentimientos, estados de ánimo, el amor, el dolor, la alegría.

Para nosotros, la inspiración pura, la agudeza de la observación, en Eladia Blázquez se nutrían con la sensibilidad que proporciona el humanismo. Dice “En Pie”: “Estoy en pie por la costumbre de jugarme, / porque aprendí en el rigor de modelarme; / hay mil caminos por andar, / no quiero ya retroceder / en esta lucha por llegar, / en el deseo de vencer. / Cada mañana estrena un nuevo día / y yo también mi terca valentía / y le respondo al milagro de estar vivo / inventándome un motivo para amar”.

Eladia Blázquez trató los problemas de su tiempo, dando a sus creaciones un sentido de queja social e individual. En 1935 Enrique Santos Discépolo escribió “Cambalache”. Casi cuatro décadas después, ella tomó la posta del filósofo sin academia: “Por las cosas que tenemos a la vista / Cambalache de una sin fortuna / hoy nos suena en este bache / como una canción de cuna (…) / y en esa confusión del amasijo, / al propio padre lo estafa el hijo (…)”

En lo personal, remata el poema con medidas de soneto: “Porque no hay un solo ser que sea tan fuerte / que no tiemble de miedo ante la vida / y no sienta pavor frente a la muerte”.

Para la autora de “Argentina Primer Mundo”, “si hay algo en que los poetas populares tenemos prioritaria responsabilidad es dar testimonio de lo que nos sucede como país, con pulcritud casi periodística”. En esa onda pensó “Somos como Somos”, con cierta sorna pero con mucha ternura y crítica profunda: “Miremos este espejo bruñido y reluciente, / sin el engrupe falso de una mentira más (…) / Y vamos a encontrarnos, con toda nuestra gente / mirándonos por dentro, sin ropa y sin disfraz (…) / Cargar en voz en cuello y  protestar bajito / prefabricando mitos, para poder vivir”.

El 14 de julio de 1996 fue domingo. La leve figura de Eladia Blázquez cubrió el espacioso escenario del Teatro 3 de Febrero, con la sala repleta de público. Programa de antología. Arrancó “Con las Alas del Alma”, cantó la del “manisero se va”, “El Precio de Vencer”, “Mi Ciudad y Mi Gente”, “El Corazón al Sur”… Hasta que fue el turno del himno que se suele utilizar en situaciones límites, como si fuera una canción curativa, según una acertada definición.

Con “Honrar la Vida”, la ceremonia tocó el punto máximo de la emoción. El coro se propagó de la platea al paraíso, con la absoluta certeza de que la razón asistía a la señora Eladia Blázquez: (…) no es lo mismo vivir que honrar la vida.

Guillermo Alfieri
- Periodista -