El orgullo es una parte sustancial del ser cordobés. La Docta, los lomitos, el fernet, Marcelo Milanesio, el humor o ser una “isla” dentro del país, funcionaron a lo largo de los años como elementos centrales del imaginario colectivo provincial y de la construcción del “ser cordobés”. Desde mediados del siglo XX –peronismo y sustitución de importaciones mediante- la industria automotriz se volvió parte de ese acervo de “lo cordobés”.
La planta de producción en Santa Isabel, los autos “hechos en Córdoba”, los obreros calificados, el mameluco, el sábado inglés y las multinacionales que se instalaban en la tierra de la peperina alimentaron el sentimiento: que un familiar entrara a trabajar en la Volkswagen era motivo de comentario de la mesa del domingo.
Sin embargo los vientos libertarios también se están llevando por delante ese orgullo y la industria automotriz de la provincia tambalea igual que en el resto del país.
Los números son elocuentes. La producción de automóviles cayó en el mes de junio un 40% en la comparación con lo que se fabricaba un año antes. Con un agregado que marca la gravedad del momento: también disminuyó en relación al mes anterior (en junio se produjo un 16,7% menos que en mayo).
Pese a los anuncios oficiales y la prometida recuperación en “V” de la economía, los números no dan señales de mejora. Al contrario, se profundiza la línea descendente. Los problemas intestinales del buzo siguen sin expresarse, como prometió el presidente.
En picada
Hay un dato oficial del propio INDEC que pone en evidencia el problema: la utilización de la capacidad instalada en mayo del 2023 llegaba al 62,4% y en el mismo mes de este año se posicionó en el 45,5%, es decir que tuvo una caída de casi el 17%. Este índice industrial es el que permite saber cuántas máquinas de las que tienen instaladas las empresas del sector están en uso, están realmente trabajando y cuántas están sin ser utilizadas. En este momento la industria automotriz argentina utiliza menos de la mitad de la maquinaria a disposición para producir.
Esta realidad de la producción viene de la mano de un consumo en decadencia.
En Argentina se patentaron un 22,6% menos de autos en los primeros seis meses del año que en el mismo periodo del año anterior. Y se suman las señales negativas en la proyección intermensual: junio quedó un 15% por debajo de mayo. La economía tampoco se recupera en el consumo.

Por otra parte, los datos de la Asociación de Fábrica de Automotores (ADEFA) muestran que las exportaciones bajaron un 10,3% en comparación con el mismo periodo del 2023. Esa cifra marca un elemento más que a veces se pasa por alto: Argentina está cara para los argentinos, pero también para el mercado internacional.
A pesar de la salvaje devaluación de diciembre pasado, en términos de precios relativos Argentina sigue siendo un país con precios elevados al momento de sacar sus productos al mercado internacional. Eso se nota en la imposibilidad de exportar con valores competitivos o en la avalancha de argentinos que cruzan las fronteras para comprar en Bolivia cubiertas de los autos o electrodomésticos en Chile.
De eso no se habla
Aquí se puede marcar otro ítem que se menciona poco. Más allá de tener el salario mínimo en dólares más bajo de la región y el peor en varias décadas, Argentina tiene productos caros al momento de exportar. ¿Entonces cuánto es el impacto real del costo salarial si teniendo sueldos bajos los bienes están en un precio elevado? ¿Dónde queda el mito empresarial de que el problema de nuestro país es el costo salarial? De eso no se habla en tiempos de libre mercado.
La conjunción es preocupante: no se vende en el mercado interno porque los argentinos no tienen dinero y tampoco al exterior porque no tenemos precios competitivos.
“Al cierre del primer semestre y tal cual lo previsto, continua el proceso de adecuación al nuevo contexto económico y el ordenamiento de los programas productivos de las terminales que se reflejan en los volúmenes de actividad del período”, explicó Martín Zuppi, presidente de ADEFA.
Los empresarios siguen aplicando todos los eufemismos posibles para no chocar de frente con la Casa Rosada y ser escrachados por los ejércitos de trolls en las redes sociales, como ya lo vivieron varios integrantes del devaluado consejo de asesores del presidente. Pero la realidad es que las cifras son contundentes: la producción está en caída libre.
Nombres propios
En Córdoba las principales empresas instaladas son Stellantis, con la planta de Fiat en Ferreyra; Renault/Nissan, con Santa Isabel; e Iveco, con su centro industrial también en Ferreyra. Mientras que Volkswagen tiene un centro industrial donde produce cajas de velocidades, camiones y ensamble de motos Ducati.
¿Cuál es la realidad de cada una de esas empresas?
En los últimos meses Renault anunció un sistema de retiros voluntarios y no renovó contratos con fecha de vencimiento en esta época del año, también redujo un turno en una de sus líneas de producción y pasó de ocho a seis horas de trabajo, teniendo cortes alternativos según la variación de la demanda.

En FIAT disminuyó la producción de Cronos (su auto estrella). En Iveco acordaron reducir la jornada de producción de camiones y buses a seis horas de trabajo, en lugar de las ocho que tenían y Volkswagen eliminó dos horas de producción en dos de sus tres plantas instaladas en la Provincia.
Los trabajadores del sector están nucleados en el histórico Smata. Desde el gremio remarcan que la principal preocupación es mantener los salarios y que la baja en la producción impacte lo menos posible en la realidad de los trabajadores, que ya bastante golpeados están por la situación inflacionaria y la pérdida de poder adquisitivo por el aumento de precios.
En el mismo sentido vienen perdiendo poder adquisitivo en todos los puestos de empleo de los sectores vinculados indirectamente con las automotrices. Transportistas, services y casas de venta de repuestos ven como el efecto derrame funciona en sentido negativo con el correr de los meses. No solamente se ven afectadas las fábricas, sino también las empresas que tienen servicios tercerizados o vinculados indirectamente al rubro automotriz.
Hay otro elemento que se debe tomar en cuenta: todavía se pueden estar produciendo algunos vehículos que corresponden a planes de compra de años anteriores, cuya venta ya está pactada hace varios meses. Entonces el proceso económico recesivo no terminó de golpear en el sector.
Una señal clara de esta realidad es la acumulación de autos en stock que tienen las diferentes empresas en sus depósitos y que no se reponen una vez que son entregados. Recién dentro de unos meses la producción de vehículos verá la magnitud plena de la crisis y su impacto en la caída en las unidades fabricadas. Todavía hay un arrastre de operaciones viejas.
Deme dos
Como siempre ocurre en la economía -y mucho más en momentos de crisis- cada sector lleva agua para su molino.
La Cámara que nuclea a los importadores de autos, CIDOA, presentó a mediados de junio un informe en el cual sostiene que el problema principal del rubro es el precio de los autos y la presión impositiva. Su propuesta es un poco obvia: abrir importaciones y bajar los aranceles que se le cobran a los vehículos que llegan desde el extranjero.
“La presión tributaria es del 54%, si se bajan los impuestos se recaudaría más y no menos por el volumen de ventas de los autos”, sostienen en un deja vú que retrotrae a lo vivido en los ’90: llenar el mercado de autos importados, lo cual siempre tiene el efecto visual de ver autos más estridentes en las calles. Pero van más allá y le ponen números a su expectativa: “Con una reducción de los aranceles de importación del 35% al 20%, las ventas mejorarían”.

Lo que claramente no dicen es el impacto en el empleo que la medida tendría y especialmente en la provincia de Córdoba: cada auto importado que ingresa al país es uno menos nacional que se vende. El impacto es doble en momentos de estrepitosa caída del consumo.
El contexto
La caída del sector automotriz no ocurre en abstracto ni fuera de un contexto muy duro. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) publicó un informe sobre el empleo en el primer semestre del año: hay 129 mil puestos de empleo perdidos en el sector privado hasta el mes de abril y por lo menos 29.000 despidos en el sector público en el mismo periodo.
En la misma línea, la Federación Comercial de Córdoba (FEDECOM) midió que durante el primer cuatrimestre del Gobierno de los hermanos Milei se registró un descenso interanual del 13% en las ventas minoristas en la provincia.
No hay que ser Adam Smith o miembro de alguna escuela económica liberal para entender el razonamiento que están haciendo millones de argentinos: un auto no es un bien esencial. Es decir que mientras el poder adquisitivo siga cayendo, no será una prioridad cambiar el vehículo, las cubiertas o realizar el service. El auto está dentro de las necesidades secundarias y eso se nota al momento de gastar. “No hay plata”, diría un ex panelista televisivo devenido en presidente de la Nación.
Primero se tendrá que recuperar la economía cotidiana y el consumo de lo esencial para vivir. Si eso no pasa, la industria automotriz seguirá en llanta.