Como un cruel espejo del país libertario, el club más popular de Río Cuarto vive horas surrealistas: su presidente, Alicio Dagatti, está preso hace tres meses, acusado de liderar una asociación ilícita para ingresar mercadería ilegal -teléfonos celulares, estupefacientes y bebidas alcohólicas- al penal de Bouwer. En simultáneo, su ex jefe de prensa, el libertario Matías Centurión, lleva el mismo tiempo prófugo, acusado de estafar a directivos y jugadores de Estudiantes de Río Cuarto en el sinuoso mundo virtual de las criptomonedas.
El espectacular operativo policial que derivó en la prisión de Dagatti, su hijo Ignacio y el director del frigorífico Livorno presagiaba que algo "gordo" se cocinaba en el despacho del temerario fiscal Enrique Gavier, célebre por mandar a la cárcel a sus acusados mientras busca las pruebas para probar sus eventuales delitos. Lo hace con los ladrones de gallinas que hoy desbordan las superpobladas cárceles cordobesas. Pero también con los "intocables" que, como Dagatti, nunca imaginaron pasar un verano tras las rejas. Lo saben, entre otros, quienes manejaron a gusto y piacere el Servicio Penitenciario de Córdoba durante los gobiernos de José Manuel De la Sota y Juan Schiaretti y hoy están presos.
La sorpresiva detención del rey de la carne en diciembre generó incredulidad, desconcierto y una actitud condescendiente en Estudiantes: "es un error, ya se va a aclarar"; "sale antes de Navidad"; "no hay pruebas, es una vendetta política" son algunas de las frases exculpatorias que se escucharon en los pasillos del club que este año estaba llamado a dar el ansiado salto a la Primera División de AFA.
El siete de marzo Gavier dictó la prisión preventiva de Dagatti y su hijo y los fundamentos de su resolución generan escozor: el fiscal los acusa de liderar una banda delictiva que utilizaba la logística del frigorífico Livorno para ingresar droga, bebida y celulares a las cárceles de Córdoba.
¿Una pantalla?
¿Qué dice la acusación de Gavier? Que Alicio Dagatti es virtualmente un capomafia que urdió una compleja trama delictiva junto a su hijo Ignacio y el gerente de Livorno, Luis Mina para proveer a los presos de teléfonos celulares y otros insumos para acicatear sus propios negocios ilegales intramuros.

Esta actividad -sostiene el fiscal- se hizo con el aval, consentimiento y complicidad de las máximas autoridades del Servicio Penitenciario Provincial (SPC), empezando por su ex mandamás Juan María Bouvier, hoy detenido junto a Dagatti en Bouwer (esta semana, la Cámara de Acusación avaló su prisión preventiva -y la de otros cinco ex funcionarios-, lo que fue interpretado como un fuerte espaldarazo a Gavier).
El fiscal que descabezó a la cúpula del SPC acusa a Dagatti -padre e hijo- y a Mina de utilizar el frigorífico Livorno para cargar las sustancias prohibidas ocultas en medias reses, transportarlas a Córdoba e ingresarlas ilegalmente a la cárcel.
A Dagatti le adjudica además la tarea de "reclutar" personal para llevar adelante esas maniobras a cambio de un suculento pago.
Paso en falso
La declaración indagatoria de Dagatti no despejó las dudas del fiscal. Al contrario, fue la presentación de Livorno tras el episodio de la detención del camión en diciembre de 2023 la que terminó de comprometer al presidente de Estudiantes. Después de dictar la prisión preventiva de los primeros detenidos, el fiscal ordenó la detención del operatio del frigorífico Livorno Federico Giardina, el veterinario Roberto Adrián González y la abogada Virginia Collosa. Los dos últimos habrían adulterado documentación del frigorífico para despegarlo de investigación inicial, que motivó la condena judicial del chofer Néstor Lucero, el único que hasta el momento admitió su responsabilidad en un juicio abreviado.
Como anticipó en exclusiva esta revista en su edición de enero, fue precisamente el testimonio de Lucero el que disparó la investigación contra Dagatti. En los hechos, Lucero actuó como arrepentido y confesó ante el fiscal Gavier que ingresó mercadería ilegal a Bouwer a pedido de Dagatti, a quien identificó como "presidente de la empresa frigorífica Livorno y presidente del Club de fútbol Estudiantes de Río Cuarto".
Con lujo de detalles, precisó que se encontró con Dagatti a la vera de la ruta, en un lugar intermedio entre la entrada Villa Golf y el lago Villa Dalcar. Y que allí recibió el primer pago de 300.000 pesos en efectivo.
- ¿No querés hacer una moneda extra? Podés cambiar de vida-, le dijo Dagatti, según le contó Lucero al fiscal.
La tarea era sencilla: "Vos no tenés que hacer nada. Va a ir una res un poquito más hinchada. Cuando vos cargues la res cargá la res hinchada para que no se vea. Quedate tranquilo que los del Servicio Penitenciario no te van a requisar", lo tranquilizó Dagatti. Que le dio a entender, además, que negarse tendría graves consecuencias.

Lucero contó que, una vez terminado el trabajo, una persona que no conocía le llevó a su casa los otros 300.000 pesos acordados.
Por otros dos "trabajos", Dagatti le habría pagado $ 400.000 y $ 1.000.000 respectivamente por ingresar más teléfonos celulares.
El testigo clave de Gavier declaró que vio con sus propios ojos cómo tres empleados del frigorífico Livorno rellenaban una media res con teléfonos celulares.
En su declaración indagatoria, Dagatti dijo que eso era imposible porque el frigorífico tenía cámaras. Pero Lucero precisó que en esa cámara frigorífica no había cámaras, aunque sí en la que cargaban las medias reses para subirlas al camión. "Como las reses ya venían con las cosas adentro (sic), no quedaban registradas", insistió Lucero.
El fiscal también consideró falaz el informe presentado por Livorno sobre la presunta carga de los objetos ilegales antes de llevar a Bouwer y dio por acreditado que se cargaron en el propio frigorífico.

Para Gavier, las llamativas irregularidades detectadas en el frigorífico Livorno -ausencia de controles, de precintos y hasta del veterinario, que dejaba las autorizaciones firmadas-permitían convertirlo en la base de operaciones de la organización criminal liderada por Dagatti, su hijo y Mina, de la que también formaban parte el chofer, su acompañante y el penitenciario que hacía la vista gorda cuando llegaba la "mercadería" a Bouwer.
Entre los elementos que Gavier menciona para mantener presos a Dagatti y su hijo menciona la reciente apertura de una cuenta bancaria en Estados Unidos, la compra de propiedades a nombre de testaferros y las vinculaciones políticas del presidente de Estudiantes.
La historia continuará...