Crónicas
Entrevistas
Actualidad
El Kiosco virtual
Reflexiones
Cultura
Música
Cine
Libros
Galería Magalú
Galerías multimedia
Quiénes Somos
Revista El Sur
Staff
Ediciones en papel
#PrecarizaciónLaboral
Eramos tan pobres
Foto:
El mundo laboral cada día se precariza más. Entre el impacto de la Ley Bases y el deja vú de los ’90, en la ciudad de Córdoba 240.000 mil personas dicen que ya tienen un empleo, pero buscan otro más.
Publicada el en Crónicas

“Tengo ocho horas de trabajo diarias entre el CONICET y la Universidad, y le tuve que agregar entre cuatro y cinco horas más con Uber. Son un complemento: moviéndome bien como chofer sumo 40 mil pesos por día como máximo y si me da el cuerpo lo hago. En diciembre tomé la decisión de arrancar con Uber porque debí empezar a pasar la tarjeta de crédito en el almacén o directamente a no poder pagarla. Ahí dije algo tengo que hacer”.  El relato que brindó en una entrevista radial Leonardo Amarilla, doctor en Biología, investigador del CONICET y docente de la Universidad Nacional de Córdoba, se viralizó como reflejo del drama que viven miles de cordobeses que para poder mantener su poder adquisitivo debieron tomar otro empleo. Además de una postal del cientificidio que lleva adelante La Libertad Avanza con la excusa de un déficit cero que relega a los científicos y docentes para pagarles a los acreedores externos.

Un error común al momento de analizar la economía es creer que un dato sirve para explicar todo un proceso. Y en realidad, como en toda ciencia social, son múltiples los factores que se deben abordar para comprender cómo o por qué se llega a un determinado escenario. La precarización laboral que la economía argentina viene desarrollando desde hace años y que se disparó exponencialmente con la llegada del hombre de los pelos locos a Balcarce 50 es un claro ejemplo.

La uberización de la economía del mundo de los asalariados es el resultado de procesos económicos, sociológicos, legales y políticos que se interdeterminan de una manera sustancial e indisoluble. Una realidad que se vive en todo el mundo occidental y en donde discursos como el “emprendedurismo”, “yo manejo mis tiempos” o “no le debo nada a nadie”, camuflan una nueva forma de explotación. Es el paroxismo del capitalismo: la explotación del ser humano ya no por parte de un tercero sino por sí mismo. Aunque suene extraño, hay trabajadores precarizados que eligen serlo, además de aquellos que llegan a ese lugar empujados por la situación económica.

Deme dos

Hace algunas semanas se conoció el dato de la desocupación en el país, que en la ciudad de Córdoba llegó al 9,2% en el primer trimestre de este año y en Río Cuarto al 6,1%. Pero lo más interesante surge al desglosar los números que el INDEC publica sobre las personas que sí tienen empleo, pero no les alcanza. En el Gran Córdoba los “ocupantes demandantes de empleo” llegaron al 29,9%. Es decir que tres de cada diez cordobeses tienen un trabajo pero están buscando otro más. Ese mismo índice en la segundad ciudad de la Provincia se posiciona en el 13,9%.

No es una repentina contracción al trabajo lo que motiva el fenómeno, sino la necesidad de incrementar ingresos porque la plata tampoco le alcanza a quienes tienen la fortuna de percibir un salario. El dato nominal es impactante: en la ciudad de Córdoba 240.000 mil personas dicen que tienen un empleo pero están buscando otro más.  

El problema de los magros salarios abarca toda la geografía nacional: según el INDEC, los trabajadores que buscan otro trabajo trepan en todo el país al 16,1%. Los especialistas advierten que es la cifra más alta en los últimos 18 años.

Muchos de los trabajadores de las aplicaciones tienen esta realidad laboral como una segunda opción, que les permite complementar sus salarios principales. Cada día más gente trabaja más horas para poder cubrir sus gastos. El pluriempleo es una realidad que se incrementa mes a mes. Las cifras que manejan en la CTA Córdoba indican que el nivel de informalidad (trabajadores sin obra social, ni aportes patronales, ni ART) supera en la Provincia el 35% del mercado laboral.

Leonardo Amarilla investigando para el CONICET por la mañana y manejando un Uber por las calles cordobesas cuando cae la tarde pronto no será una excepción, sino la regla. Es otro deja vu de los ’90 al que nos expone el Gobierno de los Hermanísimos Milei.

Sociología El deterioro económico genera también actores novedosos: los que eligen precarizarse. Es uno de los aspectos que más cuesta entender a quienes crecimos en el siglo XX: hay muchas personas que celebran estar en condiciones de informalidad laboral.

Aunque parezca anacrónico, volver a los textos de Durkheim o Marx ayuda a entender al coreano Byung-Chul Han, hoy tan vigente. Para el sociólogo y docente universitario Sergio Vergne “las nuevas generaciones suelen celebrar la figura del emprendedor como ideal de autonomía, éxito y realización personal”. “Tener un emprendimiento propio, manejar los tiempos y ´no tener patrón´ -advierte el sociólogo en diálogo con El Sur- aparecen como signos de triunfo. Sin embargo, desde una perspectiva sociológica crítica, esta aparente libertad puede encubrir nuevas formas de explotación”.

Sobre la base del mismo razonamiento, Vergne propone viajar en el tiempo hacia la Revolución Industrial porque entiende que algunas de las raíces del proceso actual están en aquellas formas de explotación: “El capitalismo, en su fase inicial, necesitó romper con los lazos de la sociedad feudal para disponer de individuos formalmente libres que pudieran vender su fuerza de trabajo. Bajo esta lógica, la “libertad” no es otra cosa que la disponibilidad para ser contratado por el capital. La organización del trabajo bajo el taylorismo y el fordismo permitió aumentar la productividad, pero también consolidó relaciones jerárquicas y de poder entre capital y trabajo, por un lado y la conformación de identidades colectivas y organizaciones sindicales de trabajadores/as (obreros/as), por el otro”, advierte.

“En las últimas décadas, la irrupción de las tecnologías digitales ha transformado profundamente estas relaciones. Plataformas como Uber, Rappi o Pedidos Ya ofrecen a los trabajadores una aparente libertad de horarios y autogestión. Sin embargo, bajo esta superficie se ocultan nuevas formas de dependencia y auto explotación. El trabajador ya no vende sólo su fuerza de trabajo, sino también su pequeño capital (auto, moto, teléfono) y asume los costos de mantenimiento, sin derechos laborales plenos”, remarca el sociólogo.

Hay una escena que se repite todos los días en estas plataformas: la subasta de precios para ver qué chofer toma el trabajo. Un mecanismo del algoritmo que le permite a las empresas contratar al trabajador que menos le cuesta y hacerlo sentir que ganó la competencia de quedarse con ese servicio que estaba en disputa. 

Byung-Chul Han menciona desde hace años estos procesos en donde detrás de la supuesta “libertad laboral” se esconde una nueva forma de explotación. “En lugar de ser oprimido desde afuera, se exige a sí mismo cada vez más rendimiento, bajo la ilusión de la libertad”, destaca Vergne.

Como todo proceso de disputa de recursos, parte del debate es político y refleja una puja de poderes. “El poder que detentan hoy las grandes plataformas digitales trasciende las fronteras nacionales. Empresas como Uber, Cabyfi, Mercado Libre o Amazon imponen condiciones normativas para su desembarco en distintos países, desafiando legislaciones locales y erosionando la soberanía de los Estados. Esta tendencia, que algunos autores como Varoufakis han denominado “tecno-feudalismo”, plantean una nueva forma de acumulación y control basada en la extracción de datos y el control de infraestructuras digitales. La disputa por la regulación de estas empresas, como ocurre en distintas ciudades de Argentina, pone en evidencia la fragilidad del Estado frente a actores globales que actúan como poderes extraterritoriales”, cierra Vergne.

El reciente fallo del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba sobre la situación de Uber en la ciudad de Córdoba es solamente la punta del iceberg. La sentencia determina que Uber puede prestar su servicio en la ciudad de Córdoba, pero establece ciertos requisitos a la empresa y los choferes, aunque los supremos cordobeses aclaran que la regulación es provisoria, a la espera de que la gestión del intendente  Daniel Passerini establezca mediante una ordenanza la regulación definitiva. Es decir, más precariedad.

 La uberización como fase superior del proletariado industrial nos expone una nueva forma de lucha de clases con un Estado que juega a las escondidas, porque regular “espanta” a las empresas y no regular explota todavía más a los trabajadores.

El futuro ya llegó

Hay otro problema del que se habla poco pero que tendrá un impacto directo en los próximos años: la falta de aportantes a las cajas previsionales. El déficit mensual de la Caja Previsional de Córdoba ronda los 20 mil millones de pesos, en la más cauta de las estimaciones.

La nueva realidad laboral genera una fórmula de proporcionalidad inversa entre el crecimiento de las plataformas y la sustentabilidad del sistema jubilatorio. O dicho de otro modo: a mayor cantidad de trabajadores precarizados -por elección o por necesidad- menos aportantes a la Caja Previsional.

El déficit previsional seguirá creciendo de la mano del incremento de la cantidad de trabajadores de cualquiera de las aplicaciones de servicios.   

Este nuevo horizonte de trabajo informal se potenció desde la llegada al poder de las Fuerzas del Cielo. La Ley Bases -aprobada en junio del 2024- eliminó las multas a los empleadores que no tengan registrados a sus trabajadores. No hay que ser adivino para entender que el capítulo laboral de esa norma avizora que el horizonte de informalidad actual crecerá exponencialmente.

Cada vez son más los cordobeses que no llegan a fin de mes. Algunos eligen salir a trabajar más horas para sumar más ingresos.

Cada vez son más los cordobeses que creen que es una buena idea no tener aportes patronales.

En la conjunción y confusión de estas variables crece un mercado laboral que cada día tiene menos formalidad.

Todo bajo el paraguas de una falsa libertad.

La Libertad Avanza.

Mattias Meragelman
- Periodista -