Desde que le dejó el poder provincial a Martín Llaryora y alentado por la buena elección que hizo como precandidato presidencial en 2023, el ex gobernador Juan Schiaretti se abocó a la construcción de un espacio político nacional. “Hacemos por Argentina”, el nuevo sello partidario del cordobesismo nacional, parece por primera vez empezar a echar raíces en un escenario político en el que la polarización cede terreno al escepticismo. El “grito federal” de Llaryora y otros cuatro gobernadores de distintas extracciones políticas -Pullaro (UCR), Torres (PRO), Sadir (UCR) y Vidal (PJ)- y un armado variopinto en la estratégica Provincia de Buenos Aires le da un volumen político impensado a Schiaretti, obligado a encabezar la nómina de candidatos al Congreso Nacional por Córdoba. Revista El Sur dialogó con Federico Zapata, analista político, director de la consultora Escenarios y autor de “Los muchachos cordobeses” (Clave Intelectual, 2023), la más aguda interpretación del ethos cordobés que supo leer la coalición política que gobierna la provincia desde hace un cuarto de siglo.
- ¿Cómo estás viendo el proceso del cordobesismo desde la asunción de Martín Llaryora en la Gobernación, rompiendo la tradicional alternancia entre Schiaretti y De la Sota?
- Lo veo como un proceso que tiene muchas dificultades, en varios planos. El primero porque evidentemente es una transición generacional y esta nueva generación de dirigentes tiene que hacer pie y entender varias cuestiones; y tan o más importante que eso, el ascenso de Javier Milei al poder, que implica un cambio grande en el contexto nacional y en el peronismo cordobés, que se organizó prácticamente con el ascenso del kirchnerismo. Ese contexto nacional también cambió mucho.

- ¿El Partido Cordobés que impulsa Llaryora profundiza el cordobesismo o es una construcción política diferente?
- Me parece que responde a la crisis de las dos coaliciones hegemónicas de los últimos veinte años: la decadencia del kirchnerismo y la disolución del PRO. En ese marco, lo que estamos viendo -no sólo en Córdoba sino en varias provincias- es el intento de los partidos de gobierno en transformarse en partidos hegemónicos, policlasistas y polipartidarios. Es una idea que radicaliza algunos rasgos del cordobesismo. Y si bien defensivamente puede funcionar, no resuelve el problema de cómo el cordobesismo sale de la esfera provincial. Con el fin del kirchnerismo, la etapa defensiva del peronismo cordobés también sufre una limitación. Con lo cual lo que debería venir ahora es cómo encontrar una manera de relacionarse con lo nacional que no sea estrictamente una estrategia defensiva. El Partido Cordobés sigue estando en una fase defensiva. El anuncio de la creación del “grupo federal” junto a Schiaretti y otros gobernadores, en cambio, sí me parece que puede ser indicador de un cambio fuerte en este sentido.
- En tu libro planteas que el cordobesismo tuvo siempre como dos impulsos que convivieron durante más de dos décadas: “alambrar” la provincia para impedir la entrada del kirchnerismo y “exportar” el “modelo Córdoba” al resto del país para darle proyección nacional. ¿En qué fase estaríamos ahora? ¿La proyección de Schiaretti como figura nacional inclina la balanza hacia esta segunda opción?
- En el AMBA se lo mira a Schiaretti como una especie de última reserva moral del peronismo, que genera mucha expectativa por una gestión que funciona y porque gana en una región donde al peronismo le cuesta hacer pie. Lo que no veo todavía es que el peronismo de Córdoba pueda acompañar esa construcción y ese liderazgo a nivel nacional. Ese esfuerzo de construcción debería ser más sistemático y presente, no pueden delegarlo en dirigentes del AMBA. En lugar de buscar alianzas con dirigentes políticos en un territorio donde hay una crisis terminal de representación política, deberían diseñar un mecanismo para construir esa nueva dirigencia política que pueda acompañar el proceso de construcción de ese nuevo liderazgo.

- Entonces no lo ven a Schiaretti como superador del kirchnerismo en el AMBA…
- Lo ven como un liderazgo potable, pero no ven que el cordobesismo sea un nuevo régimen, no lo ven como un proyecto político efectivo. Esto requiere un esfuerzo colonizador, más que jeffersoniano, de la dirigencia política de Córdoba.
- ¿Incide en esta falta de proyección del cordobesismo la posición ambigua del gobernador Llaryora respecto al gobierno de Milei?
- El problema de fondo es cómo se construye la nueva oferta política, más que el posicionamiento respecto al gobierno de Milei. Hubo dos grandes novedades en la era Milei. La primera es la irrupción y la llegada al poder de La Libertad Avanza; y la segunda es el ausentismo. Hay un sector de la sociedad al que no le gusta Milei, pero que tampoco lo quiere vetar porque no ve todavía en la oposición una alternativa de cambio más estable que la que propone Milei. El desafío que tiene la construcción de una nueva oposición no es tano el posicionamiento frente al gobierno de Milei, sino la capacidad de generar una verdadera novedad en la política. Y eso no aparece. Hasta ahora lo que vemos son intentos de reconstrucción de la vieja dirigencia, cómo intentan rearmarse para volver al poder. Hoy la sociedad ha roto sustantivamente con la vieja dirigencia política, salvo algunas excepciones como Schiaretti, que para la política del AMBA es una especie de outsider. No de la política, por supuesto, sino de la política ambacéntrica. El desafío es cómo aprovecha ese no rechazo a su figura con una herramienta política novedosa y original y no apelando a sumar los retazos de una dirigencia política desprestigiada.
- ¿Cómo ves la irrupción del “Grupo federal”, cinco gobernadores de distintos espacios políticos que, en sintonía con Schiaretti, lanzaron un nuevo espacio político de cara a las elecciones de octubre?

- La emergencia de “Grito Federal” es la tercera novedad política de este tiempo. Y es muy relevante porque rompe con una tendencia de los gobernadores a desligarse del orden nacional por la vía de la conformación de movimientos provinciales por doquier bajo la lógica de “me encierro en mi provincia y me desentiendo”. Esa lógica, en lugar de fortalecerlos, los debilita, los transforma en intendentes jerarquizados. La contracara de esa tendencia parroquialista es construir una fuerza federal que exprese una nueva geopolítica nacional y un nuevo diccionario político. “Grito Federal” es el primer paso en una dirección correcta. Veremos en el transcurso del año si logra trascender la morfología defensiva y plasmar un proyecto de país con un cambio diferente al que propone y empuja La Libertad Avanza.
- La posibilidad de que Natalia De la Sota sea candidata por fuera del cordobesismo, ¿es un punto de inflexión para la alianza que fundó su padre con Schiaretti?

- Natalia me parece una dirigente muy valiosa. Me parece que habría que buscar la forma de que enriquezca el proceso político del cordobesismo en lugar de ir por fuera. Lo que también veo es que su forma de buscar diferenciarse internamente la lleva a recostarse programáticamente sobre un perfil que tiene mucho que ver con el peronismo dominante de los últimos veinte años. Lo que obviamente dificultad la negociación en el oficialismo.
- En tu libro destacás el rol de la Fundación Mediterránea en la conformación del ethos cordobés. ¿Cómo ves su alineamiento casi incondicional con el gobierno de Milei?
- No sigo el posicionamiento de la Fundación Mediterránea, pero te puedo contestar en términos generales. Entiendo que la Fundación Mediterránea acompañe el modelo macroeconómico del gobierno nacional y me parece que su rol debería ser marcar la agenda que falta, que tiene que ver más con la matriz productiva, con la estrategia de desarrollo, la infraestructura, etc. Hay ciertos agujeros negros que la sociedad civil debería ir marcando para que el gobierno nacional entienda que no es solamente ordenar la macroeconomía sino que es necesaria además una política de desarrollo, que hoy no está en agenda.
- Una de las consecuencias de la política nacional ha sido la profundización de la crisis de la industria en Córdoba…
- Lo que uno ve en el gobierno de Milei es una visión empresarial claramente recostada sobre el petróleo, el gas y la minería. Que no digo que no sean importantes, pero claramente los gobernadores, por ejemplo, pueden plantear un modelo productivo diferente, que responda a los intereses de sus regiones.
- ¿Le ves chances a la propuesta de Schiaretti y los gobernadores ante una posible polarización electoral, sobre todo en la provincia de Buenos Aires?
- En la elección de septiembre la gran ausente es la población. Es una especie de casta palloza donde la dirigencia política dirime espacios de poder, pero donde probablemente el gran ganador sea el ausentismo. Es una elección tramposa, sin una boleta que traccione, que más que una elección son ocho elecciones. Y probablemente cada una de las partes que juegan ahí adentro festeje ese domingo.

- ¿Esos resultados se van a reflejar en octubre?
- No necesariamente, porque la política ya va a haber jugado sus negocios. Y además habrá un nuevo sistema electoral. Me parece que la elección de octubre tendrá otra dinámica, con menos incidencia de los aparatos partidarios y mayor emergencia de nuevos liderazgos que vayan más allá de los bloques políticos tradicionales.
- ¿Qué se juega Schiaretti en esta elección?
- Schiaretti le asegura al peronismo de Córdoba hacer una muy buena elección, aunque no gane. Y tenerlo metido en el Congreso de la Nación, que es un dispositivo que se suele subestimar, pero que va a ser un lugar relevante en la segunda parte de la gestión de Milei.