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#Antropologia
“El sistema judicial no está hecho para hacer justicia”
Foto: Fabiola Hereda, una mirada antropológica del Poder Judicial.
Licenciada en Ciencia Política, Magíster en Antropología y perito en los tribunales de Córdoba, Fabiola Heredia analiza el comportamiento social ante la irrupción de la derecha y cuestiona las deudas que la democracia supo construir para posibilitar el actual clima de desencanto. “El patriarcado nunca se fue”, asegura.
Publicada el en Entrevistas

Fabiola Heredia es licenciada en Ciencia Política y magíster en Antropología. En los últimos ocho años estuvo al frente del Museo de Antropologías de la Universidad Nacional de Córdoba, donde tuvo una reconocida gestión en la que puso al museo a dialogar con la sociedad. Es también desde hace muchos años perito antropológico en la Justicia de Córdoba y asesora a distintas instituciones culturales sobre derechos humanos, patrimonialización y dinámicas de diferentes colectivos sociales.

En su último día como directora del Museo dialogó con revista El Sur sobre el momento que atraviesa la Argentina y su trabajo en la Justicia de Córdoba.

- No demos por descontado que todo el mundo sabe lo que es la antropología ¿Cómo la definirías en tus propios términos?

- Para mí la antropología busca dar cuenta de la diversidad de la especie. La experiencia humana, o esto que concebimos como humanidad, no es algo dado ni que se puede dar por sentado, sino que requiere un estudio sobre los diferentes modos en que se manifiesta. Hay infinidad de modos, no solamente biológicos o materiales, sino también sociales, fundamentalmente sociales. Cada grupo social busca formas de responder o de poder explicar el mundo que transita. Nosotros, desde la antropología, tratamos de brindar elementos para comprendernos como especie. No significa justificarnos, pero sí comprendernos.

- En una entrevista anterior decías que la antropología buscaba “encontrar los sentidos a las acciones” humanas.

- En realidad la antropología busca encontrar los sentidos que los sujetos le imprimen a sus prácticas. Tiene que ver con esto de tratar de explicarnos.

Democracia, política y corrupción

- ¿Cuál es tu mirada como antropóloga de este particular momento que estamos viviendo en Argentina?

- Voy a tratar de no contestar como una ciudadana afectada, sino haciendo un esfuerzo antropológico. Me parece que este contexto habla de cuestiones estructurales y coyunturales. Es un contexto que es consecuencia, es efecto de un conjunto de múltiples situaciones. Pienso incluso que es también el efecto de una democracia, porque si no tuviéramos democracia no llegaríamos a este contexto. Este Gobierno de derecha, como ellos mismos se nombran, es el resultado del juego democrático, no es resultado de un golpe de Estado. Nos lleva a preguntarnos qué hemos construido socialmente para que muchos ciudadanos elijan a este Gobierno aun cuando en su campaña prometía cosas que, entre comillas, iban en contra de ellos mismos. ¿Qué nos pasa con nuestra clase política? ¿Qué nos pasa con los mecanismos de representación y de participación política? Es una llamada de atención.

- ¿Qué nos pasa? ¿Hay alguna respuesta a esas preguntas?

- Intento pensar en las porciones de verdad que tienen los discursos de derecha. Porque tienen porciones de verdad, sino no serían creíbles. Una de ellas es la “corrupción”, por ejemplo. Es una de las características de nuestra forma de ser política. Hay corrupción. Sabemos que en los diferentes lugares donde se desenvuelve lo político existe el “toma y daca”. En la porción de verdad de los discursos de derecha encontramos el discurso que dice “vamos a pelear contra la corrupción”. Y eso realmente muestra el hartazgo, la decepción, la tristeza de los ciudadanos al sentirse traicionados por los gobernantes. Hay una especie de desesperación. Entonces recurren a este otro grupo político que parece nuevo, con enunciados de determinadas moralidades que encajan con los sectores más conservadores, que pareciera ser que no están viciados de eso y el discurso se mete ahí como promesa. El cierre de campaña de Milei fue justamente en Córdoba y justo al frente del Museo de Antropología. Lo que vi, lo que pude percibir, fue alegría y también mucha esperanza entre los asistentes al acto. Hay una nueva clase, un nuevo sector social dispuesto a hacer política donde la gente deposita su esperanza.

- Ese apoyo y depósito de esperanzas, tiene consecuencias para esas personas y para todo el andamiaje político. ¿Cómo analizás eso?

- Por supuesto que tiene consecuencias. Ese nuevo sector político, si bien se enuncia como algo homogéneo, no lo es tanto. Además, ganaron con el cincuenta por ciento, por lo que están obligados a generar adhesión constantemente. Eso lleva a que aparezcan otros discursos, como el religioso, con algunos evangelismos con los que sintonizan. Aparece también lo que en el mundo de los progresismos y las izquierdas se suele llamar “lo anti derecho”. Personalmente creo que tenemos que hacer una pausa, pensar. Creo que existen distintos sistemas de creencias y debemos conocerlos. Hacer que la gente pueda conversar entre ellos.

- Algo que parece imposible en esta época, donde la argumentación aparece relegada frente a las narrativas que apelan a la emoción.

- Desde los análisis antropológicos podemos ver que la forma de constitución del Estado argentino tiene que ver siempre con polaridades. Unitarios y federales, conservadores y liberales, radicales y peronistas, etc. No todas las naciones se narran desde la polaridad. Nosotros somos una nación que nos hemos narrado siempre desde la polaridad. Esto vuelve a instalar otra polaridad, que es el lenguaje que reconocemos los argentinos. La forma no es distinta de cómo se han comportado los progresismos. Esta idea de la creación de un líder único que nos salva.

¿Pensás que el hecho de que no se dé un estallido social ante la precaria situación de mucha gente tiene que ver con esa esperanza depositada en algún momento? ¿O la gente espera las elecciones para manifestarse mediante el voto?

- Lo que nos pasa es que hemos asociado la rebeldía a lo incivilizado también. Nuestras sociedades son sociedades muy domesticadas, a pesar de que hay una tradición argentina de la gente en la calle. No todas las sociedades tienen esas prácticas.

- Los seguidores de la derecha parecen estar más en la virtualidad que en las calles.

- Claro, la calle no es la forma de conversación que trae este grupo político. Conversan con otras formas. No sé cuán efectivas son. Lo que digo es que no estamos encontrando la forma de conversación general. Eso tiene que ver también con otra cuestión estructural, que es el cambio de época, con la aparición de tecnologías, formas particulares, nuevas generaciones que hablan de otros modos. Realmente es un momento muy interesante para los estudios de las ciencias sociales y humanas, que todavía no le estamos encontrando la vuelta. Desde una perspectiva antropológica digo que tenemos que atender un montón de aspectos para poder explicarnos esto. No alcanza con decir “son los malos de la película”.

Antropología y Justicia

- Has trabajado durante mucho tiempo como perito antropológico en la Justicia de Córdoba. ¿Cómo se articulan esos mundos, que a priori tienen lógicas muy diferentes y me imagino, muchas tensiones?

- La Justicia es un sistema muy sofisticado de regulación del conflicto a través de un sistema legal que regula las trasgresiones a esas normas. Creo que, como muchas de las cuestiones del Estado, lo que termina haciendo es dar continuidad a los privilegios de los sectores más poderosos. Es una trampa pensar que el Estado va a ser garante de derechos. Vemos que en el ámbito judicial aparecen el racismo, el elitismo, el clasismo, el machismo con toda su virulencia. La antropología propone a la hora de la intervención la posibilidad de construcción de otro tipo de verdades y ponerlas sobre la mesa. Quizás modificar el tipo de preguntas que nos estamos haciendo para dirimir un conflicto. Preguntarnos ¿qué pasó ahí? Y aportar el contexto en el cual se produce ese hecho, lo que algunos autores llaman “el contexto de la ofensa”.

- ¿Cómo impacta ese aporte antropológico en las causas judiciales?

- No va a torcer una sentencia, pero probablemente les genere nuevas preguntas a los operadores de sistema. Dar vuelta la situación o tratar de invertir la inquietud. Lo que nosotros podemos aportar es el contexto de defensa, preguntarnos ¿cuáles fueron las condiciones sociales por las que este evento sucedió? Si quisiéramos ser completamente efectivos e ilusos al mismo tiempo, podríamos pensar que si explicamos las causas sociales de la producción de ese hecho y se intervienen esas causas para que no se repita, el hecho no volvería a suceder.

- Algo que en la práctica es muy difícil que suceda.

- Claro, no va a pasar. No vivimos en una sociedad que tenga esa disposición, pero sí podemos empezar a instalar un tipo de preguntas particulares, un tipo de atención a determinados detalles, a las formas en que los sujetos hacen sus prácticas. Aparecen todos los prejuicios que te mencionaba antes: el racismo, el clasismo y otros. Se instalan sobre el otro que pasa a estar juzgado antes de ser juzgado. Por eso decimos que este sistema no está despegado del hecho, este sistema de alguna forma alimentó el hecho al sentenciar al menos favorecido. La Justicia está inserta en la trama de eventos y por supuesto que no es fácil sacar el espejo, no le podés poner el espejo delante de la cara a la Justicia. Nosotros tenemos algunos mecanismos discursivos como para traer elementos que nos ayuden a ver cuán parte somos de las condiciones sociales que propician los conflictos. En realidad, el sistema judicial de ninguna forma tiene que ver con hacer justicia, no está hecho para eso.

- ¿Cómo es eso de que el sistema judicial no está hecho para hacer Justicia?

- No está concebido para eso. Te pongo de ejemplo un caso de una mujer que acompaño, un caso de abuso sexual contra una mujer en el que la Justicia le creyó al abusador cuando alegó que la relación había sido consentida y le concedió la absolución por la “duda razonable”. También ordenó investigar a la mujer por “falso testimonio”. Imaginemos otra posible interpretación de los acontecimientos. ¿No existe la misma duda razonable antes de acusarla a ella de falso testimonio? ¿Por qué ella no es, igualmente que él, objeto de una posible duda razonable antes de que el juez absolviera al supuesto abusador? Eso no sucede y el mismo juez pide que la víctima sea investigada por falso testimonio. ¿No era que había una duda razonable?

- Sin embargo, tendemos a creer que en los últimos años ha habido avances significativos en la igualdad de género, que algo en la sociedad cambió…

- Para mí la sociedad no cambió. Esa sería la mirada antropológica. La sociedad no cambió, no se movió un ápice. Entiendo lo que decís, se crearon nuevos andamiajes legales, muy interesantes, muy lindos, se crearon algunas administraciones y otras cosas. Pero esas administraciones en general no tienen sus cargos de planta y estamos hablando de años, muchos años en donde no se estabilizó una sola cosa en el sistema. Eso no es cambiar. Si no ponés el personal en planta, ahora cuando limpian el Estado, los primeros que caen son los que estaban ahí, como pasó cuando cerraron el Ministerio de la Mujer, por ejemplo. Para mí lo que pasó fue que se sofisticó el patriarcado. El patriarcado tiene formas sutiles de existir, porque te hace creer que está todo ok.

Carlos Ruiz
- Periodista -