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#Policrisis
“La esperanza tiene que estar acompañada por la lucha”
Por | Fotografía: Diego Cabrera
Foto: Maristella Svampa durante la presentación de su nuevo libro en Córdoba.
Maristella Svampa llegó a Córdoba para presentar su último libro “Policrisis”, donde habla de cómo enfrentar el vaciamiento de las izquierdas y la expansión de las derechas autoritarias. A sala llena, fue presentado en el Museo de Antropologías de Córdoba.
Publicada el en Entrevistas

Maristella Svampa es una de las intelectuales más prestigiosas del momento. Sus investigaciones abordan la crisis socioecológica, los movimientos sociales y la acción colectiva, así como problemáticas ligadas al pensamiento crítico y la teorí­a social latinoamericana. Tiene una veintena de libros publicados, entre ensayos, investigaciones y novelas. Plantea la necesidad de un pacto ecosocial y la concreción de reformas estructurales que mitiguen el cambio climático y las desigualdades sociales.

- ¿De qué hablamos cuando hablamos de “policrisis”?

- Cuando hablamos de policrisis, al menos de una perspectiva más radical, estamos señalando el hecho de que estamos en un mundo en el cual varias crisis se pueden entrelazar unas con otras y de alguna manera escalar, insertándonos en un escenario muy incierto de colapso. Durante la pandemia atravesamos una crisis extraordinaria, en la cual se abrió una agenda de discusión sobre las desigualdades y la transición ecosocial. Hubo muchos debates y a partir de 2023 atravesamos ya un contexto de crisis multidimensional, que podemos denominar policrisis, que no implica una sumatoria de crisis sectoriales sino más bien el entrelazamiento y encabalgamiento de unas y otras.

- ¿Cuáles son esas múltiples crisis?

- Hablamos de la aceleración de la crisis climática, la crisis energética -asociada a algunas guerras como la de Ucrania-, a una crisis alimentaria -sobre todo para ciertos países de África- y un aumento de las desigualdades sociales que se vienen agravando desde la crisis financiera de 2008. También la expansión de las extremas derechas, que traen la erosión de valores ligados a la igualdad y a la solidaridad y terminan erosionando la democracia. A eso hay que añadir otros fenómenos como la expansión incontrolada de la inteligencia artificial.

- En tu libro planteás que el colapso no es solamente climático, sino que es también profundamente político. ¿Cómo impacta en lo político esta policrisis?

- Lo que me propongo en el libro es hacer un análisis de algunos de los aspectos de esa crisis multidimensional. Subrayo en primer lugar la crisis climática, a través de la multiplicación de lo que llamo “los colapsos climáticos localizados” y los debates en torno a la transición energética; y en segundo lugar tomo como objeto de análisis la expansión de las extremas derechas y lo que esto significa en términos de desplazamiento de una narrativa dominante por otra. Analizo la relación que tienen con el negacionismo, las perspectivas ecofascistas que están surgiendo también en Europa y no podía faltar el caso de Milei en Argentina, que es sin duda una suerte de experimento. Hay una crisis de los imaginarios de las izquierdas y un vaciamiento del discurso progresista que desemboca en un colapso de su narrativa promesante. Pero también analizo en mi libro la emergencia y expansión de narrativas contrahegemónicas relacionales muy ligadas a las experiencias de base, asociadas a movimientos socioecoterritoriales, pueblos originarios, ecofeminismos. Diferentes experiencias locales que van construyendo otro lenguaje de valoración y que nos permiten ver, desde una perspectiva muy local, vínculos contrahegemónicos gestados desde el territorio.

- Esos pequeños atisbos contrahegemónicos ¿Pueden llegar a crecer, escalar y ser una alternativa? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué futuro nos espera?

- Para comenzar hay que decir que son narrativas más marginales. La narrativa hegemónica ha sido históricamente la global tecnocrática, que hoy promueve, por ejemplo, un tipo de transición más corporativa y es acechada por las narrativas de extrema derecha. Las narrativas de extrema derecha -que son pancapitalistas del fin- se proponen suprimir derechos y escalar el capitalismo ultraneoliberal hasta el infinito y son las que de alguna manera están dominando el panorama global. Esto sucede en Europa, sucede por supuesto en Estados Unidos, en Argentina. Entonces lo que está sucediendo es que las narrativas de futuro están siendo monopolizadas por una extrema derecha violenta.

- ¿Los progresismos son incapaces de generar narrativas de futuro’?

- Del lado de los progresismos y las izquierdas hay una gran dificultad por construir esas narrativas. Por supuesto que podríamos mencionar muchas experiencias locales que promueven otros vínculos con el territorio, que promueven otros modos de vivir y relacionarse con la naturaleza, que vienen acompañadas de esas categorías. Hay muchas organizaciones sociales en América Latina que han venido gestando en los últimos veinte años esas narrativas, como el Buen Vivir, los Derechos de la Naturaleza, la Soberanía Alimentaria y otras. Todas absolutamente necesarias, pero insuficientes y con graves problemas para escalar. Con lo cual sí es necesario construir narrativas de futuro ancladas a un horizonte de transición ecosocial justo y popular.

- ¿Por qué esas experiencias tienen problemas para escalar?

- Creo que hay que pensar una transición a nivel multiescalar, no solamente a nivel local, sino a nivel nacional y, por supuesto, a nivel regional y global. No podemos resignarnos solamente a promover alternativas a nivel local. Eso es lo que, de alguna manera, estuvo asociado a un pensamiento y a una lógica autonomista que, de manera hiperbólica, recorrió las luchas en América Latina y en Argentina en particular a principios de los años 2000. Pero bueno, sabemos que eso no ha dado buenos resultados. Sin embargo, reconocemos el hecho de que son las experiencias que hoy en día siguen regenerando tejido social. Y tejido social en clave colectiva.

- ¿Cómo sería un Estado ecosocial? ¿Cómo definir el rol del Estado en esta transición?

- Creemos que hace falta más Estado, pero no cualquier Estado. Estamos en un momento en el cual un pensamiento libertario ultraneoliberal destruye las bases mismas del Estado y se abomina de la justicia social, creando contextos de pobreza y desigualdad. En ese marco es fundamental articular justicia social con justicia ambiental y no es el mercado el que puede llegar a hacerlo. Sabemos que el mercado promueve o defiende los intereses de los más poderosos. Es el Estado quien debe hacerlo. Pero no cualquier Estado: un Estado ecosocial podría garantizar reducir las injusticias sociales y también reducir los riesgos ambientales que vienen asociados a la crisis climática y a la expansión de los neoextractivismos en nuestra región. Entonces es fundamental pensar las bases de un Estado ecosocial como guía que reorganice la sociedad en estos tiempos de crisis del Antropoceno.

Tres ejes

- ¿Qué medidas habría que implementar hacer posible ese Estado ecosocial?

- Hay tres ejes fundamentales para la transición a un Estado ecosocial: una reforma fiscal, la creación de un sistema nacional de cuidados y un ingreso universal ciudadano. Son ejes fundamentales para pensar el Estado ecosocial. No hay ninguna posibilidad de construir un horizonte de sociedad justa si no hacemos que los ricos tributen, si no colocamos impuestos fuertes a las corporaciones y a los sectores más ricos. Todas nuestras sociedades latinoamericanas tienen un sistema regresivo de impuestos y los ricos no quieren pagar más, al contrario, quieren pagar cada vez menos. No hay que olvidarse que los superricos están en el candelero, asociados a las extremas derechas, tienen una centralidad política que no tenían antes. Una reforma fiscal que haga que los ricos paguen más es fundamental. Por otro lado, hay que pensar también en un sistema nacional de cuidados, en desarrollar políticas públicas que protejan a los sectores vulnerables de la pobreza y también de los impactos que el cambio climático está trayendo. Los eventos extremos son cada vez más frecuentes y generan zonas de desastre de la noche a la mañana, como sucedió con Bahía Blanca o como sucede con los grandes incendios, inundaciones, y otros fenómenos. Es necesario pensar en políticas de adaptación y mitigación a la crisis climática y para eso hay que construir políticas desde un Estado ecosocial. Insisto, no creo que el mercado pueda hacerlo y tampoco desde abajo las organizaciones sociales pueden garantizarlo. Por último, promovemos la idea de un ingreso universal ciudadano como la base mínima para garantizar ciudadanía, es decir, autonomía a los individuos a partir de la cual puedan realizar una vida plena.

- ¿Cómo impacta la policrisis a nivel personal, subjetivo, en cada uno?

- La extrema derecha no solo implica una suerte de exacerbación del individualismo y la ideología emprendedurista -que hoy aparece tan en el centro de la agenda-, sino que además viene por nuestras emociones y nuestros sentimientos. Saca lo peor del ser humano. El tema de la polarización asimétrica es fundamental porque es un elemento característico de la lógica de construcción política de las extremas derechas. Lo vivimos acá cuando Milei triunfó en las primarias: ya no era el de las la polarización clásica, en el cual los dos polos no son iguales, sino que ahora hay un polo que agrede, descalifica, deshumaniza al otro y va consolidando un nuevo lenguaje político. Que, además del insulto y la descalificación, plantea una estrategia de promover los sentimientos más extremos para generar distanciamiento en relación al otro, a lo no humano, instalando una suerte de indiferencia y falta de empatía como elemento fundamental de la nueva política. Esta es la economía afectiva de la extrema derecha, que es diferente a la del neoliberalismo clásico. Hay que entenderlo, porque marca una diferencia: no es anecdótico, es parte de la lógica política de construcción de esta suerte de colonización de las afectividades. En ese sentido, creo que es necesario volver a esas experiencias faro de base que desde los territorios promueven otra economía afectiva, en donde la complementariedad y la ecointerdependencia cobran un rol fundamental, en donde la solidaridad y la cooperación también son fundamentales.

- ¿Cómo dar la batalla cultural? ¿Cómo imaginar futuros esperanzadores?

- Sin esperanza no hay futuro, pero esa esperanza tiene que estar acompañada por la lucha, si no tampoco tiene sentido, si no es muy ingenua, digamos.  Y la lucha siempre es colectiva, no es sólo individual. Entonces debemos promover lo que podríamos denominar la liberación cognitiva: tomar conciencia de que es posible, a través de la acción colectiva, transformar la realidad. Viene asociado también a la idea de imaginarios radicales. Lo que en este momento está faltando está en esas experiencias de base, aparece, pero no aparece potenciada, encarnada o ilustrada en un lenguaje político. Y esto tiene mucho que ver con el vaciamiento de las izquierdas y más particularmente de los progresismos en América Latina, incluida Argentina.

- ¿Qué tan profunda es la crisis del progresismo en Argentina?

- No solo está en crisis, sino que además está fijado a una suerte de pasado para el cual no ha habido ni siquiera autocrítica. En Argentina el progresismo no tiene agenda de futuro, ni siquiera tiene una agenda nacional. Lo único que está pensando es en “liberen a Cristina” o en la batalla que se da en la provincia de Buenos Aires, pero no tiene una agenda de futuro ni está pensando otro modelo de país. Y esto tendría que estar en el centro de la agenda y de la llamada batalla cultural.

- Podríamos decir que “lo viejo no funciona” en este caso.

- La contratapa de mi libro dice eso. No la escribí yo, sino la editorial, porque cuando yo escribí mi libro no había visto El Eternauta todavía. Había salido El Eternauta, que es una serie maravillosa, que nos propone volver a una sociedad analógica en el marco de la resistencia y creación de nuevas solidaridades. En esa línea lo viejo funciona, pero en esto no. Efectivamente, lo viejo no funciona. Acá hay que buscar nuevos lenguajes que de alguna manera seduzcan a todos, a amplios sectores de la sociedad, sobre todo a los jóvenes.

Carlos Ruiz
- Periodista -