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#Elecciones2025
El día después de la derrota
Foto: La abultada derrota electoral de Juan Schiaretti frente a los ignotos candidatos de La Libertad Avanza patea el tablero político cordobés.
La dura derrota de Juan Schiaretti en las elecciones de medio término modifica el tablero político cordobés de cara al 2027. ¿Qué hará el gobernador Martín Llaryora, obligado a morigerar su discurso mientras Natalia De la Sota afianza su perfil opositor?
Publicada el en Crónicas

Fue un baldazo de agua fría. Una derrota inesperada, abultada y categórica. El oficialismo provincial, por primera vez, abrió las fronteras del cordobesismo para apostar a un proyecto nacional. Y perdió. Por paliza. El sello Provincias Unidas -que reemplazó al tradicional Hacemos por Córdoba-derrapó en todo el país, no logró meter siquiera un diputado nacional en la Provincia de Buenos Aires -donde la candidatura de Florencio Randazzo era muy resistida por propios y extraños- y en Córdoba su presidenciable perdió por 14 puntos con los ignotos candidatos de La Libertad Avanza: el socio del presidente del bloque de diputados nacionales de LLA y la esposa de su amigo empresario y corredor de autos. Un bochorno.

La estrategia elegida por Schiaretti y el gobernador Martín Llaryora de calzarse el traje de opositores después de dos años de convalidar prácticamente todas las iniciativas libertarias -desde el MegaDecreto 70/23 hasta la polémica Ley Bases- no funcionó: entre elegir la fotocopia y el original, los conservadores votantes cordobeses optaron por la lista violeta, aunque no tuvieran ni la más remota idea de quiénes la integraban.

No fue una gran victoria si se piensa que apenas dos años atrás, siete de cada diez cordobeses habían elegido a Javier Milei en el balotaje. Pero sí fue una victoria sorprendente si se tiene en cuenta que, a casi dos años de su desembarco en la Casa Rosada, Milei no hizo otra cosa que ajustar a los trabajadores, podar derechos y deprimir el mercado interno, lo que motivó el cierre de fábricas, aumento de desempleo y una caída récord del consumo, entre otras calamidades. Pero los cordobeses -y los argentinos en su mayoría- decidieron redoblar la apuesta y asegurar la ayuda norteamericana que la inédita incursión electoral de Donald Trump condicionó a un triunfo libertario en las urnas.

¿Qué pasará con la figura de Schiaretti de ahora en más? El septuagenario ex gobernador, que era número puesto para reiterar su candidatura presidencial en dos años, no tiene asegurada ahora ni siquiera la presidencia del "bloque federal", que integrará desde diciembre junto al puñado de legisladores que sumaron sus socios de otras provincias. Es cierto que, a pesar de ser un número flaco, la paridad entre el peronismo y Milei y sus aliados/abducidos del PRO y la UCR le otorgará un juego político importante. En un Congreso de paridad casi total, el bloque de Schiaretti y aliados podría convertirse en árbitro de leyes claves y, sobre todo, en garantía de blindaje a los recurrentes vetos presidenciales.

Pero más allá del juego político nacional, Llaryora tendrá que hacer un replanteo profundo de su estrategia si quiere reelegir dentro de dos años. Porque está claro que se siente más cómodo como opositor, pero las dos veces que tomó distancia del Gobierno nacional los cordobeses le pasaron factura: primero en las encuestas, que reflejaron una fuerte caída de su imagen positiva, y ahora en las urnas, dándole la espalda a una lista que por momentos militó más que el propio candidato.

El problema de Llaryora es que, si vuelve a cerrar las fronteras de la provincia para apostar al Partido Cordobés, no tiene mucho más de donde rascar aliados: poco y nada le aportaron -en votos- las fotos con los dirigentes de la diáspora radical-macrista. Y como contrapartida, la soberbia lo llevó a romper con Natalia De la Sota, la hija del fundador del cordobesismo que, además de retener su banca con un espacio político nuevo, amenaza con seguir horadando la base peronista del oficialismo con un discurso claramente opositor a Milei.

Nuevo escenario

Uno de los análisis más lúcidos del sorprendente resultado electoral en Córdoba lo hizo a pocas horas del escrutinio definitivo el periodista Federico Giammaría en La Voz del Interior. Al diferenciar la sensación térmica de la fría lectura de las urnas, el periodista destacó que La Libertad Avanza obtuvo prácticamente los mismos guarismos de la elección presidencial que llevó a Milei al balotaje con Sergio Massa. En otras palabras, no logró sumar los votos del otrora todopoderoso Juntos por el Cambio.

"¿A dónde fueron a parar los 509.837 sufragios que dos años atrás acompañaron a Patricia Bullrich?", se preguntó el colega. Ahí radica el dato más curioso y el principal desafío de la dirigencia política de cara al 2027. Porque buena parte de esos votantes se quedó en su casa -Córdoba tuvo el mayor abstencionismo electoral desde la restauración democrática- y muy pocos fueron a engrosar el generoso abanico de ofertas marginales de derecha (Spacceci, Baldassi, Agost Carreño y un largo etcétera). Fueron esos votos, hoy extraviados, los que le dieron la histórica victoria de 7 a 3 a Milei en el balotaje de 2023.

Adiós a Juntos por el Cambio

Implosionado en todo el país, la otrora exitosa alianza Juntos por el Cambio parecía sobrevivir en Córdoba de la mano de su socio vernáculo Luis Juez, el polifuncional Rodrigo De Loredoy la estructura del PRO leal a Mauricio Macri. Hoy no parece quedar nada de aquella construcción política que supo llevar a una elección récord a Juez y De Loredo hace apenas cuatro años, cuando creyeron que esa pulseada legislativa sería el trampolín hacia El Panal y el Palacio 6 de Julio. Se equivocaron feo. Dos años después, quedaron fuera de juego: De Loredo perdió el partido a manos de Ramón Mestre -que protagonizó la peor elección del radicalismo cordobés en toda su historia- y Juez se convirtió en un calificado comentarista del triunfo ajeno.

Sin carisma, sin estructura, sin candidatos conocidos -y a los conocidos mejor perderlos que encontrarlos-, la tropa de Karina Milei en Córdoba se impuso con holgura, al igual que en el resto del país. Y, se sabe, la Hermana Mayor es reacia a las alianzas. Prefiere "puros" en las listas. Y así como sufrió una paliza en las elecciones desdobladas meses atrás, la nacionalización de La Libertad Avanza con candidatos propios en todos los distritos del país le devolvió el poder que parecía licuado ante los resultados adversos y los escándalos de corrupción. En su momento de gloria, ¿qué la haría recurrir a los servicios de Juez o De Loredo para disputar el poder mediterráneo en 2027?

"En total, 1.083.256 cordobeses no fueron a votar. Una abstención récord, que dejó la participación en el 65%, la más baja desde el regreso de la democracia moderna", advirtió Giammaría. Una simple ecuación matemática diría que la mayor parte de esos votantes apoyaron a Milei en el balotaje, pero hoy están desencantados y prefirieron quedarse en su casa. Pescar en esa pecera sin descuidar la última cosecha pareciera ser el desafío de aquí en adelante. Y aquí, como diría Borges, los senderos se bifurcan: o se toma la decisión de disputar esos votos con los libertarios -como insinúa la obediente respuesta de Llaryora a la convocatoria de Milei a los gobernadores- o se intenta que esos desencantados elijan una opción diferente. Natalia De la Sota ya eligió: su primera acción post electoral fue crear su propio bloque en la Cámara de Diputados.

El sorprendente resultado de las urnas pateó el tablero político nacional y salvó la legitimidad de un gobierno que parecía en caída libre días antes de las elecciones. Repasar la historia reciente del país demuestra que el triunfo en elecciones de medio término no es garantía de nada. En cambio, le da nuevo oxígeno al gobierno libertario para profundizar reformas que, más temprano que tarde, lo volverán a alejar de la gente.

Dependerá de cada dirigente del revolucionado tablero político cordobés cómo se mueve de ahora en más para seducir a ese electorado conservador pero flexible que espera un mensaje que lo entusiasme en un contexto de crisis que no promete mejorar, sino más bien lo contrario.

Hernán Vaca Narvaja
- Periodista y escritor -