Crónicas
Entrevistas
Actualidad
El Kiosco virtual
Reflexiones
Cultura
Música
Cine
Libros
Galería Magalú
Galerías multimedia
Quiénes Somos
Revista El Sur
Staff
Ediciones en papel
#LiteraturaPolicialYTestimonio
La insoportable imposibilidad de la venganza
Foto: Carlos Salem, escritor consagrado en Europa, vuelve su mirada a los años del terrorismo de Estado en Argentina.
El escritor argentino radicado en España Carlos Salem vuelca su vasta experiencia en el género policial para adentrarse en la intimidad de un ex preso político que va en busca de su torturador. Un relato atrapante que muestra las secuelas del terrorismo de Estado en una compleja trama de venganzas, amores y utopías.
Publicada el en Libros

No es un policial más. Es un policial argentino. Bien argentino. Uno sobre el terrorismo de Estado. Y aunque su autor, Carlos Salem, lleve más tiempo viviendo en España que en Argentina -su país de nacimiento-, Tango de un torturador arrepentido es el pago doloroso de una vieja deuda: escribir sobre un dolor que, aunque no vivió en carne propia –“Yo era poco más que un crío y vivía en una próspera ciudad de la Patagonia, a más de mil kilómetros de Buenos Aires o de los otros puntos del país en los que la sangría fue temprana y brutal”-, nunca le fue ajeno.

Carlos Salem es un escritor consagrado de novelas policiales en Europa y su obra ha sido traducida a varios idiomas. De reciente visita en Argentina para participar del festiva de literatura negra “CórdobaMata”, admite en las palabras finales que acompañan la edición española de su quincuagésimo libro (una “última nota del autor” que remite a los memorables “obligado apéndice” de Rodolfo Walsh) que este no fue uno más de los cincuenta libros que publicó desde 2007, cuando le dio rienda suelta a su temprana vocación de escritor. Fue, más bien, la necesidad de explicar en palabras una sensación que lo embargó -en el sentido expropiatorio de la palabra- demasiado tiempo: “Durante años me atormentó la sospecha de que lo más peligroso no es la existencia de hitlercitos como el general Videla, tan seguros en su demencia, sino que haya miles y miles de posibles seguidores de la corriente, por sucia que sea el agua que esa corriente trae”.

Cualquier semejanza con la actualidad no es mera coincidencia.

Surgido de aquella inquietud casi existencial, de aquel temor ajeno pero profundo, Salem escribió una novela que además de atrapar al lector/a desde el primer párrafo con la destreza narrativa, el humor y el vértigo propios del relato policial, construye personajes de una complejidad espiritual que trasciende los cánones de género. Y es que hay en cada personaje creado por Salem un juego de espejos que hace aflorar la contradicción profunda de la condición humana.

¿Es posible el arrepentimiento en un torturador? ¿Cómo resuelve un preso liberado su condición de sobreviviente en un país que cuenta 30.000 desaparecidos? ¿Cómo se convive con la culpa de estar vivo?

Desde la lejana España, Salem vuelve a su país natal para buscar respuestas a una historia que le pasó por el costado, pero dejó secuelas. Una historia que conoce por terceros, pero de la que también se siente parte. Una historia que en su dramatismo lo persigue como un fantasma y también lo condiciona. Porque Salem comparte aquello de que lo difícil no es tanto digerir la dimensión de la tragedia, lamerse las heridas y seguir adelante, sino aceptar mansamente la convivencia de víctimas y victimarios por imperio de la impunidad en un país herido también por la ignorancia, la indiferencia y el olvido.

Julio (por Cortázar) y Jorge Luis (por Borges) conviven en el protagonista de la novela de Carlos Salem como dos caras de la misma víctima. Atrapado en una redada policial junto a sus compañeros de colegio y lanzado sin piedad a la oscura celda de una ignota comisaría de Buenos Aires, Julio conoce la tortura, el frío, el hambre y la impotencia, pero sobre todo la angustia de no saber qué ocurrió con Marcela, su primer amor adolescente, de quien cree escuchar los gritos de la tortura y a quien siente viva en los tenues golpeteos que le llegan de las celdas contiguas.  

Unas pocas semanas o meses de convivencia con la hijaputez y la soberbia de sus carceleros y la temprana resignación ante el incierto pero previsible final de Marcela lo llevan a jurar venganza. Al carcelero que se solaza contándole detalles de cómo violó a su novia, pero también a su superior, el “Lobo”, un oficial de alto rango que impone respeto y se presenta como garante de su propia vida. Julio no distinguirá entre ellos al policía -en este caso el militar- bueno y al policía malo: su ira se fijará por igual en ambos cuando cumplan su promesa y lo liberen, dejándolo con lo puesto y un manojo de billetes en las afueras de la ciudad. No le importará a Julio quien le tiró una soga para rescatarlo del fondo del abismo y quién la utilizó para sofocarlo en pleno calvario.  Jurará venganza contra ambos, aunque su nueva vida -la del sobreviviente- lo ponga en contacto con personas sensibles que le ayuden a descifrar la complejidad de la condición humana.

¿Se puede vivir en función de una venganza? En un país sin justicia -el libro refleja la sanción de las leyes de impunidad sancionadas en plena restauración democrática-, con los asesinos probados pero sueltos -Walsh dixit-, lo más sensato sería buscar justicia por mano propia. Pero el autor no encontrará en su investigación previa ninguno de los casos que imaginaba como corolario de las heridas abiertas por la brutal represión estatal. Por el contrario, constata con estupor que en su lejana Argentina las madres de los pañuelos blancos fatigan los pasillos de tribunales en reclamo de Justicia.

“Por más que indagué, solo hallé un caso de agresión contra un torturador desde la recuperación de la democracia -cuenta Salem- Fue en 1996, cuando un pequeño grupo armado denominado Organización Revolucionaria del Pueblo (ORP) atentó contra la vida de Jorge Bergés, un médico obstetra entonces libre por la Ley de Obediencia Debida y más tarde condenado por atender partos de mujeres detenidas desaparecidas durante a última dictadura y por la apropiación de sus niños. El médico controlaba a los detenidos para que no murieran en las sesiones de tortura y asistía los partos de las prisioneras en una red de comisarías en la Provincia de Buenos Aires que funcionaban como campos de exterminio. Bergés sobrevivió. Su agresor fue condenado a 18 años de cárcel y cumplió condena. La ORP se disolvió”.

Después nada. Ni un caso de justicia por mano propia, de venganza. Parte del valioso legado de las Madres, las Abuelas y los organismos de Derechos Humanos en su incansable lucha por Memoria, Verdad y Justicia. “Por una vez me alegra que la realidad no supere a la ficción. Y que los damnificados sigan demostrando que son mejores que sus verdugos”, reflexiona Salem, interpelando a sus lectore/as.

En la ficción, en cambio, Salem teje un complejo, frenético y apasionado entramado narrativo de complicidades -amorosas y de las otras- y un caprichoso juego del destino, que pondrá sobre un inesperado tablero de ajedrez -un poco por azar y mucho por decisión del protagonista- a víctima y victimario frente a frente ante la última movida. Pero para entonces sus vidas habrán dado un giro tan imprevisto como el final de esta gran novela, que atrapa de principio a fin y deja una indescriptible sensación de angustia y felicidad.

Como el tango.

Ficha técnica:

Tango del torturador arrepentido,

de Carlos Salem. Editorial Alrevés,

Barcelona, España, 2024. 293 páginas.

Hernán Vaca Narvaja
- Periodista y escritor -