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Condenan al socio de De la Sota
El talón de Aquiles de un infiltrado en democracia
Foto: De la Sota gobernador, Menem presidente, Kammerath intendente. El combo del neoliberalismo mediterráneo proyectado al país.
Germán Kammerath acaba de ser condenado por corrupto por la Justicia de Córdoba. Llegó a la intendencia de la capital provincial de la mano de José Manuel De la Sota, que ahora auspicia a Mauricio Macri para el balotaje.
Publicada el en Crónicas

A Al capone lo cazaron por evasión impositiva, antes que por tantos crímenes que cometió. Salvando las distancias, a Germán Kammerath lo acaban de condenar por negociaciones incompatibles con la función pública y por el momento zafa de imputaciones por delitos de lesa humanidad. La sentencia a tres años y medio de prisión es por actos de corrupción, cuando fue insólito intendente de Córdoba. La sospecha de que habría servido de espía al terrorismo de Estado, se registra en La Rioja.

La oportunista trayectoria de Germán Kammerath, está cargada de mutaciones. De colaborador de la represión, pasó a ser un infiltrado en la democracia, para ocupar cargos relevantes en el gobierno nacional, candidato a vicegobernador de Córdoba y jefe de la comuna de la docta ciudad, elegido por el voto popular. En fin, un pájaro de cuentas. Actual habitante del exclusivo complejo del Jockey Club, al que se le cortó un eslabón de la extensa cadena de la impunidad, fabricada con material de la politiquería.

Los conservadores de La Rioja se identificaban, en sus rasgos clásicos, con el Partido Demócrata. En su seno convivían dos ramas: la encabezada por Guillermo Fernández Valdés, siempre dispuesto a ser interventor de facto, y la representada por Germán Kammerath Gordillo, con respetables principios liberales, padre de un hijo que optó por la línea autoritaria, dese la adolescencia.

Germán Kammerath, el retoño, fue cuña de los sectores reaccionarios, en condición de estudiante del Colegio Nacional, que operaban contra las reformas impulsadas por la pastoral del obispo Enrique Ángel Angelelli y el cuerpo diocesano. Fue entusiasta partícipe de manifestaciones organizadas por los Cruzados de la Fe y Tradición Familia y Propiedad, fanáticos críticos de la iniciativa de cooperativizar la explotación de tierras incultivadas por la desidia sucesoria de fallecidos propietarios.

En la oleada maccartista, previa al golpe de Estado de 1976, se difundieron listas de “subversivos”, en las que figuraron nombres de profesores del Colegio Nacional y de jóvenes conocidos por Germán Kammerath, como Alberto Ledo, conscripto desaparecido en Tucumán en junio de 1976. Del dicho al hecho, numerosos docentes fueron detenidos. Entre ellos, el rector Arturo Ortiz Sosa, Carlos Alberto y Alba Lanzillotto, Eloy López y Mario Aciar.

Mudado a Buenos Aires, la relación de Kammerath con el poder militar quedó patentizada con el logro de la corresponsalía del diario El Independiente, invadido por grupos de tareas el 23 de marzo de 1976, y la correspondencia que mantuvo con altos niveles del Ministerio del Interior, acerca de cómo operar en el periódico riojano. Mientras tanto con su indisimulado caradurismo visitó a familias obligadas al exilio interno, para eludir la persecución de la dictadura.

 

Se anotó para seguir la carrera de abogado y se ganó la exclusión de las universidades estatales por fraguar notas. En la trepada, halló peldaño en la Unión del Centro Democrático (Ucedé), la de Álvaro Alsogaray, para conseguir micrófono en el homenaje rendido a Isaac Rojas, en el Luna Park porteño. Como un eficaz hombre corcho, flotó en las pendulares circunstancias que atravesó el país y en algún instituto privado parece que se recibió de abogado.

En la amoralidad menemista encontró el ancla propicia. Era el momento de recoger el fruto de un pergamino familiar. Su tío Carlos Kammerath, en 1930, salvó el embarazo de la madre de quien en 1989 fue consagrado presidente de los argentinos. El agradecimiento se reflejó en designar Carlos al recién nacido y se reiteró con la ubicación del sobrino del galeno en la conducción del área de Comunicaciones.

Ensamblado en la corriente dirigencial de la década de los años 90, Germán Kammerath acumuló denuncias que lo acusaron de corrupción y ganó algún proceso, que todavía persiste en pie, a la espera de definiciones. Las manchas no lo perturbaron. Casado con una heredera de tierras generosas de La Carlota, Córdoba, consolidó la base de sus renovadas ambiciones. En las elecciones de 1999 perdió la fórmula José Manuel de la Sota – Germán Kammerath. Meses después, el espía precoz y sinvergüenza permanente fue ungido intendente en la ciudad de la Reforma Universitaria de 1918. La paradoja pagó el costo de la lamentable gestión, por la que De la Sota pidió públicas disculpas de haber auspiciado a un defraudador crónico.

En 2001, comenzó el trámite de un expediente judicial, que tuvo fallo cuando expiraba octubre de 2015. Tres camaristas y cinco jurados populares lo declararon culpable, por unanimidad, de un negociado en el servicio satelital para controlar el uso de vehículos municipales, contratado con su cuñado Marcos Aurelio Álvarez. La sentencia será apelada y de no prosperar el intento, Germán Kammerath irá a la cárcel, por el lapso de tres años y medio. Por ahora no puede abandonar el país, debe pagar una fianza de 300 mil pesos y está inhabilitado para ejercer cargos públicos.

La defensa del sentenciado es la típica: atribuye la sentencia a razones políticas y se queja por la perturbación de su trabajo, como asesor de empresas que procuran vínculos con China. Nada menos. De cualquier forma, el veredicto de los cordobeses de a pie se anticipó al de la Justicia. Kammerath es mala palabra y si no se resigna a abandonar la politiquería, lo hace desde la sombra, para no quemar lo que prefiere, a los 57 años de edad, con numerosas causas que aguardan resolución.

En Córdoba, la Justicia determinó que Germán Kammerath es corrupto. En La Rioja, personas defensores de los derechos humanos lo consideran un engranaje del terrorismo de Estado en la década de los años 70. Lo uno está probado; lo otro debería investigarse, con las formalidades pertinentes. Mientras tanto, son evidentes las fallas del sistema democrático para poner barreras a fascistas maquillados para ser ladrones, de guantes sucios.

Guillermo Alfieri
- Periodista -