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#FuegoAmigo
"Lo de Río Tercero fue un crimen de Estado"
Foto: Fernanda Juárez reconstruye causas y consecuencias de las explosiones en la fábrica militar de Río Tercero.
El libro “Fuego amigo”, de Fernanda Juárez, es una pieza testimonial delicada e incisiva a 30 años del atentado en la Fábrica Militar de Río Tercero. La obra recuerda que aquello que se olvida está destinado a retornar una y otra vez.
Publicada el en Entrevistas

Fernanda Juárez nunca olvidará el tres de noviembre de 2005. Porque se cumplieron tres décadas de la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero. Y porque llegó a tiempo con su propio desafío: escribir un libro sobre ese acontecimiento y presentarlo el mismo día del aniversario. “El año que terminó fue muy especial, porque se cumplieron los 30 años del atentado en Río Tercero el día 3 de noviembre. Y para mí era un super objetivo llegar con el libro editado para esa fecha, lo cual fue una odisea. Encima el aniversario cayó un lunes y todos los homenajes se concentraron ese día en el Cine Cooperativa, el más grande de la ciudad. Fue muy emocionante, había cuatrocientas personas y hubo muchos eventos, además de la presentación de mi libro”, recuerda y se vuelve a emocionar. Cumplido ese ritual, Juárez recibió y recibe todo tipo de invitaciones para llevar su libro a universidades, escuelas, centros culturales, sindicatos. Cada presentación la vive con el mismo entusiasmo.

Para la autora de “Fuego amigo”, es imposible disociar la ciudad de Río Tercero de su esplendor industrial: “Fue una ciudad que creció en torno a la Fábrica Militar, como industria madre que la signó con la idea de progreso y que atraía a trabajadores de diversas provincias. Pero cuando sucedió el atentado en 1995, la ciudad dejó de crecer y nunca volvió a hacerlo, quedó tocada. Una vez más desde el poder político se truncó un proyecto productivo que había sido puesto en marcha con mucho empuje en otro momento. La Fábrica Militar fue parte del sueño del desarrollismo a partir de la industria pesada en nuestro país”. 

- Lo primero que observé es que hay una búsqueda literaria en tu libro…

- Cuando lo escribí sabía que no sería una investigación periodística en formato tradicional, entre otras cosas porque las hay, son muy buenas y son fuentes de mi trabajo. Además, tienen el valor de haber sido producidas en aquel momento. Respecto al género, mi idea fue elaborar un ensayo, que es donde me siento más cómoda. Está basado en datos. Uso un lenguaje que se toca con la crónica periodística, con la investigación, pero también con lo estético del lenguaje, lo literario. Lo pensé así porque es un libro a 30 años del atentado. Trabajé más sobre el sentido, las huellas, lo que quedó después de la tragedia. La trama judicial, por ejemplo, hubiera requerido un libro en sí misma.

- ¿Lo testimonial es importante? ¿Hay algún testimonio de primera mano o los tomás de otros materiales?

- Como yo vivo en Río Tercero, mucho de lo que está ahí son cosas que escuché de primera mano. He participado mucho en los aniversarios, conozco mucha gente que estuvo en alguna situación, relatos que para los que somos de acá son habituales, a partir de allegados, familiares, amigos… En estos treinta años he tomado nota, sin tener muy claro para qué y desde el año pasado me pregunté: ¿qué voy a hacer con esto? Hay testimonios tomados de otros momentos que para mí tienen un valor muy particular, ya que no son recuerdos actuales sobre lo que pasó. También me interesaron otros registros como programas de radio y las cartas de los lectores en el diario Tribuna de aquellos días.

- ¿Cómo los seleccionaste?

- Tuve que ser muy selectiva y pensar cómo ellos podían llegar al lector como un coro de voces que van apareciendo, pero que no agobian. Cuando uno lee sobre una tragedia el efecto que produce puede llevar a decir: ¡basta! Es difícil de procesar tanto sufrimiento, hay una cuestión muy particular con las víctimas fatales, después del relato de sus familiares es muy difícil hablar. Se dice que fueron siete víctimas, pero eso es un número que está siempre en disputa, porque después del atentado falleció gente que tenía enfermedades previas y a partir de vivir ese máximo estrés, como haber perdido su casa, se desataron otras cuestiones. Hubo más de trescientos heridos, y no hablamos de un raspón, todos conocemos gente a la que le falta una pierna, un ojo, que sufrió amputaciones, personas con daños irreversibles, gente que nunca volvió a su trabajo. Todos sabemos que hay heridas profundísimas y que tal vez no se dimensionó en el momento la gravedad de lo que nos ocurrió.

- En el libro te preguntas porqué los argentinos no recuerdan este hecho criminal del Estado.

- Hay que decir que lo que ocurrió en Río Tercero tiene la forma de un crimen de Estado. Hasta el día de hoy es un nombre en disputa, porque se nombra como atentado, explosiones (que es como más se lo conoce), voladura de la Fábrica Militar. Se demoró tanto la Justicia y hubo tantas intromisiones del menemismo en esa época, que cuando se llegó a la verdad de lo ocurrido ya no hubo capacidad de escucha del resto de los argentinos acerca de esto que había sucedido en plena democracia. Fue un acto intencional, provocado desde el Estado, la sentencia judicial dice: organizado, planificado y ejecutado desde las más altas esferas del poder político de ese entonces, que estaba a cargo de Carlos Menem, el presidente. ¿Por qué los argentinos no podemos decir algo que la Justicia dijo, aunque tarde? Algo pasa que no hay escucha más allá de Río Tercero, ni siquiera en Córdoba capital. Todos los años pregunto por dónde trabajo el día 3 de noviembre, y registro que no hay capacidad para nombrar eso, ni alguna actividad para recordar esa efeméride. Y desde esa pregunta surge otra, para mi sin respuesta: ¿qué tipo de sociedad puede olvidar un crimen de esta magnitud? Que no haya registros, que no se enseñe en las escuelas, son preguntas latentes en el libro: ¿cómo perdonamos algo así?, ¿cómo dejamos que sólo sean un hecho para los riotercerenses y no para el resto de los argentinos?

- También es una sociedad que produce personas formadas en la educación pública, como vos, en condiciones de aportar a la memoria…

- En realidad a lo largo de tantos años lo que llevó a que la Justicia pudiera esclarecer cuál fue la causa -aunque no sabemos quién ejecutó el atentado, sabemos que fue un acto intencional y porqué lo hicieron- es fruto de una resistencia civil impresionante. Gente del común, sin espalda para oponerse, que construyó memoria. El objetivo de este hecho cruel fue ocultar el faltante de armas por el tráfico ilegal que se hacía a Croacia y a Ecuador. Todo lo que no hizo el poder político para esclarecer el atentado y la Justicia para desviar la atención del poder, lo hizo la sociedad civil. Esto sí es un mensaje para rescatar. Una cosa es decirlo hoy, a treinta años, y otra cosa era jugarse la vida cuando ocurrió. Ahí podemos nombrar a Ana Gritti, la abogada y esposa de una de las víctimas fatales, quien decidió constituirse como querellante penal y nunca bajó los brazos.

- ¿Por qué fue la única querellante penal?

- Imagínate que era ir contra el presidente de la nación en el momento que tenía el máximo poder concentrado. Recordemos que Carlos Menem, a horas del atentado, llegó a Río Tercero y declaró que había sido un accidente. Usó las mismas palabras que meses antes había usado respecto a la muerte de su hijo, muerte que nunca se terminó de esclarecer. Hay ahí una conexión lingüística sugestiva. Esas palabras dichas desde el máximo poder tienen un efecto impresionante, porque la Justicia acató esa dirección que tomó la causa. Tuvo que pasar una década para que la Justicia dijera que lo de Río Tercero no fue un accidente sino un atentado.  

- El alineamiento de Argentina con Estados Unidos nos trae al presente…

- En aquel entonces, Estados Unidos no podía interceder en el enfrentamiento que había entre serbios y croatas, pero tenía intereses, entonces les pidió a sus países aliados -entre ellos Argentina- que “bajo cuerda” enviaran armas. El contrabando partía de Río Tercero y se transportaban en barco hasta Croacia, está registrada la cantidad de armamento que llegó y es impresionante. Esas cosas son las que hacen más sentido con el presente. Porque cuando uno dice ciertos nombres: los Menem en el poder hoy. Ya sea Martín Menem en la Cámara de Diputados, Lule Menem como figura clave del poder político actual. Cuando decimos “alineamiento a rajatabla con Estados Unidos”, ¡todo eso tiene consecuencias! En Río Tercero implicó que volara la Fábrica Militar. Una estrategia cruel, donde probablemente estaba involucrado el Ejecutivo nacional.

- En el libro destaca el relato sobre dónde están los proyectiles que cayeron sobre la ciudad…

- Estamos hablando de decenas de miles de proyectiles y la mayoría no detonó. Esos materiales fueron recolectados y trasladados a otra dependencia de Fabricaciones Militares, en un poblado que queda a unos setenta kilómetros de Río Tercero, que se llama José de la Quintana. Es un predio que casi no funcionó para lo que fue creado. El asunto es que esos materiales nunca dejaron de estar en estado inestable, porque son proyectiles cargados, lo cual podría generar algún tipo de riesgo para la salud y el medio ambiente. Están ahí, en estado latente, y mucha gente lo desconoce. Ese espacio además está señalizado porque funcionó como Centro Clandestino de Detención durante la última dictadura militar. Existen testimonios de ex presos políticos y soldados que declararon que allí hubo torturas, desaparición de personas. Subterráneamente los hechos más macabros y tortuosos de nuestra historia reciente se van conectando. Son causas pendientes para los argentinos, que cada tanto vuelven a nuestra memoria.   

- En el libro abordás otro tema muy actual: la actuación de la Justicia.

- Los argentinos hemos aprendido mucho sobre eso a partir de lo que nos sucedió en nuestra historia reciente. Se llega a la verdad, pero por el accionar de grupos organizados, de familiares, de la sociedad civil, de espacios culturales que no dejan que el olvido tape lo que ocurrió realmente. Ahí tenemos una lección aprendida: ante determinadas situaciones de terrorismo de Estado, cuando la Justicia patea para el mismo lado del poder político, hay otros caminos que se van abriendo en la búsqueda de justicia. Los argentinos tenemos un camino hecho para resistir el relato del poder político. En Río Tercero los familiares tuvieron que hacer una investigación de la investigación. ¡Eso es tremendo! Además de las pérdidas, el trauma y el dolor, había que investigar a los jueces y a los fiscales. 

Carolina Saiz
- Periodista y docente -