Crónicas
Entrevistas
Actualidad
El Kiosco virtual
Reflexiones
Cultura
Música
Cine
Libros
Galería Magalú
Galerías multimedia
Quiénes Somos
Revista El Sur
Staff
Ediciones en papel
#Malvinas
“La sociedad argentina nos respeta, pero la política siempre nos dio la espalda”
Foto: Luis Escobedo, amor por el fútbol, su país y Maradona.
Entrevista con Luis Alberto Escobedo, el exfutbolista que jugó en Belgrano y Racing de Córdoba y fue combatiente en la Guerra de Malvinas.
Publicada el en Entrevistas

Cambio de cancha. “Llegamos a la medianoche y el viento, la lluvia y un frío terrible nos dieron la bienvenida Ahí nomás, empezamos a armar unas carpitas en medio del barro”. El exfutbolista Luis Alberto Escobedo (63) hace referencia a su desembarco como soldado en las Islas Malvinas, el 15 de abril de 1982.

Cuatro días antes se había enterado “por el diario” que la compañía de la Clase ’62 con la que había hecho el servicio militar un año antes en un batallón del barrio porteño de Palermo, estaba acuartelada.

La noticia lo sorprendió en búsqueda de las repercusiones periodísticas del empate 3-3 entre San Lorenzo de Almagro y Los Andes, por la 10° fecha del Campeonato de Primera B de la AFA. En aquel partido, que se jugó en cancha de Independiente de Avellaneda, el defensor nacido en Santiago del Estero y radicado desde pequeño en Buenos Aires había quedado afuera del banco de suplentes del equipo de Lomas de Zamora.

“El Negro” Escobedo sumaba seis partidos en la primera del “Mil Rayitas” cuando se presentó a la convocatoria para conscriptos reservistas: ¡Llegué, me dieron un arma, una bolsa con ropa y al otro día viajamos al sur! Ni siquiera alcancé a avisarle a mi familia, porque no teníamos teléfono. Cuando salíamos del cuartel hacia la base aérea de El Palomar, mi mamá y mi hermano llegaron justo para alcanzar a saludarme y tirarme un paquetito con plata, caramelos y un alfajor al camión donde me habían subido junto a mis compañeros”.

Memorias y olvidos. “Para mí es una historia que ya está cerrada”, afirma Escobedo sobre su participación en la guerra del Atlántico Sur, 44 años después de haber pisado por primera vez suelo malvinense. “Igual sigo hablando del tema y atendiendo todos los llamados que me hacen, sobre todo en cada mes de abril, donde siempre tengo una agendita importante. No es algo que me moleste, al contrario. ¿Cómo no voy a hablar? Si no hablamos nosotros, los excombatientes, nadie se enteraría de lo que pasó en Malvinas”, asegura.

“La sociedad argentina nos ha respetado y lo sigue haciendo, pero la política siempre nos dio la espalda. En esto, ningún gobierno se salva. Si no, decime qué presidente, del ’83 para acá, se sacó una foto con dos o tres madres de los pibes que cayeron en Malvinas”, dice.

“Muchos nos confunden con la dictadura, y nada que ver. Éramos unos chicos que nos llevaron a defender a un país en una guerra, en medio de la nada. En mi caso, lo único que sabía era ir detrás de una pelota… Nosotros también ffuimos víctimas de los militares”, enfatiza.

“En la posguerra fuimos bastante ignorados. La década posterior fue la etapa más difícil, y allí hubo muchos chicos que se quitaron la vida. Tuvimos que reivindicarnos nosotros mismos y empezar a organizarnos para poder lograr que nos dieran una pensión”, reseña. Y agrega: “Cuando volví de la guerra, sólo quería trabajar para sacar a mi familia del lugar donde estábamos, donde cada vez que caían tres gotas se inundaba todo. Pero un día mi viejo me llevó a la cancha y ahí le volví a agarrar el gustito al fútbol. Enseguida empecé a jugar de nuevo y por suerte pude poner la cabeza allí. Hoy puedo decir que el fútbol me salvo de un montón de cosas que les pasaron a otros muchachos y que también me podrían haber sucedido a mí”.

El campo de batalla. “La mayoría de los soldados pensamos que íbamos a las islas para estar unos días, que el asunto se iba a arreglar diplomáticamente y que nos volvíamos enseguida, pero la cosa se empezó a complicar”, refiere Escobedo sobre su experiencia como combatiente en Malvinas. “El 1 de mayo empezaron los ataques de los ingleses y nosotros estábamos en medio de la oscuridad, adentro de los pozos, sin comida y con un miedo terrible. No sabíamos si gritar, correr o disparar… Yo tenía hecha la instrucción y había tirado dos o tres veces con un FAL, pero había compañeros que no sabían manipular un arma”, relata.

“Al día siguiente fue lo peor: cuando nos enteramos de que habían hundido el Crucero General Belgrano y que habían muerto muchos pibes allí”, precisa. “Fueron todos golpes muy duros y tuvimos que sobreponernos, crecer de golpe de un día para el otro. El hecho de ser futbolista, de tener ese sentido de saber jugar en equipo, me ayudó mucho en aquellos momentos”, destaca.

“En los ataques finales me tocó estar muy cerca de Puerto Argentino, casi en la última línea de defensa. Después llegó la rendición y me tuvieron una semana prisionero, casi a la intemperie, antes del regreso”, rememora. “Creo que hicimos lo mejor que pudimos, con lo poco que tuvimos, y la gente siempre lo reconoció”, reflexiona. “Eso se nota en las canchas, en las banderas”, asegura.

“Sin ir más lejos, el año pasado estuve en Entre Ríos y la policía me paró porque había olvidado encender las luces del auto. Me pidieron el DNI y, cuando advirtieron que era veterano de Malvinas, me hicieron la venía y rompieron la multa. Esas pequeñas cosas demuestran que hay lugares donde sí tienen memoria”, puntualiza. 

Pirata y Académico. Escobedo es de los pocos ex combatientes de Malvinas que pudieron reinsertarse en el fútbol y desarrollar una carrera profesional. Tras sus inicios en Los Andes, vistió las camisetas de Belgrano y Racing de Córdoba, Colón, Vélez, Independiente Rivadavia, Santiago Wanderers de Chile, Tigre, Temperley y Dock Sud. A la lista la completan Omar de Felippe (Huracán, Cristal Caldas de Colombia, Arsenal, Villa Mitre y Olimpo); Sergio Pantano (Talleres de Remedios Escalada, El Porvenir, Berazategui y San Telmo); Gustavo de Lucca (Nueva Chicago, All Boys, Talleres de Remedios Escalada, Douglas Haig, FC Baden de Suiza, Alianza Lima de Perú y los chilenos Santiago Wanderers, Cobreloa, La Serena, O’Higgins, Colo Colo, Temuco y Everton); y Juan Gerónimo Colombo (Estudiantes de La Plata).

“Yo estaba vendido a Colombia cuando Pedro Marchetta, mi padre futbolístico, me convenció para jugar en Belgrano en la B Nacional 1986/87. Devolví los pasajes y me fui a Córdoba. Teníamos un equipazo, uno de los mejores que me tocó integrar, con ‘monstruos’ como Blasón, Villarreal, ‘La Chachita’ Villagra, Céliz, Martelotto … Llegamos a jugar una final por el ascenso, que tendríamos que haber ganado. Aquello fue increíble: dominamos ampliamente pero no pudimos convertir, y al final nos dieron vuelta el partido. Aún hay gente de Banfield que me cuenta que se estaba yendo del estadio cuando escuchó los goles de su equipo”, recuerda.

“Al año siguiente, Marchetta me llevó a Racing, donde teníamos un grupo muy lindo, con Chaparro, Serrizuela, Wolheim, Amuchástegui, Cabral, Ferreyra… No se dieron los resultados y terminamos salvando la categoría en un desempate con Unión”, añade. “Tuve el privilegio de jugar al fútbol 18 años después de Malvinas”, subraya.

Mundial en guerra. “Hoy sería una locura”, señala Escobedo sobre la participación en una Copa del Mundo de la FIFA en medio de un conflicto bélico, como sucedió con Argentina en 1982. “Tuve la oportunidad de hablar con dos o tres muchachos de aquella Selección y ellos me dijeron que no sabían nada de lo que realmente estaba sucediendo en Malvinas y que recién se enteraron de la verdad cuando llegaron a España”, precisa.

“Entiendo que eran otros tiempos, en los que no había tantos medios de comunicación o redes sociales, y también puede ser que los futbolistas hayan pensado que yendo a jugar ese torneo podrían ayudar en algo, pero no sé. Yo soy muy futbolero y muy hincha de la Selección Argentina, pero lo cierto es que el país estaba en una guerra y que el equipo fue a jugar un Mundial mientras los pibes estaban combatiendo. No lo juzgo, ni digo que esté bien o mal, pero uno se pone a analizarlo y la verdad es que resulta incomprensible que no se haya hecho absolutamente nada”, razona.

Consultado sobre la relación entre la AFA y los exfutbolistas que combatieron en Malvinas, Escobedo primero sonríe, luego hace silencio y finalmente responde: “Jamás hicieron nada. Hace un par de semanas me llamaron para que les diera un testimonio, pero nunca hubo un reconocimiento institucional”. El semblante y las palabras se transforman cuando la referencia apunta al plantel campeón mundial en Qatar 2022: “Gracias a que nuestros jugadores cantan la canción que habla de ‘los pibes de Malvinas’ mucha gente hoy sabe de lo que fue la guerra, y no sólo en nuestro país. Esta Selección Argentina nos reivindicó ante el mundo”.

Los regresos. “Después de la guerra volví tres veces a las Islas Malvinas”, refiere Escobedo, y comparte los recuerdos de los sucesivos retornos al campo de batalla, que tuvieron lugar en 2012, 2016 y 2019. “Al primer viaje tenía miedo de hacerlo, no estaba convencido. ‘¿Para qué?’, me preguntaba. Un compañero me insistió que lo acompañara y acepté, pero resultó una experiencia difícil para mí y traumática para muchos otros muchachos, que no la pasaron bien después. La verdad es que volví golpeado”, explica.

“La segunda vez fue cuando pude rearmar la historia y terminar de entender muchas cosas. Recorrí todos los lugares donde había combatido en el ’82 y me di cuenta de que no estaban tan alejados entre sí, como me había parecido durante la guerra. Ahí también me cayó la ficha respecto a que, mientras muchos pibes que dos semanas antes habían empezado la colimba daban su vida por la patria, había generales, capitanes y tenientes que estaban muy cómodamente sentados en sus oficinas. Yo les llamo ‘milicos de escritorio’, unos verdaderos hijos de puta”, sostiene.

“La tercera vez viajé porque se liberó un cupo a último momento y me invitaron, y me sirvió para cerrar el círculo”, refiere sobre la experiencia de hace siete años, cuando le tocó volver a estar preso en las islas. En este caso por desplegar una bandera argentina, gritar ‘¡Viva la Patria!’ y cantar el Himno Nacional en el Cementerio de Darwin. “Un ‘kelper’ que nos había visto, nos denunció. Al principio nos trataron con bastante rigor, pero cuando les mostré una foto en la que estoy con Maradona, me devolvieron el teléfono y me dejaron ir. La verdad es que el Diego me salvó”, recuerda. “Esa vez nos cruzamos con un par de excombatientes ingleses, que nos saludaron con mucha reverencia y respeto”, completa.

Tercer tiempo. “Luego de mi retiro como jugador, fui ayudante de campo de Ricardo Calabria en El Porvenir y dirigí dos años a Comunicaciones. No me fue mal, pero me di cuenta de que lo mío no era ser director técnico. Desde 2002 trabajó en IOMA (Instituto de Obra Médico Asistencial), que es la obra social de la Provincia de Buenos Aires.  Ahí estoy a cargo de un programa de ayuda a veteranos de la guerra de Malvinas”, detalla Escobedo sobre ‘el día después’ del colgar los botines.

Más allá de aquella efímera experiencia con el buzo de entrenador, el exdefensor deja en claro que su idilio con la pelota se mantiene intacto: “Hoy sigo siendo futbolista, a pesar de mi edad. Participo con mi equipo en los torneos senior y a veces también nos juntamos con otros exfutbolistas”.

Sobre la actualidad del tema Malvinas, señala: “Es un asunto que se saca cada tanto a nivel político, pero hoy no se ve mucha perspectiva de nada. Inglaterra tiene la posesión de las islas, donde ha construido una base militar muy grande, y también hay un trasfondo con el tema de la cercanía con la Antártida y los recursos naturales. Está muy difícil para Argentina. Dios quiera que alguna vez vuelva a flamear allí nuestra bandera, pero la verdad es que no creo que nosotros lo podamos llegar a ver”.

Aunque no les esquiva a las notas y los homenajes, Escobedo relativiza su participación en la guerra y hace foco en los caídos en combate: “Yo no me considero un héroe. Los verdaderos héroes son los pibes que quedaron en Malvinas”.

Hugo Caric
- Periodista -