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El regreso de los dos veces desaparecidos
Foto: El hallazgo e identificación de cuerpos de desaparecidos en La Perla constituye una bisagra en la lucha por los derechos humanos.
El hallazgo e identificación de los restos de doce víctimas de la dictadura asesinadas en La Perla plantó un mojón contra el negacionismo y la justificación del terrorismo de Estado. Testimonios de familiares frente a una noticia que sorprende y repara. En Deán Funes, invocan a los “dos demonios” en un acto oficial y vandalizan un espacio para la memoria.
Publicada el en Crónicas

En vísperas del 50 aniversario del golpe de Estado que dio inicio a la última dictadura cívico-militar, una noticia conmovió a las familias de víctimas del terrorismo de Estado y a la militancia por los derechos humanos: en el contexto de la causa Enterramientos clandestinos, fueron identificados los restos de doce personas secuestradas, asesinadas y desaparecidas en los campos del ex centro clandestino de detención, tortura y exterminio de La Perla.

Ramiro Sergio Bustillo, José Nicolás Brizuela, Raúl Oscar Ceballos Cantón, Adriana María Carranza o Cecilia María Carranza, Carlos Alberto D’Ambra, Alejandro Jorge Monjeau, Mario Alberto Nívoli, Elsa Mónica O’Kelly Pardo, Oscar Omar Reyes, Eduardo Jorge Valverde y Sergio Julio Tissera, son los nombres dados a conocer por el Juzgado Federal N° 3 (JF3) con el consentimiento de las familias. En un caso, se optó por mantener el anonimato.

Sus cuerpos habían sido arrojados a una fosa común entre 1976 y 77 y desenterrados en 1979 para ocultarlos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ante una probable inspección en La Perla. Por eso se trata de pequeñas piezas óseas, recuperadas tras una larga búsqueda por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAFF) en la Loma del Torito. Entre ellas, un diente con código genético compatible con las mellizas Carranza, que no alcanza para determinar si corresponde a Adriana o Cecilia, pero prueba que una de las dos estuvo allí.

Además, se encontró una pequeña medalla de oro. De un lado, el perfil de la Virgen Niña, del otro un nombre y una fecha: GRACIELA / 3-9-74. Fue un regalo para el cumpleaños 19 de Graciela Geuna, secuestrada junto a su esposo Jorge Cazorla el 10 de junio de 1976. A él lo asesinaron ese mismo día. Ella estuvo cautiva dos años, sobrevivió, marchó al exilio, atestiguó ante la Organización de las Naciones Unidas en 1980, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas en 1984 y en varios juicios de lesa humanidad. Hoy integra el colectivo de querellantes de la causa Enterramientos... “Cuando vimos que nos estaban matando a todos, unos días antes de que cayéramos, se la puse alrededor del cuello para que lo protegiera (…) Y hoy vuelve. Para decirme que estás o al menos estuviste allí, aunque tus huesos no hayan sido identificados”, escribió Geuna en el diario Página 12.

El de Jorge Cazorla es uno de esos cuerpos dos veces desaparecidos, cuya búsqueda se reanudará cuando pase la temporada de lluvias.

“Nunca pensé que me tocaría a mí”

“Buen día. Mi nombre es Hipólito Atilio Valverde, hijo de Eduardo Jorge Valverde. Y también soy hijo de la Negra Mercado, para la que pido un fuerte aplauso, porque ella me educó para marchar y estamos marchando desde antes que volviera la democracia para que ella vuelva”, dijo en la conferencia de prensa en el JF3. Además de marchar, la abogada María Elena Mercado fue aún en dictadura pionera en la búsqueda de las víctimas del terrorismo de Estado y la investigación para llevar a juicio a sus victimarios. En 1984, fue impulsora de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas en Córdoba y responsable de su área de Denuncias.

Entrevistada por El Sur, dijo tener “una sensación dual”. “Por un lado, muy emotiva. Ha pasado tanto tiempo que una cree que es imposible lograr algún resultado –explicó–. Sin embargo, yo confiaba, sobre todo cuando entró a trabajar el EAAF, lo que permite identificar restos. Pero nunca pensé que me tocaría a mí, honestamente”.

-A usted, que siempre buscó evidencias de todos los desaparecidos, que aparezcan los restos de su esposo la sorprende…

-Totalmente, porque una buscaba a todos. En algunos había más pruebas y en otros menos, pero la búsqueda era para todos. La sorpresa fue que a pocos días de cumplirse los cincuenta años sea su caso uno de los que han encontrado.

En un perfil publicado en El Cohete a la Luna, Ivana Fantín rescata una escena: El 28 de junio de 1985, con un traje gris y un pañuelo violeta al cuello, María Elena ingresaba a la sala de audiencias del Juicio a las Juntas.

—¿Estado civil? —le preguntó el juez León Arslanian desde el estrado.

—No lo sé. Mi esposo desapareció el 24 de marzo de 1976 —respondió ella, con voz firme.

Este 24 de marzo, María Elena Mercado volvió a marchar “en protesta contra los golpes de Estado y también por los compañeros y compañeras de los que todavía no han encontrado los restos. Y todos los años hay que hacer lo mismo”.

-En la conferencia de prensa se habló del negacionismo y la justificación oficial del terrorismo de Estado. Frente a eso, ¿qué valor tiene este hallazgo?

-Está dividida la opinión y en eso hay que seguir luchando. Hay gente, argentinos igual que nosotros, que son negacionistas. O los que decían la famosa frase: “Por algo será”. Pero si hay algo que hice mal, para eso están las leyes en un país civilizado. Denúncienme, que me juzguen y yo podré defenderme. Pero cazar a una persona, matarla y hacer desaparecer el cuerpo es una atrocidad.

-Los represores hablaban de una supuesta guerra contra la subversión, pero no la podían mostrar al mundo. Si así fuera, no hubieran desenterrado los cuerpos para ocultarlos, como en estos casos.

-Exactamente. Fue un segundo secuestro.

“Volvió papá, lo encontraron”

Roberto Brizuela tenía seis años cuando empezó a llevar la pancarta con el retrato de su padre, mientras marchaban con su madre y su hermana por la plaza San Martín, en 1983. José Nicolás Brizuela tenía cincuenta cuando lo secuestraron de su casa de barrio Residencial América, el 24 de octubre de 1977. Era obrero en la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (Epec) y militaba en el sindicato de Luz y Fuerza y el Partido Comunista.

“Hoy podría decirle a ese niño que daba vueltas en la plaza: volvió papá. Lo encontraron, acá está…”, se imagina Roberto. Tenía seis meses cuando una patota del Ejército se llevó a su padre. Hoy tiene 48 años y una hija de 16. No tiene empleo estable y se gana la vida como chofer de una aplicación de transporte. Su hermana, seis años mayor, pudo entrar en la Epec por la cláusula que ante la muerte de un empleado habilita ingresar a un familiar. “Jamás pensé que lo fueran a encontrar –asegura–. Para mí era un desaparecido, se lo habían llevado y su vida quedó como en puntos suspensivos”.

-¿Qué sabías de tu papá y su secuestro?

-Mi mamá nos dijo siempre la verdad: que lo habían venido a buscar los militares y se lo llevaron. Al principio, me dijeron que me metieron debajo de la cama y a mi hermana la escondieron en un ropero. Después, cuando mi mamá y mi tía dieron testimonio para el juicio, ahí contaron la verdad, que yo estaba en una cuna y un militar me alza y dice: “Mirá lo que tenemos acá…”. Y otro le dice: “No. Vinimos por él. Dejalo ahí”. Y me dejan de vuelta en la cuna.

-Podrías haber sido un niño robado…

-Sí, nunca supe, pero después mi vieja… Era como que nos decía, pero nos quería cuidar. Siempre fue muy respetuosa y nos explicó todo. De mi papá, contándonos cómo era y qué hacía. Sus cosas buenas y malas, porque era una persona común.

-¿Qué conocés de su militancia?

-Él estaba en Luz y Fuerza y en el Partido Comunista. Mi hermana tiene un recuerdo de ella con mi papá en la bici llevando el Electrum, el diario del sindicato, para repartirlo a los empleados. Yo a Agustín Tosco lo tengo ahí arriba, era un genio. Siempre digo que yo no tuve a mi papá, pero todo lo que me iban diciendo de él me iba forjando a cómo ser. Mi papá era una persona recta.

Deán Funes, a la derecha de los dos demonios

Deán Funes, cabecera del departamento Ischilín en el norte cordobés, es la ciudad donde nació José Nicolás Brizuela, uno de los doce militantes desaparecidos en La Perla, cuyos restos fueron recuperados e identificados. Para el 50 aniversario del 24 de marzo de 1976, la intendenta Andrea Nievas, vecinalista aliada del schiarettismo, delegó el discurso del acto oficial al ex policía Hugo Moyano.

“Vuelvo a aquel tiempo de tragedia y los veo al acecho. Son ellos, han vuelto a aparecer. Ellos, siempre dispuestos a asestarle a la democracia un golpe en la nuca. Se los reconoce por su rancia estirpe. Violentos, amenazantes, peligrosos, cobardes y asesinos. Ellos, que se ponen y se quitan las caretas. Ellos, que han tomado las armas para matar y las palabras como dinamita. Ellos, los unos y los otros, que desde el cuartel o desde las unidades básicas, desde los comités, las trincheras sindicales o desde los medios de comunicación, conspiraron para imponer sus poderes a sangre y fuego”, comenzó el orador.

Frente a funcionarios municipales, concejales, bomberos y policías, autoridades escolares y estudiantes abanderados, abundó: “La ley y el orden sucumbieron ante la alevosía, como alegoría de la muerte, la tortura, la desaparición forzada de personas, las cárceles del pueblo, los juicios sumarios y la ejecución como pena irrecurrible dictada por tribunales populares, los secuestros extorsivos, los atentados y las bombas en las calles a plena luz del día, donde el azar jugaba sus cartas de vida o muerte. La siembra del odio, la violencia y la corrupción nos persigue como una maldición irremediable (…) La memoria se convirtió en un bien enfermo, con certificado de hemiplejía severa. Por eso padece un estado de minusvalía e incredulidad, que le impide dar una versión completa y verdadera de los hechos sucedidos”.

La alocución también fue presenciada por integrantes de la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos de Deán Funes, quienes expresaron su repudio a “un intento de reinstalar la teoría de los dos demonios”. No obstante, optaron por “anteponer a esos discursos acciones visibles, que sigan fortaleciendo el hecho concreto e histórico de inaugurar un sitio de la memoria, que sostiene el Nunca Más, un Estado terrorista y voltea cualquier intento de historia negacionista”.

Al cierre de esta edición, mientras desde la Mesa de Derechos Humanos solicitaban al Concejo Deliberante que declare de interés legislativo el Paseo de la Memoria –ubicado entre las calles Urquiza, Mendoza y Juan Domingo Perón–, el sitio era vandalizado con el robo del cartel de madera pintado por un artista plástico que lo señalizaba.

Alexis Oliva
- Periodista -