El lenguaje marca, define y limita. La construcción social de la expresión humana determina mucho más que la unión de un significante y un significado; es reflejo de época y de los procesos culturales. Eliseo Verón estaría feliz de constatar, una vez más, que “construimos el mundo que nos rodea” al elegir las palabras para definirlo.
El término “emprendedor” se transformó en los últimos años en símbolo de una etapa de la historia -que algunos autores llaman post capitalismo- con sus propias expresiones políticas, sociales y económicas. Autopercibirse emprendedor ya es más que una categoría en los estudios económicos; es toda una definición de expectativas financieras centradas en la utopía de la meritocracia y los logros individuales.
En Córdoba el cuentapropismo creció un 4,8% en los últimos nueve años, convirtiendo a la provincia en una de las que más incrementaron esta nueva modalidad laboral entre sus habitantes. Ese 4,8% pone a Córdoba por encima de la media nacional, donde la suba del cuentapropismo fue del 4,1%.
Según la Encuesta Permanente de Hogares -datos del tercer trimestre del 2025- en Córdoba el 24% de los trabajadores se define como cuentapropista, el 72,2% como asalariado y el restante 3,8% en el rubro “otros”. Los datos de Río Cuarto son similares: 23,5% cuentapropistas, 70,2% asalariados y 6,3% en otra modalidad laboral.
El diagnóstico, elaborado por la consultora Politikon Chaco, analizó el avance del cuentapropismo como forma de inserción laboral y su vínculo con la dinámica del empleo asalariado en un informe que abarcó los 32 aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC) entre 2016 y 2025".
"Las modalidades ocupacionales se definen de acuerdo con la categoría ocupacional declarada por los individuos, distinguiéndose entre asalariados, cuentapropistas, patrones y trabajadores familiares sin remuneración (estos dos últimos, agrupados)", explica el informe de Politikon Chaco. Es decir que fueron los propios entrevistados por la Encuesta Permanente de Hogares quienes se definieron como emprendedores o autónomos de una patronal. En este punto la investigación salta la tranquera imaginaria que separa lo económico de lo sociológico, potenciando el mito del emprendedurismo que enarbolan como bandera los gobiernos de derecha.
Clima de época
En la palabra “cuentapropista” se esconde parte de la trampa cultural del proceso de precarización laboral de estos días. La IA lo define sin pudor: “Un cuentapropista es una persona que trabaja por su cuenta, de manera independiente y sin depender de un empleador (sic), generando sus propios ingresos a través de una actividad económica. Se caracteriza por gestionar su propio negocio, ya sea solo o con pocos colaboradores, y abarca desde profesionales calificados hasta trabajadores de oficios o subsistencia”.
En el mercado laboral actual, el término englobaría desde un abogado del estudio jurídico más importante de La Docta que factura millones hasta un plomero, pasando por una persona que vende tazas decoradas u otra que elabora panes rellenos.

Con el agravamiento de la crisis, millones de argentinos ingresaron en la lógica de salvación económica individualista que se fundamenta en la creencia de que el éxito depende de la propia voluntad: la meritocracia, que propone analizar el éxito prescindiendo de los condicionantes del lugar de partida de cada uno. Así, conceptos como libertad, emprendimiento y dinero se mixturan en una repetida falacia teórica.
Lo describió en otra edición de El Sur el sociólogo Sergio Vergne: “Las nuevas generaciones suelen celebrar la figura del emprendedor como ideal de autonomía, éxito y realización personal. Tener un emprendimiento propio, manejar los tiempos y no tener patrón aparecen como signos de triunfo. Aparecen encubiertas nuevas formas de explotación”. En términos del docente universitario, el nuevo mapa laboral bien podría definirse como de “uberización del empleo”.
Plataformas
El crecimiento del cuentapropismo va de la mano de la falta de empleo y los últimos datos en Córdoba lo confirman: el 2025 cerró con un aumento de la desocupación, que pasó del 8% en el último trimestre del 2024 a un 8,8% en el cierre del año pasado. Ese incremento no termina de reflejar la magnitud del problema si no se lo cruza con otros indicadores. La desocupación abierta no alcanza para entender lo que está pasando, porque los datos de la economía no tienen ningún valor aislados, siempre deben ser cruzados con otras estadísticas para terminar de dimensionarlos.
Según el INDEC, la Población Económica Activa (PEA) de la ciudad de Córdoba y sus alrededores es de 819.000 personas. De ese universo, 407.000 cordobeses tienen un trabajo, pero buscan otro, trabajan menos horas de las que desearían o son desocupados. En otras palabras, la mitad de los cordobeses en edad de trabajar tiene graves problemas laborales y es ahí donde la opción del cuentapropismo surge casi como una obviedad. Con un agregado clave: la mayoría no lo vive como una derrota o un fracaso, sino como el “camino hacia el éxito”.

El economista de la Universidad de Buenos Aires, Facundo Pastrana, advierte en sus redes sociales que los datos oficiales expresan un agotamiento del “modelo de uberización”: "Las plataformas digitales ya saturaron su capacidad de absorción laboral", asegura. Y advierte sobre los efectos del crecimiento del desempleo en una economía en recesión: “Los jóvenes fueron los que más sufrieron: la tasa de desocupación en personas entre 14 y 29 años creció 3 y 3,7 puntos en mujeres y varones, más que duplicando la tasa general”.
Córdoba
Para Luca Llorens, economista de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) e integrante de la consultora OTES, “el crecimiento de los cuentapropistas -que refleja el crecimiento sostenido que tiene el rubro en la Encuesta Permanente de Hogares- es una tendencia que se viene dando desde hace tiempo y tiene que ver con las nuevas tecnologías y el empleo de plataforma”. El investigador advierte que la llegada de las ideas libertarias a la Casa Rosada profundizó el proceso: “Se observa que esa tendencia se va profundizando especialmente en los últimos dos años”. “En Córdoba hay una situación de precariedad porque el empleo cuentapropista tiene además un alto índice de no registración. Puede haber empleo cuentapropista registrado y no registrado. Si la persona tiene monotributo sería registrado, pero en primera instancia te está marcando trabajadores y trabajadoras sin aportes para la jubilación, que no tienen obra social y están por fuera de todo el sistema de la seguridad social”, advierte el economista.
Llorens no tienen dudas de que el salto de Javier Milei de los sets televisivos al sillón de Rivadavia perjudicó especialmente a los que menos tienen: “Si distinguimos por deciles de ingresos económicos, vemos que este empleo cuentapropista es más alto en los hogares con menos ingresos y que es donde más creció en estos últimos dos años. Existen cuentapropistas en ingresos medios y altos, pero cuando vas subiendo disminuye la presencia del cuentapropismo. Creció mucho en los deciles bajos”, insiste. Y si bien espera las nuevas modalidades de medición del INDEC para ajustar los datos estadísticos a la nueva realidad económica, “todo indica que el incremento del cuentapropismo viene de la mano del empleo de plataforma, donde Uber como transporte y el servicio de delivery es lo que más creció”.

Hay dos procesos en paralelo, son dos caminos que en algún momento se cruzan y condicionan de manera directa y permanente el desarrollo económico: menos industria es desempleo; y más desempleo es más precarización laboral.
“El cuentapropismo es un empleo que al no estar registrado deja al trabajador por fuera de cualquier derecho laboral. En Córdoba está un poco por encima del promedio del país, lo mismo pasa con el desempleo y la informalidad en general” advierte Llorens.
Para el economista, esta situación “tiene que ver con el proceso de degradación de la matriz industrial de Córdoba que se aleja de la agro industria más tradicional y hoy está sufriendo un embate casi criminal. Esa crisis a nivel general que pega muy fuerte en los centros urbanos, con ingresos que no alcanzan, en Córdoba suma un golpe particular a la industria tradicional. Es algo que viene desde hace tiempo, pero se acentuó fuerte con el modelo actual”.
En las encuestas de empleo muchos cordobeses, en lugar de decir que no tienen trabajo, responden que tienen un emprendimiento porque ser emprendedor es sinónimo de crecimiento personal, de libertad y de “manejar sus tiempos”. Pero las estadísticas marcan que, por el contrario, en muchos casos el emprendedurismo es un camino directo a la precarización y la auto explotación laboral. Además, al no percibir aportes patronales ni hacerlos en el sistema de monotributo, el cuentapropista se conviene en el primer evasor de los recursos que asegurarían su propia jubilación.
Al ADN argento que ha permitido la asombrosa capacidad de adaptación a las distintas y recurrentes crisis económicas del país parece agregarse ahora el falso orgullo de no tener jefes ni patrones, ser dueños de nuestro tiempo, aunque el cambio implique trabajar más horas por menos dinero y sin red de protección social.
Muchos cordobeses creen que depende de su esfuerzo llegar a ser Marcos Galperin o Martín Migoya, pero la dura realidad es que el devenir de convertirse en sus propios patrones, lejos de la independencia económica, los condena a la auto explotación laboral. Eso sí, en plena libertad.