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Pedro Canoero vuelve a casa
Foto: Silvia Lallana frente al monumento a Pedro Canoero, a orillas del lago Ypacaraí, en Paraguay
Más de cuatro décadas después de su creación, la canción más reconocida de Teresa Parodi regresó a su fuente de inspiración. A través del programa “Lo que se nos canta”, la historia de un canoero anónimo recuperó su geografía, uniendo a Córdoba con Paraguay en un emotivo acto de justicia poética y rescate cultural.
Publicada el en Crónicas

Hay piezas musicales que se comportan como organismos vivos, que no terminan en la última nota de una partitura ni se congelan en el surco de un vinilo. A veces, las canciones deciden emprender viajes de décadas, cruzando fronteras invisibles y memorias colectivas, hasta que un día, por la fuerza de un encuentro fortuito, reclaman su lugar en la geografía física.

Lo que sucedió el pasado 27 de marzo a orillas del lago Ypacaraí, en Paraguay, no fue solo un acto protocolar; fue el cierre de un círculo poético que comenzó hace más de cuarenta años en la mente de Teresa Parodi y que encontró su puerto definitivo gracias a la curiosidad de una artista cordobesa.

Allí, donde el agua se confunde con el cielo cuando el sol desaparece, nació una escultura. Un Pedro de hierro, a escala real, un ademán que invita a pasar y una historia. Pero para entender cómo sucedió todo esto, hay que desandar el camino y volver al living donde todo empezó, un living donde el oficio de cantar se transforma en el arte de preguntar.

La guardiana de las historias. Silvia Lallana se reconoce, ante todo, como una “cantante curiosa”. Esa distinción es fundamental para entender la impronta de “Lo que se nos canta”, el programa que realiza junto a su compañero de vida y cómplice creativo, Sergio Manes. “Creo que el inicio de toda esta historia fue cuando escuché Pedro Canoero por primera vez, cuando Teresa fue revelación de Cosquín con ese tema”, rememora Lallana, con esa cadencia pausada de quien sabe que las buenas historias no tienen prisa.

“Luego, cuando yo tenía un coro de niños cantores, hice una versión coral e hicimos esa canción. Pasó el tiempo y, ya en mi actividad como cantante, empezamos este programa con Sergio. Él es quien hace las fotografías, las ediciones, el que me impulsa”, agrega.

El programa no nació con pretensiones académicas, sino desde la defensa del oficio del intérprete. “Yo me considero y defiendo el oficio del intérprete, ese que tenía Mercedes Sosa, algo que en otros tiempos estaba muy bien delimitado: el autor de la letra, el de la música y el cantante. Roles separados. Mi idea era simplemente el diálogo de una artista que quiere saber por qué se escribió una canción. Preguntar: ¿por qué escribiste esto? Y punto. Y después, terminar cantando juntos”, explica Lallana.

Bajo esa premisa, hace cuatro años, la intérprete se sentó frente a Teresa Parodi. No buscaba hablar de nuevos discos, ni de próximos conciertos; buscaba el fantasma de Pedro.

El naufragio que no fue. Durante décadas, la audiencia argentina -e incluso las voces más autorizadas del folklore- leyeron en Pedro Canoero una elegía. La frase “Pedro, se te fue la vida sobre la canoa” se instaló en el imaginario popular como el relato de una tragedia. Se pensaba en el río que se cobra una deuda, en la madera hundiéndose, en el final.

“A mí me conmovía la letra”, confiesa Lallana. “Yo tenía esa idea de que la canoa se había hundido, que Pedro había muerto. Incluso Teresa me corroboró que a Mercedes Sosa le pasó lo mismo cuando la escuchó. En general, uno se queda con esa sensación de pérdida”. Pero en la intimidad de aquella entrevista, Parodi abrió una ventana distinta.

Ella recordó aquel viaje a Paraguay en 1983, un año antes de su consagración en Cosquín. No era la artista consagrada que es hoy, pero en Paraguay ya la adoraban. “Antes de ganar Cosquín, yo viajaba mucho allá”, contó Teresa en el programa de Lallana. “Me decían: ‘quedate Teresa, porque acá ganaste primero’”, dijo riendo.

Fue después de una actuación en el Festival del Lago de Ypacaraí cuando la llevaron a conocer el agua. “Un paisaje increíble, furioso por el calor, el verde refulgente, el brillo de las aguas”, describió la correntina. Allí, entre una hilera de canoas, Teresa eligió a un hombre. O quizás el hombre la eligió a ella. “Tenía una actitud como si la canoa fuera el centro del mundo para él”, recordó Parodi con una precisión cinematográfica. “Cuando íbamos a subir, hacía una reverencia, como quien te abre una puerta. Me impactó. Vi que en su lugar de trabajo tenía un calentadorcito, una pavita, un mate, una radio. Pensé: la canoa es su casa. Me estaba invitando a pasar a su casa”.

Ese hombre, cuyo apellido se perdió en el tiempo, pero cuyo nombre se volvió eterno, empezó a hablarles del paisaje. El lago no es azul, pero Teresa juró que ese día lo vio de ese color. Fue la pasión del hombre al describir su entorno lo que tiñó el agua en la mirada de la cantante. “Y solo sabía que se llamaba Pedro”, dice Lallana.

Ya en el avión de vuelta a Buenos Aires, la letra y la música estaban prácticamente escritas.

El puente tecnológico y el insomnio de un gestor. La entrevista de Lallana quedó en el gran archivo de la humanidad que es YouTube. Allí permaneció, silenciosa, hasta que, a principios del año pasado, José Quevedo Allende, un gestor cultural paraguayo, dio con ella. “Él ve la entrevista y dice que no pudo dormir esa noche”, cuenta Lallana con asombro. “Ahí se entera de que Pedro era paraguayo y que la inspiración era el lago Ypacaraí. Fue un choque cultural, porque allá todos creían que la canción hablaba de alguien del río Paraná. Nadie imaginó que era de ellos”.

Lo que siguió fue una cruzada personal que rozó la obsesión. Quevedo Allende comenzó a caminar las oficinas gubernamentales de Paraguay con una maqueta bajo el brazo y el video de la entrevista de Lallana como prueba de fe. Insistió hasta que la idea de una escultura se transformó en un proyecto de Estado. Se involucró la Gobernación, el Ministerio de Turismo y la comunidad local.

Así, lo que originalmente iba a ser una pequeña ceremonia en diciembre con Teresa y su guitarra, terminó siendo una transformación urbana. “Han puesto en valor todo el espacio. Arreglaron el paseo con flores, rescataron un muelle que estaba destruido. Incluso Turismo ahora quiere sanear el lago porque esto generó una repercusión inesperada. Yo les decía: esto parece que termina acá, pero recién empieza. Con decirte que ya hablan de un festival anual de Pedro Canoero”, relata Lallana.

El regreso del hijo pródigo (de hierro). El 27 de marzo, Silvia Lallana se encontró en Paraguay, viviendo en carne propia las consecuencias de sus preguntas. La ceremonia de inauguración fue un despliegue de identidad litoraleña. “Te cuento este dato de color”, dice entusiasmada: “José me cuenta que van a venir siete canoeros desde el otro lado del lago cruzando para la inauguración. Y yo le digo: ‘quiero ir’. Tuvimos que rodear todo el lago en auto, 40 minutos hasta la otra punta, y allá me subí a una de las canoas. Crucé el lago cantando Pedro Canoero a capela, a voz de cuello, mientras llegábamos a la orilla. Fue una experiencia maravillosa”.

La escultura no es un bronce estático en una plaza seca. Está ubicada en un mirador, rodeada de plantas, y tiene un componente interactivo que la devuelve al plano de lo sensible. “Pusieron un botón que la gente aprieta y empieza a sonar la canción cantada por Teresa. Los parlantes están alrededor de la escultura, creando un paseo musical muy emocionante”, describe.

El escultor, Hugo Escobar, trabajó la pieza a hierro batido, buscando reflejar cada detalle del relato de Parodi. Está el canoero, con su estatura de hombre común, su casaca y su sombrero. Pero también está la mística de la cotidianeidad: la canoa de hierro tiene grabado en su interior el diseño de la pavita y el calentador. Es la casa de Pedro, anclada para siempre en la orilla.

La búsqueda de la identidad. Como suele suceder con los mitos, la revelación trajo consigo la controversia y la necesidad de pertenencia. “Aparecieron los haters”, ríe Silvia. “Decían: ‘pero no, esa canción no es del lago, si dice río’. Pero Teresa explica que el río aparece como recurso poético, porque le contaron que el lago desemboca en ríos. Ella lo aclara perfectamente”.

También apareció la búsqueda del hombre real. “El apellido no se sabe. José me contaba que cuando esto salió a la luz por la entrevista, todos empezaron a buscar. Imaginate, fue hace más de cuarenta años y él ya era un hombre grande; ya no debe estar. Pero empezaron a aparecer personas diciendo ‘era mi abuelo’; todos se querían adjudicar el parentesco”, cuenta Lallana.

Finalmente, se decidió que Pedro fueran todos, una simbología del oficio, un homenaje a esos hombres que, mientras el mundo corre, ellos reman en silencio, custodiando el paisaje.

El legado de una entrevista. Teresa Parodi vivió la jornada con una emoción que superaba lo artístico. Estaba con sus nietos, mostrándoles ese Paraguay donde ella se siente “hallada”, esa palabra tan propia del litoral que define el bienestar absoluto. “Ella decía: ‘yo viviría acá’. El cariño que le tienen es inmenso”, apunta Lallana.

Para la intérprete cordobesa, este episodio es de alguna manera la validación de un camino que ya lleva 130 capítulos grabados y varios premios, incluidas cuatro nominaciones al Martín Fierro y el premio TAL de Televisión Latinoamericana. “Lo que se nos canta” ha pasado por YouTube y por la pantalla de Canal 10, consolidándose como un archivo vivo de la cultura argentina, con entrevistas a figuras como Jairo, Jorge Fandermole, Juan Falú y nuevos referentes como Lucas Heredia o Ana Robles. “A mí me apasiona hacerlo. Si la entrevista no hubiera aparecido contada por ella, nada de esto hubiera sucedido. Para mí es mucha emoción ver cómo el arte se las ingenia para engarzar las piezas y que terminen en esta historia”.

El sol se pone en el Ypacaraí y la voz de Teresa Parodi vuelve a sonar desde los parlantes ocultos en el hierro. Pedro ya no se va, ni se le va la vida. Ahora se queda, firme sobre su canoa, recordándonos que las canciones son, a veces, el único mapa que tenemos para volver a casa.

Guillermina Delupi
- Periodista -