Crónicas
Entrevistas
Actualidad
El Kiosco virtual
Reflexiones
Cultura
Música
Cine
Libros
Galería Magalú
Galerías multimedia
Quiénes Somos
Revista El Sur
Staff
Ediciones en papel
#MiloJ
Música argentina ¿Otra vez unitarios y federales?
Foto: Milo J, el fenómeno musical que arrasó con los premios Gardel.
La participación del cantante Milo J en los Tiny Desk Concert de la radio estadounidense NPR lo convierte en el artista más joven en participar de ese formato. La catarata de improperios en redes sociales reflotó un viejo debate nacional.
Publicada el en Música

“Marrón”, “boliviano”, “cipayo”, “eso no es nuestra cultura”, “no es nuestra música” y “marronazo” fueron algunas de las cosas que se leyeron en la red social X cuando, el pasado 30 de abril, el cantante Milo J se presentó en los Tiny Desk Concert de la radio estadounidense NPR. Este hecho lo convirtió en el artista más joven en participar de este formato. La catarata de improperios, propia de esta red social, abrió una nueva grieta: ¿cuál es la música de Argentina?, ¿hay un único género que logre representar a todo el país? y, la que creo que es central, ¿la música o la cultura argentina se mide desde la Ciudad Autónoma? Estas preguntas intentaremos responder en esta reflexión.

Para poder entrar en una reflexión sincera y completa hace falta revisar cómo nació nuestro país. Como gran parte de América, es fruto del mestizaje entre los españoles y los pueblos originarios, a lo que luego, mucho más adelante, se sumó el mestizaje con otros pueblos europeos. También entra como variable de análisis la existencia de diferentes corrientes fundadoras que dieron origen a algunas ciudades del país. Tres fueron las principales: la del Norte o del Perú, la del Este y la del Oeste, y cada una cuenta con diferencias ideológicas propias. Vamos a centrarnos particularmente en dos: la corriente del Norte, encargada de fundar ciudades como Santiago del Estero, Córdoba y San Miguel de Tucumán, y la corriente del Este, fundadora de ciudades como Asunción y Buenos Aires.

Haremos ahora un salto histórico al siglo XX y a las corrientes migratorias europeas que llegaron a Buenos Aires. Como se recordará, este éxodo europeo fue consecuencia de la Gran Guerra y de la hambruna ocasionada por ella. No fueron escenarios felices: sus llegadas estuvieron marcadas por una profunda melancolía por lo perdido, por la familia dejada atrás y por las carencias propias de una Buenos Aires explotada por una población cada vez más creciente y azotada por diversas epidemias. Todo este complejo escenario fue el caldo de cultivo ideal para ritmos como el tango y, hacia fines del siglo, el rock nacional. Ambos géneros tuvieron una gran influencia extranjera: el primero, con una fuerte impronta del lunfardo, y el segundo, influenciado por la cultura anglosajona. Poco a poco, estos géneros rioplatenses fueron haciendo mella en lo profundo del corazón argentino, sobre todo en el corazón de los porteños.

Un proceso similar ocurrió en el interior del país, teniendo algunos hitos, como en Córdoba, donde una joven fusionó el ritmo de la tarantela italiana, el pasodoble español y el flamenco para dar lugar al cuarteto. En el litoral, el español y el guaraní dieron origen al chamamé. En el Norte —y aquí queremos detenernos— encontramos dos géneros de origen prehispánico que compartimos con países como Bolivia y Perú: el huayno andino y las coplas. Queremos detenernos para hacer un pequeño paréntesis histórico y señalar que Perú, Bolivia, el norte de Chile y el norte de Argentina pertenecían a una misma distribución territorial: el Virreinato del Perú, al menos hasta 1776, cuando se funda el Virreinato del Río de la Plata. Hacemos este paréntesis para dejar en evidencia las relaciones que existían entre estos pueblos, relaciones que duraron más de doscientos años hasta la creación del nuevo virreinato.

Detrás de estas expresiones culturales y musicales existían y existen formas de pensar el país. Las diferencias entre ambas corrientes fundacionales merecerían un análisis aparte. Bastará, para nuestro objetivo, decir que mientras la corriente del Norte estaba fuertemente ligada a la Corona, a la Iglesia y favorecía el mestizaje, la corriente del Este tendía más a la autonomía y al libre cambio, lo que favoreció el mestizaje con pueblos europeos provenientes de la inmigración. Esta misma división fue el germen ideológico para la posterior contienda entre unitarios y federales. El mestizaje, tanto en el Norte con los pueblos originarios como en el Este con los pueblos europeos, fue forjando nuestra cultura y nuestra música.

Toda esta antesala histórica nos ayudará a responder las preguntas que nos formulamos al inicio. ¿Cuál es la música de Argentina? ¿Hay un único género que logre representar a todo el país? No existe una única música o un único género que represente a toda la nación, sino que es la suma de estos géneros la que representa al ser nacional argentino. Casualmente —o quizás este sea el verdadero ser nacional argentino— todos tienen en común un punto: la nostalgia, la necesidad imperiosa de denunciar la injusticia y las pobrezas cotidianas; en algunas zonas, con géneros que inspiran más alegría, y en otras, con melodías que inspiran melancolía.

Es un gran error pensar la cultura y la música desde Cabildo y Juramento. Hay en ello un dejo de aquellas disputas sobre la organización nacional en las que se pretendía centralizar todo en un único punto. La aparición de Milo J en el medio antes citado y el auge de programas como “FAlklore” buscan una sola cosa: reivindicar la riqueza cultural y musical del interior, fusionando nuevos géneros y entablando un diálogo vivo entre lo pasado y lo actual; en otras palabras, transmitiendo la tradición a nuevas generaciones.

Tomás Teodoro Pucheta
- Docente -