Cuna de luchas y gestas populares, el barrio Alberdi sumó a la Reforma Universitaria y al Cordobazo el primer campeonato de la Primera División del fútbol argentino para un equipo cordobés. Ni más ni menos.
El vertiginoso torneo previo al Mundial 2026, con nombre Apertura y apellido de plataforma de comercio electrónico, concluyó con la inédita vuelta olímpica de Belgrano, club “indirectamente afiliado”, según la particular nomenclatura de una AFA de raigambre unitaria, que empezó a mirar hacia el interior (y de reojo) recién en 1967, cuando ya habían pasado 33 años de su constitución formal. Casi ocho décadas después de aquella incipiente organización que “el deporte de los locos ingleses” tuvo en nuestro país en 1893, bajo la denominación Argentine Association Football League y los apellidos Watson Hutton, Guy, Webb, Lamontt, Reynolds, Bridger, Singleton, Syer, Rudd y Morgan en su formación inicial dirigencial.
Cuando el 19 de marzo de 1905 alumbró en Córdoba la carta fundacional de la flamante entidad del antiguo “Pueblo La Toma”, con Arturo Orgaz como primer presidente y Rosario Soria como socia fundadora e ideóloga de los colores celestes, un homónimo porteño, Belgrano Athletic Club, ostentaba la condición de campeón vigente del fútbol argentino, discutiéndole la hegemonía al mítico Alumni de los hermanos Brown. Sería la primera y última coincidencia entre ambos: mientras los “primos” pitucos iban dejando de patear la pelota para dedicarse a otros menesteres -rugby, hockey, cricket, bridge, bowls, squash y natación, en la actualidad-, los belgranenses de La Docta se consolidaban como protagonistas de la Liga Cordobesa de Fútbol, de la que fueron los primeros campeones en 1913.

Más de medio siglo más tarde, en 1968, los de Alberdi también serían pioneros en representar al fútbol cordobés en un Campeonato Nacional. “El Pirata” sumaría otros 25 galardones locales y provinciales antes de ser incorporado como parte del staff permanente de la AFA, en la Primera B Nacional 1986/87, adonde llegó tras su consagración en el Regional ’86, un título que desde hace tiempo reclama como su primera “estrella”.
De arco a arco
En la historia de Belgrano hay extremos que se tocan. La doble condición de futbolista y de presidente emparenta las figuras de Arturo Orgaz y Luis Fabián Artime, dos nombres que podrían llegar a coincidir en una de las esquinas del Estadio Julio César Villagra, si prospera un proyecto que ya anda dando vueltas por algún despacho del Concejo Deliberante cordobés.
“El Luifa” llegó al máximo cargo del club el 6 de febrero de 2021, cuando el voto de los socios le dio el triunfo sobre el reconocido ex gerenciador y ex presidente Armando Pérez, en un auténtico superclásico electoral. Capitalizando la idolatría de sus tiempos de goleador y apuntalado por billeteras tangibles, Artime volvió a embarcarse en el bergantín 16 años después de su despedida oficial de los campos de juego, reconvertido en broker de seguros y sin experiencia dirigencial. Fue su cuarto regreso a Alberdi, luego de los exilios en San Lorenzo, Tigre y Melgar de Perú.
Su coqueteo con el modelo de gestión capitalista, a través de una alianza estratégica con el omnipresente empresario y representante Christian Bragarnik, más los recurrentes elogios a la gestión de Andrés Fassi en Talleres, hicieron temer a propios y extraños sobre la chance concreta de un retroceso, sobre todo en lo cultural, social y político, campos donde Jorge Franceschi llegó a brillar como dirigente, antes de su opaca presidencia. Aquellas incógnitas comenzarían a despejarse más temprano que tarde, con el acercamiento del “Luifa” a los organismos de derechos humanos, en la previa del 45° aniversario del golpe militar, empresarial y eclesiástico del 24 de marzo de 1976. “La cultura ya es una cuestión de Estado en Belgrano”, afirman, con orgullo y alivio, desde el área Cultura del club.

“Me metí en esto para tratar de darle a Belgrano un salto de calidad, arriesgando muchas cosas, sobre todo mi nombre y el cariño que me tiene la gente”, reconoció alguna vez el máximo artillero del Celeste en las competiciones de la AFA, tal vez recordando los casos de Daniel Passarella y Carlos Babington, dos íconos como futbolistas que perdieron el aura de intocables luego de sus fallidas presidencias en River Plate y Huracán.
Hoy Artime transita un segundo mandato, al que llegó sin oposición en las urnas, pero con algunos tironeos internos; forma parte de un Comité Ejecutivo de la AFA sin nombres británicos, donde sobresalen la dupla Tapia-Toviggino y varios ex futbolistas como él (Juan Román Riquelme, Diego Milito y Gonzalo Belloso); y se encamina hacia una re-reelección de la que pronto seguramente habrá novedades, cambio de estatuto mediante.
Los que quieren celeste
Obras, no palabras. Aunque sin dejar de lado su habitual verborragia, Artime se aferró a aquel slogan que en 1987 apuntaló la campaña del intendente cordobés Ramón Mestre, cuyo legado incluye la Isla de los Patos, uno de los lugares donde Belgrano solía entrenar cuando “El Luifa” llegó al Pirata, en 1992, con esta frase de presentación: “Trataré de hacer los goles que más pueda, y después se verá”. Durante sus mandatos, los avances de infraestructura se sucedieron a paso firme, tanto en el estadio de Alberdi como en el predio de Villa Esquiú. En tal sentido, un “Gigante” con capacidad para 50 mil personas asoma en el horizonte cercano.
Más oscilante fue su gestión deportiva, que logró enderezar cuando apostó por hombres de la casa, conocedores del paño, tipos con pertenencia y espalda en las tribunas. Pasó con Guillermo Farré, una apuesta de riesgo que terminó con el primer ascenso con título en la Primera Nacional y la posterior clasificación a la Copa Sudamericana; y se repitió con Ricardo Zielinski, el DT de la histórica Promoción de 2011 en el Monumental y artífice del primer Belgrano de la historia en los torneos de la Conmebol.

La llegada del “Ruso” fue una jugada clave, luego del todavía inentendible desembarco de Walter Erviti, a fines de 2024. “No me veo en Belgrano sin Armando Pérez”, había declarado Zielinski tiempo atrás. Los retornos del ex vicepresidente Abraham Rufail y del ex arquero Juan Carlos Olave apuntalaron, antes y después, el segundo desembarco del hoy DT campeón. En simultáneo, las vueltas de “Chiquito” Bossio, Julio López, “Leo” Torres, Franco Peppino y Mariana Sánchez, pionera del femenino celeste, se sumaron a otros apellidos ilustres -Guyón, Sosa, Constantín, Fernández, Misetich, etc.- para terminar de darle sentido de pertenencia al proyecto.
En la cancha, el regreso de Lucas Zelarayán, a comienzos del año pasado, fue mucho más que un efímero golpe de efecto. Se trató de una apuesta por un jugador distinto y vigente, que era pretendido por Boca y River, facturaba millones en la Liga Saudí y se preparaba para jugar eliminatorias mundialistas con la Selección de Armenia. La búsqueda de un salto de calidad.
Seis meses después, el mercado de pases permitió corregir los errores de armado de un equipo que lucía descompensado y generaba el fastidio de sus hinchas y la incomodidad de su jugador franquicia. A la incorporación de defensores con experiencia y liderazgo, le sucedieron los regresos de Santiago Longo y Franco Vázquez, otros dos “hijos pródigos”, que le sumaron más identidad a la causa.
Quedará para la historia la imagen de “El Mudo”, un tipo que juega de frac, tirándose al piso para recuperar la pelota en la jugada previa al gol del definitivo 3-2 ante River, el que metió a Nicolás “Uvita” Fernández en la historia grande de barrio Alberdi.
Zelarayán, elegido mejor futbolista del Torneo Apertura por la Liga Profesional, destacó en los festejos a otros jugadores clave en esta historia: “A este título se lo merece todo Belgrano, y especialmente los hinchas, que dejan todo por hacerse socios y venir a alentar, que la están pasando mal y no llegan a fin de mes, pero igual van y pagan la cuota, y están en la cancha con un amor incondicional. Ellos también le dieron esta estrella al club”.
Juego de equipo
“Esta conducción demostró que ‘el modelo Belgrano’ funciona: un club social, civil y sin fines de lucro, con superávit y obras, y compitiendo”. Todavía en el campo de juego del Estadio Kempes, mientras cumplía el ritual de la vuelta olímpica, Artime marcó la cancha y tomó distancia de aquel faro que parecía deslumbrarlo cuando aspiraba al Sillón de Orgaz.
Su mejor gol como dirigente, a esta altura del partido, es haber entendido que su juego necesitaba de un equipo que lo apuntalara, como en los tiempos en que lucía ataviado con la camiseta “9” celeste, pantalones cortos y botines, y que la institución debía evolucionar a partir de lo que ya estaba construido, y no desde un irreflexivo y tribunero barajar y dar de nuevo. Varios debieran tomar nota de ello, sobre todo en “la cancha grande”.

“No nos olvidemos de agradecer a todos aquellos que nos hicieron soñar. Porque ser agradecido es una virtud, más allá de cualquier diferencia”, posteó en sus redes sociales “Juanca” Olave, acompañando su escrito con una imagen de Armando Pérez. “Tampoco me olvido de Norberto Castaños, quien compró el pliego del gerenciamiento cuando faltaban quince minutos para que decretaran la quiebra del club”, añadió el ex arquero días después, entrevistado por Cadena 3. Impecable.
Mimetizado con el festejo celeste, aunque sin olvidar su afición por el color naranja que representa la industria de eventos, el gobernador Martín Llaryora se sumó a las celebraciones del pasado 24 de mayo en el Kempes: “Hemos tenido logros en muchos deportes, pero este era uno que estaba pendiente. Era increíble que no tuviéramos un campeonato de AFA, y por eso este título representa una deuda saldada para todos los cordobeses”.
Mientras el hombre de “El Panal” hablaba con los periodistas, arrancaba el primer capítulo de “El autobús”, el documental de los festejos que tuvo su epílogo al día siguiente, el de la Patria, con una vuelta olímpica en forma de caravana por la Avenida de Circunvalación. La primera escala del periplo -que incluyó un viaje a Jesús María para ofrendarle el título a Carlos “La Mona” Jiménez- había sido la noche anterior en el centro cordobés, en el shopping donde alguna vez funcionó el colegio cuyo nombre evocaba la memoria de José Vicente de Olmos, mandatario provincial en los tiempos fundacionales de Belgrano. Vueltas de la pelota.
Visa para un sueño

La histórica consagración en el Torneo Apertura le aseguró a Belgrano el pasaporte a la Copa Libertadores de América 2027, donde jugará la fase de grupos como el primer embajador argentino. Será su primera participación en el certamen de clubes más destacado del fútbol del continente a nivel masculino y su quinta experiencia en competencias de la Conmebol, luego de haber disputado la Copa Sudamericana en 2013, 2015, 2016 y 2024.
El estreno en la Libertadores -competencia en la que El Pirata participa este año con sus equipos femenino y Sub-20- le garantiza a la entidad de barrio Alberdi un ingreso mínimo de US$ 3.000.000 en premios por los primeros seis encuentros del campeonato, que podría incrementarse con un bono por “mérito deportivo”, fijado en US$ 340.000 por victoria. Esta cifra se suma a los US$ 3,5 millones que ingresaron a la tesorería celeste por haberse ganado en la cancha el 70% de la recaudación del encuentro ante River, y los US$ 500.000 que la AFA otorga como premio al elenco campeón.
En lo estrictamente deportivo, la obtención del Apertura abre un abanico de posibilidades para sumar más títulos oficiales bajo la órbita de la AFA. El próximo 19 de diciembre, la “B” dirimirá el Trofeo de Campeones con el ganador del Clausura y si gana esa final tendrá otra doble chance: la Supercopa Argentina (con el vencedor de Copa Argentina) y la Supercopa Internacional (ante el Campeón de Liga, el equipo que sume más puntos en la Tabla Anual). Además, los vencedores de Copa Argentina, Supercopa Argentina y Supercopa Internacional de 2026 protagonizarán el próximo año un triangular, cuyo vencedor se adjudicará la Recopa de Campeones.