La estudiante Delicia Mamani Mamani, de 26 años de edad, desapareció el viernes 21 de noviembre de 2025. Con una mochila, un par de prendas de vestir, una netbook y un oso de peluche, salió de su casa en el paraje rural Punta del Agua, ejido municipal de Malagueño, a treinta kilómetros de Córdoba capital. Se fue sin despedirse y no llevaba plata ni documentos. Ese día no asistió a la Escuela Superior Dr. Alejandro Carbó de Córdoba, donde cursaba el segundo año del Profesorado de Enseñanza Primaria y se disponía a rendir los exámenes finales.
Oriunda de Bolivia, Delicia vivía con su madre, María Mamani, y varios hermanos menores, en condiciones precarias. La joven tiene una discapacidad motriz en un brazo y dificultades para caminar. Es una alumna responsable y apreciada por sus compañeras, que inmediatamente notaron su ausencia: no respondía los mensajes al celular, salió de los grupos de whatsapp y sus redes sociales estaban eliminadas o inactivas. María trabaja en un cortadero de ladrillos, habla aimara y apenas español. En la comisaría de Malagueño no le tomaron la denuncia porque “no se le entendía”.
Las compañeras y docentes de Delicia en el Carbó no creen que su ausencia sea voluntaria. En los días previos, la habían visto angustiada. “Ella quería ser maestra”, aseguran. Se movilizaron y el 29 de noviembre lograron radicar la denuncia –presentada por Marcela Quevedo, directora del Carbó– en la Unidad Judicial N° 2, fiscalía de Distrito 1, turno 2. Mientras tanto, alguien había presentado una solicitud de paradero de Delicia en San Salvador de Jujuy. Ese alguien –se supo después– es pareja de una hermana mayor de Delicia.
El 1° de diciembre hubo una conferencia de prensa frente al colegio. El mismo día, las abogadas Natalia Lescano y Alina Dutto acompañaron a María Mamani para constituirse como querellante. Las letradas pidieron que investigue el posible delito de trata y plantearon que Delicia “tiene derecho a una tutela judicial efectiva y a la protección integral, tal como lo establecen las 100 Reglas de Brasilia”. Es decir, la garantía de un acceso a la justicia para personas en situación de vulnerabilidad por razones de “edad, género, orientación sexual e identidad de género, estado físico o mental, o por circunstancias sociales, económicas, étnicas y/o culturales” (Reglas de Brasilia, Sección 2, 1).

En esos días, la familia, estudiantes y docentes manifestaron en Córdoba y Malagueño. El 17 de diciembre, la comunidad del Carbó encabezó una marcha al Consulado de Bolivia. Frente a las pancartas que clamaban “¡¿Dónde está Delicia?!”, el cónsul Santos Rodríguez Laura prometió “trabajar de la mano con las organizaciones, el Carbó y todos los dirigentes aquí presentes, porque estamos comprometidos con nuestra comunidad boliviana, ofreciendo la protección consular, como se ha procedido desde el primer momento en que María apareció con nosotros pidiendo ayuda”.
El 26 de diciembre, María Mamani y sus abogadas solicitaron a la Justicia federal que se aboque a la causa por “la posible comisión del delito de trata de personas, al menos en su fase inicial de captación, traslado, acogimiento o retención, con fines de explotación”. El fiscal Maximiliano Hairabedian avaló la solicitud pero el juez Carlos Ochoa –subrogante del Juzgado Federal N° 3 (JF3)– evaluó que no había indicios suficientes para configurar un delito federal. La madre de Delicia insistió y el planteo pasó a la Cámara Federal de Apelaciones, presidida por la jueza Liliana Navarro, que el 26 de mayo, en aras de “adoptar la interpretación más favorable a la protección integral de la víctima y a la garantía de acceso a la justicia” avaló la investigación federal con la hipótesis de trata.
Cinco días antes, al cumplirse seis meses de su desaparición, la familia y compañeras de Delicia habían reclamado frente a Tribunales federales su intervención. Al cierre de esta edición, el JF3 –a cargo del juez Hugo Vaca Narvaja– enviaba el requerimiento de inhibición a la Justicia provincial.
El sospechoso
En las presentaciones judiciales, la familia señala como principal sospechoso a Cancio Tencuri Flores, cuñado de Delicia, a quien llaman “el turista” por sus frecuentes viajes entre Bolivia, Jujuy, Mendoza y Córdoba. En febrero de 2025, había “trasladado obligadamente” a Delicia a trabajar en la cosecha de uvas en la provincia cuyana. En octubre apareció por Malagueño “exigiendo a la familia el pago de una deuda por dinero supuestamente prestado” a la joven.

Él habría denunciado la desaparición de su cuñada ante la Delegación Fiscal de Investigaciones Complejas de Jujuy, pero usurpando el nombre del hermano mayor de Delicia. “En al menos dos situaciones documentadas, Cancio cambia de identidad, haciéndose pasar por José Mamani: al comunicarse con compañeras de Delicia, y al realizar una denuncia en la provincia de Jujuy”, relata un informe de la agencia ANRed.
Además, se le atribuye la autoría de un supuesto mensaje de Delicia, enviado desde su celular el mismo 21 de noviembre a la noche y escrito en una carta encontrada en su casa, donde decía que se iba “a recorrer el mundo” y “algún día” volvería. Tres días después, Tencuri Flores le envió a María un video que mostraba a su hija en la terminal de Villazón, Bolivia, y la foto de un boleto a su nombre desde Villazón a Potosí. En los audios que acompañaban las imágenes, aseguraba que Delicia estaba bien, se había ido “por voluntad propia” y no era necesario denunciar su desaparición.
El sueño
“Ahora se la va a buscar como corresponde en todo nuestro país y en Bolivia también”, dice María Laura Barrionuevo, profesora de Delicia en el Carbó. “Nos reconforta en parte –añade–, porque fue gracias a no abandonar esta lucha, pero también da impotencia y bronca que recién después de seis meses se nos escuche y tome en serio. La discriminación, por tratarse de una persona con bajos recursos, nos hace pensar en racismo, clasismo y que los derechos humanos no son para todos iguales”.

Sobre el Consulado de Bolivia en Córdoba, Barrionuevo lamenta que “no colaboró activamente. De haber sido así, la causa hubiera pasado antes a la Justicia federal o hubieran aportado alguna información útil. Su apoyo no se concretó en ninguna acción que permitiera el avance de la búsqueda”.
María Celeste Vega fue la primera compañera en advertir la ausencia de Delicia. Junto con Ticiana Pérez y Micaela Roland, crearon la cuenta de Instagram “buscamos.a.delicia”. “Vivimos estos meses con angustia, incertidumbre y viendo cómo todo avanzaba de una manera muy lenta –cuenta a El Sur–. Hubo mucha desidia, mucho abandono y una enorme falta de compromiso social y de voluntad para buscar realmente a Delicia”. Para ella, el paso de la causa a la Justicia federal “puede significar un avance real en la investigación”.
Por eso se anima a compartir el sentimiento de sus compañeras: “Soñamos con que algún día Delicia vuelva y aparezca entrando por la puerta de la escuela. Esa esperanza sigue intacta y hoy, más que nunca, seguimos sosteniéndola”.