El 29 de mayo de 1969, Córdoba se convirtió en el epicentro de un sismo político y social que hirió de muerte a la dictadura de Juan Carlos Onganía. Aquellas jornadas de barricadas, humo y asfalto caliente fueron un punto de inflexión histórica, pero también un acontecimiento visual. Y el mundo entero conoció la magnitud de esa rebelión popular a través del lente de un hombre: Nilo Silvestrone.
Nacido en Bahía Blanca, pero radicado desde muy chico en Córdoba, Silvestrone se formó de manera autodidacta en una época en la que no existían escuelas de fotografía. Con el tiempo se convirtió en un referente ineludible del fotoperiodismo local entre las décadas de 1950 y 1970. Sus registros de la revuelta obrera y estudiantil, publicados originalmente en la revista argentina Siete Días Ilustrados —el equivalente nacional de grandes semanarios gráficos como Life o Paris Match—, cruzaron las fronteras gracias a convenios editoriales y se reprodujeron en Francia.
De ese modo, las escenas cordobesas pasaron a formar parte de una memoria política global. “El mundo conoció el Cordobazo a través de Nilo. Digamos que esa fue la viralización de la época”, dice a revista El Sur Guillermo Iparraguirre, curador de la muestra e integrante del Centro de Producción Audiovisual de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UNC.
Durante décadas, muchas de esas postales icónicas carecieron de firma. “A nivel de prensa se perdían los negativos, porque los fotógrafos tenían que mandarlos en avión a Buenos Aires y no siempre los recuperaban. Además, en aquella época los medios no necesariamente publicaban quién era el autor de la foto”, explica.

Esa preocupación por la autoría y el rescate del olvido es el motor de “Lo que vuelve a mirarnos. El Cordobazo en la lente de Nilo Silvestrone”, la exposición que se inauguró el jueves 28 de mayo en el hall de ingreso de planta baja del Centro Cultural de la UNC (Obispo Trejo 314). La propuesta fue organizada en conjunto por la Facultad de Ciencias de la Comunicación y el Centro Cultural de la UNC.
La urgencia y la composición. La exhibición cuenta con 16 fotografías impresas en formato 30x40 y dos grandes ampliaciones. Pero el núcleo conceptual más denso se despliega en una pantalla digital que proyecta 77 imágenes, entre las cuales hay casi sesenta que permanecían inéditas, resguardadas por la familia del fotógrafo.
Frente a la inmediatez del conflicto, donde las piedras y los gases lacrimógenos dominaban la escena, Silvestrone demostró una destreza técnica singular. Iparraguirre recuerda una anécdota que ilustra esa capacidad: “Alejandro Montini (fotógrafo y principal impulsor de la recuperación de la obra de Silvestrone) se reunió con quien era el jefe de fotografía de La Nación y le mostró la hoja de contacto. Cuando la vio, dijo: ¨no puede ser que por cada rollo en la calle haya 5 o 6 fotos buenísimas'”.

En efecto, el distintivo de Silvestrone radicaba, precisamente, en su capacidad para componer bajo fuego. “Tenía una capacidad para componer que era impresionante, no solamente porque no perdía el momento importante de un evento, sino que, en un par de segundos, él encontraba una composición que se destacaba sobre el resto. El poder de la composición en el medio de un lugar en el que se están tirando balazos y gases no es nada fácil; y yo creo que esa fue la gran capacidad de él”, destaca el curador.
Un trasfondo político, su relación con Tosco. El compromiso visual de Silvestrone no fue un hecho aislado ni casual. Su acervo documental, que abarca desde mediados de los años sesenta hasta su detención en 1975, revela una profunda ligazón con los procesos políticos de la provincia. En el archivo familiar conviven retratos de trabajadores industriales y coberturas de diversas movilizaciones populares.
Entre esos negativos se encuentra una de las imágenes más emblemáticas del sindicalismo argentino: Agustín Tosco, el líder de Luz y Fuerza, apoyado en un taller vistiendo su mameluco de fajina. “Esa foto forma parte de una serie; nosotros hemos visto los negativos en el taller. Tosco era amigo de Nilo, de hecho, la familia de Tosco siempre viene a las muestras; había una relación personal entre Nilo y Tosco”, revela Iparraguirre.
Esa cercanía con el arco gremial y político se replica en otros registros históricos hallados por los investigadores: “Tosco aparece en muchos eventos, no solamente posando en estos retratos, sino que aparece encabezando marchas. Luego hay otra serie también, supongo que de la asunción de Ricardo Obregón Cano y Atilio López, porque salen los dos con camisa, no con traje, posando en una oficina. Eso, sin conocerlo, evidencia que la obra de Nilo tenía un trasfondo político, por las cosas que fotografiaba”.

Esa misma militancia de la mirada le costaría la libertad. En 1974, tras el Navarrazo que derrocó al gobierno constitucional de Obregón Cano, se desató en Córdoba una feroz persecución política y policial. En 1975, Silvestrone fue detenido y alojado en el centro clandestino conocido como D2. Pero gracias a gestiones y contactos del ámbito de la prensa logró ser liberado, tras lo cual decidió insiliarse en El Bolsón, Río Negro, una geografía que lo ligaba a su otra gran pasión: el andinismo.
El pasado que interpela. La propuesta curatorial de “Lo que vuelve a mirarnos” esquiva deliberadamente la nostalgia museística o la fijación del Cordobazo como una efeméride inmóvil, ya que el objetivo es que las imágenes actúen como un espejo incómodo del presente. Para lograrlo, la exhibición plantea un choque temporal directo: las fotografías históricas de 1969 conviven con proyecciones de manifestaciones reprimidas en las últimas décadas en el país y en la provincia.
“Queremos que dialogue el presente y el pasado. El texto curatorial habla básicamente de ese diálogo. Por eso el título de la muestra es 'Lo que vuelve a mirarnos', porque lo que queremos comunicar, transmitir en ese sentido, es que no es una simple exposición del pasado, sino que es un pasado que nos interpela y pretendemos que el espectador se haga preguntas y que lo relacione con su situación actual”, argumenta Iparraguirre.

Así, el paralelismo con la coyuntura actual se vuelve inevitable para el realizador: “Lo que sucede en el Cordobazo, que básicamente fue una gran manifestación popular fuertemente reprimida por un gobierno dictatorial, son situaciones que han pervivido en otros gobiernos dictatoriales y en gobiernos democráticos. Cuántas marchas de jubilados se reprimieron en Buenos Aires durante este último tiempo, o las protestas por la reforma laboral. La provincia de Córdoba también ha tenido represiones cuando fue la reforma jubilatoria o el intento de privatización de empresas estatales. Tenemos imágenes de eso, y esas imágenes son las que vamos a proyectar sobre algunas de las fotos exhibidas”.
“El Nilo”: un documental en camino. El rescate de este patrimonio visual es la punta del iceberg de un proyecto más ambicioso: el largometraje documental “El Nilo”, una producción que cuenta con el apoyo del Incaa y del Polo Audiovisual de Córdoba, y que coproduce el Centro de Producción Audiovisual de la Facultad de Ciencias de la Comunicación.
La película narra la investigación de Alejandro Montini para reconstruir la cronología de Silvestrone y dar con sus herederos, quienes no residen en Córdoba y se mostraron reticentes al principio.

El quiebre se produjo al involucrar a Flavia, nieta de Nilo y realizadora audiovisual, lo que abrió las puertas a una dimensión íntima y compleja del fotógrafo. “Los hijos del primer matrimonio de Nilo tuvieron una relación muy conflictiva con su padre, porque él se había ido, era un tipo que estaba poco en su casa. Había un rencor importante de esa parte de la familia. Cuando Flavia nos empieza a contar esa historia, a nosotros nos interesó porque le da un matiz todavía más humano a ese personaje que era tan admirado por sus colegas, una especie de mito, pero que tenía esta otra faceta de padre con muchos conflictos”, anticipa el curador de la muestra y también parte del equipo del documental.
El rodaje continuará durante el mes de junio en Irlanda, hacia donde viajará el equipo técnico para filmar junto a Flavia, quien reside allí, y cerrar un acuerdo de posproducción con una productora irlandesa.
Mientras el film entra en su etapa final, las fotografías de Silvestrone regresan a los muros de la universidad pública, no para aquietar la memoria, sino para recordar que hay imágenes que sobreviven porque sus preguntas siguen abiertas, mirándonos de frente.