Una nube de vapor dulce y aparentemente inofensiva envuelve la vida de los jóvenes, pero conseguir que hablen del dispositivo electrónico que la produce es casi un milagro. En el boliche los adolescentes que consumen vapeadores (vapers) se muestran dispuestos a hablar cuando piensan que somos promotores de alguna marca y podemos ofrecerles uno de regalo, pero se muestran inflexibles en su negativa cuando les aclaramos que nuestro interés es periodístico y les pedimos permiso para tomarles imágenes utilizando los inhaladores. Algo similar ocurre con el fotógrafo del lugar: no tiene problema en hacer fotos de los adolescentes vapeando, pero exige que no pongamos su crédito. “Por las dudas que pase algo”, explica.
El vaper es un dispositivo electrónico que permite inhalar vapor saborizado. También conocido como “cigarrillo electrónico”, surgió como opción al cigarrillo y se popularizó muy rápido, especialmente entre los jóvenes, que no deberían consumirlo. ¿Pero es legal o está prohibido? Como la frontera es difusa, en esta nota optamos por cambiar los nombres de los adolescentes consultados. Sus testimonios son elocuentes: “El colegio es el lugar más prohibido en el que lo usé; dentro del curso y en el baño. Una vez entré y me asusté porque estaban las chicas, pero cuando vi todo el vapor me di cuenta que todas estábamos para lo mismo. Los preceptores saben que los alumnos van al baño a vapear y no hacen nada”, cuenta Jazmín entre risas. Y asegura que los y las estudiantes de tercero, cuarto y quinto año también consumen vaper en los baños de la escuela.
De cinco vendedores consultados para esta nota, sólo dos hablaron con la condición de que preserváramos sus nombres. Ambos iniciaron sus emprendimientos impulsados por la idea de que el vaper era un producto atractivo, consumible y adictivo, una alternativa “menos dañina” que el cigarrillo. Uno dice que los jóvenes que más le compran vapers tienen entre 18 y 24 años, jura que jamás les vendió a menores y que siempre pide el DNI. Vende en el almacén donde trabaja su hermano y tiene un perfil propio en Instagram, destinado a la promoción y venta de vapers. El otro vendedor coincide en su tenaz oposición a venderle a menores y hasta pide que se apliquen severas multas para impedirlo. Tiene un grupo de WhatsApp de 510 miembros. Nada mal para el mercado: el líder en Río Cuarto lo duplica en cantidad de miembros en su grupo de WhatsApp, pero prefirió resguardarse en el silencio ante la consulta de esta revista.

El testimonio de los vendedores contrasta con la realidad. Los jóvenes aseguran que les compraron a ambos y nadie les pidió el documento. “Una vez le escribí al chico que vende y fuimos caminando hasta la casa. Salió y me lo dio, no preguntó nunca qué edad teníamos”, dice Jazmín, de 17 años. Josefina, también de 17, agrega: “Arranqué a los 15 años y le compré mi primer vaper a un contacto que me pasaron mis amigas por WhatsApp. Siempre le compro a la misma persona y nunca me preguntaron la edad, jamás fue una traba, a veces no sé ni quién me los vende”. Tina, Agus, Maga y Mía (todas de 17 años), coinciden: la edad nunca fue un impedimento.
Plata hay
En el mercado de Río Cuarto, un vaper cuesta alrededor de $35.000. Su precio varía según la marca, los puff (cantidad de pitadas) y los sabores: frutilla (el más elegido), menta, sandía, banana o uva.
¿Cómo hacen los pibes para comprarlos? “A mí me dan para el fin de semana y con lo que me sobra junto y compro. A veces le saco un poquito a escondidas a mis papás. Un millón de pesos gasté (aproximadamente 30 vapers), fácil. Termino un vaper y a la semana ya me dan ganas de tener otro y bueno, voy juntando plata durante la semana, pregunto precio en distintos lugares y compro el más barato”, dice Tina. “Yo ahorro, antes vendía tortas y conseguía para comprar. Gasté mucho en vapers, más o menos 200 mil pesos”, cuenta Josefina.
Los jóvenes se las rebuscan para que la plata aparezca, incluso engañando a sus padres. “Mis papás me dan una mensualidad y a veces hago un par de budines para vender. No gasté mucho, aproximadamente 54 mil pesos. Íbamos al centro con las chicas a comprar ropa y decíamos que había plata para un vaper. Para ir a Embalse hicimos compra mayorista: venían once vapers, creo que nos salió 18 mil pesos cada uno y eran de 40 mil puff”, cuenta Jazmín. “Lo que me sobra del fin de semana lo voy guardando y también sé comprar de a dos, ponemos un monto y vas midiendo entre las otras personas. Creo que ya gasté 100 mil pesos en vapers”, admite Agus.
Mía utiliza el vaper ocasionalmente: “La vez que me compré, me dieron plata para el Uber y usé esa plata, lo que me sobraba. Gasté 20 mil pesos, porque me compré uno nomás y estaba barato. Fumo el que tienen mis amigas cada tanto, no me perjudica nada si no tengo”. Maga, en cambio, ya invirtió cerca de 300.000 pesos: “Tengo mensualidad, pero por ahí compraba con plata que me daban o que encontraba, que me queda y no devuelvo nunca. Pregunto el precio y a veces lo seño, después voy y lo busco”.

Al igual que sucede con el cigarrillo, el consumo de vapers suele ser una experiencia compartida con amigos, familiares o conocidos. Y también genera adicción.
- ¿Cómo comenzaron a consumir vaper?
- Josefina: La primera vez que probé fue en una juntada, uno tenía, me dijo si quería probar y le dije que sí. Yo lo uso en cualquier momento, cuando puedo y tengo.
- Jazmín: La primera vez que probé fue con el vaper del hermano de una amiga.
- Tina: Empecé en 2023, tenía 15 años. Arranqué por mi hermano, que es más grande y me dio para probar. Ahí decidimos comprar juntos. Él me hizo adicta directamente.
- Agus: Empecé en 2024, tenía 15 o 16 años. La primera vez que lo usé fue en las vacaciones de invierno, cuando vinieron de Buenos Aires unos primos de una amiga, tenían y probé.
- Mía: Arranqué en 2024, tenía 14 años. La primera vez que lo probé fue en la casa de una amiga, con el vaper del hermano.
- Maga: Arranqué a los 15 años, en 2024, estaba junto con Mía.
Consecuencias
Javier Murúa, jefe de Área de Adicciones de la Municipalidad de Río Cuarto y coordinador del Centro de Prevención y Asistencia de las Adicciones (CAS) dice que los jóvenes acuden al vaper ante una situación de estrés, ansiedad y aburrimiento, parte de los síntomas que tienen todos los consumos problemáticos. Asegura que la mayor parte de los consumidores de vaper también fuman cigarrillo y otras sustancias.
Los testimonios parecen darle la razón: “Me dan miedo las consecuencias y me da culpa gastar la plata. Me di cuenta que era un vicio cuando en lugar de usarlo para salir, lo empecé a usar en casa, en el colegio y en todo momento que podía. No tengo autocontrol, si tengo uno tengo que usarlo todo el tiempo. No compro cigarrillos, pero cuando hay, pido. Fumo por aburrimiento, ansiedad”, admite Josefina.

“También me dan miedo las consecuencias del vaper, pero lo sigo usando, por ahí me restrinjo un poco más a no comprarme, pero si puedo me compro. Yo lo tenía y lo usaba en la pieza, en el sillón, en el patio, en todos lados, con amigos en las salidas. Me di cuenta de la adicción en verano cuando me compré el último. Soy aferrada al cigarrillo hace cuatro años, es mejor para mí fumar un pucho, pero capaz es más agradable el gusto del vaper”, coincide Jazmín.
“Me dan miedo las consecuencias, pero sigo consumiendo por adicción. Me di cuenta que era adicta el año pasado porque me dio bronquitis dos veces en un año y cuando estaba enferma, como que lo seguí usando y dije: no, casi me muero. Lo uso en todos lados, en mi casa, en juntadas, cuando salgo. Ponele que vengo a tu casa y me lo olvido, antes me podía llegar a morir, pero ahora estoy un poco más tranquila, capaz que una semana aguanto sin usar. A mí me duran una semana los chiquitos (10.000 puffs), y los grandes (20.000 puffs) dos semanas”, dice Tina.
“Me dan miedo las consecuencias. No me considero adicta. Yo sé que si digo ya está, ya está. Pero compro por la gente, o sea es imposible salir y que no te ofrezcan. Estoy todo el tiempo con esas personas, entonces no puedo no tener vaper”, cuenta Agus, entre risas. Mía coincide: “No soy consciente, como que para mí es vapor y que no me hace nada. Sé que tiene nicotina, creo. Pero nunca lo vi como un vicio, si no lo tengo no me hace nada. Lo uso en lo social, cuando hay gente. No me considero adicta. Puedo estar semanas sin usarlo, no me cambiaría. Si me junto con alguien y la otra persona tiene, capaz sí me dan ganas, si no me aguanto”.

“Me doy cuenta en algunas cosas las consecuencias, pero no es como que me importe tanto como para dejar de usarlo. Tiene nicotina y los algodones esos, se supone que cuando llegue al cero o antes lo tenés que dejar de usar porque si no estás fumando el algodón. En cuanto a la adicción, últimamente compro cuando quiero, si no dejo de comprar y ya está. Me doy cuenta que si tuviera plata, seguro compro. Cuando tengo uno, lo uso todo el tiempo, si estoy con otra persona también. Lo uso en cualquier lado, no solo cuando salgo. Si sé que tengo, aguanto dos horas sin usarlo. Me duran entre tres semanas o dos meses”, dice Maga.
- ¿Sus padres saben que consumen?
- Josefina: Las personas con las que vivo no saben que fumo.
- Jazmín: Mi familia no sabe. Mi mamá no sabe que fumo a escondidas, pero yo sé que ella sí lo hace. Si tengo, lo estoy usando constantemente. Si algún día me lo sacan, yo creo que me la aguanto.
- Tina: Los mayores con los que vivo no saben que fumo eso, si se enteran se mueren, o me matan. O sea, me vieron un par de veces, pero les dije que estaba probando. No lo usaría con la misma frecuencia si se enteran mis papás, pero no lo dejaría del todo.
- Agus: Mi familia sabe que mi hermano sí consume, porque lo han visto un par de veces. No sé si saben la gravedad con la que consume o lo cotidiano que es capaz, pero no saben que yo consumo.
- Mía: Sí, mi mamá sabe, yo he fumado delante de ella, porque mi tío tiene y como confía en que yo no me compro, entonces prefiere que lo use enfrente de ella, no le gusta pero no me dice nada.
- Maga: Mis papás saben que he probado, pero no que lo fumo a escondidas de ellos. Creo que los directivos del colegio han encontrado gente vapeando en el baño de la escuela, pero no hicieron nada.
¿Es legal o ilegal?
El silencio de los vendedores responde a dos razones. La mayoría de sus clientes son menores de edad y el reciente decreto nacional que regula la venta apunta a lo que más se comercializa: los vapers con saborizantes frutales, publicidad atractiva y packagings engañosos, pensados precisamente para captar adolescentes.
El 30 de abril, el Gobierno Nacional publicó en el Boletín Oficial una serie de medidas que regulan la venta libre de vapers, creando un Registro de Productos de Tabaco y Nicotina (RPTN) para crear una base de datos única y digital donde quede registrado quiénes venden, qué productos y qué envases usan.

“Paradójicamente la prohibición total alimentó un mercado ilegal e incontrolable en plataformas digitales como Instagram y Telegram”, admite Murúa. Y advierte que en Río Cuarto existe “una dependencia camuflada de estética tecnológica inocua”. En otras palabras, el consumo crece, pero la adicción pasa desapercibida por lo “bonito” del producto.
Uno de los vendedores consultados advierte que el decreto se queda corto al restringir únicamente los vapers con sabores frutales, por ser los que más enganchan a los adolescentes, y deja vacíos legales que permiten que el negocio siga en pie.
El decreto también prohíbe la publicidad engañosa de vapers, pero en las redes sociales -donde más se comercializa el producto- la promoción y venta siguen vigentes.
Tampoco parece viable la prohibición de promoción en kioscos: “Nunca tuvimos algún episodio con la policía por tener vapers en el negocio, ellos mismos compran. Tenemos más problemas con la venta de bebidas alcohólicas en horas de madrugada y ya nos clausuraron tres veces por eso, pero con el tema de vapers te lo dejan pasar”, dice el vendedor consultado. ¿Por qué esconderse si ahora hay un decreto que permite la venta de vapers y la policía no toma medidas?
La mirada desde la salud
La neumóloga Carolina Cappelletti advierte que el vaper produce distrés respiratorio o injuria pulmonar aguda, que puede llevar a una persona a terapia intensiva o a episodios de broncoespasmos. Pueden aparecer ciertas patologías como neumonía, retraso del desarrollo neurológico, asma, EPOC y riesgos en el embarazo.

“Los vapers no son una forma intermedia para dejar de fumar, debido a la nicotina. Fueron creados por las tabacaleras para preparar a los adolescentes a fumar de una forma más atractiva a través de los sabores y de este modo, piensen que no es nocivo”, afirma Cappelletti.
Murúa tiene una opinión similar: “El vaper es una nueva puerta de entrada al uso de la nicotina que la industria creó con estos productos con sabores atractivos, con más influencia en los adolescentes y la idea de un producto inofensivo”.
“La gente no tiene idea de las sustancias que están usando, eso es un peligro”, advierte Cappelletti.
El vaper está compuesto por un líquido que contiene formaldehído, que se encuentra en desinfectantes y productos de limpieza, barnices y keratina para el cabello.
El dispositivo electrónico tiene dos algodones orgánicos, que actúan como mecha. Su función principal es absorber el líquido para retenerlo en el centro de la resistencia metálica. Cuando ésta se calienta, el líquido empapado en el algodón se evapora para ser inhalado. Estos dispositivos actúan gracias a una batería y una resistencia que proporcionan la energía suficiente para su funcionamiento.
Para Cappelletti, la diferencia entre el vaper y el cigarrillo es que “uno es por humo en combustión y el otro es un aerosol saborizado que al calentarse se convierte en vapor, pero contiene la misma cantidad de nicotina o incluso un poco más que el cigarrillo tradicional. Ambos producen una inflamación en las vías respiratorias, afectando el sistema respiratorio de nariz hasta pulmón, y la nicotina que pasa por la sangre puede afectar a otros”.