“Nos proponemos hacerle frente a un modelo que prometía terminar con el hambre y hace todo lo contrario”, dice, con cierta nostalgia, Julia Pereyra, una de las fundadoras de la Cátedra de Soberanía Alimentaria (CALISA) en la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). “En 2015 ya habíamos tocado un piso en esto de denunciar y demostrar los efectos nocivos de los agroquímicos, y veíamos que faltaba algo más propositivo”, recuerda. Fue entonces que, junto a otros militantes sociales, en 2017 conformaron la CALISA riocuartense, que desde entonces fomenta la producción agroecológica local y el trabajo comunitario para hacer frente a la emergencia alimentaria en la ciudad.
Comunicadora y docente, Pereyra milita en la causa socioambiental hace más de veinte años. “En 2001 me tocó ver como los desmontes avanzaban con total impunidad sobre pequeñas poblaciones campesinas en el norte de Córdoba y Santiago del Estero, directamente pasaban las topadoras por encima de las comunidades. Estar con esa gente y ver lo que les pasaba, a mí realmente me marcó”, recuerda. Originaria de San Rafael, Mendoza, se mudó a Río Cuarto en 1998 para estudiar Comunicación Social en la UNRC, profesión que ejerce desde que egresó. También es profesora de Comunicación y Humanidades en un colegio terciario y en el tiempo que le queda se dedica a la militancia socioambiental. Para ella, la cátedra de Soberanía Alimentaria es sinónimo de la búsqueda de un mundo más justo, una Argentina más humana y soberana en su territorio, recursos y economía.

En 2013, cuando la multinacional Monsanto/Bayer quiso instalar una estación experimental de semillas transgénicas en la ciudad, la Asamblea Río Cuarto Sin Agrotóxicos se movilizó para impedirlo. Advertían que la iniciativa tendría como consecuencia una gran contaminación y un grave perjuicio a la salud de los riocuartenses. Hubo manifestaciones y protestas y lograron que la Municipalidad le cerrara las puertas a una de las multinacionales más poderosas del mundo. Para Pereyra, aquél hito y otros como la campaña “Paren de Fumigar” y otros reclamos contra el modelo de producción con glifosato abrieron un camino de mayor conciencia socioambiental en Río Cuarto, y después, casi naturalmente, se fundó la CALISA.
- ¿Cómo surgió la Cátedra de Soberanía Alimentaria de Río Cuarto?
- Entendimos que, si bien es re importante denunciar el modelo vigente, visibilizarlo y acompañar las luchas de los pueblos fumigados y a la gente más afectada, también había que proponer. Sentíamos que era un momento en el que había que decir bueno, ¿qué hacemos? ¿Cuál sería la contracara de este modelo? En 2017 nos dijimos: vamos a pensar una cátedra libre que trabaje en pos de la soberanía alimentaria, que trabaje en cuestionar, pero que también sea capaz de pensar una práctica agroalimentaria que le dispute al modelo de producción hegemónica, contaminante y de mucha injusticia social.
Pereyra explica que en la CALISA docentes y estudiantes de la universidad pública discuten los procesos agroecológicos, la economía social y la soberanía alimentaria: “La idea es irrumpir en la universidad desde un encuentro de saberes, salirse de la lógica de que el conocimiento solo se produce desde el lugar académico, desde quienes saben, y generar espacios donde todos los saberes sean valorados, incluidos los saberes que se producen en la calle, en la lucha social, en las asambleas”.
En la actualidad la cátedra está integrada por doce personas que realizan proyectos de extensión en la universidad y visitas a colegios, donde fomentan la alimentación saludable y entienden el consumo de alimentos como un factor condicionado por el sistema en el que el país está inmerso. Trabajan en barrios populares como Alberdi y Oncativo, procurando aportar a la comunidad desde el movimiento agroecológico. “A diferencia de otros momentos de crisis, como en el 2001, hoy lo que se ve es que donde más ataca este proceso de ruptura social es en la falta de acceso al alimento. Es perverso porque toca lo más vital”, advierte Pereyra. Por esto la cátedra profundizó su proyecto de extensión en los barrios: “El eje está puesto en la emergencia alimentaria y en cómo reconstruir el tejido comunitario para que, en los barrios, en las distintas comunidades, podamos acceder al alimento”, insiste.
- ¿Cómo aporta la construcción de la soberanía alimentaria a la justicia social?
- Que hoy tengamos estos niveles de pobreza tiene que ver justamente con un modelo productivo que está orientado especialmente a la exportación, con mucha concentración y control territorial por parte de las transnacionales, que se llevan todo afuera. Esa matriz productiva central que tenemos en la Argentina es la causante de la pobreza. Ponerlo en el plano de un modelo extractivista es fundamental para poder entender por qué justamente lo que tenemos que trabajar hoy es en la modificación del sistema, que está armado para unos pocos y para un control territorial históricamente del exterior.