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#FranciscoZanichelli
La herencia federal, las ideas de futuro y la familia como trinchera
Por | Fotografía: Gentileza Federico Rodríguez
Foto: Francisco Zanichelli entre sus hermanas Candelaria y Natalia De la Sota.
Francisco Zanichelli, abogado y magíster en Relaciones Internacionales, analiza en su primer libro el legado de José Manuel de la Sota. En una charla íntima con El Sur, repasa su infancia entre la mística peronista y el recuerdo de su abuelo radical, la relación con sus hermanas Natalia y Candelaria, y el rol de un faro paterno que le ordenaba la vida con humor.
Publicada el en Entrevistas

El apellido Zanichelli resuena con fuerza en la historia política de Córdoba porque evoca a Arturo, aquel abogado de la UCRI (Unión Cívica Radical Intransigente) que gobernó la provincia entre 1958 y 1960, asumiendo el poder con el respaldo del peronismo proscripto.

Sesenta y seis años después, su nieto Francisco Javier Zanichelli —abogado, magíster en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Córdoba y actual funcionario municipal— entrelaza esa herencia con otra figura central de su vida: José Manuel de la Sota, quien se casó con su madre, Silvia Zanichelli, en 1972.

Su primer libro, “Un lugar en el mundo para Argentina: el legado delasotista”, no nace desde la nostalgia, sino como un intento de proyectar un modelo de país. “Una de las intenciones del libro era que no fuese un acto de homenaje o de nostalgia; yo quería que fueran las ideas del delasotismo con la mirada puesta en el futuro”, explica Zanichelli en diálogo con revista El Sur.

En efecto, escrito con un tono constructivo en un contexto nacional complejo -en el que priman los discursos de odio y escasean las plataformas programáticas-, el ensayo busca aportar a la discusión de programas políticos por encima de los cargos y las miradas cortoplacistas.

Entre Luis Miguel, Los Redondos y un abuelo radical. La infancia de Zanichelli transcurrió en una casa grande que compartió hasta los ocho años con sus hermanas mayores, Natalia y Candelaria De la Sota. En ese hogar, la diferencia de edad lo convertía, según recuerda con gracia, en “medio como un juguete” para ellas. La convivencia diaria estaba atravesada por las marcas de la época y los gustos cruzados de sus hermanas.

“Me acuerdo que cuando eran más chicas tenían algunas discusiones de hermanas y yo era muy pequeño todavía; había un auto en casa que compartían ellas dos, entonces a veces lo sacaba uno de noche y la otra lo sacaba durante el día. Y por ahí el auto aparecía con algún rayón o algo y se echaban la culpa entre ellas”, rememora con frescura.

Los contrastes musicales también pautaban el ritmo de sus días: “Me acuerdo patente de correr por la casa a la noche cantando 'Mi perro Dinamita' porque Cande a la noche me hacía escuchar Los Redondos; y después Nati a la mañana me hacía escuchar Luis Miguel, me hacía cantar 'Cuando calienta el sol' o alguna de esas”, dice entre risas.

Esa cotidianeidad se mezclaba de forma natural con los relatos de la militancia y la gestión. De niño, la figura de su abuelo Arturo y la de José Manuel De la Sota se solapaban de tal manera en su cabeza que le generaban una confusión lógica para su edad: “Yo no sabía decir bien al principio de qué partido era mi abuelo, porque yo las tenía tan confundidas a las dos figuras... y había como una cosa ahí de solapamiento de la historia porque él, mi abuelo, asume con los votos de la CGT y del peronismo proscripto, siendo radical”.

Con el tiempo, esa amalgama se transformó en una vocación profunda por la política, aunque con una prioridad inquebrantable: “Nosotros no nos vemos quizá tanto todos juntos, pero cuando nos vemos nos queremos muchísimo y somos una familia muy unida. Y yo siempre digo esto: en el momento que haya que decidir, siempre opto por la familia”.

Un faro paternal que ordenaba la vida. Para Zanichelli, José Manuel De la Sota fue mucho más que un referente doctrinario; fue la presencia que cubrió un vacío fundamental. “José Manuel para mí fue una figura por supuesto paternal en algún punto porque yo no tuve vínculo con mi padre biológico y él cumplió esa función, ese rol en alguna medida”.

De esa relación cercana nació su impulso por el estudio de los escenarios globales: “Mi interés por las relaciones internacionales viene de esas charlas; de eso y de verlo y de escucharlo a él, claro”.

Quienes conocieron de cerca al tres veces gobernador de Córdoba recuerdan su fuerte impronta personal, un rasgo que Zanichelli evoca entre risas: “Él siempre te ordenaba la vida cada vez que le ibas con algún tema. Yo me mudaba solo y entonces era como 'no, no, no, tenemos que comprar tal mueble. O, no, no hay que pintar de este color'; entonces siempre era así y terminabas haciendo lo que él quería, eso era divertido”.

Pero esa firmeza también se traducía en gestos de profundo respeto por la identidad del joven: “Le agradezco mucho todos los esfuerzos que él hizo para que yo tenga siempre mi origen muy claro, eso habla muy bien de él”, reflexiona.

El humor y el control político tampoco quedaban fuera de las anécdotas compartidas, como aquella de sus años universitarios cuando salía con una militante de otro espacio político: “Creo que nunca conté esto, pero yo en una época, cuando era mucho más chico, salí con una compañera que venía del kirchnerismo. Y me acuerdo de un 17 de octubre, que la acompañé a uno de los actos y después fui al que me correspondía a mí porque había dos actos y bueno... José se enteró, porque él estaba al tanto de todo, y me hizo saber que yo estaba confraternizando con el enemigo; y se lo dijo a mi vieja en alguna Navidad. Y no lo decía en tono de broma, lo decía en serio”, relata sonriendo.

El trágico accidente de septiembre de 2018 en el que De la Sota perdió la vida caló hondo, pero consolidó el núcleo familiar: “Cuando fue el accidente nosotros estuvimos ahí todos juntos, fue una de las cosas más duras y más shockeantes que me tocó vivir”.

La política exterior y la superación de la dependencia. El eje central del ensayo de Zanichelli se asienta en rescatar la visión internacional del peronismo cordobés, un aspecto que descubrió con mayor profundidad durante sus estudios de posgrado, al revisar los discursos históricos del ex mandatario. Uno de los puntos clave del libro es el análisis del posicionamiento internacional de Argentina.

Zanichelli destaca como un hallazgo de su investigación el hecho de que De la Sota utilizara explícitamente conceptos como “dependencia externa” y “liberación nacional”, criticando los condicionamientos de la deuda externa y el modelo estrictamente extractivista que condena al país a proveer materias primas sin industrializarse.

Para el autor, el pensamiento de De la Sota se anticipaba a los debates actuales sobre el rol de las potencias y la reprimarización de la economía: “Me encontré con un De la Sota hablando de liberación nacional, criticando al FMI, criticando a la deuda externa, a los condicionamientos de la deuda externa, sobre todo. Y a mí me pareció muy interesante.

Después él se va aggiornando con el tiempo, pero creo que siempre entendió que era muy importante saber qué pasaba en el plano internacional para actuar en el plano local. Y eso para mí es muy bueno, que los dirigentes lo sepan porque creo que hoy Argentina está en crisis con eso”.

Frente a la realidad política contemporánea, Zanichelli es categórico al diagnosticar la ausencia de una estrategia nacional: “No es que la política exterior sea mala o buena hoy, es que no hay. Porque la política exterior de Argentina es hacer lo que dice Estados Unidos. Es complejo que un país como el nuestro no tenga rumbo. O que el rumbo sea una cosa tan anarca, como decir que no exista el Estado”.

En esa línea, inscribe su mirada dentro del espacio político que comparte con su hermana Natalia (Defendamos Córdoba), promoviendo el diálogo por encima de los personalismos y las lógicas electorales de corto plazo. “No puede ser que tengamos que buscar siempre la unidad por la fórmula electoral y por la fórmula ganadora, pero al otro día no sabemos qué plan de gobierno tenemos”.

Respecto a su propio futuro y la posibilidad de ocupar un lugar en las listas, concluye con la mesura aprendida en su formación: “A mí la ambición en la política me parece que tiene que tener su justa medida también. Me gusta una frase del Pepe Mujica, que dice que el mejor presidente es el que no quiere ser presidente... Yo creo que la cuestión es estar preparado para el momento en el que haga falta y estar donde hace falta para el proyecto”.

Guillermina Delupi
- Periodista -