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De la Sota y Schiaretti le dieron la espalda al peronismo
Cordobazo liberal
Foto: De la Sota apostó al triunfo de Macri para posicionarse como líder del peronismo nacional.
El frustrado candidato presidencial jugó para Mauricio Macri mientras el gobernador electo se iba de viaje para no comprometerse. Ahora Schiaretti deberá gobernar la provincia más macrista del país mientras su socio político busca posicionarse como referente opositor del peronismo nacional. Río Cuarto será el primer test electoral del presidente electo.
Publicada el en Crónicas

José Manuel De la Sota tenía preparado el libreto del día después. Cuando los ecos de la histórica elección presidencial todavía no se habían apagado, salió presuroso a hablar por los medios de comunicación con una consiga clara: atribuir la responsabilidad de la derrota del oficialismo a la presidenta Cristina Fernández, dar por muerto al kirchnerismo y postularse como el reorganizador del peronismo. No era una mala idea, sólo que el ajustadísimo margen que separó en las urnas al liberal Mauricio Macri del peronista Daniel Scioli –menos de tres puntos porcentuales- lo dejaron muy mal parado. De hecho, si el peronismo de Córdoba hubiera hecho su aporte para disminuir esa brecha, posiblemente hoy Scioli sería el nuevo presidente de los argentinos.

Un posible análisis numérico de la elección indica que Macri ganó gracias a la abultada diferencia obtenida en Córdoba, una provincia gobernada –en teoría- por el peronismo. Los casi tres puntos que lo separaron de Scioli son alrededor de 700 mil votos. En Córdoba, la alianza Cambiemos superó por 900 mil sufragios al Frente para la Victoria. El “Cordobazo” que festejó Macri en la primera vuelta –donde De la Sota, que ya no era candidato, no había podido transferir sus votos a Sergio Massa- se potenció hasta alcanzar una victoria nunca vista en una elección provincial: 70 a 30 por ciento.

¿Cómo se explica que siete de cada diez cordobeses hayan votado por Macri cuando hace apenas unos meses la alianza Cambiemos había perdido la gobernación con Unión por Córdoba? Amén de la volatilidad del electorado -un fenómeno nacional que en Córdoba parece potenciarse-, el discurso chauvinista del “cordobesismo” caló hondo en la idiosincrasia mediterránea. Tal vez sea ésta la mayor victoria –sino la única verdaderamente perdurable- del gobernador De la Sota a lo largo de sus tres gestiones al frente del Ejecutivo: a fuerza de machacar que la provincia había sido discriminada por la Nación, logró que la gente internalizara como propio ese discurso. Que tampoco es nuevo: el mensaje es idéntico al que enarbolara el otrora invencible gobernador Eduardo César Angeloz, el radical que heredó una provincia devastada por la última dictadura cívico militar y se perpetuó en el poder por doce años confrontando con la Nación. Hasta que la corrupción generalizada de su gobierno y una crisis financiera inmanejable provocaron el incendio que su sucesor Ramón Mestre (padre) no pudo extinguir con sus ortodoxas recetas de ajuste, dejándole el camino allanado al justicialismo.

De la Sota aprendió de su infortunado antecesor. Desde su llegada a la Gobernación de Córdoba -tras superar dos intentos fallidos-, hizo suyo el esquema de poder de su eterno adversario: clientelismo político, endeudamiento crónico, autonomía policial, buena relación con los intendentes del interior y chauvinismo discursivo, siempre eligiendo como blanco a la Nación. La receta angelocista de “la isla” devino en “cordobesismo” y, al igual que Angeloz, De la Sota soñó con llegar al Sillón de Rivadavia exhibiendo los supuestos logros del “modelo cordobés”. En el camino de esa construcción política y cultural, De la Sota apadrinó a dos dirigentes que resultarían inolvidables para la historia contemporánea de Córdoba y el país: llevó a Domingo Cavallo al Congreso Nacional y catapultó a Germán Kammerat como vicegobernador e intendente de la ciudad de Córdoba.

El narcoescándalo, la frágil situación financiera de la provincia y su paupérrima ubicación en las encuestas –si se mide en relación costo/instalación- no le impidieron al gobernador hipotecar los recursos provinciales en su aventura presidencial. Pero perdió las PASO con Sergio Massa, que lo duplicó en votos. Intentó sin éxito retener sus votos para UNA en la primera vuelta, pero sus votantes se dispersaron entre varios candidatos. Hasta que en el balotaje, apostó decididamente por Macri, contribuyendo para que obtuviera el resultado electoral más abultado de que se tenga memoria en la provincia.

De la Sota imaginaba que una abultada derrota de Scioli en el balotaje y la previsible desbandada del oficialismo lo posicionarían como el dirigente más capacitado para reorganizar al peronismo nacional. El estrecho margen final entre Macri y Scioli, en cambio, lo convierten en el “mariscal de la derrota” del peronismo. ¿Con qué autoridad moral pretende erigirse en el conductor nacional de un movimiento que perdió la presidencia por menos de tres puntos porcentuales ante un rival que expresa los valores opuestos del peronismo? ¿Cómo se posicionará como opositor ante un presidente que lo quiere llevar de canciller a su gabinete?

Schiaretti deberá priorizar una relación institucional con un presidente consagrado en buena medida gracias al voto de los cordobeses. El diez de diciembre cada uno deberá afrontar su realidad y trabajar en consecuencia. Será tiempo de definiciones y se necesitarán mutuamente. Habrá armonía porque hay intereses comunes. Y porque tampoco los separan diferencias ideológicas profundas, aunque en Córdoba Cambiemos y Unión por Córdoba sigan siendo los espacios políticos mayoritarios que se disputan la voluntad popular.

Como jefe del peronismo cordobés, De la Sota carga en su mochila la división del peronismo, que allanó la reelección del radical Ramón Mestre (hijo), a quien le alcanzó con que tres de cada diez cordobeses lo votaran para retener su cargo en el Palacio 6 de Julio. Pero a diferencia de “Ramoncito”, a Macri lo votaron siete de cada diez cordobeses. ¿Cómo se trasladará semejante liderazgo al escenario político provincial, donde hace apenas unos meses su alianza sucumbió ante el  desgastado candidato de Unión por Córdoba?

Rápido de reflejos, De la Sota salió a avalar ayer al candidato a intendente de Río Cuarto Juan Manuel Llamosas, ungido a dedo por él y su compañera, la diputada nacional electa Adriana Nazario. A pesar de la millonaria inversión publicitaria para proyectar la figura de su consorte a la geografía provincial, los únicos dos departamentos donde ganó Scioli en Córdoba fueron los beneficiarios del promocionado y millonario plan de desarrollo del noroeste cordobés, instrumentado discrecionalmente por Nazario a través de la incontrolada Fundación del Banco de Córdoba.

Como le sucedió cuatro años atrás, cuando recién consagrado gobernador aspiraba a proyectar su figura de presidenciable enancado en el “cordobesismo”, De la Sota vuelve a elegir la disputa de la intendencia de su ciudad adoptiva para medir fuerzas en las urnas.

Arrastrando una pésima gestión y con cinco precandidatos lanzados al ruedo, el radicalismo de Río Cuarto vuelve a ilusionarse con tenerlo de rival. Sabe que El Candidato eclipsará nuevamente a quien sea el postulante de Unión por Córdoba –como ocurrió con el inefable Miguel Minardi-, pero sobre todo porque quien sea el candidato de Cambiemos en la ciudad contará esta vez nada menos que con el padrinazgo político del flamante presidente de los argentinos.

Hernán Vaca Narvaja
- Periodista y escritor -