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#ResidenciasUniversitarias
Vivir en el campus
Foto: Las residencias universitarias no escapan a la crisis presupuestaria de la UNRC.
Con capacidad para albergar a 416 estudiantes, las residencias de la Universidad Nacional de Río Cuarto están en pleno proceso de refuncionalización. Inseguridad, servicios deficientes y falta de controles son asignaturas pendientes que se procura revertir en un contexto de severa restricción presupuestaria.
Publicada el en Crónicas

Humedad, pérdidas de gas, ingreso de personas sin control y demoras en la atención médica. Los testimonios de estudiantes que viven o vivieron en las residencias de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) muestran una realidad muy distinta a la que se promociona desde la Casa de Altos Estudios. La espera se volvió rutinaria, la infraestructura está al límite y las soluciones, cuando llegan, suelen hacerlo a destiempo. En un contexto de severa restricción presupuestaria, varios estudiantes que viven en el campus coinciden en una definición preocupante: las residencias universitarias son tierra de nadie.

El complejo de Residencias Estudiantiles ocupa una hectárea y media del sector sur del campus y está distribuido por módulos. Hay 104 departamentos, con cuatro camas cada uno. Cuando todos se ocupan, albergan 416 estudiantes. “No hay otra universidad con un complejo de residencias estudiantiles como éste a nivel país”, dice orgulloso Juan Pablo Casari, subsecretario de Bienestar de la UNRC.

El 30% de las plazas le pertenecen a la UNRC. El 70% restante se reparte entre 60 convenios con municipios, sindicatos, cooperativas de servicio y otras instituciones del país, como la Sociedad Rural de San Luis.

Miguel Ángel Diaz es administrativo de la Secretaría de Bienestar desde 1999. Moreno, parado bajo el sol y con fluidez relata que en los primeros años de funcionamiento del complejo tenían que salir a buscar estudiantes que quisieran alojarse en las residencias y hoy tienen 340 viviendo en el lugar.  

Rocío Ghitta tiene 24 años. Es de baja estatura, tiene el pelo negro y es muy locuaz. Estudia Veterinaria y fue residente entre julio de 2023 y comienzos del 2026. Fue delegada de bloque (representaba a una parte de los residentes ante las autoridades de la UNRC) y no guarda buenos recuerdos: vivía en el departamento 102 y debía limpiar día de por medio las paredes con lavandina. “Te abrazaban los hongos. Preguntamos si se podía pintar y no obtuvimos respuesta”, recuerda.

El secretario de Coordinación y Técnica, Mauricio Toledo, dice: “Los problemas en realidad son varios y los vamos resolviendo de a poco. Del exterior al interior”. El funcionario explica que muchas veces arreglaban el problema puntual en lugar de centrarse en la raíz: las tejas son viejas, las soleras y aislaciones térmicas están deterioradas, los tanques de agua sobre los techos eran de fibrocemento, las tapas se volaban y se rompían, los conectores fallaban, perdían agua y mojaban las losas, la cubierta estaba rota y se filtraba el agua”.

El funcionario dice que para revertir tanto deterioro se reemplazaron los 52 tanques de agua por tanques tricapas y se cambiaron los colectores y las llaves de suministro. Desde el año 2023, que asumió la actual gestión, hicieron un relevamiento exhaustivo de los 104 departamentos que estaban habilitados. “Empezamos a generar las acciones para llevar adelante una reestructuración de un complejo que, la verdad, estaba en situaciones críticas. Alrededor de 17 o 18 departamentos se encontraban clausurados”, dice Toledo.  

Diaz agrega que hace años que las residencias no están a su capacidad máxima: “Tienen más de 30 años y entran en etapa de deterioro”. Dice que los últimos tres años se avanzó mucho en gas, cloacas, pintura, cocina, calefacción y fibra óptica. “Se hace, pero el estudiante no se calienta. Hay algunos que no tienen sentido de pertenencia hacia la universidad, les da lo mismo si algo está roto, si se rompe o si lo rompe él mismo. Sabe que la universidad lo paga y lo arregla.”, advierte.

El comienzo de la obra de gas natural llevó soluciones, pero también complicaciones. Las intervenciones provocaron deterioro en varios departamentos, tanto en las ventilaciones como en las cañerías expuestas de la cocina. A los estudiantes se les prohibió encender los calefactores. Toledo explica que, al pasar de gas envasado a natural, se cambiaron los picos de inyección de los artefactos, pero como los calefactores no fueron reacondicionados, no se pueden usar.

Ghitta recuerda que, en junio de 2025, cuando vivía en el departamento 104, tuvieron un caso de pérdida de gas: “Dormimos un mes con las ventanas abiertas”. Su reclamo debía quedar sentado en un formulario en la casilla de seguridad de la entrada a las residencias, donde se detallaba el trabajo, el especialista a contratar y el nivel de urgencia. “Nosotras fuimos a hacerlo varias veces y con algo tan importante como el gas. Hacía frío. Tuve que venir a quejarme directamente al Departamento de Becas”, recuerda.

Toledo asegura que está en proceso el cambio de los techos, que será el final de un proceso que ya se hizo: el cambio de membranas y la impermeabilización.

SEGURIDAD.

Las residencias cuentan con un alambrado que rodea el espacio y una sola entrada, donde además hay una caseta para los guardias de seguridad. Pero no todo es lo que parece. “A una chica le robaron su bicicleta, desde el descanso de las escaleras. Fue a pedir las cámaras y fue al pedo. Dijeron que no andaban”, cuenta Rocío.

De las 32 cámaras de seguridad que apuntan a las escaleras de los departamentos, apenas un puñado sigue funcionando. Toledo dice que no fue una buena decisión: mantener esa cantidad en operación tiene un costo que, en el contexto actual, no pueden afrontar. También hay cuatro domos 360° en cada esquina del complejo y los estudiantes pueden solicitar las grabaciones mediante un reclamo justificado. “Lo primordial es monitorear el predio”, dice Toledo. El alambrado que lo rodea está deteriorado, pero no por antigüedad o descuido, sino por vandalismos o viveza estudiantil: “Son comodidades para llegar más rápido. Nos genera problemas en el cuidado de ellos mismos”, se queja el funcionario.

Díaz admite que hay casos de robos, pero el porcentaje bajó mucho respecto de otros años: “Una vez uno le robó al compañero la tarjeta de débito. Se cruzó al frente y se compró un salamín con queso. No lo expulsamos, le hablamos, lo sancionamos con un mes sin beca económica. Dijo que no tenía para comer. “¿Por qué no habló conmigo?”, le pregunté. Nos reímos, no somos salvajes que por cualquier cosa te corren”, cuenta.

Los guardias utilizan una aplicación llamada “sistema de novedades”, donde registran los desperfectos en las residencias y especifican el área a tratar en un mensaje de WhatsApp donde aparece el nombre del guardia, el reclamo y las imágenes o videos adjuntos. Toledo jura que los casos no tardan más de un día en resolverse.

El artículo 23 del Reglamento de Becas de la Universidad establece, entre otras cosas, el régimen de visitas. Todos los residentes del departamento deben estar de acuerdo y el estudiante que pida permiso debe presentar una autorización en el Departamento de Seguridad y Control de las residencias. Casari explica que es muy común que estudiantes ajenos a las residencias se junten en el departamento de un residente a estudiar. “Los vínculos son importantes, como las mascotas”, agrega. El reglamento anterior las prohibía, pero ahora están permitidas bajo tenencia responsable. Para ello, todos los residentes deben consentir la llegada del animal.

El 31 de diciembre de 2024 Ghitta llegó a la entrada de las residencias acompañada de su hijo de cinco años. Días atrás había firmado el permiso de visita por el menor de edad y presentado las correspondientes capturas de WhatsApp con el consentimiento de sus compañeras. Pero la guardia de turno no le permitió ingresar con el menor. “No quiero hablar de las cosas que me dijo esa mujer, como que, si a él le pasaba algo, yo iba a denunciar a la uni. Estaba todo hablado, las chicas sabían que iba a ir. Me pareció ilógico que me dijera que la criatura con cinco años se tenía que quedar del otro lado en lo que yo tardaba en poner agua para irnos a tomar mate al río”, recuerda, indignada. “¿Por qué no se ponen a ver que hay en varios departamentos más de cuatro personas viviendo que ni siquiera son becados?”, acusa.

- ¿Cómo es eso?

- Son arreglos que hacen entre ellos. En el departamento de enfrente donde yo vivía eran cuatro becadas y había ocho personas viviendo. El novio de tal, el primo de tal y no sé quién más. No soy la única que tiene hijos, incluso hay un chico, tenía cerca de 26, 27 años y llevaba un nene que también tenía cinco o seis años en periodo de clase. Yo al mío lo llevaba solo en vacaciones.

Juan Pablo Casari dice no tener registro de que, en los últimos años, estudiantes hayan llevado a sus hijos a pasar las fiestas. Pero admite que puede haber ocurrido y no lo sepa.

Las residencias se inauguraron en 1991.

CONVENIOS

“Los convenios tienen un desempeño importante. De tres alumnos, dos provienen de ellos”, dice Casari. Diaz cuenta que hace un tiempo un chico se acercó a la Secretaría y lo reconoció. Había sido estudiante de Veterinaria, era de Venado Tuerto y vivió en las residencias. Hoy trabaja para el Hipódromo Argentino de Palermo. Durante la colocación de gas natural, el inspector de Ecogas se acercó y le preguntó si se acordaba de él. Había vivido los años 2003 y 2004 en el departamento 30. “A eso aspiro, a que mañana, con el título, digas: “Me recibí con la beca de la universidad”. Siempre lo digo, me encanta lo que hago”, dice Díaz.

Toledo admite que cuando asumió la actual gestión se encontró con que los convenios eran viejos, los costos bajos y había mucha morosidad. Se encaró una reestructuración en función de cómo estaban las residencias y el costo real de su mantenimiento. Se actualizaron los convenios y se trazó un plan de refuncionalización de las residencias en base a los nuevos ingresos.

Gabriel Pedernera, ex residente, acusa a los municipios de lucrar con las plazas que no ocupan. “Es un re tema porque le están quitando posibilidades de acceder a la beca a gente que realmente la necesita”, afirma. Ghitta recuerda la anécdota de una compañera de La Carlota que en 2024 recibió la beca y al terminar el mes el municipio le quiso cobrar un alquiler a la madre.

El convenio no prevé explícitamente el impedimento del cobro”, admite Casari. “Detectamos una situación, abordamos el tema verbalmente, independiente del convenio, y dejamos claro que nuestra mirada es contraria, porque cobrar alquiler desvirtúa el espíritu de la beca. Logramos cesar esa acción y tengo entendido que el dinero fue reintegrado”, apunta.

- ¿Se puede saber qué municipio fue?

 - Por una cuestión de responsabilidad institucional, no.

 - ¿Fue el año pasado o ahora?

 - Fue en 2024.

 SALUD

La universidad tiene un sistema de salud propio. Cuenta con una enfermería, que funciona de 7 a 23, y tiene ambulancia propia, disponible de lunes a viernes de 7 a 21. Pasado ese horario, los feriados, fines de semana y paros no-docentes, el servicio queda a cargo de la empresa Amor y paz.

“Era más rápido pedir un Uber que esperar la ambulancia”, recuerda Ghitta. Dice que, en situaciones de derivación a clínicas u hospitales, la ambulancia tardaba mucho en llegar.

Casari explica que hay una aplicación de emergencias donde cualquier persona que esté dentro del campus puede hacer un llamado de emergencia o reportar la urgencia. La aplicación permite la geolocalización para que las unidades sepan la ubicación precisa.

“Es un botón de seguridad, de emergencia médica y de incendio. Inicialmente lo vamos a aplicar para las residencias. En el celular se va a tener la aplicación. Cuando apriete uno de los botones, se va a notificar a la guardia y a los policías, a los cuáles les va a llegar un WhatsApp con la notificación”, explica Toledo.

Lisette Lanfranco, Agustín Abello y Mateo Russomanno
- Estudiantes de periodismo -