La decisión política está tomada. Ante la compleja situación financiera de la provincia y el oscuro panorama económico nacional, el gobernador Martín Llaryora exhibió la bandera blanca y pactó un armisticio con el gobierno libertario de Javier Milei. Lo hizo a través de Diego Santilli, el camaleónico dirigente del PRO y ex peronista, devenido en jefe de gabinete libertario.
Fiel exponente de la casta, el "Colo" Santilli habla el mismo idioma que los profesionales de la política que administran Córdoba desde hace un cuarto de siglo. Pero no está en sus manos garantizar que el armisticio dure hasta las próximas elecciones. Todos lo saben: la última palabra sobre la estrategia política para Córdoba y el resto de las provincias dependerá de Karina Milei, la hermana presidencial. Se lo ganó: además de la confianza total del presidente, su alianza con los herederos de la dinastía Menem le permitió obtener en sólo dos años la personaría jurídica de La Libertad Avanza en más de una decena de provincias (necesitaba sólo cinco para ser un partido nacional).
Más allá de su fragilidad política, su dependencia de la coyuntura económica y el dato incontrastable del declive de la estrella política del presidente, el nuevo armisticio entre Milei y Llaryora impacta en el escenario electoral mediterráneo.
El primero el patalear fue el camaleónico Luis Juez, cuyo oportunismo político y sumisión a los hermanos Milei corren por carriles paralelos: obediente ladero del inefable Gabriel Bornoroni, espera que Karina Milei tire las cartas para saber si integrará la fórmula provincial de La Libertad Avanza, buscará el premio consuelo de la intendencia de Córdoba o intentará retener su banca en el Senado.

Otro que anda como bola sin manija es Rodrigo De Loredo. A la espera de un guiño de la Casa Rosada que difícilmente llegue, sin escaño y sin partido, el yerno de Oscar Aguad pasea su orfandad política por la provincia, convencido de que está predestinado a gobernarla. Otra vez en manos de decisiones judiciales ajenas a su dominio por su impericia partidaria, ni siquiera sabe si contará con la anquilosada estructura del partido centenario que alguna vez fue garantía de poder. Hoy la mayor parte de su dirigencia pena por un lugar en gobiernos ajenos mientras se destiñen en la Casa Radical los cuadros otrora idolatrados de Leandro N Alem, Hipólito Yrigoyen, Arturo Illia y Raúl Alfonsín, entre otros próceres olvidados por una dirigencia que dejó sus convicciones en la puerta.
Camino incierto
La tardía eyección del gastador compulsivo Manuel Adorni del gobierno nacional oxigenó el gabinete libertario, reabrió el diálogo con los gobernadores y le permitió al oficialismo recuperar la agenda política. Pero la economía no repunta y la mayoría de las encuestas coinciden en una pronunciada caída de la imagen de Milei. La ilusión de las ideas fuerza que lo llevaron a la Casa Rosada parece haber cedido al desencanto de los resultados que arroja la mitad de su mandato: al parecer, el sacrificio no era el purgatorio a superar para que llegara el bienestar económico, sino el previsible y ríspido camino del ajuste perpetuo. Que además no pagó la casta, sino los ciudadanos de a pie, especialmente los más vulnerables. Aunque haya desaparecido de la agenda pública -y, llamativamente, también de la judicial-, los excéntricos gastos de Adorni dejaron una huella imborrable en el inconsciente colectivo.
Si el peronismo nacional logra resolver su interna política (a pesar de las rispideces no pareciera haber diferencias insalvables en lo político) y se presenta unido a las próximas elecciones, sus chances de recuperar el poder innegables. El debate pasará a ser si le alcanza para ganar en primera vuelta o necesitará del balotaje para desalojar a Milei del poder.
En ese escenario, el cordobesismo se presentará como el garante del potencial triunfo de Milei. Sería un camino sin retorno, pero a pesar de sus últimos fracasos, Llaryora parece empeñado en rescatar a Schiaretti de su ostracismo legislativo para reeditar la experiencia de la cada vez menos ancha avenida del medio.
Aislado
Agobiado por una situación financiera compleja y aislado en su comarca política tras la fallida incursión electoral de Provincias Unidas, Llaryora optó por volver al libreto más conocido de la coalición gobernante: refugiarse tierra adentro. Pero sabe que el Partido Cordobés podría no alcanzarle -es escaso el caudal de votos que le aportan su socios expulsados del macrismo y el radicalismo- y necesita del guiño libertario para ser el garante de la reelección presidencial y, por qué no, esperar un nuevo turno electoral para proyectarse como el sucesor desde una derecha "republicana" y moderada.
¿Qué gana Milei con el armisticio en Córdoba? Los votos del cordobesismo en el Congreso -donde no le sobra nada- y una relación armónica con el mandamás de la provincia donde (todavía) conserva un alto índice de aprobación.
La apuesta no deja de ser riesgosa. En la Argentina libertaria, un año es una eternidad. Lejos de los anunciados "brotes verdes" que el macrismo introdujo a la utopía del ajuste, el panorama nacional augura más recesión y estancamiento.
¿En qué condiciones llegará Milei a las elecciones de octubre de 2027? ¿Tendrá chances de reelegir o busca una retirada ordenada, como parece anticipar su proyecto para reformar las funciones del Banco Central?
La predisposición de la hermana presidencial a negociar con gobernadores las listas de candidatos en algunas provincias indicaría que los libertarios han tomado conciencia de su fragilidad política. Pero con Karina nunca se sabe...
Ajustados
El ocaso de Schiaretti tras su derrota a manos del ignoto Gonzalo Roca y el angustiante vía crucis del intendente Daniel Passerini para llegar al final de su mandato sin que le exploten las cuentas municipales trazan un panorama bastante sombrío para el dirigente que encarna el desafío histórico de mantener la hegemonía peronista en la provincia más gorila del país.
Su armisticio con la Nación y, sobre todo, la llegada de fondos frescos, le permitirán descomprimir los efectos de su propio ajuste, que tiene virtualmente paralizado al Poder Judicial.
A la conocida soberbia del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) y el malestar de los trabajadores por la abrupta caída de sus otrora buenos salarios, se suma la destitución de tres fiscales por el jury del caso Dalmasso, que dejó un agujero negro en Río Cuarto, que el Ministerio Público Fiscal ni siquiera amaga cubrir.

El flojo desempeño del fiscal general Carlos Lezcano y el aterrizaje de su ex adjunta Bettina Croppi en la flamante Procuración Penitenciaria Provincial soliviantaron los ánimos en Tribunales. Desbordados por el conflicto gremial, muchos magistrados acompañan la protesta y amenazan romper la hegemonía de la timorata Asociación de Magistrados. Razones no les faltan: sumando la pérdida de poder adquisitivo devenida del ajuste nacional y los aportes extraordinarios impuestos por Llaryora a la seguridad social y previsional, jueces y secretarios resignan alrededor del 30 por ciento del salario. Una enormidad para la casta judicial cordobesa.
Oportunidad
El escenario electoral se presenta inmejorable para la hija del tres veces gobernador José Manuel De la Sota. Emancipada del cordobesismo en las últimas elecciones legislativas -donde, con una estructura propia, retuvo su banca en el Congreso-, Natalia De la Sota recorre el país con el indisimulado objetivo de ser protagonista del "trasvasamiento generacional" del peronismo.
Su salida del cordobesismo parece ser un camino sin retorno: a la falta de convocatoria de sus ex socios para que vuelva al ruedo suma ahora el acercamiento de Llaryora al gobierno nacional. Hace dos años, desplazó al decadente kirchnerismo cordobés y ahora pretende encabezar la renovación dirigencial. Podría seguir los pasos de su padre, que salía fortalecido de cada derrota en las urnas, hasta que Antonio Cafiero perdió la interna con Carlos Menem.
Lejos de refugiarse en la tranquilidad del cordobesismo, la diputada nacional busca ser parte de la renovación generacional que podría encabezar el gobernador Axel Kicillof, si finalmente logra reencausar su relación con la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.