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#Escultura
Ventanas cordobesas en el centro de Europa
Foto: Roxana Viotto y su compañero junto a los anfitriones, en el taller lituano donde elaboró su escultura.
Roxana Viotto, escultora cordobesa radicada en Agua de Oro, Córdoba, viajó a Lituania para realizar una obra que integra el Europas Parkas, un espacio verde de 50 hectáreas donde conviven realizaciones de cien artistas de todo el mundo.
Publicada el en Entrevistas

A mediados de julio, antes de que terminara el Mundial, Roxana Viotto aterrizó en Vilna, capital de Lituania. En ese lejano territorio del centro de Europa la esperaba un taller, soldadoras, herramientas, martillos, fraguas. Y la ilusión de concretar un sueño: una de las pequeñas esculturas, que llevaba guardada en su equipaje a manera de boceto, sería parte del Europas Parkas, un espacio verde de unas 50 hectáreas donde se exhiben obras de más de cien escultores de todo el mundo. La obra se llama Abrir ventanas. Y, desde hace algunas semanas, es testimonio de que hay otras maneras de comunicarse, más allá de las pantallas.

Todo sucedió de manera extraña. A través del mundo digitalizado. Desde ese centro del universo llegó un llamado, una invitación. El proceso fue largo. Incierto. El pintor argentino, Miguel Ronsino, fundador del Colectivo Periferia, recibió un mail de un curador italiano. El hombre buscaba obras escultóricas que pudieran enriquecer el paisaje del Europas Parkas. Ronsino extendió la propuesta a colegas. Y, de esa manera, la invitación llegó a Viotto, egresada de la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba que, desde hace años, tiene su taller en Agua de Oro, Córdoba. Las ventanas comenzaban a abrirse.

Propuestas y sugerencias fueron y vinieron, durante unos meses. Finalmente, el curador, Enzo Fornaro, eligió. Desde Vilna, la voz de Viotto explica. Usa la palabra abismo varias veces. Acaso para referirse al paisaje, a las costumbres, a las comidas. O a la incertidumbre que le planteó iniciar un vuelo sin tener todas las certezas. “Al comienzo escribíamos sin creer mucho en que el parque existía. Por más que estaba ahí, en Internet, sabemos que la inteligencia artificial puede hacer cualquier cosa”.

 

Pero el Europas Parkas no sólo existía: de su patrimonio surgen autores reconocidos a nivel global como Magdalena Abakanowicz, Dennis Oppenheim o Sol LeWitt, que dejó en ese paisaje su Double Negative Pyramid.

El escultor lituano Gintaras Karosas fundó el espacio en la década del 90. Allí creó una escultura gigante y laberíntica llamada LNK Infotree, con más de 3.000 televisores viejos. Era una crítica a la vieja Unión Soviética. Hoy se parece más un símbolo del capitalismo de la vigilancia y sus ruinas, tan actuales.

Otro idioma

“Yo he participado en diferentes simposios. Ahí todo está pautado. Esta vez fue diferente: me invitaron a hacer la escultura. Envié cinco propuestas, con el mismo concepto y ellos eligieron una que dijeron iba con el espíritu del parque”.  Entonces, el taller de Viotto se trasladó a una pequeña fábrica en las afueras de Vilna. Viajó con su compañero y asistente, el músico Miguel “Yeti” Navarro. Trabajaron durante casi un mes junto a compañeros metalúrgicos lituanos que no hablaban una sola palabra de inglés o de castellano.

Previo al viaje, los planos de la escultura llegaron a Lituania. “Cuando llegamos a la fábrica, estaba todo. Las herramientas, la ropa, el material... Fue una experiencia relinda. Porque hay ciertas cosas como los gestos, las maneras de expresarse con las manos, la necesidad de buscar recursos para hacerte entender, que hace que muchas veces se traspase el lenguaje verbal. En un momento nos enroscábamos buscando cómo doblar una chapa. No le encontrábamos la vuelta. Entonces, uno de los operarios llegó con la herramienta que nos hacía falta. Y no hubo palabras. Eso fue muy impresionante”, dice Viotto.

Un elefante

Después de algunas semanas en el taller, esos obreros le contaron que era la primera vez que un artista llegaba a trabajar ahí. A soldar. A doblar. A pulir. Es que, generalmente, otros escultores envían los planos y son los obreros los que se ensucian las manos. Cortan, sueldan, arman. Viotto construía una ventana propia. Una ventana que acaso viniese del pasado.

Es que, hace apenas un año, fue elegida para construir unas esculturas gigantes del Perro Salchicha y de Dailan Kifki, en la Casa de las Infancias del CPC de barrio General Paz, en Córdoba. Durante meses, el alado elefante de la novela de María Elena Walsh vivió en Agua de Oro, antes de volar hacia su actual emplazamiento. Acaso ese Dailan llegó para sanar las heridas del incendio que había destruido por completo el taller de Viotto. Es que todo Dailan tiene su bombero. Y fueron los vecinos los que impidieron que el fuego avanzara hacia la casa.

 

Aquel Dailan, aquel Perro Salchicha, y las Ventanas que asoman en Lituania tienen algo en común: el hierro. Un elemento disruptivo en tiempos en donde todo tiende a digitalizarse. “Siento que tengo algo recurrente. Y quizás con la obra también haya algo recurrente. Me gusta esa dualidad entre algo tan fuerte y tan duro y lo pulido, las texturas, lo maleable. Me gustan los bordes limpios. Las veces que he intentado hacer cosas con otro material no me terminan de cerrar. Pero también tengo una cosa, así en que siento que tengo que insistir en las cosas. Insisto. Soy insistidora. Y por eso es que no me aburre trabajar con el mismo material hace rato. Y siento que todavía tengo un montón de cosas para aprender. Como algo que no está acabado, que no llegó a su fin”, dice Viotto.

Durante la estadía, el Europas Parkas realizó una exhibición de pequeñas obras de Roxana Viotto. Abrir ventanas ya es testimonio de este tiempo. Una invitación al cambio. Cuando tantas veces la idea de abrir ventanas se relaciona apenas con una negra pantalla.

Roy Rodríguez
- Periodista -