Más ajuste, menos consumo, despidos, aumento de la desocupación, cierre de empresas, crecimiento de la pobreza y disminución de la recaudación provincial. Los datos forman parte de un bucle infinito que alimenta un proceso en el que todos los indicadores se relacionan en una pendiente negativa.
Ya nadie discute un dato: la actividad económica está planchada. En términos menos técnicos y más cordobeses: está planchadaza.
Entender lo que pasa en la economía provincial como reflejo de lo que ocurre a nivel nacional es poner el foco en la circularidad de la economía: todos los indicadores van en el mismo sentido.
La consultora OTES publica todos los meses un semáforo salarial donde compara los ingresos frente al aumento de precios para determinar el poder adquisitivo real de los trabajadores. Hace meses que ese semáforo está en rojo. Septiembre no fue la excepción.
El salario de un docente cordobés de grado, con 10 años de antigüedad, está un 2,8% debajo del nivel de noviembre 2023; un empleado de la UOM tiene un 9,2% menos de poder de compra que en el final de la presidencia de Alberto Fernández y el vendedor de un comercio perdió un 16,6% de poder adquisitivo desde que comenzó el experimento libertario.
Los datos reflejan la actividad de los trabajadores registrados. Quienes no cuentan con un convenio colectivo que los defienda la pérdida es mucho más significativa, porque su capacidad de negociación con la patronal es casi nula.

El cordobés promedio sufre la caída de sus ingresos en términos reales y esa caída se refleja de inmediato en los comercios, que venden menos productos. El centro de la ciudad de Córdoba es el ejemplo más claro: entre agosto de 2025 y el mismo mes de 2026 se cuadriplicó la cantidad de locales vacíos.
El Colegio Inmobiliario de Córdoba informó que en esos doce meses se pasó de un 3,1% a un 13,8% de espacios sin ocupar.
Es cierto que hay un crecimiento del mercado digital y de las ventas on line, pero la magnitud del fenómeno no alcanza para explicar semejante desplome.
En el mismo período, la venta de inmuebles bajó un 38% en toda la ciudad.
El dramático escenario se completa con los datos de desocupación y pobreza. En el Gran Córdoba, la desocupación alcanzó los dos dígitos: 10,5% de la Población Económicamente Activa en el segundo trimestre del año). 12 meses atrás, el mismo indicador estaba en el 8,9%. En Río Cuarto, el índice trepó del 5,8 % en junio de 2025 al 6,4% en la última medición.
Pero el dato que ilustra con mayor contundencia la situación es el de los ocupados demandantes de empleo. Son trabajadores que tienen una ocupación, pero demandan otra porque el sueldo no les alcanza. En Córdoba representan el 22,8% del total de empleados. En Río Cuarto, el porcentaje desciende al 6,1%.
El INDEC informó que la pobreza en el Gran Córdoba alcanzó al 31,1% de la población durante el primer semestre de 2026. Es un crecimiento impactante: seis meses antes, se ubicaba en el 23,2%. Traducido a números, hay más de 500 mil cordobeses que están bajo la línea de pobreza.
Más pobres, menos empleos, comercios que cierran y sueldos que cada vez alcanzan para menos también impacta en la recaudación provincial, que cae porque la actividad económica está planchada.
Las cifras muestran el impacto circular del proceso económico. En caída libre Alejandro Pegoraro es director de la Consultora Politikon Chaco y uno de los autores de un informe que detectó la baja de la recaudación en casi todas las provincias argentinas. Y Córdoba no es una isla: “Hay una caída a nivel acumulado entre enero y agosto de este año. En Córdoba. la recaudación provincial cayó un 3,6% en términos reales, con una importante aceleración en los últimos tres meses. Marzo y abril venían con subas leves, pero importantes. Sin embargo, desde mayo comienza un proceso de caída cada vez con más fuerza”, afirma ante la consulta de El Sur.
El informe marca un derrotero alarmante: la recaudación provincial cayó 0,5 en mayo, 5,5% en junio, 12% en julio y 15 % en agosto. Y no para. “Viene acelerando con fuerza”, advierte Pegoraro sobre la caída libre de la recaudación provincial. “Lo que está pasando se puede relacionar de manera directa con la caída de la actividad económica, especialmente cuando vez el desempeño de los tributos como Ingresos Brutos y Sellos, que son los que están atados al nivel de actividad económica. Ingresos Brutos por ventas y Sellos por las operaciones, por los contratos. Los dos impuestos están cayendo, un 4,2% en el caso de Ingresos Brutos y un 8,1 % en Sellos”, advierte Pegoraro. “En ambos casos los tributos muestran una caída de doble dígito en los últimos dos meses”, insiste. “El dato de la recaudación está relacionado con la actividad económica. Ingresos Brutos son las operaciones de venta, de facturación, al ser menor el volumen de ventas cae la recaudación y esconde el fenómeno de estancamiento de la actividad”, advierte el economista. El dato no es menor: Ingresos Brutos representa el 75% del total de la recaudación provincial.
El otro dato que surge nítido del estudio es el crecimiento de la informalidad en la economía: “Con una simple observación uno puede ver un crecimiento de la informalidad porque eso también provoca que caiga Ingresos Brutos, ya que no se facturan ventas para no pagar impuestos. Eso también puede explicar una parte chica de la caída”, explica Pegoraro.
Para colmo, la caída de la economía golpea a los sectores de mano de obra más intensiva de la provincia. “La actividad económica está muy planchada en tres sectores claves como el comercio, los servicios personales y la industria manufacturera, que son los sectores más grandes de la economía provincial, y dinamizan las facturaciones. Mostrar este nivel de caída te marca la problemática de la actividad”, precisa el titular de Politikon Chaco.
Todo esto ocurre en una provincia que cerró el 2025 con un plan de reducción impositiva que buscaba alentar la actividad económica y dinamizar el consumo. Queda claro el error de diagnóstico: el problema no es impositivo, sino de consumo. Baja de consumo mata rebaja impositiva.
El problema no es de Córdoba; se extiende a lo largo y ancho del país. Los números del mismo estudio lo confirman: “Mayoritariamente lo que pasa en Córdoba no difiere de lo que ocurre en otras provincias, la gran mayoría de las provincias tienen una recaudación provincial muy negativa, pero en el acumulado anual son muy pocas las que muestran una mejora, la mayoría tiene una caída, pero con distintas intensidades”, cierra Pegoraro.
La macro y la micro “La macroeconomía está bien, el problema es que todavía no le llega a la gente”, repiten como un mantra en la Casa Rosada. La falacia choca con la realidad: hoy en Argentina hay dos millones más de pobres que hace seis meses.
“El problema ya no es la inflación, es el empleo y el salario que no alcanzan”. La frase no es de Miriam Bregman, sino de un informe de la Fundación Mediterránea en base a del INDEC.
“La Canasta Básica Alimentaria, que define la Línea de Indigencia, aumentó un 13% en el primer semestre del año, mientras que los sueldos registrados lo hicieron en promedio un 4%”, expresa el think tank del liberalismo mediterráneo en una impensada manifestación de populismo.
Si aumenta la pobreza y cae el consumo, cae la recaudación. La pregunta es bastante obvia: ¿Es sostenible en el tiempo la política tributaria actual? ¿Cuánto tiempo más se puede sostener el modelo económico?
A medida que avanza el calendario (electoral) quedan más lejos en el horizonte expresiones oficiales como “la economía va a despegar como pedo de buzo” o “se vienen los mejores 18 meses de la historia”. Sin pudor alguno, ahora Javier Milei promete que, si es reelecto el año próximo, “2028 será el mejor año de la economía nacional”. Por ahora, su renovada promesa choca con una realidad que golpea con fuerza en un país que comienza a mirarlo con recelo y una Provincia que todavía lo banca: la economía está planchadaza.