Gabriel García Márquez no tenía ningún interés en ser uno más de los tantos que habían contado la historia del náufrago Luis Alejandro Velasco. Ya se sabía todo, o al menos eso creía. Por eso cuando Velasco entró a la redacción del diario El Espectador, ni siquiera quiso recibirlo. Hasta que el náufrago decidió develar su secreto, un especie de seguro que se había reservado por si algún día lo necesitaba: la verdad de lo que pasó el día que cayó del barco al mar abierto.
“Relato de un Náufrago” no fue concebido como un libro. Inicialmente fue publicado como una serie periodística de 14 entregas en el diario colombiano “El espectador”. Se empezaron a publicar en abril de 1955 y estaban firmadas por Velasco, que narraba su travesía en primera persona, aunque detrás estuviera la pluma de García Márquez.
No fue hasta 15 años después que la historia fue transformada en un libro, cuya autoría asumió el ya por entonces consagrado escritor latinoamericano.
Velasco era un hombre simple, un marinero que volvía de Mobile, Estados Unidos, a Cartagena, en un barco de la Armada colombiana, el A.R.C Caldas. Pero los caprichos del mar y la mala suerte lo dejaron a la deriva en una balsa, en el medio del mar caribe. Antes de iniciar su naufragio, vio ahogarse a sus compañeros. La balsa a la que se aferró para sobrevivir se convirtió en su refugio, su hogar y su universo durante diez largos días.
Velasco no tenía agua, ni comida, ni armas o herramientas. Su supervivencia fue pura voluntad y tal vez por eso su regreso a tierra firme fue tan aclamado. Fue recibido como un héroe casi mitológico. Las marcas comerciales se lo disputaban para que hiciera publicidad con ellos, la gente lo veneraba y el Gobierno lo condecoró.
Todo duró lo que duró su silencio. O su media versión de lo sucedido.
“Relato de un náufrago”, ya considerado un clásico de la literatura universal, es una magnífica fusión de periodismo y literatura. La labor periodística y literaria de García Márquez es asombrosa: logra convertir horas de un testimonio trillado en una historia atrapante y con un nivel de detalle que permite sentir a quien lo lee que está acompañando al náufrago en su balsa. Pero, además, más allá de la notable prosa del autor, el libro es una denuncia que tuvo consecuencias graves. Cuando afloró la verdad, el relato del náufrago incomodó al gobierno colombiano, Velasco pasó de héroe a réprobo y García Márquez se tuvo que exiliar.
“Relato de un náufrago” es un libro de lectura rápida por lo intrigante del relato y, a su vez, inmersiva, por la forma en que está escrito. Uno sabe desde el inicio cómo van a terminar las cosas, dado que es una historia real, pero eso no impide la emoción a medida que se avanza en la lectura. La obra es una muestra valiente y estética de buen periodismo, es el fruto de largas entrevistas, de una escritura impecable y, principalmente, del motor de todo periodista: que el público conozca la verdad.
Ficha técnica:
Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez,
Randon House Mondadori (De Bolsillo),
Buenos Aires, 2015 (Primera edición 1970). 156 páginas