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Sobre el histórico juicio por el “narcoescándalo”
Miradas
Por | Fotografía: Gentileza La Voz del Interior
Foto: El comisaro Rafael Sosa fue condenado, pero por delitos menores a los que contenía la acusación del fiscal.
Una reflexión sobre el fallo que condenó al comisario Rafael Sosa y otros policías a penas más leves de las pedidas por el fiscal. El remanido recurso de sembrar sospechas sobre los jueces si la condena no conforma las expectativas sociales
Publicada el en Reflexiones

Cuando hablamos de justicia, ¿qué queremos decir?... ¿Hablamos de absolución como posibilidad o solo de condenar a como hubiere lugar? Al decir justicia, ¿eludimos decir lo que en verdad buscamos que nos entiendan? ¿Qué cosa?: sangre. Porque solo la sangre nos traerá de regreso al sueño irredento de una sociedad de iguales. Y lo digo yo con toda la carga que me impusiera a la hora de hablar de tipos tan poco respetables. Lo digo yo que atribuyo, creo que equivocadamente pero no importa, a Eduardo Galeano aquello de “la justicia es como las serpientes, solo muerde a los descalzos”. Es que hay tanta verdad en esa frase como en aquella otra de Tabaré Cardozo, “la justicia tarda y nunca llega pero es la pesadilla del culpable”…notable acierto popular, sin dudas. Ahora, ¿qué hacemos cuando las pruebas no alcanzan para someter a mil años de prisión al sospechoso? Qué hacemos como sujetos justiciables, digo. ¿Qué procedimiento sino la sujeción al entramado legal tenemos por delante?...

El caso del narcotráfico y los policías de Córdoba, al mando del condenado Rafael Sosa, nos interpela, tal vez más a nosotros que a los propios actores del reciente y aún abierto drama. ¡Le hicieron un guiño a De la Sota! ¡Cuánto habrá costado ese fallo tan leve!...Cosas así se escuchan todavía, y a la luz de tanta derrota popular a manos de los poderosos hombres del Poder, toda admonición parece poca.

Sin embargo, el hombre que condujo desde la presidencia el tribunal en el llamado narcoescándalo es sin muchas chances para la réplica, uno de los más integros de la justicia local. Miguel Hugo Vaca Narvaja no tiene ninguna razón para arrojarle una soga a nadie que hubiese gravitado en la esfera del ex gobernador. Su propia historia se inscribe en el terreno de una disputa ideológica que se cargó a su familia; pero ahí está el hombre que hace justicia sin mirar a quien. “La justicia no debe esperar a ver quién gobierna para hacer su trabajo”, le dijo el juez del TOF 3 al cronista que lo escuchaba entre poco convencido y menos informado; sí, claro, pero lo hace, dije; y él, firme en su convicción de ser leal a la verdad real, dijo: “Sí, es así”. La referencia era para los tantos Casanellos que hoy se envalentonan y hurgan donde debieron hurgar mucho antes, cuando los sospechosos eran amigos de los que esgrimían el garrote. Pero, claro, Sebastián Casanello es a la justicia lo que las bandas militares a la música, ¿no?...

Cuando las pruebas no alcanzan para condenar a Rafael Sosa por un delito tan grave como la Asociación Ilícita y no se lo condena a mil años por ese cargo, la sociedad gime y se descontrola en frases preñadas de convencionales aprehensiones. Pero si nos animamos a mirar más allá de esa convención, condenar sin pruebas es el reaseguro más valioso para los hijos de nadie. Que condene la prueba y no el clamor social no ataca a la justicia, sino que derrota al fuego de una inquisición reconfigurada al auspicio de una opinión complaciente con su – nuestra – propia miopía.

Kafka dice en El proceso: "Los tribunales tienen códigos, pero códigos que no se pueden ver. Es parte de este sistema el que uno sea condenado sin saberlo…"

La efusión de sangre – la condena a mil años – nada tiene que ver con la justicia; aunque la justicia haga suyos muchos de los falsos postulados con los que nosotros, la sociedad, disimulamos nuestras cuentas pendientes. La sociedad, los que seguimos esperando por mejores días.

Néstor Pérez
- Periodista -