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El seleccionado de Martino busca su primer título internacional
América para los Norteamericanos
Foto: Tras el subcampeonato en Chile, Martino buscará revancha en Estados Unidos.
Del 3 al 26 de junio, el viejo Campeonato Sudamericano de fútbol celebrará su centenario en… ¡Estados Unidos! ¿Por qué Lionel Messi y sus colegas de nuestro continente deberán exhibir sus virtudes con la pelota fronteras afuera? El gran negocio económico detrás de la excusa de una “integración” entre confederaciones.
Publicada el en Crónicas

La Copa América, el campeonato de selecciones nacionales más antiguo de todo el mundo, dio su puntapié inicial el  2 de julio de 1916, allá lejos y hace tiempo, en la vieja cancha con tribunas de madera del Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.

Su puesta en escena coincidió con la creación de la Confederación Sudamericana de Fútbol (actualmente Conmebol) y la elección de la ciudad porteña como sede del certamen no fue un hecho casual: los representativos de Argentina, Uruguay, Brasil y Chile acordaron por entonces disputar un cuadrangular, bajo la originaria y por entonces tal vez demasiado presuntuosa denominación de Campeonato Sudamericano, en adhesión al centenario de nuestra Declaración de la Independencia.

El uruguayo Héctor Rivadavia Gómez, quien alternaba como jefe de Deportes del diario “El Día”, diputado del Partido Colorado y presidente del club Montevideo Wanderers, se quedó con el crédito de la creación del certamen - aunque no son pocos los testimonios de la época que señalan a José Susan, ex futbolista y directivo de Estudiantes de Buenos Aires, como el verdadero “padre de la criatura”- y también con el cargo más alto de la conducción del balompié continental.

Con mayor o menor protagonismo, aquellos dos pioneros quedaron en el bronce. El oro sería para el conjunto “charrúa”, que se consagró como el primer campeón luego de empatar con el elenco dueño de casa en un accidentado partido que se dividió en dos días y dos escenarios diferentes, completándose en el reducto de Racing Club.

Casi un siglo más tarde, ya con un largo recorrido de 45 ediciones coperas, los sucesores de Rivadavia Gómez y sus laderos resolvieron celebrar el centenario del torneo más importante del fútbol sudamericano mudando la localía a territorio ajeno, como ya lo habían hecho en tres ediciones de un torneo de clubes que se dirimía en un solo juego: la Recopa 1990 (Boca-Atlético Nacional de Colombia), la Recopa 2003 (Olimpia de Paraguay-San Lorenzo) y la Recopa 2004 (Cienciano de Perú-Boca).  

San Francisco, Chicago y Seattle será el periplo inicial del próximo tour del seleccionado argentino y de su capitán, Lionel Messi, quien hará el cuarto intento de levantar con sus manos un trofeo que para él viene siendo tan esquivo como lo terminó siendo para su compatriota Diego Armando Maradona (1979, 1987 y 1989) y para el brasileño Pelé (1959). ¿¿¿Estados Unidos??? Sí, el mismísimo “País del Norte”, elegido en nombre de la “integración” para celebrar el primer siglo del torneo de representativos futbolísticos de América del Sur, que esta vez se extenderá del 3 al 26 de junio.

¿Una Copa América para los norteamericanos? Suena raro, pero es exactamente así. En el año del Bicentenario, y del centenario del campeonato que se creó en su conmemoración. Si el mundo da vueltas como una gran pelota, es evidente que aquellos que “lo llevan atado” excepcionalmente lo clavan en un ángulo y con bastante frecuencia lo terminan mandando a la estratósfera. 

  

Algunos lo miran por TV, y tras las rejas

La disputa de la Copa América Centenario fue anunciada con bombos y platillos el 1º de mayo de 2014 por los dirigentes del fútbol sudamericano y sus pares de la confederación de Centroamérica, Norteamérica y Caribe, pero recién 17 meses más tarde el campeonato fue incluido en el calendario oficial de la Fifa, lo que garantizó la presencia de las máximas figuras de cada selección. En ese interín, los dos dirigentes que “pusieron el gancho” para formalizar la concreción de certamen, el uruguayo Eugenio  Figueredo (Conmebol) y el caimanés Jeffrey Webb (Concacaf), fueron arrestados en Suiza, en el marco de una investigación por episodios de fraude, corrupción y lavado de dinero que sacudió al mundo del fútbol y que le terminó costando el puesto al suizo Joseph Blatter, el mismísimo presidente de la Fifa.

Idéntica suerte corrieron, con escasos meses de diferencia, los respectivos sucesores del mentado dúo Figueredo-Webb: el paraguayo Juan Ángel Napout y el hondureño Alfredo Hawit. Estos dos directivos, a imagen y semejanza de quienes los habían precedido en sus cargos antes de caer en desgracia, fueron capturados en el lobby del lujoso hotel Baur au Lac de Zúrich, mientras participaban de una reunión de Comité Ejecutivo de la casa matriz del fútbol mundial. En la volteada también cayeron otros 21 ex popes del “Nuevo Mundo”, que supieron ocupar cargos estratégicos en las ligas futboleras de sus respectivos países.

La lista de “mala fe” incluye a los brasileños Ricardo Teixeira, José María Marín y Marco Polo Del Nero (todavía titular de la Confederación Brasileña de Fútbol), los argentinos Eduardo Deluca y José Luis Meiszner, el peruano Manuel Burga, los bolivianos Carlos Chávez y Romer Osuna, el ecuatoriano Luis Chiriboga, el chileno Sergio Jadue, el venezolano Rafael Esquivel, el colombiano Luis Bedoya, el panameño Ariel Alvarado, el hondureño Rafael Callejas, los guatemaltecos Brayan Jiménez, Rafael Salguero y Héctor Trujillo, el salvadoreño Reynaldo Vásquez, el costarricense Eduardo Li, el nicaragüense Julio Rocha y el griego-caimanense Costas Takkas. “No contentos con secuestrar el deporte más popular del mundo por décadas, estos acusados trataron de institucionalizar su corrupción para asegurarse de que podían vivir de ella", aseguró Loretta Lynch, la fiscal general de Estados Unidos que lleva adelante la investigación en el llamado Fifa Gate. Esta misma funcionaria fue quien años atrás, trabajando en la fiscalía de Nueva York, inició las actuaciones del caso al detectar la participación de varias entidades bancarias “yanquis” en las operaciones de sobornos que rodearon la cesión de derechos televisivos. El caso también tiene en la mira a varios ex CEO de importantes empresas vinculadas al mundo de las comunicaciones y el deporte: los argentinos Alejandro Burzaco (TyC), Hugo Jinkis y Mariano Jinkis (Full Play), el español Roger Huguet y el brasileño Fabio Tordín (Media World), el brasileño José Hawilla y el argentino nacionalizado brasileño José Margulies (Traffic), y la colombiana Zorana Danis (International Soccer Marketing).

El mega-escándalo que hizo temblar las estructuras del fútbol mundial llegó a poner en jaque la realización de la Copa América Centenario, que luego de algunos cabildeos fue confirmada en septiembre pasado, tal como estaba prevista originalmente: con sede en Estados Unidos y la participación de los 10 seleccionados sudamericanos, más el equipo anfitrión y los representativos de Costa Rica, Panamá, Jamaica, Haití y México. El país azteca, que se había propuesto como sede alternativa, se quedó agazapado a la espera de un cambio de planes que lo favoreciera, tal cuál sucedió en 1986, cuando presionada por sus principales sponsors y bajo la excusa de una demora “considerable” en las obras, la Fifa le sacó a Colombia la sede de la XIII Copa del Mundo.

Sí quedó fuera de juego Datisa, la empresa uruguaya conformada por Full Play, TyC y Traficc, que tenía en su poder los derechos de televisación del evento. Inmediatamente después de romper ese vínculo –la fusión de capitales había pagado 317,5 millones de dólares por cuatro ediciones de la Copa América, además de unos 20 millones de “verdes” en coimas- la Conmebol y la Concacaf anunciaron la intención de “identificar nuevos socios para comercializar y vender los derechos del torneo utilizando un proceso nuevo y transparente”. La jugada les salió redonda al paraguayo Alejandro Domínguez y al canadiense Víctor Montagliani, los nuevos dueños de la pelota de esta parte del universo: Fox Sports, la empresa que se adjudicó la licitación, pagó 100 millones de dólares (un 33 por ciento más de lo que Datisa había abonado “en blanco”) por la televisación y la difusión a través de formatos digitales de la Copa América 2016.

Un negocio redondo

Su ratificación como inédita sede del certamen más emblemático del fútbol de Sudamérica le cayó como anillo al dedo a Estados Unidos, un país que de motu proprio no logra hacer pie en el gran negocio del soccer, a pesar de los sucesivos y onerosos intentos de lanzar una Liga Profesional que hizo en los últimos 40 años y de la contratación de jugadores extranjeros, muchos de ellos primerísimas figuras, entre ellos el italiano Andrea Pirlo, el español David Villa, el inglés Frank Lampard, el marfileño Didier Drogbá, el brasileño Kaká y los cordobeses Paulo Rosales, Ignacio Piatti, Federico Bravo y Lucas Melano.

Será la cuarta vez que el seleccionado norteamericano participará de la Copa América en carácter de invitado. Las anteriores fueron en 1993, 1995 y 2007, con un cuarto puesto como mejor posición. Es evidente que en la tierra de Walt Disney los varones son más “pataduras” que las mujeres, que en siete mundiales nunca se bajaron del podio (tres títulos, un subcampeonato y tres terceros puestos) y actualmente ostentan la “chapa” de campeonas vigentes. ¿Alcanzará la localía para acercarle más adeptos a la selección que dirige el ex delantero alemán Jürgen Klinsmann?

Más allá del escaso arraigo que el soccer tiene en Estados Unidos, se estima que la existencia de una numerosa comunidad hispana, alrededor de 55 millones de personas (el 17 por ciento de la población total del país) garantizará la venta de casi dos millones de tickets en todo el campeonato, con una asistencia promedio de 62.500 espectadores en cada uno de los 32 partidos programados y una recaudación total aproximada de 180 millones de dólares. Y que el movimiento ordinario del evento, sumando el consumo del público local y de los turistas en rubros como hotelería, alimentos, traslados y merchandising, generará ingresos por otros casi 200 millones de dólares.

Por su parte, los patrocinadores del torneo –la firma de indumentaria Nike, la multinacional de gaseosas Coca-Cola, la compañía de telecomunicaciones Sprint y la empresa de seguros State Farm- aportarán en conjunto cerca de 120 millones de dólares, aunque ese monto irá a parar íntegro a las arcas de la  Conmebol y la Concacaf, cuyos directivos se comprometieron a destinar 23,5 millones de dólares al rubro premios. ¿Cómo será el reparto de dinero para los 16 seleccionados participantes? Los que únicamente jueguen los tres partidos de la fase inicial cobrarán 250 mil dólares; los que lleguen hasta cuartos de final recibirán 1,5 millón; al cuarto le corresponderán 2,5 millones; el tercero se llevará 3 millones; el segundo percibirá 3,5 millones y el campeón levantará el trofeo y embolsará 6,5 millones.

México, Costa Rica y Jamaica también repetirán sus participaciones como “foráneos”, condición que alguna vez también exhibieron  Honduras y Japón, y que por diferentes motivos descartaron las selecciones de Canadá, España y China.

A Chile le tocará defender el título que logró por primera vez el año pasado en condición de local, y en el caso de Argentina el objetivo será tomarse revancha de la final perdida ante los trasandinos (la tercera en los últimos 23 años) y reverdecer los laureles que supo conseguir en 14 oportunidades y que están amarillentos desde 1993, cuando aquel recordado equipo del “Coco” Alfio Basile ascendió hasta el primer puesto del podio en la altura de Ecuador. Fue el propio seleccionador albiceleste, “el Tata” Gerardo Martino, quien puso la vara bien alta antes de emprender el viaje hacia los pagos donde Barack Obama, portador de un inmerecido Premio Nobel de la Paz, espera ansioso toparse por fin con “la Pulga” Messi, indiscutido acopiador serial del Balón de Oro de la Fifa: “En la Copa anterior teníamos la obligación de afianzar una idea porque recién empezábamos. Ahora creo que la idea está. Y hoy existe una obligación que tiene también que ver con el resultado”. Detrás del objetivo de Martino irán Messi, 22 jugadores más y los pocos hinchas que puedan jactarse se zafar de la crisis de la economía nacional, o que decidan ahorrarse la luz y el gas y marcharse unos días para el Imperio. ¿Los dirigentes? Bien, gracias. En la mesa de las pequeñas discusiones, peleándose por las últimas migajas de poder en una Asociación del Fútbol Argentino (AFA) carente de influencia en la mesa de las grandes discusiones tras la muerte de Julio Humberto Grondona y con un prestigio en decadencia, también herencia del veterano dirigente al que en los voluminosos expedientes que circuñan en los Tribunales neoyorquinos se menciona con el eufemismo "cómplice número 10".

Los equipos de Chile, Panamá y Bolivia serán, en el caso de Argentina, los primeros escollos de un camino que, para llegar a la gloria, deberá recorrer otras tres estaciones, la última de ellas en Nueva York, donde dentro de unos días, ya con la pelota en marcha, la Justicia comenzará a sellar de la suerte de los burócratas y los lobbistas que la mancharon.

Hugo Caric
- Periodista -