Crónicas
Entrevistas
Actualidad
El Kiosco virtual
Reflexiones
Cultura
Música
Cine
Libros
Galería Magalú
Galerías multimedia
La Revista
Revista El Sur
Staff
Ediciones en papel
Murió Joao Havelange
El hombre centenario
Foto:
El ex mandamás de la FIFA fue decisivo para que Brasil fuera la primera sede sudamericana de los Juegos Olímpicos. Soñaba con un homenaje centenario, pero la muerte lo sorprendió en plena competencia y con más sombras que luces.
Publicada el en Crónicas

No era un robot, aunque se le parecía demasiado. Mano dura, movimientos fríamente calculados, cara de piedra: con esos atributos, Jean-Marie Faustin Goedefroid de Havelange, más conocido como “Joao”, gobernó durante 24 años al deporte más popular del planeta. “Vengo a vender un producto que se llama fútbol”, fue la célebre frase que el dirigente brasileño pronunció al asumir la presidencia de la Fifa, el 8 de mayo de 1974, luego de desbancar del poder al ex referí inglés Stanley Rous, en una reñida elección que, según los  indiscretos y bien informados comentarios de pasillo, se resolvió a su favor luego de que manos anónimas le anticiparan al mandatario en ejercicio información “confidencial” cuya difusión pública el británico frenó dando un paso al costado.

Lo avalaban su historia lejana de deportista olímpico (nadador en Berlín 1936 y waterpolista en Helsinki 1952), y un pasado más reciente como máxima autoridad del  Fluminense Football Club y de la Confederación Brasileña de Deportes. En su legajo también figuraban antecedentes como abogado, vendedor de seguros, comerciante de armas y titular de una empresa de transporte de nombre sugestivo, casi premonitorio: Cometa.

A semejanza de aquel “Andrew” que el actor Robin Williams personificó en la película “El Hombre Bicentenario”, Havelange entró en escena con la misión de limpiar y ordenar la casa. Terminó siendo amo y señor. Le entregó la llave a la televisión y a las multinacionales, y dejó entreabierta la puerta por la que se colaría la corrupción. Y en la cocina del fútbol mundial, armó un combo irresistible, al que no le faltaron la hamburguesa y la gaseosa. A gusto y paladar de los poderosos, digno “empleado del mes”.

Videla, mi buen amigo…

Paulo Antonio de Paranaguá es un reconocido artista plástico, cineasta y periodista brasileño, cuyos artículos sobre la realidad de América Latina pueden leerse en el diario francés “Le Monde”. De su pasado como militante del Partido Comunista prefiere no hablar, o eso parece: el silencio es la única respuesta a los sucesivos pedidos de entrevistas que se le enviaron por e-mail.  ¿Por qué resulta valioso su testimonio? “La vergüenza de todos”, una minuciosa investigación del abogado y periodista Pablo Llonto sobre el Mundial ’78, lo señala como una pieza clave para la realización de la XI Copa del Mundo de la Fifa en la Argentina.

Paranaguá había sido detenido en Buenos Aires junto a su novia, y hay documentación y testimonios fehacientes de que su liberación y posterior exilio a Europa fueron negociados directamente por el dictador Jorge Rafael Videla y Havelange, a cambio de la confirmación del máximo evento futbolístico en nuestro país.

Durante el mes que duró su estadía por estas tierras, “Joao” no perdió oportunidad para hacer gala de su buena relación con el gobierno militar, apuntalado por otro nefasto personaje que ofició de garante de esa gran puesta en escena montada para presentar a los argentinos como “derechos y humanos”: el entonces secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger.

Las cortesías mutuas entre el titular de la Fifa y el presidente Videla incluyeron la ruptura del protocolo en la ceremonia de premiación, con la cesión del derecho de entregar el trofeo más codiciado en el mundo del fútbol al capitán del seleccionado argentino Daniel Passarella luego de la final ante los holandeses, el 25 de junio de 1978. “El Mundial fue perfecto”, aseguró el entonces "capo" de la Fifa antes de volver a ocupar cómodamente su trono en Zúrich, donde la matriz del futbol mundial tiene su sede.

Además de buenos recuerdos, Havelange también se llevaría de Argentina al almirante Carlos Alberto Lacoste, hombre fuerte del Ente Autárquico Mundial ’78, organismo que dejó al país un “rojo” de más de 500 millones de dólares del que nunca se rindió cuentas.

Los “buenos oficios” del marino en el EAM '78 tuvieron su premio: una beca como vicepresidente de la Fifa y la misión de ser parte del Comité Organizador del Mundial de España ’82. Por entonces, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) ya estaba en manos de Julio Humberto Grondona, el ferretero de Sarandí, cuya gestión como dueño de la pelota se extendería por 35 años. 

Havelange dio las hurras antes del Mundial de Francia ’98, no sin antes bendecir y apuntalar la candidatura de su delfín y ex secretario: el suizo Joseph Blatter, cuyos antecedentes en el ámbito del deporte se reducían a un más oscuro que claro pasado como jugador de... ¡hockey sobre hielo! Cuando el veterano pope brasileño pasó a gobernar al fútbol entre las sombras, con la “chapa” de presidente honorario, ya sumaba más condecoraciones que un veterano de guerra, y también una fallida nominación al Premio Nobel de la Paz por parte de la Academia Brasileña de Filosofía, que alguna vez lo distinguió con un “honoris causa”.

Como miembro del Comité Olímpico Internacional, hizo valer su poder de oratoria, y de lobby, para que la balanza se inclinara a favor de Río de Janeiro en la elección de la sede de los Juegos de 2016. “Los invito a celebrar mis 100 años en Brasil”, dijo en un recordado discurso que pronunció en Copenhague, en octubre de 2009, antes de la votación que trajo por primera vez los JJ.OO a Sudamérica, postergando las pretensiones de Chicago, Tokio y Madrid. “La actuación de Havelange fue fundamental para la victoria brasileña. Los Juegos de Río serán un gran regalo para conmemorar su aniversario”, supo decir Carlos Arthur Nuzman, presidente del Comité Olímpico Brasileño y del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos 2016.

Al final no hubo festejo, pero tampoco homenaje una vez conocida la noticia de su muerte. Hacía rato que Havelange era mala palabra en Brasil y en todo el mundo. Ni siquiera el estadio que oficialmente lleva su nombre –el popularmente conocido como “Engenhao”, la sede del fútbol olímpico- ya era mencionado como tal.

Puesto en evidencia por un dictamen de la Comisión de Ética de la Fifa sobre la cesión de derechos televisivos a la empresa International Sport and Leisure (ISL), “Joao” había renunciado a todos sus honores el 18 de abril de 2013. Ni siquiera se molestó en alegar algún impedimento para continuar ostentado sus cargos, como lo hicieron su yerno Ricardo Teixeira, ex titular de la Confederación Brasileña de Fútbol, y el paraguayo Nicolás Leoz, mandamás de la Conmebol, quienes también cayeron en la volteada.

El informe del juez alemán Hans-Joachim Eckert, no dejó margen para excusas ni eufemismos: “Existe la certeza de que se desviaron cantidades considerables hacia el expresidente de la Fifa Havelange y su yerno Ricardo Teixeira, así como al Dr. Nicolás Leoz… Estos pagos se llevaron a cabo mediante empresas ficticias con el fin de encubrir a los verdaderos destinatarios y deben clasificarse como ‘comisiones’, conocidas hoy como sobornos’”.

La debacle del patriarca arrastró como una bola de nieve a toda la dirigencia del fútbol mundial, incluido al propio Blatter. Grondona falleció en 2014 y quedó al margen de las acusaciones, pero no de las sospechas. “Todo lo que aprendí en el fútbol, lo aprendí de Havelange”, declaró alguna vez. A confesión de parte, relevo de pruebas.

Muy lejos de la ciencia ficción, pero protagonista de otra película a la que bien podríamos encuadrar como “una de terror”, Havelange quedó a mitad de camino de aquel “Hombre bicentenario” que encarnó Robin Williams.

Le faltaron otros 100 años, y un cachito de humanidad.

Hugo Caric
- Periodista -