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"El Perro", de Hernán López Echague
Vida de Perro
Por | Fotografía: Gentileza Agencia Paco Urondo.
Foto: Horacio Verbitsky, del hermetismo a su primera biografía.
La biografía política de Horacio Verbitsky plantea un apasionante recorrido por la vida del autor de "Robo para la Corona". Mitos y verdades de uno de los periodistas más influyente del país.
Publicada el en Libros

Hernán López Echague, periodista consagrado, autor de varias biografías no autorizadas –la más célebre, sin duda, “El Otro”, sobre el ex gobernador Eduardo Duhalde-, asumió el desafío de auscultar en la vida profesional y política de uno de los mejores y más sagaces periodistas del país, América y el mundo. El resultado de esa investigación es “El Perro. Horacio Verbitsky, un animal político”, que Editorial Vergara acaba de lanzar al mercado. Para ello entrevistó a otros periodistas, políticos e intelectuales emblemáticos de la Argentina, que han sido protagonistas –a veces en forma conjunta, otras a la distancia o incluso desde veredas opuestas a Verbitsky- de los años más intensos y traumáticos de la historia contemporánea del país: Rogelio García Lupo, Osvaldo Bayer, Carlos Gabetta, Juan Gasparini, Carlos Aznares, Pepe Eliashev y Juan José Salinas son algunos de los grandes cronistas de época que aceptaron dar su testimonio sobre el "perro", un hombre tan talentoso como enigmático al que, con acierto, López Echague define como alguien capaz de despertar admiración y rechazo con la misma intensidad. “Elogios y maldiciones. Nada en el medio. Ni sombra de indiferencia”, advierte el autor, que se propone no tomar partido (al menos no en forma explícita) sobre las virtudes y defectos de su biografiado, envuelto en “una maraña de palabras y recuerdos que por momentos hacen de esas voces excesivas un paisaje tan verosímil como improbable”.

El libro abre con un perfil, casi una semblanza, de cada uno de los entrevistados, lo que pone en contexto a las personas y la época que representan y/o han transitado, siempre brindando testimonio. La escritura del texto es cuidada, sencilla y fluida, como nos tiene acostumbrados el autor, y los testimonios se leen con fruición, porque cada entrevistado es un personaje en sí mismo. García Lupo, inspirador y promotor del trabajo en su carácter de asesor de Ediciones B, abre con un desvarío al adjudicarse, junto a Rodolfo Walsh y Jorge Ricardo Masetti, la fundación de Prensa Latina, minimizando –una costumbre argentina- el rol casi excluyente que tuvo Masetti como hacedor de la primera agencia de contrainformación que existió –y existe- en el continente: Prensa Latina.

Amigos y enemigos confesos de Verbitsky desfilan por las primeras páginas de “El perro”, preparando el clímax para el relato biográfico, que se desarrolla en dos partes para introducirnos de lleno al “mundo Verbitsky”: una oficina lúgubre, sin ventanas, en diagonal a los Tribunales. Cuadros, afiches y retratos de época. Una foto con Perón, dedicada por el General. Un equipo de música y una pila de cedés ordenados casi obsesivamente. Una foto con Néstor Kirchner. “La maqueta de Geniol acribillada por clavos, punzones y alfileres. Y paredes tapizadas de libros. Y pergaminos. Y distinciones”.  Allí, en esa atmósfera recubierta por una luz ambarina, Verbitsky brinda su testimonio y confronta con López Echague los testimonios que le son adversos, en un pacto de caballeros establecido como única condición para acceder a una larga entrevista.

¿Cómo empezó Verbitsky a transitar el camino del periodismo? Como solía ocurrir en aquella época, casi por azar. “Estaba en primer año de medicina y tenía que comprar los tomazos de Anatomía de Testut y fui a verlo a mi viejo (el escritor Bernardo Verbitsky) que trabajaba en (el diario) Noticias Gráficas y mi viejo no estaba, había salido, y había un compañero de él, Orlando Daniello, que me dice “no le da vergüenza, tan grande, pedirle plata a su padre”. Y es que no tengo para comprar los libros, son caros. “Y por qué no trabaja”. ¿Y de qué? “Venga mañana”. Empezó como todos los periodistas de oficio, redactando gacetillas, pronósticos de turf, el informe meteorológico o lo que hubiera a mano. Hasta que pudo salir a hacer su primera cobertura, el desalojo de un hotel en el barrio Flores. “Era muy conmovedor, sobre familias que se quedaban en la calle. Era impactante, shockeante”, recuerda Verbitsky, que comenzaría su carrera escribiendo notas de interés general y cultura, aunque luego se inclinaría por la política y la investigación periodística. No hacía un año que trabajaba en la revista Confirmado cuando su director, Jacobo Timerman, lo nombró jefe de redacción.  Después llegaría El diario de la CGT de los Argentinos, Noticias, El Periodista y Página/12, entre otros.

Verbitsky no olvidará jamás los bombardeos del 16 de junio de 1955. Tenía trece años y estudiaba en el Colegio Nacional de Buenos Aires. “Iba camino al colegio cuando los aviones de la Marina empezaron a bombardear y ametrallar la Plaza de Mayo y la Casa Rosada. Asesinaron a  más de trescientas personas”. Desde entonces, la política y el periodismo serán la columna vertebral de su vida. “He sido peronista desde los 13 años. He sido periodista desde los 18. He sido militante peronista desde los 19. He sido militante montonero. Dejé de ser peronista en 1973 y dejé de ser montonero en 1977. Sigo siendo periodista”, define, tajante, el “perro”.

López Echague va a las fuentes, pregunta y coteja versiones y documentos. A través suyo, de su investigación, Verbitsky va derrumbando mitos. Algunos dolorosos. Otros inexplicables. Otros sorprendentes. La confrontación entre periodistas no elude riesgos. No hay concesiones. Su relación con Walsh, a quien conoció a su regreso de Cuba –donde trabajó en Prensa Latina a las órdenes de Masetti-, es confrontada con el testimonio de la hija del autor de “Operación Masacre”, quien lo define sin eufemismos como el jefe que “prohibía cualquier tipo asamblea de trabajadores” en el diario Noticias. “Su oficina era, para nosotros, la cucha del perro”, recuerda la ex diputada nacional, que incluso lo excluye del círculo de amistades de su padre: “Verbitsky y mi padre no eran amigos. El pase de magia que hace él en su relación con mi padre es el de ponerse de igual a igual. Yo conocí bastante bien a mi padre. No tenía amigos varones menores que él, y entre ellos había una diferencia de quince años”, asegura. Y acusa a Verbitsky de adjudicarse la derogación de las leyes de impunidad (Punto Final y Obediencia Debida) cuando en realidad fue ella quien presentó el proyecto de ley que después hizo propio el gobierno de Néstor Kirchner.

La brutal ofensiva del gobierno menemista contra Verbitsky tras la publicación de su libro “Robo para la corona” –estuvo a punto de meterlo preso-, los mitos en torno a su participación en Montoneros y su supuesta connivencia con los militares –a través de su activa colaboración en el libro del “Cadete” Guiraldes sobre la Fuerza Aérea- completan la indagación de López Echague, que muestra al hombre detrás del periodista que, domingo a domingo, marca buena parte de la agenda política a través de sus artículos en Página/12.

Profunda, aguda y conmovedora es la reflexión de Verbitsky sobre su encuentro con el arrepentido Scilingo –que daría origen a su libro “El vuelo”-, que adquiere mayor dimensión humana al ser contrastada con el testimonio del militar condenado en España por su participación en los vuelos de la muerte. Imperdible es el testimonio de Horacio González, que hace una memorable semblanza, casi literaria, de lo que “el perro” significa para el periodismo argentino.

El libro no aborda toda la obra periodística de Verbitsky, ni se propone hacerlo. No hay siquiera una mención a su monumental trilogía sobre la Iglesia católica argentina, ni a su reciente polémica con el Papa Francisco. López Echague decidió priorizar los ejes que alimentan el mito Verbitsky –su relación con las fuentes, su participación en Montoneros y su incidencia en el gobierno kirchnerista, entre otros- por encima del análisis y reseña de su producción periodística, su verdadero e invalorable legado. El resultado es un libro atrapante y revelador, que deja al lector la sensación de algo inacabado, de gusto a poco, de haber logrado apenas asomarse al complejo y fascinante “mundo Verbitsky”.

Ficha técnica:

"El Perro. Horacio Verbitsky, un animal politico", de Hernán López Echague. Ediciones B, Buenos Aires, 2015. 217 páginas.

Hernán Vaca Narvaja
- Director -