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Entrevista a Norma Moriones de Carranza
Pasión por las tablas
Por | Fotografía: Jaqueline Scrivanti
Foto: Norma Moriones, un ícono de la danza española.
A los 83 años, la creadora del Ballet Iberia y una de las máximas expresiones de la danza española en Río Cuarto sigue enseñando los secretos del baile a sus jóvenes alumnas.
Publicada el en Entrevistas

La puerta de su casa se abre generosa, como el telón del teatro cada vez que está por comenzar su espectáculo. Elegante, con un rodete simétrico que estira los contornos de su rostro, los ojos resaltados por un delicado pero firme delineado y una polera violeta que aviva el color de sus mejillas, su ancha sonrisa invita a pasar a la cocina de su casa, el escenario íntimo y cotidiano que elige para la entrevista. Hija de inmigrantes españoles –madre asturiana, padre navarro-, Norma Moriones adora la Argentina, donde fue madre, abuela y bisabuela. Todavía extraña y adora a su marido, aunque un cáncer se lo haya arrebatado para siempre treinta años atrás. Vive con la mayor de sus bisnietas y, a sus 83 años, sigue siendo la misma mujer vital y apasionada que transmite los secretos de la danza española a sus alumnas.

- ¿Cómo fue ser hija de inmigrantes? ¿Cómo eran sus padres, las costumbres del día a día?

-En mi casa siempre fue todo muy simple. A mis padres les gustaba invitar gente y compartir,  lo que había y lo que no había. Me crie en ese ambiente: mi madre lavaba la ropa en el patio con la tabla de lavar mientras cantaba la copla española; y mi papá nos acunó cantando. Cantaba también cuando se juntaba con sus hermanos, que eran siete, todos inmigrantes. Cuando viví en Rosario había mucha colectividad española, estaba el Centro Navarro, Asturiano y Andaluz. Los domingos siempre íbamos a alguno de esos centros y yo bailaba. Disfrutábamos mucho, tuve una vida muy feliz.

Amante de España y de su cultura, Moriones ha viajado muchas veces. Pero lo que más le gusta es volver a Argentina. “Yo nací acá y acá viví mi infancia, hice mis amistades, conocí a mi marido -que fue para mí lo más grande que me dio la vida-, tuve a mis hijos y ellos me dieron nietos y bisnietos. Entonces esto es lo mío”, dice convencida. Y asegura que cada vez que viaja a España se siente una embajadora de Argentina. “¿Viste cuando vos tenés tus hijos que sabés que son unos vándalos, pero los defendés igual ante otras personas? Bueno, a mí me pasa lo mismo cuando hablo de la Argentina”, afirma.

- ¿Qué significa para usted la cultura española?

- Soy una admiradora total, es un sentimiento, como también soy admiradora de las cosas de mi país, de Argentina. Acá tenemos de todo, pero no se valora tanto. Cuando hablan de Norteamérica para referirse a los americanos, yo me pregunto: ¿Y nosotros qué seremos?. Es una mala costumbre que tenemos, porque somos un país muy extranjerizante. A mí me gustaría que se valorará más nuestro país y sobre todo a la gente que ha hecho muchas cosas por el arte. El otro día se murió Héctor Otegui, él fue un grande, no solo como artista plástico, sino como persona: ha sacado chicos de la calle, los ha llevado a su casa, les enseñó a pintar, ha sido maravilloso. El velatorio era en Grassi. Pero ese hombre tendría que haber sido velado en la Municipalidad, o en el Concejo Deliberante o en la Casa de la Cultura, porque no va a haber en Rio Cuarto otro artista como él. Llegaron muchas coronas de políticos, pero ninguno estuvo presente. Eso me dolió muchísimo, fue una injusticia muy grande.

-¿Usted se siente reconocida en la ciudad?

-En mi caso, la gente sí me reconocen por lo poco o algo que he hecho. Y también las chicas que he “parido” en danza. Se ve que no lo he hecho tan mal. La gente siempre está contenta conmigo y para mí eso es un honor. Lo del Ciudadano Ilustre, por ejemplo, para mí fue una sorpresa muy grata. Me siento muy reconocida y realizada.

- ¿A quién admiraba de pequeña?

-Imperio Argentina. Ella cantaba muy bien, y aunque cantaba toda la copla española y vivió y murió en España, era argentina. Después Estrellita Castro, Angelillo, Miguel Ángel de Molina, toda la gente que cantaba la copla. Los escuchábamos en la radio en aquel tiempo y yo estaba siempre prendida a todo eso porque me encantaba.

- ¿Pudo transmitir las cosas que aprendió a lo largo de su vida?

-Yo recibí muchas lecciones de mi madre. Y siempre presto cosas. Cada vez que iba a España mis tíos me decían: “¿Qué quieres que te regale?”. Y yo siempre pedía cosas pensando en mis chicas, para que ellas pudieran lucirlas en el escenario. Recuerdo que una vez mi abuela me había mandado muchas peinetitas y mi mamá me las había puesto para actuar. En eso vio que dos chiquitas se acercaron y las observaban. Entonces como yo tenía muchas, me sacó algunas y se las puso a ellas. Se ve que a mí eso no me gustó y mi mamá me advirtió: “¡Mejor talante que te las quito a todas!”. Para mí fue una lección: hay que compartir, dar lo que tenés, porque yo al cajón no me voy a llevar los mantones, ni la ropa, ni nada.

- ¿Porque elige seguir enseñando a su edad?

-Me gusta, lo hago por amor al arte – sonríe-. Yo soy muy feliz con la juventud, me encanta. Y también soy muy respetuosa de la gente mayor. Apoyo mucho al asilo San José, donde hay gente que conozco de cuando era joven. Festival que hay me llaman y yo participo en todo, la mayoría de las veces a beneficio. Siempre estoy firme ahí, viendo a mis chicas bailar, y la verdad me hace bien, me enorgullece.

Norma Moriones de Carranza nació en Rosario, pero a los ocho años se mudó a Córdoba. De pequeña sintió atracción por el arte. Un amigo de su padre descubrió sus condiciones innatas para el canto, la actuación y el baile y la llevó al que sería su primer grupo artístico Audiciones Gorjeos. A los 13 años Norma se mudó con su familia a Río Cuarto, donde se convirtió en una de las mayores representantes del canto y la danza españolas. Lleva 46 años presentando en forma ininterrumpida los espectáculos de su academia en el Teatro Municipal y más de 30 al frente del aclamado Ballet Iberia. Sus alumnas la definen como una mujer fuerte, directa, íntegra, alegre y amable. Y destacan su “instinto maternal”.

Norma Moriones ha participado en eventos artísticos en otros países como Chile, España y Paraguay, donde fue jurado internacional de danzas españolas. Su capacidad para innovar es una de sus mayores virtudes: siempre busca adaptarse a la época y modificar la vestimenta en base a su conocimiento de España. Sin alterar la esencia del clásico español, incorpora a sus espectáculos los cantes de ida y vuelta, ritmos que surgen de la hibridación con la cultura musical de otros países. Defensora de la cultura y de las raíces de sus antepasados, enamorada de Argentina, enseña bajo la premisa de que la danza se siente, no se impone.

Zoe Parramón
- Estudiante -